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21 Feb 2012

La reforma financiera de Rajoy: un nuevo apaño y otro atraco a la vista

por Felipe Alegría
Miércoles, 22 de Febrero de 2012 00:41
Estamos de nuevo ante otra gran falsificación, porque la reforma no va a desatascar el crédito, ni va a servir para un abaratamiento general de los pisos y, por supuesto, va a costar muy cara a las finanzas públicas.

LA REFORMA FINANCIERA DE RAJOY: UN NUEVO APAÑO Y OTRO ATRACO A LA VISTA


Felipe Alegria


El pasado 3 de febrero el gobierno Rajoy aprobó el tan anunciado Decreto de “saneamiento del sector financiero”. Con él, según Guindos (ex directivo de Lehman Brothers y ahora ministro de Rajoy) se saneará la banca española, la confianza en ella sea restaurada y se reabrirán las puertas para su financiación en Europa. El decreto facilitará también, según Guindos, el crédito a las empresas y las familias y servirá para abaratar el precio de las viviendas. Y toda esta bendición será, además, “gratis”, porque no habrá que poner ni un euro de dinero público.


El 16 de febrero el Decreto ha sido convalidado en el Congreso de Diputados, con los votos del PP, del PSOE y de CiU. El PSOE ha votado a favor “por responsabilidad”, sin que el gobierno se hubiera dignado siquiera a negociar con él una coma del Decreto. Con ello el PSOE refleja fielmente hasta dónde llega su “oposición” y su completa subordinación a los dictados de la gran banca y de Angela Merkel.


Pero las declaraciones oficiales y la verdad se repelen como el agua y el aceite. Estamos de nuevo ante otra gran falsificación, porque la reforma no va a desatascar el crédito, ni va a servir para un abaratamiento general de los pisos y, por supuesto, va a costar muy cara a las finanzas públicas, que van a sufrir un nuevo atraco a nuestra cuenta, para pagar esta nueva operación de salvamento de los banqueros. Veámoslo.


UN NUEVO APAÑO


Guindos, apoyándose en cifras del Banco de España (BdE), dice que la banca española tiene en sus balances 175.000 millones de activos inmobiliarios “problemáticos” (préstamos que constructores y promotores no devuelven, más terrenos, promociones y viviendas adjudicados a la banca por créditos fallidos). Para “sanear” estas pérdidas, el decreto fija una cantidad de 52.000 millones de euros, que bancos y excajas han de cubrir a través de “provisiones” e incrementando su capital.


Pero, para empezar, las cifras son engañosas. En primer lugar porque, aunque diéramos por buenos unos números de los que el propio BdE “duda”(y tiene buenos motivos), el gobierno toma las cifras de junio de 2011 como si fueran algo fijo y se “olvida” deliberadamente del fuerte deterioro del valor de los activos inmobiliarios de los bancos a partir de esta fecha, algo que la recesión profundiza y acelera. El presidente de la consultora Aguirre Newman, refiriéndose a la reforma financiera, ha expresado en público una opinión compartida en las cúpulas bancarias: “no se dice que este año se esperan otros 70.000 millones que pasen a ser subestándar o morosos”. (El País , 12/2/2012). Este solo hecho invalida el celebrado saneamiento del ministro Guindos.


Pero no para aquí la cosa, porque esos 52.000 millones que van a “sanear” las pérdidas se convierten en 20.000 cuando pasamos a hablar de dinero fresco, porque el resto, unos 30.000 millones, son apaños contables consentidos por el gobierno. Y es que, como es sabido y reconoce el mencionado presidente de la consultora Aguirre Newman: “si se quiere que todas las entidades afloren pérdidas y reconozcan todos los activos inmobiliarios devaluados, una parte importante del sistema financiero puede quebrar.” (El País , 12/2/2012).


LOS OBJETIVOS DE LA REFORMA FINANCIERA


En realidad, la reforma Guindos tiene dos grandes objetivos: el primero, ganar tiempo para la gran banca española, confiando que la crisis europea de la deuda y la recesión económica no la descalabren mientras trata de recomponerse. El segundo es facilitarle a esa gran banca el control completo del sistema financiero español, entregando lo que queda de las cajas a los tres grandes grupos  (Santander, BBVA y Caixabanc- LaCaixa), al tiempo que mantienen, en un lugar secundario, a algunos bancos menores como el Sabadell o el Popular.


Rajoy, tras una polémica interna en el gobierno sobre cómo proceder al “saneamiento”, no dudó en decantarse por la fórmula de Emilio Botín. Así, en lugar de un “banco malo” estatal que comprara los “activos problemáticos” (lo que permitiría un margen de maniobra temporal a los directivos de las ex cajas), pondrá en marcha (con formas aún más enrevesadas) el mismo procedimiento que usaron para “adjudicar” la quebrada CAM al banco Sabadell. Un problema gordo que tiene Rajoy en lo inmediato es qué hacer con Bankia (un banco quebrado, formada por un grupo de ex cajas –entre ellas CajaMadrid- que preside el ex ministro Rato y que se  ha convertido en el mayor propietario español de suelo y vivienda), una entidad que los grandes bancos quieren trocear y repartirse.


OTRO ATRACO MASIVO EN MARCHA


Una de las ventajas de la fórmula Botín-Rajoy es que, al no crear formalmente un “banco malo” estatal, tampoco queda en evidencia desde el principio la millonada de dinero público que van a dedicar a salvar a los bancos y, así, se han podido permitir la desvergüenza de decir que el “saneamiento” de los bancos no va a costar dinero público. Pero ésta es justamente la mayor mentira de todas.
El mecanismo de “saneamiento” que van a utilizar consiste en obligar a todas las ex cajas (con la excepción de Kutxabank y la incógnita sobre Bankia) a “fusionarse” con una “entidad solvente”, es decir, entregarlas a los bancos. El gobierno “ayudará a la fusión” con dinero público del FROB (el Fondo estatal para la reforma bancaria, reforzado, de momento, con 6000 millones de euros más). Esta entrega de dinero la disfrazan de préstamo, en realidad un préstamo  muy especial, porque cuando hagan aflorar las pérdidas ocultas, no se podrá reclamar y se convertirá en una acción devaluada del banco que haya integrado a la caja en cuestión. A estos “préstamos” les llaman “bonos convertibles contingentes” (CoCos), una nueva palabreja para engañar al público que, además, les permite no contar su importe, de momento, como déficit público.


Pero además, como las pérdidas van a superar de largo el importe de estos préstamos “especiales”, los bancos se van a asegurar de que las pérdidas ocultas sean cubiertas por el Estado, en una nueva gran operación de salvamento a lo largo de los próximos años. Quieren hacer lo mismo que ha hecho el Sabadell con la CAM, donde aquel se ha asegurado que el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD)se haga cargo del 80% de las pérdidas ocultas, que irán sacando a la luz durante 10 años. Según los cálculos del Banco Sabadell estas pérdidas alcanzarán 17.000 millones, correspondiendo 2.713 millones al año 2011. A este pufo le llaman “Esquema de Protección de Activos”, otra expresión “técnica” para engañar a la gente. La diferencia entre la “fusión” de la CAM y las “fusiones” de la reforma Guindos es que las enormes pérdidas ocultas ya no las podría cubrir el FGD (que ya no tiene dinero) y se tendrá que hacer cargo el Estado.


LA REFORMA FINANCIERA NO VA A RESTABLECER EL CRÉDITO


La reforma, por lo demás, no va a restablecer el crédito. Esto sólo lo dice el gobierno en su propaganda, pero es negado expresamente por la propia banca. El consejero delegado de Caixabank, J. M.Nin incluso ha puesto cifras al recorte crediticio: el saldo de créditos de la banca bajará en seis años de 1,8 billones a 1,4, es decir, un 30%.


Los enormes préstamos que la banca española recibe del Banco Central Europeo (al 1% de interés y a tres años) y que superan los 100.000 millones de euros, no han servido ni van a servir para restaurar el crédito, sino para atender los vencimientos de la montaña de deudas que la banca española tiene contraída con la europea y para el infame negocio de la Deuda pública.


Tampoco vamos a ver una bajada generalizada de los precios de las viviendas ni ninguna animación en su compraventa, pues ni las familias tienen dinero para hacer una entrada para comprarlas, ni los bancos ofrecen financiación.


CASTIGAR A LOS LADRONES Y NACIONALIZAR LA BANCA


La reforma Botín-Guindos no solo es un nuevo fraude sino que su viabilidad está, además, en entredicho. Para que el “saneamiento” y “desapalancamiento” al que están forzados los bancos tuviera posibilidades de éxito, debería coincidir en el tiempo con una recuperación de beneficios por parte de las empresas (de ahí la brutal reforma laboral y los procesos de privatización de los servicios públicos) y con una cierta tranquilidad en el desarrollo de la crisis de la deuda soberana europea.


Pero las cosas no parece que vayan por aquí, debido, por un lado, a la profundidad de la recesión en la que hemos entrado, con su secuela de cierres de empresas y desempleo masivo. Y por otro, a la marcha de la crisis de la deuda europea, con la quiebra de Grecia en ciernes y su efecto contagio no sólo ya a Portugal sino a Italia y al Estado español. En el desenlace de este entramado crítico, la resistencia de la clase trabajadora y los sectores populares, aquí y a escala europea, es un factor decisivo.


De la mano del capital financiero, de la UE y del gobierno lacayo de Rajoy, no hay más solución que el retroceso histórico, con el empobrecimiento generalizado de los trabajadores y las clases medias y la ruina social y como país. Frente al nuevo atraco que preparan para salvar a los bancos, hay que exigir el castigo, la cárcel y la expropiación de sus bienes a todos los responsables de la crisis del sistema financiero. Del mismo modo, es necesario nacionalizar la banca y unificar el sistema de crédito, colocándolo bajo control de los trabajadores y las organizaciones sociales y poniéndolo al servicio de la reorganización de la economía en beneficio de la inmensa mayoría. Por último, en lugar de aumentar la Deuda pública con el nuevo salvamento de los banqueros, hay que exigir como medida elemental de autodefensa la moratoria inmediata de los pagos de la Deuda pública a banqueros y especuladores y la puesta en marcha de una Auditoria pública que desvele la verdad de una deuda antidemocràtica, ilegítima e inmoral en cuyo nombre están destruyendo lo que nos costó décadas conquistar.


Febrero 2012

 

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