Eso de que vaya a las Cumbres de gendarme exigiendo a Chávez "respeto" a los presidentes de las naciones por respeto a las naciones, podrá ser para los pijos un detalle de buena educación, pero es una insolencia mayúscula que va contra la buena educación liberal aunque valga para la educación autoritaria a la que, por lo que vemos, sigue apegado Zapatero. Dar lecciones de educación a un adulto común es ya de por sí de pésimo gusto y propio precisamente de un mal educado. Y qué decir si pretende dárselas a otro presidente...
  Hay mucho que decir acerca de esta intolerable injerencia mayestática.
  De entrada hay que tener en cuenta, primero, que por sentido común, se respeta "sólo" a quien nos respeta y respeta a los demás, y segundo, que el respeto se inspira o no se inspira, pero nadie tiene derecho a exigirlo sin ser indigno de respeto.
  A las pruebas circunstanciales me remito: ningún gobernante excepto él, en estas Cumbres u otras ocasiones, se ha atrevido, por eso mismo, por respeto, a tomarse semejante licencia frente a otro jefe de estado. Y entonces habremos de colegir que o los demás presidentes que callan han faltado por omisión a la diplomacia, o falta gravemente Zapatero a la prudencia con sus públicas admoniciones a Chávez.
  Este empecinamiento es de una pretenciosidad que raya en la provocación y cae en el mal estilo por muy revestidas de moderación que estén sus palabras. Han dado la vuelta al mundo... Debiera saber (a menos que lo que quiera Zapatero es mal rollo) que hay cosas que dichas susurrando y aun sin propósito de molestar son más agresivas que dichas con desparpajo. Desde luego también en las relaciones políticas y diplomáticas.
  Su actitud responde a una absoluta falta de tacto y es un gesto de vanidad o de soberbia inusitada. Máxime cuando él mismo (que dice que hay que respetar a los presidentes porque representan a las naciones, y no negará que también las representan las banderas) él despreció a la bandera americana y a la nación americana (con el regocijo de muchos como yo) cuando no se levantó ante la bandera estadounidense a su paso en un desfile militar en Madrid. Hecho que, por cierto, le granjeó antipatías sin cuento entre muchos políticos que, si nos atenemos a su misma visión de la elegancia ahora, debieron ser más respetuosos y respetables que él en esa circunstancia.
  Y por otra parte y ya al margen del lenguaje y maneras de Zapatero, eso de que hay que respetar a los presidentes es un decir y un decir estúpido. Cada cual, y naturalmente cada presidente y cada nación al frente de la que está, tienen sus simpatías y sus fobias, y respetan o no respetan a los dirigentes según estén con ellos o contra ellos. No hay reglas. Bush maldice ordinariamente a los jefes de Estado que están en "su" Eje del Mal, a los de Irán, Corea, etc, les llama de todo, y desprecia de palabra y obra a presidentes electos del orbe occidental, como Chávez y Castro. Por eso, hay silencios frente a ese mismo canallismo y frente a esos canallas que zarandean al mundo, como el de Zapatero, que no pueden ser más irrespetuosos hacia la ciudadanía que representan. Es más, justo ese silencio que Chávez, por coherencia, no quiere practicar, le sitúa a Chávez en dignidad muy por encima de Zapatero.
  Por último, ¿sería capaz Zapatero de definir, en estos tiempos en que vale todo: desde las sartas de mentiras para invadir y robar a otro país hasta insultar a la inteligencia de jefes de Estado que no caen bien y se odia a sus países (como en la última guerra mundial odiaba todo el mundo a los alemanes y no sólo a Hitler), qué es respeto y qué educación en un marco liberal y no despótico?
  Incluso las palabras elogiosas que el rey le dedicó a Zapatero hace unos días pueden interpretarse como una falta grave de educación y un agravio comparativo. Pues a sensu contrario de esas palabras, puede hacerse la lectura también de que de los demás presidentes que han desfilado hasta ahora en la democracia, el rey ha tenido muy mal concepto al no haberles alabado nunca. Con ello el propio rey hispano habría faltado gravemente a la buena educación.
  A fuerza de tanto blasonar de respeto, Zapatero ignora cazurramente que la más valiosa regla de educación -no ya de diplomacia- consiste en no dar lecciones a un presidente que no se las ha pedido. Y que intentar humillarle humillando de paso a la nación venezolana, volverá a acarrear sin duda justas y proporcionales represalias contra los intereses españoles en aquel país.
  Ya podemos hacer balance. Esta arrogancia de Zapatero, como la imperiosa orden del "cállate" del coronado, siguen en la línea histórica de los abominables gestos del necio señorito y del engolado caballero españoles de siempre.