En Sevilla, las porras del día caen sobre la espalda de quienes escandalizan y preocupan a las autoridades animando, dando alma, edificios en desuso o abandonados durante décadas. Por mucho que la gente del CSOA Casas Viejas se decantara desde el primer momento por la resistencia pasiva frente a la policía, y lo hicieran público, hubo golpes, gritos y empujones, gratuitos y evitables, durante el intento de desalojo; los videos están en la red. Dos personas siguen encadenadas en el interior de un estrechísimo túnel, con no poco riesgo, construido con la intención de retrasar el final, y mantener la atención informativa, cuanto más tiempo mejor, sobre el problema que se denuncia. La propaganda por el hecho. Sacarlos de allí a la fuerza es imposible.
En Sevilla, como en otras ciudades, la reducción continua de los espacios públicos de libertad, físicos y mentales, asfixia a miles de personas, por lo general poco dóciles al palo y a la zanahoria. La oferta privada es inalcanzable para la mayoría, suponiendo que fuera deseable. La oferta pública es paternalista y está llena de “cajas vacías”; modernos edificios dirigidos por políticos alérgicos a todo lo que se parezca de lejos a la autogestión, instalaciones sujetas a estrictos reglamentos de uso que las inutilizan, trámites, papeles, impedimentos legales; para organizar un concierto, hacer charlas, dar cursillos o talleres, ver películas, montar comedores, fumar un peta con los amigos o simplemente relacionarse con otras personas en un espacio libre, sin que vengan jueces y curillas, de todo pelaje, a sermonear y a negar la capacidad de la gente a dirigir su propia vida sin la tutela del “estado”.
En Sevilla, y en todas partes, defender los últimos rincones a los que no llega el ordeno y mando es una tarea muy digna. Esta gente tan brava, con el mensaje actualizado, pide, exige, lo mismo que sus abuelos, tierra y libertad. El reparto de los latifundios, la reforma agraria, la suspensión de las herencias. Lo que pedían el Seisdedos y los suyos en 1933 en Casas Viejas, Cadiz, antes de ser asesinados; la revolución.
Para un barrio enladrillado y sofocante un CSOA, como el que ahora se ataca, es una pequeña revolución, viva y real, que se ve y se palpa. Funcionará mejor o peor, será más o menos serio, más o menos chapuza; siempre será un avance. El CSOA Casas Viejas, Sevilla, puede que deje de existir, los vecinos del barrio no. Seguirán necesitando espacios, seguirán necesitando hablar, colaborar, expresarse, explayarse, tocarse, vivir; a ser posible sin libro de instrucciones. La noticia de hoy; un desalojo. La noticia de mañana; otra ocupación.