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  Efectivamente. No sé si en lo accesorio podemos llamar a esto democracia, pero en cuestiones esenciales de la vida falta la suficiente libertad, el componente esencial de la democracia, como para felicitarnos de haber salido de una dictadura “constituyente”. Ya, en la democracia convencional y en cada fase de la vida de un ciudadano, una circunstancia o varias que le afectan hondamente le alertan de que vive sobre un soporte de mentiras. Desde luego hay notables diferencias entre vivir en un municipio o una Comunidad gobernados por el PP y vivir en otro u otra de diferente ideología. Y son diferencias muy graves. Parece a veces uno encontrarse en países absolutamente diferentes. Las policías (aun siendo prácticamente en todas partes igual), la sanidad, el medioambiente -lo fundamental de la vida cotidiana- nada se parecen entre sí según esté al frente un patán o una acémila o un ciudadano "normal". Y en la Comunidad de Madrid la amputación de la libertad y del bienestar, así como la fase terminal que eventualmente alcanzan las personas, alcanzan niveles clamorosos y de escándalo...
  En Madrid, hablando de gente común, de joven te atan de pies y manos la escasez y la hipoteca; en la madurez, más hipoteca y la asechanza del sistema que presiona para que pronto te sientas inservible y marginal. En la vejez, la certeza de que si no lo evitas con cierta antelación morirás a manos de médicos que reservan la muerte dulce para ellos, sus allegados y amiguetes; médicos reforzados, además e institucionalmente ahora, por curas que se dispensarán asimismo la muerte que deseen, pero que obligan al común de los mortales a morir con los sufrimientos de su Cristo.
  Que España es un mosaico de sensibilidades bastante más acusadas que zonas tradicionalmente multiculturales, como los Balcanes por ejemplo, lo sabemos quienes estamos mucho más atentos, antropológicamente hablando, a los avatares de esta península, que los que la observan sociológicamente como un todo estadístico o como un tonticomio de consumidores de noticias.
  Ahora que estamos en tiempo de libros, no está demás recordar a tantos escritores que detectaron estas tensiones más allá de las políticas que inducen la inestabilidad permanente entre unos territoriosy otros. Madrid y todo lo que lleva consigo una concepción ancestral centrípeta sobre el resto del espacio geográfico, está impregnada de un aldeanismo insoportable frente a la vocación de progreso moral de buena parte de la periferia. Incluso en Autonomías de procesiones y otras tontunas hacen esfuerzos por el progreso moral.
  Madrid está regida por un súcubo, es decir, por un demonio mujer que cohabita con el demonio; una anti que desafía al gobierno central cuando es socialdemócrata, en cuantas cuestiones se le antojan. Todo, además de haber iniciado un proceso privatizador salvaje en la Comunidad y en detrimento de inmensas minorías, lo decide no por vías de oposición política sino a la contra. Unas veces y en ciertas cuestiones les afecta a unos, y otras veces nos afecta a otros. Por eso hablaba antes de lo mucho que nos jode esa mujeruca en las distintas fases de la vida. ¿Que se promulga una Ley Antitabaco?: ella la desvirtúa, lo permite y aun incita a consumirlo. ¿Que hay otra ley para la educación cívica exenta de tics religiosos?: ella la bloquea. Todo es así, además de disponer de una o varias cadenas de televisión que hace suyas; alguna aún sin permisos oficiales. Esta mujer incita a la guerra abierta tanto o más que Aznar. Esta es una mula a la que hay que darle de comer aparte...
  La última injerencia de la cabecilla talibán al frente de la Comunidad consiste en introducir a los capellanes de los hospitales públicos de Madrid en los comités de ética de cuidados paliativos. Comité a los que les están encomendadas decisiones como las sedaciones a los enfermos terminales, abortos y prácticas médicas que las religiones "privadas" consideran su coto privado. Es decir, esos representantes de la religión católica pueden contradecir el criterio científico de los médicos. Pero antes, ya se habrá encargado de que en esos centros sólo haya médicos de su misma cuerda...
  El caso es que si esta invasión y remedo de competencias se produce en la sanidad pública, esto es, la del Estado y la Seguridad Social, ¿qué no harán en la sanidad de sociedades sanitarias como Asisa, Sanitas, Mapfre o Adeslas?
  Yo resido en Madrid, pertenezco desde tiempo inmemorial a Asisa y soy socio de DMD, Asociación para Morir Dignamente fundada por Salvador Pániker. Si entro en fase terminal en una clínica, privada o pública, las posibilidades de morir de mala manera, de caer en manos de ese comité y de que decidan los Rouco y compañía por mí a pesar de la presencia de DMD, son todas. Estoy preparado frente esa contigencia para marcharme de aquí, al primer amago de siniestro, si me es sanitariamente posible, a Barcelona o a clínicas de Holanda o de Suiza. Es decir, la única salida que me deja esta mujer bestial, es la huida. Pero eso será, ya digo, si puedo, pues raras veces se pueden controlar hasta ese punto las cosas. Mientras tanto, todos los de mi generación que sobreviven y viven en esta maldita ciudad, están bajo la espada de Damocles de esta mujer del demonio y de sus sátiros arzobispos.
  Lo he escrito otras veces. ¿De qué me sirve que me vendan libertad y democracia en el Estado, si donde vivo la lideresa, las policías, los médicos, los alcaldes, los que ordenan y mandan, en suma,  mantienen la bota sobre nosotros y  un talante despótico y brutal propio de la dictadura que no cesa?
  No se puede vivir, antes de llegar eventualmente a esa fase terminal, con la impresión de que una rata de alcantarilla esté reduciendo a la Autonomía a un edifico privado suyo levantado sobre los escombros de lo público. ¿De qué sirve el laicismo social y multitudinario que la Constitución nos brindó si los talibanes, los clérigos, los fundamentalistas religiosos y sus fetwuas de catolicidad lo anegan todo copando los reductos más sensibles de los comienzos de la vida, de la vida después y de los finales de la vida de los millones que componemos la ciudadanía?
  Maldita sea "Aguirre, la cólera de Dios", de apellido con connotaciones vesánicamente conquistadoras, rememoradas por el gran cineasta Herzog. Maldita sea y maldita toda su familia consanguínea y política que la arropa. Decididamente, es una de las peores personas que conozco.