ajenos a Políticas; viviendo en el patriotismo |
A las 11:45 de la mañana, en un lugar muy próximo a una escuelita primaria en el poblado de San José del Puerto, esto dentro del Municipio de Uruapan, Michoacán, el tableteo del Bell 212 de la Fuerza Aérea Mexicana alertó a la gente y las obligó mirar al cielo. Ver tan de cerca y tan bajo al helicóptero era lo más interesante de esa mañana… y también de muchas otras.
  Los niñitos seguían atados con la mirada a ese cuerpo metálico  y verde oscuro. Caminaron descalzos hacia donde ellos suponían que llegarían los soldados. Querían ver de cerquita para que el aire los empujara para atrás. Con suerte, el piloto les permitiera saludarlos, pero el "boludo" no bajaba.
  El golpe cayó seco cimbrando  el ambiente. Las ramas del árbol chasquearon con violencia por el "machetazo" de las aspas. El motor silbó con un último y lastimoso quejido. Los niños fueron los primeros que se dieron cuenta de que algo andaba mal. Ya habían visto antes bajar en ese lugar a decenas de otros helicópteros repletos de soldados.
  Desde la ventana les gritaban y agitaban las manos eufóricamente. Primero pensaron que los soldados saludaban. Pero  un apestoso miedo les invadió de golpe. Y fue ahí  cuando comprendieron  que les gritaban para que corrieran de allí. La nave iba a caérsele encima. 
  Dentro del salón, la maestra Yesica Ruth López, narró que al escuchar el golpe no esperó que el polvo, el olor a gasolina y el miedo les llegara. Sacó a sus 22 alumnos en la dirección contraria donde ella intuía el peligro. El helicóptero caería a 20 metros de la escuela.
…  Daniel Torres Santoyo, de 8 años, fue uno de los que vio todo. "Los soldados gritaban –dijo– pero nadie pudo acercarse pues el muro de polvo no dejaba ver de donde venían los gritos", explicó con terrible claridad.
  Uruapan está a solo 10 kilómetros del lugar pero hay que sortear un abultado lomerío. Aún así, los servicios de emergencia llegaron pronto. Ellos fueron quienes debieron enfrentar los restos de la tragedia. Entre los fierros retorcidos, sin embargo, surgió una luz de esperanza cuando apreció un cuerpo con vida y enfundado en su uniforme verde olivo.
  El cobrizo rostro de José Concepción Hernández Pineda, elemento de Fuerzas Especiales o del 12º Batallón, impulsado por la vitalidad de sus 20 años, aceptó ser vendado en la cabeza. Pero el rechinar de sus dientes hacia saber que estaba a punto de entrar en shock. Es que lo rodeaban los cuerpos de sus once compañeros; entre ellos, el del Mayor de Infantería Luís Ramírez Herrera y el del teniente Piloto Aviador Jesús Israel Celaya Gómez.
Ahí, sobre la tierra, todos eran iguales. Un rumor trágico se deslizó entre la gente del PUEBLO. Dicen que los rumores en los pueblos, a la larga, terminan convirtiéndose en algo así como el realismo mágico: "antes de caer y sabiendo de la muerte con honor, le gritaron a los niños que se alejaran. No quisieron manchar su sacrificio".- Ultimo patrullaje.- Y digo, en el título que… va por ellos, porque lo cierto es que los métodos de erradicación de enervantes sobre sierras, montes y montañas en el territorio nacional ya han sido rebasados. Podría decirse que es poco más de 50 años de que esta guerra existe, y el enemigo, entre tanto, sigue firme en sus posiciones, sembrando, cosechando y viviendo del comercio de la mierda roja y verde.
Por lo que toca a las Fuerzas Armadas, en esta guerra solo ha logrado la animadversión de los pobladores de las comunidades, en su mayoría indígenas que ven en el Soldado, tan original como ellos mismos, un enemigo que les hace perder las pocas ganancias del maíz bola, que ve a sus mujeres bañarse en el río, que le quita sus armitas, que los mira feo.
Lo que es definitivo es que la Guerra contra el narcotráfico, en este siglo 21 necesita de la intervención de Sistemas Electrónicos de detección, necesita también de mayor INTELIGENCIA y de la práctica de leyes vivas y fuertes pues con ellas la disuasión será letra viva; y en ese asunto el tema este de la Política debe de dejarse a un lado y aprender a ser patriotas, como sea, el asunto es que este escrito va por ellos, por los soldados que murieron sin poder responder el ataque con sus armas .- Balazo al aire.- Las palabras de Daniel, pequeñas pero gigantes, quedan para quien quiera escucharlas: "los soldados nos hacían señas para que nos quitáramos". Sus 8 años dicen el resto…