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25 Abr 2012

La huelga de la derrota. (Mi otro ego, el esquirol) Cap. II.A: La revela-ción. Destacado

por Herminio
Miércoles, 25 de Abril de 2012 16:18
Elecciones municipales 1983 Elecciones municipales 1983
Se espera que os sea ameno. El trabajo ha consistido en hurgar en la memoria y reflexionar, para que otros puedan sacar conclusiones, si acaso las deseasen, aunque no sirvan de nada, ni justifiquen las causas que uno haya tenido para quedarse en su casa.

(Introducción: Se advierte que viene de (http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/13585). No obstante, también se recomienda que aquel que no sienta pasión alguna por los temas comunistas o bien carezca de agallas como para leer estas páginas, en toda su extensión, con la paciencia que tenga, mejor será, para él, no se ponga a la tarea y la dé por finalizada aquí. O bien tendrá que pasar tanto trabajo, al leerlas, como yo al recordarlas. 

La revelación fue ésta:“Están ganando todas las batallas de una guerra que ya hemos perdido.” Según Anguita (http://www.youtube.com/watch?v=wTmGTYTASJ0&;feature=related). Y, sin embargo, en cuanto le oí hablar, al principio, de la guerra a la cual se refería pensé que no era la suya, que no hablaba de su política personal o partidaria, sino que era un enunciado irónico, referente a  “quienes nos hemos sentido ligados al desarrollo y vicisitudes de la lucha a través del proceso histórico que ha alumbrado la aparición de la Primera Internacional, la Segunda, las Dos y Media, la Tercera y la Cuarta. El Manifiesto Comunista, los proyectos de emancipación social protagonizados por los llamados utópicos, la Comuna de París, la Constitución de Weimar de 1919, la Soviética de 1936, el keynesiano Estado del Bienestar o la solemne Declaración de Derechos Humanos de 1948”. Tal  como había leído en Kaos (http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/12758)  poco antes de que conociese el vídeo en el cual decía la frase. La ironía, o mejor, la confusión de mi parte, provenía de que en la misma lectura, y en continuidad, parecía manifestarse al aclarar que los logros mencionados eran los hitos más emblemáticos de unos desarrollos sociales y teóricos “que al día de hoy parecen arrumbados y exhibidos como trofeos en las vitrinas y expositores de los vencedores.” Lo cual venía a expresar únicamente que tal era la percepción subjetiva de quienes, después un largo proceso de batallas –inconclusas todavía, y puesto que Anguita no se rendía–, se declaraban a sí mismos como vencedores definitivos de la contienda librada exhibiendo sus trofeos. Más adelante, según mi primera interpretación, parecía confirmarse el mismo sentido irónico mediante estas expresiones: “Los corifeos del sistema ya no consideran necesario conservar las formas, el lenguaje y los modos convencionales de la relación interpersonal; para ellos y así lo confirman con sus hechos y escritos públicos, la Democracia contiene un peligrosos gen que desemboca en una doble manifestación patológica: el populismo y la demagogia; males estos que deben embridarse con los mecanismos correctores proporcionados por los mercados.”

Tuve que volver al video para comprobar que verdaderamente Anguita no ironizaba. La expresión de la derrota era real y sentida y así mismo se visionaba en sus gestos, su semblante y sus palabras. La existencia de la derrota, en la que se hallaban el PCE e IU, era afirmada “con rotundidad”: “Ellos, los poderes económicos, sociales, ideológicos, mediáticos están ganando todas las batallas de una guerra que ya hemos perdido.” Y era así, aunque negase que “la dureza de la descripción” estuviese llamada por una sensación de derrota, puesto que él afirmaba su decisión de “seguir luchando, personalmente.” Y, a continuación, pasaba a exponerles el cómo a quienes le acompañaban. Pero, de momento, nos pararemos aquí, para resaltar que, precisamente, esa afirmación de Anguita, con todo lo que significa realmente, compone, ni más ni menos, que mi segunda premisa, es decir, mi otra base de partida, en seguimiento a la dicha anteriormente en (kaos/item/13585), pero tomándola como el final de un proceso diferente, desde mi punto de vista, que siguió otro camino, incluso considerado en oposición al descripto al enunciar la primera. 

Desde aquí, estoy de acuerdo con la derrota tal y como la afirma Anguita, no obstante, la niego en uno de sus extremos, y, esto es, que sea, precisamente ésta, la que él nos plantea en el vídeo, la derrota del PCE. Aunque, en todo caso admito que sí, que se trata de la suya, teniendo en cuenta que  desde 1986, la opción de Anguita, con todos los seguidores, para seguir peleando en la arena de la política democrática de España, no había sido el PCE, sino la Izquierda Unida. Las cosas son como son. Tal como fueron. Las elecciones generales de 1982 al parlamento español fueron la última batalla política conocida que presentó el PCE bajo su propia bandera y el carácter de las normas democráticas que el mismo, como partido, junto a los otros principales, había coadyuvado a implantar para toda España (y quizás éste, hasta aquí, con mayor esfuerzo y determinación que ningún otro partido). Pero tal batalla no sólo significo el hito sobresaliente de su derrota, sino que, al mismo tiempo, también se sitúa aquí la marca que nos indica el momento en se inicia de modo  más evidente el arranque de su progresiva disgregación posterior, la cual ya no pararía, hasta darse la disolución total de sus restos en un último proyecto que llamó Izquierda Unida. No obstante, por ciertos acontecimientos dados en la historia del PCE, por entonces, los hechos ya rebelaban que portaba en su interior el germen de la descomposición. Quizás, por ello, entreviendo este futuro más que otros militantes de la base, algunos de sus dirigentes y, en general, de sus cuadros más recientes hablasen de renovación. Pero no. La misma realidad nos llevó a comprobar que la necesidad de renovación que hablaban iba solamente en ellos, más que en el Partido: Las ambiciones políticas, así como sus implicaciones reales, como participantes y protagonistas de una nueva situación socio-política, mucho más gratificante para ellos que la visión popular de un sistema comunista, les empujaban hacia otras oportunidades. Por otra parte, desde la óptica marxista, si hoy se estudiase el fenómeno, también podría demostrarse que después de entrar, aceptar, implicarse e integrarse todo él, y casi hasta confundirse, en el proyecto, ya vivo, de la Transición, el Partido Comunista tampoco podría evadirse de sufrir dentro de sí las contradictorias influencias de la dinámica económico y social, y mismamente políticas, de la democracia burguesa; de una manera incipiente desde aquel primer instante en que la hubo aceptado o bien se dispuso a ello, poniéndose a su servicio, y ya de un modo más acusado y evidente, en cuanto avanzaba el tiempo, sin reacción del partido hacia su vacío, a la vez que aquella (la democracia burguesa) se aseguraba y fortalecía a sí misma institucionalmente.           

No entraremos ahora en si fue o no lo acertado aquella entrega del PCE en el ejercicio del papel político que jugó en la Transición, es decir, en si era o no necesario, en interés España entera, el establecimiento la democracia burguesa, no logrado en épocas anteriores, si bien se mira, desde la perspectiva de la evolución histórica.  El caso es que así ocurrió e indudablemente, en este tiempo, en conveniencia y connivencia de la mayoría de sus poblaciones, puesto que otra cosa no se dio. Y el caso es que el PCE, igualmente en mayoría, caminó en la misma dirección y que en el camino renunció por cuenta propia, y aunque fuese bajo presión exterior e interior, a mostrarse y a obrar bajo el dominio de sus características históricas esenciales, las cuales le definían y conformaban objetivamente, como instrumento necesario del fin para el que existía y para cumplir el cual había sido creado. Y no tanto –según  pienso– porque derivase teóricamente hacia la opción llamada “eurocomunismo”, ni  tampoco porque llevase en su planteamiento, dentro del camino ya emprendido, la dirección de la consigna de llegar al “socialismo en libertad”, puesto que la tal libertad tampoco podía ser entendida de otro modo que la alcanzada en aquel momento histórico y no por y en la medida de cómo el Partido Comunista la sintiese en sí, interiormente. Sino porque, el propio partido, mayoritariamente, decidía transformar las reglas de su organicidad interna por las cuales, precisamente, no sólo se había regido siempre, sino porque de ellas depende la diferenciación de lo que es esencialmente un partido comunista con respecto a los demás existentes. El PCE renunciaba al “leninismo”, y bien podría entenderse que se refiriese aquí al término nominal que encerraba en sí mismo el importante principio de la dictadura del proletariado y el cual, según entiendo, había postulado Lenin, para asegurar el poder revolucionario, una vez que el partido bolchevique  había accedido ya al control del aparato estatal. Las connotaciones del término, asociado a dictadura y toma del poder político mediante la violencia, en el entendimiento popular, difícilmente dejarían de restar credibilidad a la nueva consigna y a la actitud democrática con la cual el PCE pretendía presentarse ante el pueblo, después de 40 años de haber cargado sobre sí con todo tipo de atribuciones demoníacas, con las cuales la propaganda del régimen dictatorial había prodigado a los comunistas durante cuarenta años. Y menos teniendo en cuenta que ni los líderes PSOE, se quedarían a la zaga en el uso de falacias anticomunistas motivadas en la ambición de asegurar para sí la totalidad del espacio político que pudiese disputarle su  más cercano rival. Igual que también cabría hablar de la mentalidad de amplísimas capas populares y obreras, de las cuales era muy frecuente oír, entre compañeros, que “el socialismo sí, pero como el de Suecia y de ningún modo el comunismo soviético.” En fin, teniendo en cuenta lo dicho, la renuncia nominal, al leninismo ni siquiera la ambición de transformar al partido en un partido de masas con el fin de asegurar la mayor amplitud electoral, resultaría lo grave, sino tan sólo la lógica consecuencia de que el PCE, fuese asumiendo medidas, al parecer, adaptadas a la realidad externa.

Sin embargo, y también al parecer, según otras opiniones, de aquí, y aún de mucho más atrás (remontadas al período de 1932 a 1954) derivó la gravedad de la causa que de modo decisivo acabó por conducir al PCE hacia su inexistencia real.  “…Desde el Pleno del Comité Central celebrado en Roma en 1976 fue atacada la concepción leninista del Partido, su papel en la sociedad, sus funciones, tareas esenciales y principios organizativos. En un partido con miles de depurados, se abrieron de par en par en par las puertas de miles de nuevos ingresos sin ningún tipo de control o vigilancia revolucionaria. Todas la condiciones estaban sentadas para, llegado el IX Congreso celebrado en Madrid en 1978, aprobar formalmente el abandono del marxismo-leninismo y consagrar la política revisionista impuesta en un largo proceso a los comunistas españoles.” 

Así leída la cita, la renuncia al leninismo se entiende como un ataque premeditado y consumando al Partido, si bien habrá que puntualizar que se reconoce que, de momento, fue una aprobación formal, como es que también  sabemos que el marxismo no había entrado en la renuncia. Pero pudo ser así o como fue dicho arriba. No lo sé. Aunque pienso que lo dicho en su conjunto, tanto arriba como aquí, tras amplio y profundo estudio, y difusión consiguiente, debería someterse a debate colectivo. Por tanto, tampoco diré otra cosa de las cuestiones de altura, sino de las menudencias, es decir, solo de aquello que ciertamente conozco, tal y como fue vivido. No voy a callarme, pues, ni a pesar de la anunciada renuncia, a hablar de las experiencias. Si bien, si debo hablar con franqueza de aquellos últimos años de los 70, quizás me invadirá la nostalgia.

***

Era el año 76, hacia el verano. Recuerdo que volvía de navegar, de una campaña de pesca en los mares africanos a los cuales me embarqué para pagar una deuda; entonces ya había deudas y bancos. Algo insólito parecía haber sucedido en el pueblo, en cual había coexistido hasta entonces; todavía conservo la sensación de un despertar repentino. Sí bien lo fue para mí, también pienso que lo fue para otros muchos vecinos que, de pronto, sin haberlos tratado antes e incluso sin conocimiento previo, resultaban camaradas. Como que fue uno de éstos quien me facilitó el carné del PCG, sin mediaciones ni preámbulos políticos. En pocos días, liberados del Partido Comunista, venidos de las ciudades, sin grandes dificultades, temores ni reticencias, nos congregaban a todos, a veinte y tantos; trabajadores, algún que otro comerciante o empresario, marinos y marineros, sin que faltase tampoco algún campesino; viejos o viejas y jóvenes. La reunión abarcaba también a pueblos vecinos. Sin extrañezas ni ambages, de allí salieron nombrados los responsables del grupo y todos organizados en agrupación comunista. Más tarde nos visitaría el camarada Secretario General del PCG, Santiago Alvárez, y más adelante el camarada Carrillo. 

A partir de entonces se sucedieron los meses, y hasta un quinquenio, en un continuo ajetreo ocasionado por cualquiera de las propuestas políticas que surgían abundantes desde dentro de la misma agrupación o bien fuese por las otras que nos llegaban también, a instancias del Partido, para ser ejecutadas hacia diversos designios. Reuniones mensuales, bajo la previa convocatoria para cada militante, por correos. Nunca se echaba de menos la presencia de algún cuadro, fuese liberado o no, para dirigir la marcha, moderar o encauzar las opiniones que pudiesen  alejar a los presentes del hilo de los debates, en los cuales solían estar a punto interés y entusiasmo con los deseos de la intervención en ellos de cada participante en particular. Y, aunque si bien, en lo general, las inquietudes llegasen de inspiraciones externas, en realidad y en cuanto al carácter militante, en variedades o tipos e intensidades de militancia, de lo que allí se trataba todo tenía su motivo y su reflejo desde, en y hacia lo común del carácter popular. Y así, a cargo de unos, en breve espacio de tiempo, se puso en funcionamiento  un local sindicato de CC.OO y MM, con oficina de información y asesoría laboral al cual, en un goteo incesante, no dejaban de llegar los obreros a informarse y para retirar sus carnés como nuevos afiliados. Desde aquí, arrancaría, para toda la comarca, y aún siendo, en general, de muy escasa categoría industrial, toda labor sindical, amodorrada o ausente hasta aquel entonces: elecciones sindicales e implantación progresiva  de derechos laborales elementales para los trabajadores, incluyendo aquella huelga y encierro de los mineros adscritos a CC.OO en el fondo la mina, con la consecución de su primer convenio. E igual que se promovían las relaciones entre las distintas agrupaciones locales del partido, lo similar se derivaba de la participación en actos públicos y acciones políticas esporádicas, variadas y habidas en común  con de la otros partidos (no tanto con los del PSOE o de la UGT, de actitudes más prepotentes y esquivas); se impulsaba la lectura de la prensa del partido (M.O) la cual lo mismo se difundía en las calles, con el ofrecimiento de su venta al público, los domingos; se procuraba la recaudación de fondos, en lotería  y en bonos o en visitas programadas a simpatizantes o militantes antiguos, cuyas referencias le constaban o llegaban al partido. Lo mismo que, en las reuniones mensuales, se trataba sin olvido de la puesta al día de las cuotas militantes. Y, en fin, como no cabría obviarlas, también debe destacarse lo que debería haber sido, a mi entender, importante, la preparación de los Congresos (III, IV y V), en las que se dio la ausencia de discusiones para elegir delegados, dado el interés escaso habido desde el primero; el último ya resuelto en pura maquinación del resto, que aún quedaba de antiguo en la agrupación, contra los pocos oficialistas que casi ya ni rezaban.

Pero sobre todo, no debe dejar de hablarse de lo más determinante, quizás, en la vida de la agrupación, esto es, de la participación comunista en todos los acontecimientos electorales habidos en nuestro pueblo hasta el año 87 y en las correspondientes campañas, en modo intenso, de entrega en cada una de ellas, sin que hubiese llegado a ser patente el desmayo hasta las municipales que siguieron a las de este último año, a pesar de que, muy concretamente en este pueblo, la agrupación comunista nunca obtuvo un resultado positivo. No obstante, que nadie se llame a engaño, en general, los resultados electorales de 1982, en el ámbito Estatal, sí resultaron el golpe definitivo y preciso que noquearía al PCE, en su totalidad. Y tanto que, en lo sucesivo, ya no volvió al combate, como tal. 

Sin embargo, al igual que en el seno de la misma agrupación, en  toda la base del partido se observaban los conflictos ideológicos que se daban por arriba. Y ya en la primeras municipales, del 79, aunque vistas desde la perspectiva del hoy, también podrían advertirse, más que latentes, los síntomas principales de las causas que, de entre las fundamentales, llevarían al PCE a la disolución completa en I.U. De entre ellos, cabe destacar aquí los reparos efectivos, impuestos desde las posturas más influyentes de la agrupación para descartar la conveniencia de presentarse a elecciones bajo las siglas del PCG. Y como quiera que también, tanto en ésta como otras, hubimos buscado y llamado gentes independientes de prestigio para incorporar a las listas, y aún consiguiendo formar, al completo, alguna más sin un solo comunista, la dirección del partido convocó a los aspirantes a una reunión que se celebró, en su día, en el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago, y allí fue aprobada la opción de los independientes la cual fue seguidamente legalizada bajo las siglas genéricas de AMDGA (Agrupaciones Municipales de Galicia). Entraron también en ellas las listas del PCG renuentes a las suyas. Recuerdo perfectamente, porque allí estuve, que eran los independientes, los cabezas de las listas, aquellos que más entusiasmo dieron a la alternativa. De los nuestros, de esta misma agrupación, que también entró en la invención, hubo un miembro muy destacado, aunque del pueblo vecino al nuestro, pero que, de igual forma, sobresalió en el empeño, como otro independiente cualquiera. En campaña electoral, tuvo de apoyo presencial del mismo Ramón Tamames. Y se llevó en su pueblo –no por esto, sin embargo, sino por propia valía, que lo mismo demostraría más tarde, durante 16 años consecutivos de alcalde–, la mayoría absoluta. No obstante, lo que aquí se considera, es que, al cabo de pocos meses de haber salido alcalde, dio el salto del PCG al PSOE. Cierto que era un pequeño empresario y quizás, por ello con tendencia a lo burgués, pero el pretexto que tuvo jamás pudo ser más ralo e incongruente: Pretendió intervenir, por medio de su influencia, en contra de la defensa de CC.OO a favor de una empleada del comercio de una amiga, camarada de la misma agrupación (de ésta que nos ocupa). Como quiera que no le valió de nada, aireo sus improperios en la prensa y se marchó del PCG. De este ejemplo sólo nos resta decir, que actualmente este antiguo camarada ejerce su militancia, no en el PSOE, sino ya en el PP. Pero bueno, se supone que tampoco será igual que un militante cualquiera que lo hubiese sido de antes, sin otra escuela. Aunque, mejor, sigamos lo nuestro.

Esto es, que, tal y como hemos dicho, también nuestra agrupación se vio totalmente inmersa en la AMDGA. De la cual, junto a nuestra lista, que no obtuvo, finalmente, concejal, presentamos otra más, reunida y trabajada por la propia agrupación, para otro pueblo vecino y, de ésta, sí que salió concejal. Y tanto que entre éste de los nuestros y el PSOE desplazaron a UCD de la Alcaldía, cuyo titular ya lo era, de los de antes del presidente A. Suarez. Y Así fue como la AMDGA también logró aquí alcalde, mas del PSOE, por supuesto, otros veinticinco años. Jamás volvimos a verle. Por otra parte, nosotros, quizás buscando la mayor seguridad o bien todavía no satisfechos con ocultar nuestras siglas, procuramos candidato sucedáneo, que fuese ajeno al partido, para cabeza de lista.  Y lo encontramos muy cerca: el padre de un camarada, de renombre en honradez y en crédito en el pueblo y cercanías; un pequeño comerciante, sastre o hacedor de trajes de sobrada clientela. ¡Seguro que muchos le votarían! ¿Y qué menos, si, además, el programa del Partido, adaptado a nuestro pueblo, no sólo era el necesario, sino también el paradigma aplicable a todos ellos, sobre otro cualquier proyecto? Y quedó apalabrado, nuestro hombre, para venir en la lista. Por aquello, de hacer crecer el partido, hasta verlo convertido en un partido de masas, se postulaba lo dicho: “Para el sastre el primer puesto.” Sin embargo, aunque no todos de acuerdo, faltaba lo decisivo: La reunión que nos resolviese el orden de candidatos en lista. Y de aquí, las consecuencias. Finalmente, en la agrupación, estando todos presentes, no hubo desavenencia. No obstante, al parecer, venció el criterio, fallido: Nuestro cabeza de lista debería ser afiliado del Partido Comunista. Y puestos a que mucho más que un concejal no saldría, que no alcalde, y si el objetivo era más allá de un concejal, siendo éste, sin embargo, lo inmediato necesario, lo procedente sería intentar fortalecer directamente al partido, de otro modo quién podría garantizarnos, para mañana mismo, incluso con un concejal ajeno, la cohesión de este grupo. Lo cierto, es que contábamos con un honorable candidato para cabeza de lista, pero no lo era menos que no hubiese alternativa.

Así fue como llevamos de candidato a la alcaldía del pueblo al camarada ex-miliciano cubano; el cual no era autóctono del pueblo, pero no menos paisano que el otro, sino menos trajeado. Aunque a la par, más o menos, en categoría laboral, pues los dos eran autónomos. En lo social, sin obviar comparaciones de valor electoral, o sea, sin salvar diferencias aparentes, digamos que, en cuanto a refinamiento, gozaban de status desnivelado a favor del sastre. Quizás aquí estuviese la causa de nuestro fallo, pero no lo aseguramos, porque, aunque a éste se le dio un segundo puesto, con grandes expectativas de que reportase votos a su propia candidatura, en lo real sucedió que en él cundió visiblemente el desánimo y, ya en campaña, apenas sí participó en la misma. Finalmente, aunque nos faltaron muy pocos votos, no sacamos concejal. Ni tampoco, en este caso, nuestro segundo de lista volvió por la agrupación. Y, aunque su hijo, tal vez por ser camarada, lo hiciese con otra causa, con él también sucedió lo mismo, pero algo más adelante.  En cambio, nuestro primero de lista no sólo no se apartó del Partido, sino que se acercó más y se hizo más conocido en el pueblo.

Llegando al 83 el PCE, tocado ostentosamente del desastre electoral de Elecciones al Congreso de 1982, amenazaba próximo a deshilacharse interiormente, sin embargo el PCG, por segunda vez, volvería a competir a en las elecciones municipales. Y otra vez la agrupación de nuestro pueblo, aunque también afectada por la situación política del Partido Comunista, a pesar de ser de pueblo, se disponía a orientarse a través del buen saber dirigente de sus cuadros superiores. Y si bien, aun siendo casi los mismos,  ya que éramos un poco menos y alguno de ellos cambiado, porque unos se hubiesen ido abominando a Carrillo y otros desencantados, renovamos nuestra lista para las municipales. Repetíamos cabeza, la misma que la anterior, y los demás, más o menos, aunque por esta con las siglas del Partido y con la hoz y el martillo. Tampoco sacamos nada. Y si bien lo mismo repetiríamos en 1987, pero con otro cabeza, otro nombre de partido u otras siglas comunistas, aún sacamos mucho menos, por no decir casi nada. Ni siquiera nos votaron nuestros viejos camaradas, antes primeros de lista, e incluso responsables, de siempre, en la agrupación. Previamente, habíamos intentado que viniesen en las listas, pero a lo cual se negaron por motivos variados, sin embargo coincidentes, en la causa del desánimo político. Nuestra lista fue colmada con el recurso de nuevos acompañantes del pueblo y aún presentamos otras para otros pueblos vecinos. Pero había, no obstante, una razón. La verdad fue que aquellas elecciones municipales, fueron tan sólo un pretexto, o mejor,  una forma de extender la consigna del partido, desviando desde ellas la atención de los votantes hacia aquello que realmente importaba: Nuestro objetivo era que nuestro líder saliese elegido diputado del Parlamento Europeo, puesto que, al mismo que las municipales las elecciones eran también europeas. Pero, ni así. Ni en nombre del PTE,  el camarada Santiago Carrillo conseguiría su acta de diputado europeo. Aquello significó nuestro último episodio en nuestra agrupación. Lo que sucedido más tarde fue lo dicho en el final del capítulo anterior (kaosenlared.ne/item/13585)

Se disolvió el partido y en tal disolución la agrupación comunista del pueblo quedó diluida también, por mucho que alguien pensase que seguía siendo necesario, que sin un partido activo, ya poco o nada se podría hacer con sentido. También yo me quedé sin partido comunista y si militar en nada ni tener a quién votar.

Y aunque también fuese cierto que existía IU, que, ya entonces, había sido creada, después de lo que había pasado ¿cómo no desconfiar, después de la ya vivido? Además, “IU había sido la tesis que triunfo en el seno del PCE” y la cual, “implícita o explícitamente”, había sido la opción defendida por quienes ganaron la dirección del Partido seguidamente después “de la hecatombe de octubre de 1982” y los cuales no fueron otros que aquellos de las familias que “optaron por reagrupar fuerzas y contribuir a crear una nueva formación política que no tuviese identidad comunista” (N. SARTORIUS). ¿Tal vez sería el destino que la realidad les había reservado a quienes se habían sumado al partido comunista como forma más segura de verse libres de él y sin tener que renunciar totalmente, o para siempre, a su origen verdadero ni a su clase social, ya real o imaginaria?

Cierto es también que entonces, no lo sabía, ni tampoco sabía lo de la idea por la que se había parido a IU. Casi 20 años tardé en saberlo, pero, al fin, y gracias a experiencias posteriores, precisamente dentro de IU.

¿Qué, por qué me  había acercado allí? Pues por lo mismo: Porque quería saber y siempre supe que el saber sin experiencia, apenas vale de nada y nunca da certidumbre. Aunque también sé ahora que el saber de la experiencia, tampoco puede valer, si esta se halla aislada.

Lo que me había  llevado, por entonces, disuelto ya el PTE de Carrillo, a decidirme a no ir a ningún partido, que no fuese comunista y, sobre todo, tampoco hacia aquello que pudiese haber quedado del antiguo PCE, es decir a IU, fue el pensar para mi mismo que no tenía sentido renovar las experiencias con otra AMDGA, como aquella de nuestro primeros tiempos en la agrupación del pueblo. Había sido suficiente.

Sin embargo, pensando en la agrupación, también hubo otros motivos de nuestra disolución, más pegados al terreno, quizás, pero que también calaron el ánimo, indudablemente, hasta empaparlos. Los contaremos, pues son parte de la tesis. Si bien, ésta seguirá mañana, con otra segunda parte,  con la de esta que hemos dado. Su título: “La génesis práctica de la derrota.” Y aquí quedamos, por hoy.

Ultima modificacion el Miércoles, 25 de Abril de 2012 17:08


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