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La Universidad con Bolonia: de guatemala a guatepeor

En este segundo artículo se ponen en duda las soluciones "realistas" que Bolonia promete, representando más bien un paso hacia el adoctrinamiento, dado que tiende a agravar las aberraciones actuales
Alberto Herrera | Asamblea Mayo 2008 de la Universidad de La Laguna (Tenerife) | 24-8-2008 | 508 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/universidad-bolonia-guatemala-guatepeor
Ajustes intelectuales para el recto capital humano.

Hace unas semanas, un chico que acaba de empezar una ingeniería mantuvo una discusión con una de nuestras miembras/os, que estudia filosofía. Queden exculpados nuestros amigos ingenieros de lo que su colega defiende. Surgió el tema de Bolonia: el chico apoyándolo, ella rechazándolo. Él argumentaba que, tal y como está el mundo, la convergencia europea es lo más conveniente para nuestras universidades y que negarse a ello era una locura digna de quienes no tienen los pies en este suelo tan real. Y sobre esto último, en parte, lleva razón. ¿No obstante, qué decirle a este chico y a las tantísimas personas que piensan así y a las otras tantísimas que como no saben qué pensar dejan que la convergencia europea anule lo poco que quedaba de universitario en la universidad?

Para empezar, responderemos que en la universidad y en la educación en general se debería poder discutir sobre la conveniencia de este suelo tan real, y no arrodillarse y besarlo por el mero hecho de ser eso: real. Porque procediendo así, se bendicen tanto el ordenador o el periódico en que lees como la sal, la madera, los cadáveres, la sangre y las lágrimas de los cayucos, por poner un ejemplo. La universidad boloñesa no cuestiona la sociedad en la que nace, se suma a empujar el carro. En efecto, es más realista, pero ingenuamente: afirma y afirmará ¡sin cuestionamientos! que esta realidad es formidable y única, y que además, para colmo, lo malo que haya generado en su seno será resuelto por ella misma. De hecho, el problema económico creado por el maltrato al ladrillo se pretende resolver trasladando su misma lógica al conocimiento. Miren cómo está el panorama en la construcción y estarán probablemente ante el panorama educativo en pocos años. ¿Para qué queremos filosofía, decía el chico? En ese mundo real, para nada. La filosofía no sirve porque en ese, mejor dicho, en "este" mundo no se ha de pensar. Lo mismo se ha de opinar al respecto con historia, filologías, matemáticas, etcétera. Analicen si, al rechazar una parte de sí, el pensamiento, ese mundo del que habla el chico es realmente tan "real".

¿Cómo es posible que esta reforma logre tal identificación entre universidad y mandamases de la sociedad tras la que no se vaya a poder percibir diferencia entre la una y los otros? Hay rectores, como el nuestro, Eduardo Doménech, que defienden que no hay que temer barreras de ingreso en la nueva universidad, dado que, como escribe un colega suyo, Daniel Peña de la Carlos III,  «la única referencia económica que puede encontrarse en todos los documentos oficiales del proceso de Bolonia es una recomendación a los gobiernos europeos para financiar adecuadamente a sus universidades». ¿Serán los rectores, y su cuadrilla, beneficiarios chantajeados o ciegos de este proceso? Esperemos que su auténtico y callado argumento sea aquel del "si no puedes con el enemigo, únete a él", al menos para salvarlos en un último grado: el cobarde. Hay otros caminos que el sistema educativo puede tomar, aunque con valentía. Respondamos con nuestros compañeros de la Asamblea de Estudiantes de la Carlos III contra Bolonia que «la incursión de lo empresarial es en ocasiones soterrada (bajo las nuevas fórmulas de financiación, las nuevas metodologías docentes, muchos de los nuevos masters, etc), pero en otras ocasiones es realmente grosera (como la intervención de las empresas en el Consejo Social, cuya creación en el 2001 también estaba dentro de la misma lógica)».

¿Este método, al menos, resolverá la situación de pérdidas de la universidad? Pensamos que no. Habría que realizar un vasto estudio para fundamentar solventemente este "no". Pero aclaremos de momento que uno de los problemas que se arguyen para explicar esta merma de alumnos que ingresan en la universidad (que "ingresan" en todos los sentidos) es el esoterismo y la miradita por encima del hombro inherente al universitario para con el resto de la sociedad con otro tipo de títulos o sin ninguno. Siendo esto cierto, aunque en muchas ocasiones contra la voluntad de la universitaria, se pretende acercar, a través de los grados, flexibles y de orientación, a aquellos que recelan de la universidad por dichos motivos. Pero los posgrados, inevitablemente, van a sesgar más aún las clases sociales. Se rebaja el nivel de los grados. Se amurallan los posgrados. Tantas veces se repita que los masters de posgrado son más baratos y homologables que los anteriores, repetiremos que éstos no equivalen a aquéllos. El master anterior se hacía tras obtener un título universitario. Los actuales se realizan para obtener un título; título de posgrado para el que el grado miserablemente orienta. Master de posgrado para el que, si no se dispone de tanto dinero, se habrá de apostar jugando contra la banca al becario hipotecado. Ese título de posgrado es imprescindible para obtener una formación como las actuales diplomaturas o licenciaturas. ¿Por qué tiene, sin embargo, durante estos últimos años tan buena acogida? Porque en estos años conviven dos sistemas, el entrante y el saliente: en estos años se realizan para tener un master tras conseguir, ahora sí, previamente una titulación universitaria, diploma o licencia. Además es la única vía posible para alcanzar la tesis doctoral, ya que los cursos de investigación se sustituyeron, en gran parte, por este master de posgrado. Así, por tanto, la miradita por encima del hombro y el esoterismo seguirán existiendo, e incluso está por ver si no más acuciantemente.

En conclusión, amigo ingeniero y amigos del amigo ingeniero, la educación apegada en tal desmesura a la realidad no es educación, sino pretencioso adoctrinamiento. Pretenden que todos seamos como ese Charlot de Les Temps Modernes, pero en vez de tuercas nos ajustaremos intelectualmente. Las únicas esperanzas que nos quedan las ponemos en esta lucha que llevamos a cabo y en que el adoctrinamiento no pueda ser completo en un ser humano tan incompleto, como queda demostrado en este desastroso pero también humano proceso. Hay otro sentido que debemos darle al asunto.

http://asambleamayo2008.wordpress.com/
 
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