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23 Mar 2012

Versos de un animal Destacado

Escrito por  Julio Ortega Fraile, Delegado de LIBERA! en Pontevedra
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Poema a los torturados y eternos olvidados.

No es vuestra muerte, mis dulces hermanos,

un azar repentino que os cercene la vida.

No se tiñe de rojo bruscamente el camino.

No se alzan esas sombras aciagas

que habrán de robaros por siempre la luz,

ni os estremece - y aterra - un súbito frío,

por ser ya la hora a partir de la cual

cualquier futuro se conjuga en pasado,

la hora que a todos nos aguarda

de llenar con un vacío inútil el último aliento

y al fin, cumplido el tiempo, doblar la testuz.

 

Yo sé que todavía es demasiado temprano

para que surquéis la laguna de orilla incierta

que jamás concede retorno al navegante.

No deberíais aún embarcar hacia el arcano.

Pero el hombre,

ese ser pequeño y enfermo de endiosamiento

dispone procaz el lugar, el modo y el momento

arrogándose la potestad sobre vuestro destino,

mientras en su vesania ruin y delirante

a vosotros os otorga sufrimiento y silencio.

 

La Naturaleza, en ese instante, calla obligada,

y acaso también llora, de angustia transida,

cuando amordazada hablan los humanos

con su voz más siniestra, grosera y pervertida

llamando a la que siempre estuvo ahí:

silente, amenazante, ineluctable y presentida,

esperando a vuestro lado, constante, paciente…

Es la muerte absurda, precoz, vana y doliente

que esconde voraz el hombre entre sus manos,

es la sentencia indecente, canalla y malparida

por unos corazones mezquinos y malsanos,

el abuso mutado en fuero, la injusticia extrema,

la acepción más cínica, miserable y blasfema

de ese invento llamado derecho.

Nunca descubrí la certeza de tan prematuro fin

en vuestra cándida mirada, tierna y noble,

sincera y limpia, tan plena de dulzura e inocencia

como de bajeza llena la de esos otros animales:

los eternos verdugos que en nombre de una ley

escrita a medida de los criminales,

- una norma absurda y cruel, cobarde, brutal,

infame, despiadada y ladina -

os torturan y hieren, os humillan y matan,

porque entre vuestra vida y su provecho

al fin triunfa siempre la mano asesina.

Cuando la tinta es hiel y la moral un desecho,

la razón y la inteligencia claudican y callan.

 

Más vuestros ojos, que duele mirar,

dejan traslucir un hondo sufrimiento

y una tristeza infinita. Contienen un mudo lamento,

en ellos habitan la melancolía y el miedo,

son la expresión silenciosa del pavor ante la inquina

injustificada y salvaje,

un terrible grito en sordina compañero de vuestro

postrer latido hacia tan maldito e inmerecido viaje.

 

Cien veces atravesados por el frío acero,

arrancada la piel con el cuerpo aún palpitante,

marcados por las cadenas y el látigo lacerante,

tras unos barrotes eternos prisioneros,

mordidos por el plomo o rematados a cuchillo,

ahorcados, envenenados, reos de sacrificio,

inmóviles y cebados transmutados en beneficio,

abandonados, perseguidos, hambrientos y errantes,

productos a la venta en cualquier mercadillo,

quemadas las entrañas, cegados y mutilados,

ensartados con saña por el sádico lancero,

agonizantes invisibles en tantos arcenes,

obligados a luchar porque vuestra sangre es dinero.

 

 

Víctimas al fin de mil y una torturas,

objetos de siniestras y humanas perversiones,

fue vuestra libertad un sueño imposible y efímero,

un instinto amputado por la despiadada realidad,

pues cuando os fue otorgada como a todos, la vida,

la vuestra venía henchida de aflicción y crueldad.

Y es que nacisteis esclavos, condenados y desprotegidos,

pero no lo sabíais y de ahí esa eterna tristeza,

el porqué de la candidez y también de la esperanza

que no perdisteis hasta el fin de vuestros días.

Jamás habitó en vosotros un deseo de venganza,

e incluso en el último instante

mostrasteis fidelidad al que habría de convertirse

en un asesino ciego ante vuestra mirada implorante.

 

Supongo que el destino os brinda la ignorancia

como única e inútil defensa ante tanta maldad.

No me preguntéis cuáles son las razones

del encarnizamiento, de la saña, del espantoso

desamparo que acompaña vuestra existencia.

Yo tampoco lo sé.

Pero cargada de aberraciones está la conducta humana,

del animal que se dice a si mismo racional,

un ser todavía orgulloso de su brutal indecencia,

de sus violaciones, de su poder destructivo y fatal,

de abusar del más débil, de su falta de clemencia

y que se piensa aún superior. Mas sólo es apariencia,

pues la crueldad no es de inteligencia alarde

sino el refugio miserable del ruin y del cobarde,

del único animal que disfruta causando miedo y dolor.

 

 

Julio Ortega Fraile

Delegado de LIBERA! En Pontevedra

www.findelmaltratoanimal.blogspot.com

Modificado por última vez en Viernes, 23 Marzo 2012 16:49

Comments  

0 #1 Guest 2013-05-21 23:36
:-x jajajjajajajj q asco

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