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UNASUR: ¿Unión y lucha de contrarios?

Sin la fuerza y el papel que pueden jugar los pueblos en la transformación de los escenarios de emancipación e integración solidaria en la región UNASUR será una excusa más
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 9-6-2008 | 651 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/unasur-union-lucha-contrarios


UNASUR

¿Unión y lucha de contrarios?

La historia registra la creación de una comunidad económica allá por 1951 para la producción y comercialización del carbón y el acero como el origen de lo que hoy se llama Unión Europea. Y aunque los caminos de la historia no se transitan dos veces por la misma senda, aprender de ella es el único sendero que permite hacer de la práctica el criterio de la verdad.

No apreciar la fuerza integradora de las alianzas económicas estratégicas conlleva a una interpretación cuando menos contaminada sobre el surgimiento formal de la Unión Suramericana de Naciones, UNASUR. El eje orgánico del consenso hacia la idea de esta Unión viene trazado por los proyectos de interconexión energética, gas y petroleo, que promueve el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Los proyectos de integración socio-económica a partir de los  recursos  petroleros en Venezuela y  gasíferos  en Bolivia surgen de la  voluntad suramericana de sus gobiernos progresistas y populares. El precedente es histórico.

Sin embargo, la contaminación de la interpretación sobre el nacimiento de UNASUR es mayor cuando se ignora el componente político de nuevo tipo de la Unión en potencia.

Es en este momento donde creo necesario llamar la atención sobre aquellos enfoques sobre el nuevo proceso integracionista en América Latina que para exponer los peligros que acechan al mismo tienden a tergiversar los significados determinantes[1].

El componente político de nuevo tipo en el proceso de integración actual en la región lo pone sin lugar a dudas la impronta socialista de la transformación bolivariana en Venezuela.

UNASUR es una idea renovadora de los conceptos de integración que hasta la fecha ha intentado practicar América del Sur. Y ese nuevo concepto surge de Venezuela. Pero de la única Venezuela que podía surgir, es decir, de la Venezuela que se transforma ella misma de manera revolucionaria. Es el presidente Hugo Chávez el artífice de la idea y el impulsor de su puesta en práctica. Es el Presidente venezolano quien, a pesar de las reticencias, anima los complejos consensos en el área a favor de la idea.

Pero no es el Presidente por el arte de una magia negra indescifrable el que induce los consensos. Desde hace varios años la práctica consecuente de una política de unión solidaria de esfuerzos económicos, cual premisa de la integración, le da a Venezuela la credibilidad como arquitecto de una integración regional de nuevo tipo. Hoy nadie se atrevería a enjuiciar al Presidente venezolano de oportunista político debido a los acuerdos de cooperación en materia petrolera en el área. Ninguno de los países que integran PetroCaribe sobreviviría a un precio del petróleo que marcha rumbo a los 200 dólares el barril. Los verdaderos oportunistas políticos no son denunciados. Las grandes transnacionales industriales-financieras se pasan a la especulación con los commodities  (incluidos los alimentos) y especialmente con el petróleo en la carrera por recuperar las inmensas pérdidas de los mercados inmobiliarios. Acusan hábilmente a través de sus monopolios mediáticos a Venezuela en específico y presionan a la OPEC por el aumento de la producción que siga dando luz verde a la borrachera prieta del mundo industrializado.

La llamada integración de los mercados en el Sur de América expuso sus profundas falencias con la o­nda neoliberal. La fórmula mercantilista de MERCOSUR ha sido cuestionada por el Presidente Hugo Chávez. La incorporación de Venezuela a esta organización comercial está llamada a cambiar su naturaleza librecambista. De ahí la oposición ideológica de las oligarquías brasileñas a su entrada. La economía oligárquica transnacional de Brasil no puede ver con beneplácito ninguna fórmula de integración que atente contra el esquema de intercambio que le beneficia. Las asimetrías dentro de MERCOSUR nunca han podido ser salvadas por esa misma razón. Los intereses económicos de los grupos de poder de Brasil, y en menor grado los de Argentina, ven en Venezuela el Caballo de Troya de la fórmula de MERCOSUR. El agotamiento político por la escasa eficacia económica de la Comunidad Andina ha sido puesto de relieve por el presidente Hugo Chávez. Y ese espíritu renovador de los conceptos de integración hacia el de unión obviamente pone nerviosos también a los EEUU y a la misma UE.

Los términos de intercambio con una Unión de Naciones Suramericanas que velen por los intereses de sus pueblos y naciones como vela el Norte  por los intereses de los dueños de sus empresas locales y transnacionales, no es bienvenida por el subconsciente colonialista de esto centros de poder capitalista. La exigua cobertura de las transnacionales mediáticas (muy especialmente el tartamudeo de las españolas) al histórico evento de la firma del Tratado Constitutivo de UNASUR efectuado en Brasilia el 23 de mayo último, pone en cruda evidencia las guerras económicas que se le avecinan.

Venezuela está consciente de las convulsiones que el radicalismo de sus ideas produce en todos los estamentos de los poderes tradicionales en Latinoamérica. Es por ello que el criterio de la práctica constituye para el Presidente venezolano el argumento de la persuasión. La estimulación por parte del Gobierno de Hugo Chávez de un esquema de cooperación económica multi-direccional en la región rompe con los prejuicios políticos. El primer resultado es el ALBA. Un proyecto político de integración económica y no un proyecto económico de integración política. De esa forma se sienta un precedente en toda la historia de los procesos “integracionistas” en América Latina, donde Cuba está convocada a desempeñar un papel económico y político catalizador. La naturaleza del ALBA encierra una carga ideológica claramente opuesta a la idea de los TLCs que propugnan los EEUU luego de la estrepitosa derrota del proyecto del ALCA que promovían en la región. La consecuente política de destrucción-construcción del presidente Hugo Chávez en pos del renacimiento de una nueva filosofía de la unidad latinoamericana es tan revolucionaria como eficaz. El detonante de la derrota del ALCA fue activado por el propio presidente Hugo Chávez y decididamente secundado por la Argentina de N.Kirchner. La suma de voluntades de cara al Sur se abre paso paulatinamente sobre los escombros y las riquezas excluyentes de la ideología neoliberal.

La gestión de las grandes reservas de petróleo de Venezuela con una clara política de desarrollo nacional e integrador de la sociedad venezolana, multiplica el poder de influencia de la Revolución Bolivariana en los procesos políticos de la región. Disponer de los recursos petroleros de Venezuela en función de la integración económica de Suramérica sólo podía hacerse realidad como consecuencia de esa Revolución. La bandera de la recuperación de los recursos naturales para ponerlos al servicio de las economías y los pueblos suramericanos ha ido retomando fuerza con el ascenso al poder de gobiernos progresistas en el área. Ese movimiento político no podrá ser ignorado por las  transnacionales brasileñas o sus semejantes foráneas (estadounidenses y europeas, particularmente las españolas).

Es necesario advertir que el Presidente Luis Ignacio Lula Da Silva constituye un administrador con sensibilidad social del poder de las oligarquías brasileñas. Ese componente de sensibilidad popular era justo lo que necesitaban los grupos de poder económicos en Brasil para legitimar el estatus quo en momentos donde las cotas de la crisis social brasileña se hacían insoportables hasta para la propia clase media[2].

A pesar de las reservas petroleras de Brasil y su dinámica de acumulación, el modelo económico-financiero brasileño es antagónico con los intereses populares de su sociedad. Brasil presenta un desarrollo industrial soportado sobre una consistencia social con fecha de caducidad. El modelo desarrollista brasileño está condenado al subdesarrollo estratégico si es que no cambia radicalmente las condiciones culturales de su sustentabilidad económica. Es un modelo al que no le hacen falta unos 50 millones de habitantes que siguen viviendo al margen del mismo, pero que no pueden ser eliminados de la faz de su tierra. Seguir considerando los mercados de Suramérica como los espacios alternativos para la expansión de los estrechos intereses de las oligarquías brasileñas choca contra la estrategia de unidad cooperativista que representa la Revolución Bolivariana de Venezuela en la región. De eso tienen plena conciencia las elites de poder brasileñas. El pulso por la unidad cooperativa en la región es de nuevo tipo.

Es precisamente la multipolaridad del nuevo proceso de integración regional el sello distintivo de la nueva cualidad hacia la viabilidad de UNASUR. Las aspiraciones de dominio del poder económico brasileño se harán más precarias en la medida que avancen los diversos procesos de cooperación económica que estimula Venezuela en la región. De ahí la importancia política que se le concede desde Washington a la Revolución Bolivariana, puesto que todo relativo debilitamiento de las posiciones de fuerza de las oligarquías brasileñas atenta contra los intereses económicos y políticos estadounidenses en América Latina. La certeza de tal lesión a sus intereses la expresa claramente hoy Barack Obama, el candidato supuestamente progresista, cuando con taimada retórica tilda al presidente Hugo Chávez de dictador. Es el calco de la penosa letanía republicana de C.Rice sobre un presidente electo por las urnas pero que gobierna de manera no democrática. No son, por supuesto, ideas nuevas en la ancestral política de desprecio de los EEUU hacia  la auto determinación en América Latina. No hay duda que la Revolución Bolivariana y su proyección progresista en el entorno latinoamericano han puesto en crisis los atavismos políticos de los EEUU en la región. Esa inexorable pérdida de protagonismo de los EEUU en lo que ha venido considerando su patio trasero tienta a las oligarquías criollas a la lucha por conquistar los vacíos de poder y dominio neo-colonizador en América del Sur.

La idea de una región desarrollada bajo la égida de un Brasil imperial no es nueva. Sin embargo, las oligarquías brasileñas, oxigenadas por los gobiernos de Lula Da Silva, mal interpretan los procesos de emancipación que se dan en la región. Mal interpretan los frágiles equilibrios de la economía mundial. Sobre valoran su ambición de potencia emergente, alimentada por los susurros de las calificadoras financieras descalificadas ante los ojos de todo el que percibe el desorden financiero internacional.

Lula Da Silva no estará en las riendas de los gobiernos que decidirán sobre el ser o no ser de Brasil dentro de los procesos de unión latinoamericana. No deja Lula tampoco un partido socialista capaz de recoger el bastón de las reivindicaciones sociales y políticas del pueblo brasileño. Todo lo contrario. Sus ejercicios proto-progresistas llevaron a la liquidación política del PT. Hoy la oligarquía financiera ha acumulado más que en todo el periodo de los gobiernos del sociólogo izquierdista reconvertido al neoliberalismo apenas puso los pies en el Palacio de Gobierno.

Los arrestos de unas elites oligárquicas desconectadas del sentido de solidaridad socio-económica en su proyección política, llenarán de piedras el camino hacia una UNASUR que intente superar la naturaleza empresarial del modelo de integración europeo en que pretende inspirarse. Es de esperar, en consecuencia, que el avance y la consolidación de UNASUR sea un proceso escabroso de luchas contra los intereses hegemónicos de las oligarquías locales, indudablemente dependientes de los intereses económicos estadounidenses. El factor de emancipación e integración solidaria seguirá siendo Venezuela, y lo será  en la medida que se consolide la Revolución Bolivariana y el resto de los procesos progresistas en la región tome fuerza.

La viabilidad del Consejo de Defensa - una idea común de Venezuela y Brasil -, la perspectiva de una moneda única y en especial de un Banco Central en UNASUR, pasan por la definición de un concepto de unidad que no admitirá un modelo de asimetrías utilitarias. La reticencia de las elites económicas y políticas brasileñas a incorporarse al Banco del Sur es la lectura reaccionaria sobre la necesidad de equilibrios participativos en las relaciones suramericanas. La idea de un BNDES como sustituto del BM o del mismo FMI refleja el desplante de intereses oligárquicos que no entienden lo que pasa alrededor. Ambas instituciones han sido devaluadas en América Latina precisamente por los movimientos de emancipación económica que han promovido los gobiernos progresistas en la región, incluido el del propio Lula Da Silva. La creación del Banco del Sur, a propuesta e impulsada también por el Gobierno de Hugo Chávez, crea el antecedente de una contrapartida al poder financiero unilateral del que desconfía la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. Así lo plantea Venezuela y así lo siente la mayoría de los países partícipes de la idea y el proyecto.

Si el pragmatismo político de la creación formal de UNASUR está en que afirma el consenso sobre la imposibilidad de salir con vida por separado de una rivalidad económica definida por bloques capitalistas de poder, UNASUR tendrá que ser más que una unión por la supervivencia del estatus quo político en América Latina. Puesto que los modelos de exclusión económica y social de los países latinoamericanos hacen inviable cualquier integración de importancia relevante.

Sin la fuerza y el papel que pueden jugar los pueblos en la transformación de los escenarios de emancipación e integración solidaria en la región UNASUR será una excusa más para cambiar todo sin que cambie nada esencial. Para que así no sea el cambio de época al que alude R.Correa tendrá que impregnar el espíritu de la unidad.

El error de apreciación de los forjadores de UNASUR será desconocer que América Latina, sus pueblos, no aguantan la agudización de las penurias a que la tratan de seguir condenando los intereses oligárquicos en sus países. Ése es el mensaje sobre el cambio de época que se lee desde Bolivia, Ecuador, Guatemala, Venezuela. Desde la propia Argentina diezmada por la dictadura de los financistas e industriales se gesta el cambio de época. Ha sido Lula Da Silva quien ha contaminado las condiciones de la rebeldía social en Brasil, desarmando a los movimientos populares mediante el sucedáneo de las políticas paliativas del hambre de siempre.

UNASUR no podrá ser “la región que más alimentos produce y exporta en el mundo”[3] mientras esa consigna constitutiva no llegue a expresar que es la región que mejor alimenta y más dignifica a sus hijos. Ahí estarán las fuerzas de las tensiones que irán definiendo la cualidad de una UNASUR absolutamente progresista por incluyente y democrática.

Roberto Cobas Avivar (RCA)



[1] Raúl Zibechi, UNASUR: la integración posible, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=68168

[2] Roberto Cobas Avivar, “Brasil, sociedad en trance”, en: http://lahaine.org/b2-img/cobas.pdf

[3] UNASUR, potencialidades de la región, en: http://www.comunidadandina.org/sudamerica.htm

 
 
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