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A Volodia , "muchacho del siglo veinte"...Mi agradecimientos y recuerdos

¿Qué decir sobre Volodia Teitelboim en la hora de su muerte que ya no se haya dicho?. Por cierto, un caballero de la política y un agudo observador de la historia de nuestro país y del mundo, a través de su lúcidos escritos.  Un “muchacho del siglo veinte”
Hernán Montecinos | Para Kaos en la Red | 1-2-2008 | 673 lecturas | 1 comentario
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Por: Hernán Montecinos

¿Qué decir sobre Volodia Teitelboim en la hora de su muerte que ya no se haya dicho?. Por cierto, un caballero de la política y un agudo observador de la historia de nuestro país y del mundo, a través de su lúcidos escritos. A decir verdad, un verdadero “muchacho del siglo veinte”, frase homónima de uno de sus más apreciados libros.

En lo personal, un gran agradecimiento a este gran humanista, político y escritor por ayudarme en mis inicios literarios, momentos en que los principiantes tanto necesitamos de los alientos y estímulos. Por eso, y aunque parezca poco modesto, mi recuerdo y homenaje lo extiendo a través de sus propias palabras, aquellas con las que prologó uno de mis primeros ensayos (“Del pensamiento mágico al posmoderno”), un escrito en donde Volodia amplió y enriqueció la visión que yo quise poner en el contenido del mismo.


DEL PENSAMIENTO MÁGICO AL POSMODERNO*

Por: Volodia Teitelboim

Prólogo al ensayo" del pensamiento mágico al posmoderno"

”Esta obra de Hernán Montecinos, Del Pensamiento Mágico al Posmoderno, llega en hora oportuna. Constituye un ceñido cuerpo de reflexión filosófica y sociológica. Responde a una necesidad urgente: contribuir al retorno de la racionalidad, a restablecer la conciencia herida, aportando luces para disipar el oscurantismo, la actual confusión reinante, en un proceso de superación del peligroso retroceso de las ideas humanistas que ha impuesto, a escala planetaria, el dogma neoliberal.

Las desventuras del género humano se han agudizado en los últimos tiempos. Nunca hubo en la edad contemporánea tantas guerras locales, tantos conflictos étnicos desatados, tanta drogadicción, tanto poder de la mafia. El desnivel entre los países desarrollados y el Tercer Mundo se ha hecho más abismante. La desigualdad entre las clases sociales se ahonda. Se multiplica explosivamente la distancia entre los pobres de la tierra y los sectores opulentos. La corrupción sobrepasa arrolladora los límites conocidos. Invade al Estado. El crimen organizado se convierte en poder. La depredación de la naturaleza se agrava en beneficio de la codicia. El menoscabo de los valores humanos también forma parte de la lógica intrínseca del sistema.


Motivación y objetivo moral e intelectual del libro es dar un ¡alerta! ante este cuadro generalizado de desprecio hacia la condición humana, que ha erigido en piedra angular la dominación cada vez más despiadada del hombre sobre el hombre. Estas páginas se proponen allegar argumentos a la crítica de la moral del mercado, cuya característica es no tener moral. Dicho modelo sin alma pretende imperar omnímodo durante el siglo XXI.

La fórmula malamente llamada neoliberal no es sino otro nombre para la fase actual del capitalismo. Ajeno a todo sentido de solidaridad, promueve un mundo sin ideales, convertido en selva posmoderna, salvaje en términos de crueldad concreta y masiva.

Del Pensamiento Mágico al Posmoderno explica los móviles y mecanismos del neoliberalismo. Para mantener su hegemonía precisa imponer su proyecto en todos los dominios. Ello requiere moldear la mentalidad, mirando a su antojo el sentido de identidad de las naciones, de los pueblos y las personas. Monta estructuras de democracia formal para rechazar la democracia real. Erosiona la libertad de análisis, volatiliza la autoconciencia individual y colectiva de las mayorías afectadas en su vida cotidiana. En los hechos niega las perspectivas de un futuro distinto. El virtual monopolio comunicacional, que abraca todos los continentes, le permite llegar, especialmente a través de la televisión, hasta los últimos rincones, generando a diario una visión manipulada del acontecer del mundo. Por vía subliminal transmite su mensaje. Las víctimas, sin saberlo, hacen suyas las ideas del victimario, asimilan los estereotipos regresivos. Así, millones de personas actúan contra sí mismas. Su propósito estratégico es de largo alcance. La humanidad –y por ende los pueblos- deben renunciar a toda idea de cambio, cancelar toda aspiración de alcanzar algún día una existencia digna en una sociedad más justa.

Para el autor no es un misterio que participan en esta colosal empresa de mistificación intelectuales, filósofos, economistas, sociólogos, politólogos, comunicadores enrolados por la máquina del poder. Su tarea es revestir de novedad lo anquilosado, repintar los mitos conservadores con una capa densa, engañosa y atractiva de posmodernidad. Gran número de expertos y de entidades bien financiadas se dedican a elaborar teorías cuya misión es negar el Avance Social y hacer la apología del status. Se esfuerzan por imponer los sofismas del sistema en el campo de la reflexión, por inculcarlos en la mentalidad y en el subconsciente colectivo de las muchedumbres. Incursionan al efecto en las áreas de la filosofía política deslizando su contrabando de trasfondo retardatario. Presentan como última palabra los más añejos contenidos bajo formas ultramodernas.

A pesar que aún se habla del fin de las ideologías y hasta un absurdo fin de la historia, las ideologías siguen vivas y actuantes: la historia continúa su marcha y la batalla por las conciencias recrudece. A ella se suma en espíritu la obra de Montecinos.

El reflujo del pensamiento avanzado tiende a experimentar un vuelco en los últimos tiempos. Se percibe la irrupción de tendencias a la recuperación. Comienza a desvanecerse la euforia de los apologistas de una sociedad posmoderna que anunciaba un mundo sin mayores problemas. Se va desvaneciendo bajo los golpes de la dura realidad.

Por otro lado la izquierda, a la defensiva, tiende poco a poco a reorganizarse. Lo conseguirá siempre que aprenda de la historia, que extraiga enseñanzas de la experiencia. Ella la obliga a replanteamientos de fondo, a una autocrítica valerosa, a adecuaciones inteligentes ante una realidad diversa, que requiere enriquecimientos frescos y análisis osados frente a fenómenos nuevos. Nada de ello reemplaza a Marx: no lo invalida sino que lo confirma, a condición que sea mirado con ojos contemporáneos y espíritu dialéctico.

El mundo vive una fase cambiante. En el ámbito internacional se va configurando un movimiento de respuesta a la blitzkvieg neoliberal. En América Latina, Chile desde luego, resulta indispensable, junto a la interpretación descarnada de los acontecimientos del último cuarto de siglo, delinear un proyecto de futuro. Dicho examen acusa todavía serios retrasos. Es hora de apurar el tranco. Ya comienzan a vislumbrarse respuestas a nivel de base, en los niveles medios y en ciertas instancias de dirección. Aparecen contribuciones críticas, analíticas y propositivas que abren una zona de introspección y meditación en la izquierda continental, deseosa de poner su reloj a la hora. Trata de comprender con exactitud lo que ha pasado, intenta un reconocimiento de la realidad compleja, que ha experimentado mudanzas complicadas y a veces traumáticas. Todo el espectro de los problemas sociales debería ser examinado con un rigor conceptual, informado y amplio. Se necesitan más intérpretes , más críticos y pensadores del cambio, que estudien la situación presente de América Latina animados por la idea del socialismo. Va adquiriendo más potencia la voz que viene de las entrañas de la sociedad y se proyecta a la calle. Se teje la red de un variado espectro de movimientos nuevos que expresan un despertar ecologista, de los pueblos originarios, de las mujeres, de los sectores culturales, sumándose al mundo sindical y de la insurgencia estudiantil, del universo inquieto de una juventud que encuentra las puertas cerradas.

Se va configurando, en un desarrollo contradictorio muy vivo, algo que conoce avances y retrocesos, que va más allá de la noción canónica acostumbrada, que trabaja con una metodología abierta, capaz de analizar objetiva y racionalmente los fenómenos de la mentalidad colectiva, de la vida social y política, entablando la polémica en el campo ideológico.

Relacionado con este proceso de formación, bullente y contradictorio, valen mucho los conceptos sustantivos que recorren este estudio clarificador. En sus diversos capítulos toda una cuidadosa investigación filosófica fundamenta la idea del cambio social justo. Parte de un análisis conforme al método científico. Su finalidad es la búsqueda de una existencia compatible con el respeto a las esencias y requerimientos humanos. En el fondo lo anima el anhelo soñado por tantas generaciones: conquistar el derecho a la felicidad.

El volumen que comentamos anota que es hora de nuevos enriquecimientos de la teoría. Valora lo vivo y grande de su tradición, de su lucha secular: insta a asimilar la acumulación de experiencias vividas, a aprender de los avances y derrotas; a desarrollar una visión más rigurosa de la historia. Propone enfilar el esfuerzo en una dirección vastamente participativa, con aportes pluralistas, múltiples y claros. Para enfrentar con eficacia la ola de regresión sistemática no caben las simplificaciones sectarias. Ha llegado el momento de promover un nuevo despertar de las conciencias a fin de liberar las mentes de la mentira institucionalizada y triunfalista

El trabajo de Hernán Montecinos va al fondo. Como el autor lo expresa de entrada, se inscribe dentro del objetivo de “profundizar en los fenómenos que determinan el pensamiento del hombre moderno”, tema de trascendencia cardinal. Acomete así una empresa intelectual y humanística de vuelo. Sale al encuentro de la cultura llamada “cultura de lo efímero”, del hedonismo, el nihilismo, el pragmatismo, actitudes predominantes en la sociedad de consumo, donde reina su Majestad el Mercado y no los valores humanos.

Hernán Montecinos se acoge al pensamiento de Sócrates, al principio de que “una vida sin examen no vale la pena vivirla”. Hay que saber donde estamos, qué pasa, qué somos, adónde vamos. El hombre es los hombres, o sea, existe en su condición individual y en su entorno social, indivisiblemente entrelazados.

Probablemente mueve al autor a emprender esta ambiciosa, difícil y responsable tarea su convicción –obviamente exacta- que vivimos una época en que la humanidad se debate en una crisis que abarca todos los aspectos de la existencia individual y colectiva.

Ante un presente oscuro y un futuro impredecible, que se anuncia por ahora sombrío, se precisa un proyecto de futuro, que convenga al ser humano y lo convoque a la acción, que interprete y responda a sus necesidades de hoy y a sus demandas ancestrales. Para ello se requiere tomar conciencia de la auténtica realidad. Pasar del pensamiento mágico, alienado, a la conciencia de la verdad del mundo.

Hoy aparece falsificada y enrarecida por la fiebre consumista, en un ámbito sometido a la influencia hipnótica de los medios de comunicación, que penetran a toda hora los hogares y deforman las conciencias, empujando a la evasión y la búsqueda de paraísos artificiales, de salidas ilusorias.

“En un momento así” –se pregunta el autor- “¿qué le queda al ser humano? La lotería, el fútbol. El shopping, la T.V., el consumismo”, al cual, por otra parte sólo tiene acceso real quien posee dinero. Pero también envuelve al pobre, a las capas medias en la vorágine. El endeudamiento –basado en la usura- es un síntoma de esta enfermedad. Vastos sectores caen seducidos, entre otras mentiras doradas, por el falso milagro de las tarjetas de crédito; por mil supercherías que pueblan el ambiente y atrapan a multitudes incautas en las redes de la magia, del ocultismo y las sectas.

Humberto Ecco sostiene que “a partir de estos fenómenos culturales llegamos a un nuevo medioevo de místicos laicos. El que use –agrega- las viejas reglas de la razón, la lógica, la dialéctica, la retórica puede ser acusado de impío”.

Hernán Montecinos también sale al encuentro de los silencios ceremoniales. Recuerda y cita a Mario Benedetti: “El Papa critica al capitalismo salvaje: ¿pero qué capitalismo no es salvaje”.

Salvaje supercivilizado. La explosión del conocimiento marcha a compás con una agravación de la ignorancia tecnificada, aquella que desconoce temas y asuntos esenciales para la humanidad. Todo ello es el prólogo a la negación de la idea del hombre como centro del planeta Tierra.

El presente libro llama la atención sobre “la deslegitimación de los grandes relatos” la conspiración para desprestigiar los proyectos emancipadores y el escarnio que se hace de la sociedad justa. Tal designio se sincroniza con la incertidumbre del porvenir. Se agota al ser humano en el diario esfuerzo desesperado por sobrevivir, vaciando su conciencia y rellenándola con la nada. Quieren un hombre sin horizontes, exhausto, espiritualmente mísero, reducido a nimiedades. Así se destruye la conciencia colectiva y se desvalorizan los movimientos sociales.

El gran miedo de los dueños del planeta es la articulación de un proyecto unificador de todas las fuerzas disconformes con el actual estado de cosas. Según sus planes cualquier iniciativa aglutinante de los sectores discrepantes debe ser demonizada. De allí el encarnizado a taque a las utopías liberadoras que adelantan realidades de un futuro diverso. Ellas resultan eficaces cuando so productos naturales de la historia y proponen un mañana accesible y realista.

El bombardeo central del status tiende a pulverizar en la conciencia la viabilidad, la justicia, razón y necesidad del proyecto emancipatorio. Para definirlo y fundarlo habrá que contar, desde luego, con Marx que “penetró en la realidad para desentrañar las leyes que la rigen”. Los cambios de este siglo que termina han sido inconmensurables, pero la anatomía del capitalismo sustancialmente es la misma y la explotación de la mayoría se desarrolla en el ámbito mundial sin otra mira que el interés de un polo minoritario de la sociedad.

Este ensayo aporta antecedentes válidos demostrando que el mundo tiene alternativa al neoliberalismo.Humanismo contemporáneo, cuya recuperación constituye un imperativo impostergable para el esclarecimiento de la conciencia colectiva.

El hombre de nuestros días, sumergido en la enajenación por un sistema de imágenes alucinantes, gran fábrica de mensajes apócrifos, cazado en la trampa por un astuto capitalismo con nuevos disfraces, tiene que regañar su libertad de pensar y decidir, su capacidad de orientación en el laberinto. Sólo así podrá aspirar a la plena humanidad, consciente y dueña de sí misma.

El texto de Hernán Montecinos plantea una discusión clave sobre la situación de hoy, indispensable para abrir paso a un porvenir abierto, a una sociedad hecha para el hombre, para todos los hombres.

Quien lea Del Pensamiento Mágico al Posmoderno advertirá más diáfanamente lo que se oculta bajo la sofisticada trama del mundo. Podrá orientarse mejor en el endiablado dédalo del presente a fin de encontrar una salida que le permita decidir por sí mismo, solidariamente, el curso de la existencia y de la sociedad”.

 
 
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Comentarios (1)

#1

LA JIRIBILLA|01-02-2008 18:34

ENTREVISTA CON VOLODIA TEITELBOIM
No hay región de la Tierra tan una
como América Latina
Gisela García Rivero La Habana
Fotos:
Diego


En sus casi nueve décadas de vida, Volodia Teitelboim no concibe olvidar las consecuencias funestas de la tragedia de Chile, aquel golpe de Estado de 1973  que arrastró consigo los sueños de un hombre llamado oportunamente Salvador y la voz, no el verso, de uno de los más universales poetas latinoamericanos, su amigo Pablo Neruda.

Para este intelectual y comunista chileno, autor de más de una treintena de títulos; fechas, nombres y sucesos significativos para Latinoamérica son parte de una pausada charla que conviene compartir a propósito de la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde presentará dos de sus obras más renombradas: Neruda y Los dos Borges.

Sin embargo, su extenso anecdotario no solo da cuenta del político sagaz que vive en Volodia, pendiente de cuanto acontecimiento ha marcado la historia del continente, sino de sus múltiples textos entregados al mundo de las letras, siempre con la doble cualidad de ser arte y compromiso.

“Soy un revolucionario y soy un poeta. El problema o el no problema es que las dos condiciones pueden subsistir simultáneamente, y el problema del problema es que ambas son...digamos...exigentes de la exclusividad. Esto lleva tiempo para compartir, porque tanto la literatura como la política tienden al monopolismo, aunque sean hermanas o hijas de una misma persona”.

Aunque confiesa que “la política y la literatura son las dos líneas capitales que han determinado su vida”, manifiesta con sinceridad que ya no será el activista de antes “porque quiero hacer la labor en otro terreno, porque para mí la literatura es un acto social “. 

Con una amplia producción literaria que abarca desde la novela, la crítica, pasa por la crónica, la investigación biográfica hasta el ensayo, ¿por qué una biografía para Neruda?

Yo estaba en Moscú cuando sentí un telefonazo desde Madrid a fines de 1983. Alguien me pedía, me proponía, que escribiera sobre Neruda para una editorial que quería publicar algo cuando se cumpliera ochenta años de su nacimiento en 1984. Yo me dije qué va no puedo, muy poco tiempo. Pero llamaron de nuevo: “Mire Volodia, yo creo que nosotros debemos intentarlo, usted nos dicta y nosotros escribimos”. Les respondí que aquello era lo más escandaloso que había escuchado: ¿dictar una biografía sobre Neruda? Además, no tenía material en Moscú todo se había quedado en Chile. Lo único que poseía era algo que había comprado en Europa, las Obras Completas de su poesía. Pero volvieron a insistir, y me dije “Bueno...si es Neruda, vale la pena. Vamos a intentar algo, pero hay que abrir sus libros como si nunca lo hubiéramos leído, porque eso de estar fabricando refritos y contar lo que alguien ya contó no tiene sentido. Narra el Neruda que tú viviste como compañero de Partido, como poeta, como hombre, como amigo y abre la llave de la memoria para que fluya.

Trata de recordar en lo posible cronológicamente su vida, para darle cierto orden al recuento, o sea, empieza por el nacimiento y termina con la muerte, pero no hagas del libro un recuento telegráfico, sino recrea a Neruda, el entorno de Neruda, la vida del país nerudiano, los sueños nerudianos”. Y así surgió la biografía. 

¿Cuál es el hilo común o el vínculo entre las biografías de Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, además de la poesía y la nacionalidad?

Los tres en diversas medidas fueron poetas importantes en la renovación de la poesía chilena, los tres hicieron pronunciamientos a fondo muy críticos respecto a la sociedad chilena que realmente se ocultan porque se habla, por ejemplo, de la poesía de Huidobro que cada generación reivindica, pero se olvidan sus importantes pronunciamientos en tiempos difíciles, pues él quería otro Chile. Escribió también obras de teatro como “En la Luna” que es la ridiculización de los golpes de estados militares, muy divertido, una obra que vale la pena para conocer la historia de estos acontecimientos.

¿Y entre las biografías de Rulfo y Borges?

Ambos son de este continente y sus lenguajes son de gran universalidad, pero son dos antípodas latinoamericanos donde todo parece renovar, digamos... su contrario. Sin embargo, son de este continente porque, aunque Borges dijera “nosotros somos europeos en exilio”, cuando a ti te presentan una página sin decirte de quién es, de pronto, tú dices: ¡Este es Borges!, ¡Aquí está Argentina! En cambio, Juan Rulfo representa a los pobres de nuestra América, a las aldeas muertas latinoamericanas con su cacique. Rulfo es la esencia misma del pobre herido de este continente.

Proyectan también a Borges como el escritor latinoamericano que probablemente interese más al lector europeo porque él trabaja los grandes, mitos occidentales u orientales del pasado, es un escritor ilustrado, vuelve a las sagas nórdicas, pero aunque en sus textos diga que la realidad no existe, tengo que reconocer que es el poeta también de la paradoja permanente, perenne.

A propósito de este autor, usted presentará en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana su biografía sobre Borges ¿Por qué la titula Los dos Borges?

Por el Borges carnal, y el otro Borges, el que anda en los libros, en la obra del cual se habla, porque estos dos Borges son personas distintas.

A veces me pregunto yo mismo, por qué escribí sobre Borges si no es comunista. Pues, por eso mismo, porque el comunista, el hombre de izquierda, el progresista, también necesita saber por qué un autor tan prominente y significativo puede ser tan atroz y ciego ante la realidad que ha proyectado el militar.

¿Cómo valora la producción literaria actual en el continente?

Yo creo que es una producción muy diversa, hay escritores que no solo hacen historia, sino que andan mirando la interhistoria, o sea, la historia de la conciencia de la gente, naturalmente combinando realidad y fantasía. Pero el sistema global, penetra internamente en la cultura y la transforma en una mercancía para vender. De tal manera que los grandes medios de comunicación que dominan a todos los países y moldean una falsa conciencia  se fijan en autores que pueden ser productivos ante el público, y los exaltan, como se puede exaltar...no sé...un automóvil. Estos son los escritores que se casan con el neoliberalismo.

Algunos son reales, verdaderos artistas, porque hay famosos que merecen la fama. Otros son fabricantes de productos sintéticos con elementos inevitables de venta como el sexo, la droga y la evasión del hombre respecto a la sociedad para describir los paraísos artificiales del ser dividido, de aquel que le gusta ser súbdito y cliente en el mundo del mercado,   pero nunca un crítico de verdad.

Considero también que en el continente hay productos de temporadas, o sea, libros que vivirán en corto tiempo con lanzamientos espectaculares, con altas ventas, y después se entregarán al silencio. En tanto, hay otros libros que seguirán el proceso inverso. No son silencios. Son totalmente acallados en un momento por factores ponderables. Esos libros triunfan y tienen calidad, aunque con una venta prudencial.

Ahora, pienso que los grandes referentes críticos de una sociedad, lo cual fue un tiempo fértil para voces descollantes en el campo de la cultura de todo género, eso parece desaparecido. Pero tendrá que volver, porque todo esto es un proceso en marcha de flujo y de reflujo. También seguirá vigente mientras el mercado sea...digamos...la razón de ser de la sociedad.

A su juicio, qué retos enfrenta la nueva generación de creadores en Latinoamérica.

Yo no abogo por el panfleto político, no abogo tampoco por la literatura...digamos...propagandística. Creo, como se ha dicho muchas veces, que el creador debe ser fiel a su conciencia, a la conciencia humana y...escribir sobre lo que siente. También pienso que a esos autores no les basta el nacer, necesitan el hacerse, formarse como escritor recurriendo a los referentes de los cuales se puede ganar una enseñanza sabia, porque la literatura es un acto de amor constante. No es un negocio. El dinero no es el motor que anima la creación, es un acto de amor por la palabra, por la dimensión humana. 

Para Volodia Teitelboim, ¿identidad y neoliberalismo son puntos en común o en conflicto?

Esa identidad tiene que defenderse del neoliberalismo. El neoliberalismo, ese nombre engañoso del capitalismo salvaje en cualquier parte, se ha impuesto en Chile por la llamada fuerza de las armas porque se produjo la máxima tragedia civil de todos los tiempos: el golpe militar.

Después de la muerte y la tortura de cien mil personas se ha dado por olvidar todos los valores y también por borrar de la conciencia de la gente el sentido social. En Chile, tú aceptas todo lo que se hace y no te importa nada, y mucha gente de alguna manera lo ha aceptado. El país entero es un país falsificado. El mismo Pinochet, cuyo oficio era matar, matar, matar dijo: “esto va a durar varias generaciones”, porque se trata de cambiarle la cabeza al país, porque llegó la hora de la desmemoria programada.

¿Qué significado tiene para el Volodia militante y poeta la palabra Cuba?

Creo que Cuba resulta increíble. Su proyecto social fue concebido como un ansia de cambiar la vida de todos para mejor. Fidel soñó la idea de un país que fuera de los cubanos, que no estuviera regido por el afán de la ganancia. Eso lo soñaba mucha gente, pero él lo soñó desde el principio en alguna medida...Fue la idea, ¡la idea!, que naturalmente se hizo de lecturas en una persona con la capacidad del liderazgo.

Me parece una gran quijotada la de enfrentar a un ejército poderoso, a todo un sistema a favor del imperialismo porque esa Cuba, que representaba el paraíso de los multimillonarios norteamericanos, la conquistaron esos muchachos del 26 de Julio. Para mí, ya lo dije alguna vez, el hecho de que Fidel con el desembarco del Granma en el que son sorprendidos y mueren muchos de los participantes, cuando logra reunir a los doce que están vivos, dijera: ¡Hemos triunfado!, pues ¡qué frase más delirante!, en apariencia. ¡Qué frase más quijotesca! Fue un desafío a la normalidad basado en el sueño. Cuba es la victoria de la utopía, porque incluso en América Latina hubo intentos de cambios, algunos defraudados, pero Cuba ha señalado un camino, un camino que se hizo más difícil después que cayó la URSS y los estados socialistas del Este europeo, sin embargo, más luminoso, porque ahí está Cuba.

¿Son los Premios Casa de las Américas una tradición necesaria para la integración artística del continente?

Nuestra América está regida por la ley de la división. La división en el orden del pensamiento, de la cultura, de la literatura, del arte. Pero no hay región de la Tierra que en el fondo sea tan una como América Latina, la misma prehistoria en diferentes manifestaciones, en diferentes regímenes y sociedades. Y como ahora se habla del mundo global donde lo único que importa son los grandes poderes disuasivos de la conciencia, tender a la asociación es muy difícil con nuestros hermanos, con nuestros iguales. En ese sentido, Cuba ha sido lo contrario en todos los terrenos.

La única entidad que le ha pertenecido la tarea de crear...digamos...un vasto mundo cultural latinoamericano es Casa de las Américas. Y lo hace no de una manera impuesta, sino que convoca en las más diversas actividades espirituales con su Premio. Los trae allí, los promueve, los junta, los sienta, los hace conversar desde hace cuarenta y seis años. Sí creo que son necesarios por su diversidad y riqueza, por su calidad.

Usted ha participado de la Feria Internacional del Libro de La Habana, ¿qué importancia le concede a un  evento como este?

Me parece muy importante porque es un evento que también responde al espíritu de la Revolución que no es encastillarse o no transformar. Tampoco la Feria es un acto de exaltación de los prestigios que ha dado el sistema. Surge para darle entrada, cabida a muchas obras de arte que no tienen el favor de la prensa establecida de los grandes medios. Es muy latinoamericana. Allí están los distintos países y hay una especie de contemplación del mundo como evento que no puede simular su parentesco. En la Feria de La Habana es la cultura lo que prima, es el contacto entre el creador y el lector, entre el libro y el pueblo. Es otra de las dignas hijas de la Revolución cubana así como lo es Casa de las Américas.   

Desde muy joven usted ingresa al Partido Comunista de Chile, es senador luego y llega a ser su secretario general. A la edad de 89 años, ¿Volodia considera que la izquierda continúa siendo   hoy una alternativa posible para la soberanía de Nuestra América?

Lo creo así enteramente, pero también considero que uno de los mayores peligros para la izquierda está en la izquierda. ¿Por qué? Bueno, por la experiencia. He asistido a miles de reuniones y he encontrado en ellas el afán de juntarse y también el afán de dividirse, porque para muchos representantes de la izquierda lo secundario es lo principal y han saboteado intentos reales de hacer que este movimiento represente a casi todo el pueblo. Entonces se vuelven algo así como suicidas que no saben que son suicidas.

Lo más importante en este sentido es la lección de la vida: colocar aquello que es sentimiento, pensamiento, programa común  por encima de cualquier divergencia. Siempre el mundo tendrá diferencias, pero estas diferencias no pueden matar a la izquierda por orgullos individuales o pequeños caciquismos izquierdistas.

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