La Vida y la Esperanza mas alla de la Muerte y el Fascismo
Cuando los tambores de la guerra no han dejado de sonar en Europa, Manuel Pérez Huerta y Esperanza Gómez Labrador abandonan España   un día del año 1918.  Suena la sirena, se desatan las amarras  y lentamente, como con dolor, se separa el barco del muelle. Es un pedazo de España que se marcha, que se desgarra. Por eso no hay música, ni jolgorio en el muelle, ni en cubierta. No es el TITANIC. Tampoco hay tristeza ni llanto desmedido. Solo pañuelos y manos que se agitan en tierra y en cubierta. La humana alegría de la esperanza no le lleva ventaja a la lógica tristeza de la despedida.  Del otro lado del océano esta América y Cuba, el destino del viaje,  la ilusión de un mundo y una vida nueva.
Pero en la  nueva tierra la vida también es dura, donde los hombres luchan y prosperan, pero también los rodean "Causas y Azares". El 2 de octubre de 1920 nace Catalina y el 24 de enero de 1922 Esperanza. La familia aumentada necesita más recursos y no puede. La prosperidad no llega y la riqueza esperada ni ha tocado los bolsillos. Deciden entonces después del nacimiento de Esperanza volver a España. A duras penas logran reunir los recursos para el pasaje. Escribe entonces Esperanza a su familia en España ‘Ya tenemos el dinero reunido pronto estaremos allá".   Pero los hombres pecan y sufren por ello, "Crimen y castigo". Manuel se juega el dinero en las cartas y pierde, y dos meses después del último parto Esperanza muere en el Hospital General de Camaguey, Cuba.
 
Manuel deposita sobre su tumba una sola flor. No hay para más. Catalina es muy joven y no comprende, Esperanza recién nacida mucho menos. El primer contacto con la muerte ha sido demasiado temprano, "el exordio fue exabrupto" diría Víctor Hugo. El destino, ajeno a los sentimientos,  esta preparándola para futuras batallas, para pruebas más difíciles. 
Manuel va a la deriva, no encuentra el rumbo; la miseria y la muerte le han roto la brújula y los sentimientos. De su mano Catalina y en los brazos Esperanza enferma de "acidosis". A un hombre que pasa le ofrece la niña menor. "La quiere - le dice a Mestril, se la regalo". "? Como que la regala?". Y le relata la tragedia. "No puede andar por las calles así- le dice Mestril,  déme las niñas nosotros la cuidamos mientras usted reúne el dinero del pasaje. Esperanza además necesita el pecho". Y van de casa en casa, con la guía y la contribución   de Mestril, hasta completar el pasaje.
Completado el dinero Manuel se marcha, pero antes Mestril como hombre cabal le dice: "Solo pido una cosa, bautice la niña   antes que se marche".  Y se marchó Manuel, pero la familia Mestril cuido a la pequeña Esperanza  como propia junto a sus 5 hijos,  que ya eran sus hermanos. Y asistió a la escuela, y fue a su primera comunión, y ya era cubana por nacimiento y crianza, y también Mestril por cariño y amor de familia. 
Y un día, 8 años después del abandono, regresó Manuel Pérez, y quiso en   desafuero y con sentimiento de culpabilidad llevarse la  niña a escondida; pero avisados los Mestriles lo impidieron. Y se estableció la pugna y con ello el litigio. Luego también la sentencia: "Esperanza es de su padre de sangre e inscripción". Lógica de las leyes que el sentimiento no mide, que no puede resolver sin lastimar, que no puede compartir una hija entre dos familias.
Esperanza debe regresar a España con Manuel, pero se resiste, no conoce otra familia que la Mestril y a otro padre que a José (Pepe). Obligado por las leyes y para que se haga posible el mandato debe Pepe Mestril acompañar a Esperanza en el tren que la lleva desde Camaguey a la Habana. Luego cuando la niña se duerme, se baja Pepe del tren en la próxima estación y  deja sola a la niña con Manuel. ¿Qué sentimientos recorrerá el corazón del hombre que queda en el anden?, y ¿cual habrán sido los de la niña al despertar? 
Pero siempre la esperanza. En el cuello de la niña un relicario, y en este la dirección para escribir a Cuba. Y la niña a escondida escribe, pero el padre que recibe el correo esconde las respuestas. Y el baúl que guarda también el relicario, arrancado un día de su cuello, se va llenando con las noticias sin respuesta que van llegando desde varios sitios de Cuba. Esperanza a perdido el rastro de su familia por primera vez.
Solo a los 14 años y tras la muerte de su padre descubre Esperanza el escondite y escribe a su pueblo natal, a la iglesia y  a la policía para reencontrar su pasado. Y lo encuentra y se restablecen las comunicaciones. 
Pero la vida, como los dolores, da treguas. Esperanza poco a poco le da sentido a su vida y ya adulta   llegan el matrimonio y los hijos, que en 1950   son tres   y   deciden emigrar a la Argentina.  
En 1976 ya la  familia Labrador ha alcanzado cierta prosperidad económica, sus hijos se han casado. De los 3 solo Miguel Ángel el menor, el único que ha nacido en la Argentina, vive en la casa. Pero el pueblo argentino vive momentos difíciles y el 10 de Septiembre de ese año, precisamente Miguel Ángel, sale a trabajar y no vuelve. En la calle ha comenzado la represión y el miedo. Pero la familia, amordazando al temor, comienza la búsqueda, y con ello el calvario, la vía crucis de la Familia Labrador. 
Pasan los días y el corazón late distinto azotado por el látigo del  absurdo, el desosiego y   la  desorientación. Y dos meses después, cuando comienza ha tomar rumbo la determinación, una noche tocan a la puerta. Es la policía y los paramilitares. Ha enseñado el rostro la fiera. Primero como Zorros, "No tenemos nada contra ustedes". Luego se descubre la bestia "Hemos matado a su hijo Palmiro y a su esposa", y rompen   a golpes los muebles y en el desatino descargan sobre Víctor y Esperanza su impotencia.
Luego al marcharse muestran algo de humanos, de malos humanos;  se llevan el dinero y lo que no rompen. Que se podía esperar, son el lado pobre, la mano ejecutora de las bestias que visten de uniforme y dan conferencias muy alentadoras  por la Tele, también cuentan con un argumento  inaudito "nuestro deber es luchar para que Argentina no caiga en manos del comunismo y este pintada de rojo en el mapa". De ese color la pintaron precisamente los militares fascistas   pero con la sangre de mas de   miles de sus mejores hijos y el sufrimiento de miles de hogares en toda Suramérica. 
Sobreponiéndose a la golpiza telefonean a Palmiro pero no responde. Y Víctor se lanza a la calle a buscarlo. Y Esperanza queda sola, golpeada y sola. Sin noticias sale en búsqueda de su hija Manoli y la encuentra a ella golpeada y a su esposo torturado y robado, la misma formula, las mismas bestias. Esa noche como en festín de hienas se han saciado con la vida de se esposo Víctor, su hijo Palmiro y su esposa.
Pero resiste Esperanza y con ella su hija Manoli y su esposo.  "hay hombres sin decoro pero hay hombres que guardan en si el decoro de muchos hombres" como dijera José Marti. Y un hombre como ese se encuentra Esperanza en el cónsul Español en Rosario. Que al contrario de otros da la cara y se "porta mal con los militares", y logra con sus gestiones sacar a la familia para España.    
Y estabas a salvo Esperanza, pero había mas fuerza en tu corazón de madre y esposa agraviada  que terror en las calles de Rosario. Las mismas por donde de niño corría Ernesto Guevara de la Serna, el hombre sin frontera y sin siglo que se fue para no dejarnos, o para dejarnos su ejemplo. Y regresaste ha buscar a tu hijo. Miguel Ángel. No lo podías dejar abandonado a su suerte. Y recorriste las cárceles, y los cuarteles, y enfrentaste el atropello y las mentiras. "A tu hijo Paulino lo matamos por terrorista". Pero siempre tú digna respuesta. "Mis hijos eran intachables en pureza y sentimientos". Y también las argucias. "Lo de su esposo fue un lamentable error". Otra faceta del fascismo de siempre, que ahora con las bombas inteligentes son "efectos colaterales".
Al fin un rastro, Cárcel de Coronda. La voz de los presos por una ventana, "Tu hijo esta aquí", y la conversación que pudiste oír entre militares. "si se lo enseñamos como está se va a morir". Y el traslado de una cárcel a otra, hasta que un día se perdió el rastro. "Estaba, pero ya no está", te decían. 
Y no estuvo mas Miguel Ángel en los registros de los militares golpistas, pero si en todos los días de los largos años de lucha de las abuelas de la Plaza de Mayo. También en el recuerdo de las familias Labrador de España y  Mestril de Cuba.  Y aun más estuvo y estará en el rincón más tibio y acogedor del fuerte y eterno corazón de ESPERANZA LABRADOR.
¡Vida regálale una flor a esa ESPERANZA!;   y a todos la irrenunciable determinación de luchar siempre por un NUNCA MAS  a la Guerra y al Fascismo.  
"que habrá en esa mujer, que santidad y unión hay en su seno de madre, que decoro y grandeza hay en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma"   
De José Marti  a  Mariana Grajales