Hace cuatro años, Pedro Luis Manzano López era un hombre vivo. Respiraba, sus piernas se apoyaban sobre sus sacrificios, tenía sabor en la boca y la costumbre de reconocer que adelante no es atrás. Tenía veintinueve años y era oficial de primera. Hoy, sin embargo, es más bien una cifra viviendo en una estadística, además de lo que aún represente para sus deudos, que estarán llenos de melancolía y frustración. Pedro Luis Manzano López murió a consecuencia de un "hecho aislado", de un "accidente laboral" en la empresa Ferromalla, del grupo industrial Alfonso Gallardo, para el que trabajaba con todo su cuerpo.
De la sentencia condenatoria de 1 año y seis meses de prisión por "homicidio por imprudencia grave" contra el jefe de fábrica de Ferromalla, y nadie más, se extrae que los hechos ocurrieron sobre las 17.30 horas del 21 de noviembre de 2004, cuando Pedro Luis Manzano López, que era oficial de primera, trabajaba en una máquina soldadora hasta que recibió un golpe en la cabeza propinado por otra máquina, aquella con otro destino diferente al de él. Ella era la destinada a producir mallas. Y él, a desaparecer. El accidente sucedió cuando el hombre llamado Pedro Luis Manzano López "accedió a la puerta más cercana al volteador y apilador de la soldadora y fue golpeado en el cuello y la cabeza por el brazo del volteo que se encontraba en funcionamiento". La muerte se produjo por traumatismo craneal y cervical y acabó con su limpio futuro.
Los trabajadores de Ferromalla, dice la justicia, venían desempeñando su trabajo sin los mecanismos de seguridad, porque habían sido suprimidos a los pocos meses de su instalación en el año 2000, cuatro años antes de la muerte. Así, la puerta de acceso al habitáculo de la máquina donde se produjo el accidente contaba con una fotocélula que producía la parada automática de todo el mecanismo en el caso de que alguien pretendiera entrar en él. Sin embargo, esa fotocélula había sido anulada, y la máquina siguió funcionando, como un inocente, como un hecho aislado más. De hecho, los ocho accesos con fotocélulas de las soldadoras estaban fuera de servicio. El jefe de prevención de riesgos laborales había advertido reiteradamente de estos defectos y del riesgo para los operarios, pero no se pusieron los medios necesarios debido a que los mecanismos de seguridad "impedían" que se mantuviera el nivel de producción exigido por la dirección, al ralentizarlo. Los jefes de turno "conocían tales defectos, pero ya no hacían alusión a ellos en sus partes de incidencias semanales al ser notoria y perfectamente conocida tal carencia por el inculpado". El único responsable: el jefe de fábrica. Cómo se las arregló para llegar a serlo, contando que no había nadie más responsable que él, es un misterio. Nadie más quiso ser protagonista y el fue culpable en soledad.
La sentencia se alcanzó por conformidad de las partes, lo que supuso una importante rebaja de la pena. El Ministerio Fiscal pedía para el condenado cuatro años. Al jefe de fábrica condenado se le impuso una multa de 1.800 euros. Al no tener antecedentes penales no fue a prisión.
Un hecho aislado, como el peregrinar a una tumba. El grupo Gallardo indemnizó a la familia de Pedro Luis Manzano López con 160.300 €, probablemente aquello a lo que hace alusión la conformidad entre la partes. También lo conocemos por eufemismo y en el interior de las conciencias, por soberana porquería.
Hay más hechos que se aíslan para convertirse en fortuitos, como la ruptura de "un codo de una tubería" a causa de "las bajas temperaturas". Argumentos como éste puede haber para convencer a la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Badajoz de que los diferentes vertidos a las cloacas de Jerez de los Caballeros desde 1998 hasta 2003, ocasionando daños a la salud de las personas y el medio ambiente, son ocasionales, esporádicos, súbitos y circunstanciales: al fin y al cabo los argumentos, como los empleos y las palabras, se ensucian con facilidad. Pero suelen ser útiles. Quizás es que, a estas alturas, ya no hablamos de lo mismo. También la justicia está abierta a la conformidad de las partes, incluso cuando condena a los apóstoles, pero se despierta a la mañana siguiente con los titulares en la prensa aludiendo a que se absuelve a dios padre. Dios sabrá. También sabrá el porqué el Fiscal jefe de la Audiencia de Badajoz, Doctor "cum laude" tras su tesis "Derecho penal y protección del medio ambiente", autor de libros como "Los delitos relativos a la protección del medio ambiente". Probablemente de su preparación y de su buen juicio hay que fiarse, porque nos garantizan que la justicia es ciega. Ahora bien, yo, como dijo el poeta, siempre escribo pensando en el futuro. Y en él probablemente se amontonen los hechos aislados e incluso las conformidades entre las partes con dinero de por medio. Lo que no se amontonará, sobre nadie y sobre nada, es el cuerpo de Pedro Luis, que a nadie tiene ya nada que reprochar salvo a aquel responsable de levantar los puentes entre aquí y el más allá. En el futuro, quizás no admitamos con naturalidad tanto empecinamiento de los hechos aislados y tanta serenidad en la compra de la impunidad. En el futuro, quizás.
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