Buscar  

El tren de la revolución: unos bajan pero otros suben

Solía decir Lenin que la revolución era como un tren, mientras algunos bajaban habían otros que subían. Se podría añadir que según las fases históricas, y también según las circunstancias del viaje.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 3-3-2008 | 574 lecturas | 7 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/tren-revolucion-unos-bajan-pero-otros-suben

              Solía decir Lenin que la revolución era como un tren, mientras algunos bajaban habían otros que subían. Se podría añadir que según las fases históricas, y también según las circunstancias del viaje. En las épocas difíciles, son más los que se bajan que los que suben, y entre los que bajan, no todos lo hacen con la misma dignidad, ni con las mismas contradicciones. Un ejemplo singular es la que se da entre los que abandonaron el POUM en condiciones muy desconcertantes.

                A muchos amigos y amigas les cuesta comprender como es posible que alguien con una trayectoria revolucionaria acabe comiendo en el “pesebre” del sistema. Aunque su indignación moral resulta comprensible, en realidad, no se trata de nada inusual, ha ocurrido en todas las épocas, e incluso se trata de una peripecia que –según como- resulta bastante apreciada entre los conservadores más ilustrados.

              De hecho, la conocida frase según la cual quien no es anarquista a los veinte años es que no tiene corazón, pero quien no es conservador a los cincuenta es que no tiene cerebro, viene a ser como una versión moderna de la parábola bíblica del “hijo pródigo”. La historia de la literatura y del cine está llena de argumentos en los que, al final de cuentas, será el hijo rebelde el que regrese al hogar y asuma la continuidad familiar con la particularidad de que, tras haber vivido unas experiencias de gran calado, de haber desafiado autoridades de todo tipo, puede asumir una actividad renovada de la saga familiar que los hijos más sumisos y tradicionales no han sabrían hacer.

                Bien mirado, la experiencia inconformista suele ser como una carrera “universitaria”, creo que fue Máximo Gorki el que primero habló de la “universidad de la vida”. Sobre todo claro está, sí se sabe aprovechar, se reflexiona y se aprende de sus aciertos y errores. En un sentido o en otro. En el sentido digamos “positivo”, resulta inapreciable. Así por ejemplo, no se podrá comprender los desvaríos de la “nueva izquierda” en el antifranquismo de los sesenta-setenta, sin el tremendo corte generacional que significó el resultado de la guerra civil. Entre estos desvaríos cabría registrar el sectarismo –el creer a pie juntillas las cuatro reglas aprendidas, y considerarlas como sí fuesen álgebra-, y el espíritu de grupo, renunciando a tener un pensamiento propio. Creo que estos dos factores resultan necesarios parta comprender la súbita descomposición de los diversos grupos maoístas, dos de los cuales (PTE y ORT), llegaron a crear “correas de transmisión” sindicales incapaces de coexistir, no ya con una mayoría de comisiones, sino incluso entre ellas mismas.

                El final desconcertante de estas experiencias explica que la mayoría de los “profesionales” de estos partidos, acabaran “colocados”.  Hubieron pueblos en los la mayoría de sus componentes acabaron instalado en el PSOE, y en el caso del sindicalismo, en Comisiones o en UGT, pero ya con cargos, y de vuelta de toda tentación. Habían roto drásticamente con sus fidelidades, y con la excepción de algunos sectores militantes, se hicieron unos cínicos redomados. Se dieron casos –podía citar el caso de Antoni Fernández Teixidor, el “camarada Demian”-, que perdieron el tren de la primera hora, y cuando se dieron cuenta que una mayoría se había instalado, iniciaron una aventura desesperada por encontrar su lugar en el paraguas institucional en que acabarían haciendo “carrera”.

                En estos casos, la experiencia militante era, es, un grado del que carecen los advenedizos que entran directamente en la política, sin haber pegado un tiro. No hay más que darse una vuelta por las administraciones locales para percibir el escaso nivel “profesional” de los cargos que han pasado directamente a buscar su “chollo” personal como candidato aprovechando tal amistad o tal cualidad. En los casos de antiguos izquierdistas reconvertidos, lo más patético es cuando se sienten obligados a demostrar sus capacidades y la autenticidad de su reconversión, haciendo de “martillo de herejes”.  Los sindicalistas verdaderamente combativos saben que poco tienen que hacer cuando la patronal viene asesorada por un antiguo colega, y recuerdo en este sentido alguna anécdota relacionada con Joaquín Trigo, actualmente uno de los pesos pesados del Foment en Catalunya, y que de joven fue el “camarada Trude”, uno de los líderes universitarios más reconocidos de la LCR (y LC) en los años setenta. Otro que tal sería Joaquín Nieto, que fue durante años el portavoz más combativo y autorizado de la Izquierda Sindical en Comisiones, un agitador nato, que acabó actuando como el “brazo armado” de la burocracia de Comisiones en contra de la Corriente Crítica, y especialmente contra sus antiguos camaradas.

                Estas cosas se pueden hacer incluso en plan virtuoso, así Fernández Teixidor llegó a citar a Rosa Luxemburgo ante los obreros de la SEAT en un mitin del CDS (de Adolfo Suárez), y Nieto atacaba a los disidentes por servir a los intereses del PCE, criticando la teoría de la “correa de transmisión” cuando estaban en un camino que les llevaba a ser “correa de transmisión” del partido gobernante.

                No se puede simplificar ante este tipo de mutaciones, sobre todo en épocas en que partidos comunistas enteros, por no hablar de grupos o de corrientes como la que  representaron en su día los “verdes alemanes”. A veces afecta a militantes de escasa envergadura, esto resulta muy propio entre los más dados a las “teorizaciones”, que al descubrir que la apuesta revolucionaria es una opción de vida comparable a la que puede representar el mito de Sísifo, tienden con cierta facilidad a asumir las justificaciones necesarias. Esto explica por ejemplo que buena parte del aparato intelectual del LCR acabara integrado, aunque en todo caso convendría establecer distinciones entre los que “se quedan en casa”, los que se instalan pero haciendo “mutis por el foro”, cumpliendo con tal o cual cargo, actitudes diferentes del renegado que se ve obligado a justificar su papel de converso.

            En este tipo de metamorfosis coinciden numerosos aspectos, y se puede dar en militantes de los “que nadie se lo esperaba”.   A veces es el producto de una opción muy determinista, de una apuesta personal por avances y cambios, que luego no se confirman.  Influye mucho la situación personal, cuando dicha apuesta está muy ligada con una organización que se desploma, y se trata de comenzar de nuevo. También influyen los “desarreglos” sentimentales, militantes que han aplazado sus citas vitales con la vida…En realidad, resulta muy difícil sino imposible tipificar. Sí se puede asegurar que la “salida” no es la misma de una organización burocrática, producto de esa tradición (estalinista) que valora al militante mientras es fiel, pero que considera “traición” cualquier discrepancia. No es la misma tampoco para quienes se han “encerrado” en una organización que para los que se han mantenido más abiertamente…

            Que yo sepa, no hay ninguna fórmula para evitar que nadie se baje del tren, sí acaso trabajar para que sean más los que suban…             

              Dentro de este amplio espectro de reconversiones, hay algunos que, por el tiempo transcurrido, y por su especificidad, pueden ser estudiadas. 

              Me estoy refiriendo en concreto a un sector del poumismo que se fue alejando de sus ideas marxistas revolucionarias en la inmediata postguerra.

              Esta evolución fue bendecida desde Nueva York por otro Joaquín Maurín que había efectuado una drástica rectificación de su trayectoria anterior, o sea que no era en absoluto el mismo que el cayó en manos de los facciosos (1). A finales de los años cuarenta, un sector abandonó el POUM para engrosar las filas del Movimiento Socialista de Cataluña (MSC, los “músicos”, que fue fundado por poumistas como Josep Rovira), principal embrión del PSC. Este giro a la derecha resulta ostensible especialmente en el segundo volumen de las memorias de Víctor Alba, así como en las recopilaciones que la Fundación de Madrid ha efectuado de escritos y obras (de postguerra) de Julián Gorkin y de Ignacio Iglesias, los tres ligados –como Enrique Adroher “Gironella”- al tristemente célebre Congreso por la Libertad de la Cultura, en una variación del esquema del “renegado” con una particularidad: una fidelidad al pasado poumista en la que se podían encontrar aspectos muy diversos, sobre todo la primacía de la deducción anticomunista que en algunos casos hacían (obviamente con matices) extensible a Trotsky, como será notorio en los casos de Víctor Alba y del recientemente fallecido Ignacio Iglesias (2).

            Se trataba de algo que, al contrario que los que renegaban totalmente del comunismo como Arthur Koestler, Margarete Buber-Neuman, Frank Borkenau o “nuestro” Enrique Castro Delgado, estos poumistas mantenían una diferencia parecida a la que Isaac Deutscher subrayaba en Ignazio Silone en relación a los otros firmantes de los testimonios de arrepentimiento recogidos por Richard Crossman en El Dios que cayó. Compartían una experiencia revolucionaria de masas, formaban parte de un movimiento que se había opuesto al estalinismo, y asumían la defensa del POUM en su integridad. Sin embargo, a la hora de juzgar el estalinismo cayeron en el “campismo”, y se apuntaron a un anticomunismo que casaban como podían con su pasado común, un terreno en el que en nombre de la lucha contra el enemigo común –el comunismo “totalitario”- se glorificaba a los Estados Unidos, incluyendo lo que algunos –certeramente a mi juicio- definían como el “fascismo exterior”, palpable en el Vietnam o en Chile, sin olvidar el apoyo a la España de Franco.

            Este repugnante compromiso tuvo un implicación especial en América Latina donde Gorkin ejerció de patético “embajador” del sudicho Congreso, y Alba escribió sobre en este terreno páginas bastante oscuras, él mismo ofrece un buen muestrario en la segunda parte de sus Memorias de un cabreado. Si en América Latina era difícil conciliar la opción norteamericana con un referente de izquierda, en la España de Franco (que tenía a los Estados Unidos como su principal aliado, y en donde no se permitía nada a la izquierda del partido demócrata), no lo era precisamente menos. Lo milagroso es que ambas personalidades convivieron en una bien extraña combinación, no obstante, la conexión sirvió para renovar en el ambiente “campista” (prosoviético) parte de la fobia antitrotskista, y todavía alguien tan respetable como el finado Eduardo Haro Teglen recuerda de tanto en tanto al “trotskista Gorkin” y sus oscuras conexiones con la CIA; de ahí que para Víctor Alba la revista Triunfo fuera un “nido de comunistas”. En los años sesenta y mitad de los setenta, este tipo de acusaciones fueron empleadas un tanto grotescamente, y llegó a adquirir caracteres un tanto paranoicos. Llegó un momento en que los “agentes de la CIA” fuimos legión.

              No resultaba ni resulta fácil imponer el rigor en esta ceremonia de la confusión, distinguir entre hasta que punto personajes tan complejos como Víctor Alba, un material ambivalente digno para un buen novelista y que tenía algo del Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán. Siempre habrán dudas sobre hasta que punto Víctor era fiel al legado poumista o sobre como lo entendía en una conversión que, entre otras cosas, le llevó a aconsejar a los militares sudamericanos (¿en la Escuela de Panamá?). Aquí al principio de los setenta acusaba a la Assemblea de Catalunya de ser otro “nido de comunistas” y caracterizaba al PSUC como un partido de “extrema derecha” porque no permitía en su interior la “libertad de expresión”. Era un poumismo que servía de coartada para buscar taras estalinistas en un ejercicio de lo que Sartre llamaba “reificación”, o sea definiendo algo complejo y contradictorio desde un único aspecto. Se trataba de una estalinofobia que unificaba el comunismo” como una cosa codificada como “totalitarismo” peor que cualquier otro, sobre todo sí era aliado de los Estados Unidos (3).

          Dentro de tal ceremonia cabe registrar un nada desdeñable componente derechista creado al calor de la “guerra fría” que fue asumido sin dificultad por el aparato propagandístico del franquismo como ya comenzó a ser patente entre cierta intelligentzia franquista, en revistas tan equívocas como Índice o en operaciones ministeriales de Fraga Iribarne como la primera edición de El gran camuflage, de Burnett Bollotten, hasta llegar a larga lista de mercenarios neoliberales elogiando a Víctor Alba como un maestro del anticomunismo. Y para colmo, todos utilizando el nombre de Andreu Nin en vano en una variación más sobre el mito de que todas las revoluciones que –cuando son tales y no productos del neolenguaje- resultan fatalmente traicionadas y que acaban devorando a sus propios hijos, mitos que ya se forjaron con la revolución francesa que sigue ahí mientras que las modas denigratorias pasan. Evidentemente, la derecha ataca al comunismo por su “eslabón más débil” o mejor dicho por su parte más oscura.

              Hay que repetirlo tantas veces como sean necesarias: actualmente nadie puede emplear el concepto “comunismo” sin ajustar las cuentas contra Stalin, Mao o Pol Pot, y sin olvidar que quienes –incluso con su mejor fe y buena voluntad- creyeron en estos, tendrán que afrontar esta realidad o sea que no hacían “comunismo” sino más bien todo lo contrario: hacían anticomunismo, lo desprestigiaban desde dentro, incluso con toda la “buena fe”, como podía ser el caso de Cristino García al que el Ayuntamiento de París dedicó una calle por su actuación en la Resistencia y al que se le atribuye nada menos que el asesinato de Gabriel León Trilla, uno de los fundadores del PCE, que se negó a abandonar sus tareas en el interior.  Historias como la de Quiñones o Trilla, entre otras muchas, marcarían el historial delictivo y estaliniano de Santiago Carrillo, e influirían en su voluntad de “pasar página” en la Transición.

                  Ni que decir que este “revival” retoma una vieja batalla iniciada en plena guerra civil, prolongada en el exilio, y que tuvo una gran importancia en el tardo franquismo. En esta última fase, la recuperación de la memoria del POUM conoció una considerable revitalización. Desde la segunda mitad de los años sesenta hasta el “tejerazo”, se publicó todo lo publicable, se habló del POUM, de Nin y de Orwell, incluso en los Congresos del PCE (la LCR lo incluía en sus salutaciones cuando era invitada), obligando a los líderes tanto del PCE-PSUC a responder a la defensiva, iniciándose así una línea de rectificaciones importante, pero empero todavía inconclusa como lo han venido a demostrar unas lejanas declaraciones de Manuel Monereo o en un homenaje acrítico a José Díaz, negándose a dar pasos que el PSUC viu sí ha dado aunque, según como se puedan considerar insuficientes, sobre todo si consideramos que estamos hablando de una historia nos guste o no común, como movimiento obrero y como comunistas (4).

              Como ya he afirmado en otros trabajos, la izquierda más beneficiada del “Pacto de Silencio” sería la que se había mostrado menos combativa, o sea socialista que supo combinar el prestigio histórico con el europeo entre otras ventajas menos loables como la financiación germana, sin olvidar el servir de cauce de promoción administrativa para sectores sociales opuestos al régimen pero que, por lo general, habían permanecido ajenos a los riesgos del combate clandestino. El PSOE no dudó en amputar parte de su propia historia, ni en establecer un tipo de relación con aquel pasado de honradez “pablista” (de Pablo Iglesias claro) que definiría magistralmente Máximo en uno de sus viñetas más acertada en la que se puede leer en el frontispicio de un monumento a Pablo Iglesias: “Unas ideas maravillosas, pero totalmente inaplicables”.

                Aquí cabría hablar de la escuálida socialdemocracia catalana (antifranquista) que encontró un poco de sangre viva desde finales de los años cuarenta en el grupo de poumistas que creó el Moviment Socialista de Catalunya (Josep Rovira, Josep Pallach, Salvador Clop, etc), la misma en la que militarían Maragall, Raventós, Obiols y otros que acabarían liderando el PSC-PSOE. Después, en la medida en que el POUM no conseguía levantar cabeza, y algunos de sus representantes acabaron en el mismo dique, como si se hubiese tratado de una “unificación” política cuando en realidad se trataba de una renuncia. Esta es una historia poco estudiada que lleva implícito un mensaje: no había alternativas a la izquierda de la socialdemocracia. No fue otra la conclusión que guió a los que en plena “guerra fría” se hicieron anticomunistas olvidando la lucha contra el capìtalismo. Empero, creo que resulta injusto confundir con este sector con otro poumismo militante que se mantiene hasta que al final de los setenta, encontraron un acomodo con el que no dejarían de mostrar desacuerdos aunque fuesen puntuales. En este tramo se pueden citar los casos de Ramón Fernández Jurado, “Pep” Jai, Teresa Rebull, Manel Alberich, Carmel Rosal, Antonia Adroher, que ofrecerían constantes testimonios de decepción, aunque está claro que su hora militante ya había pasado La frustración de una reconstrucción poumista no fue en nada ajena a esta tardía evolución -¿o jubilación?- socialdemócrata (5).

                Al inicio de la Transición, los socialistas catalanes, mientras se beneficiaban de un trato privilegiado por parte del gobierno Suárez, y pudieron celebrar un multitudinario acto público en Barcelona, colocaron junto con las banderas rojas con el puño y la rosa los nombres señeros de toda la tradición socialista-comunista catalana comenzando por el genial cabetiano Narcís Monturiol, continuando por Francecs Layret, hasta llegar entre otros a Andreu Nin, además hermanado con Joan Comorera, no en vano habían sabido integrar a los partidarios de éste, o sea al titoísmo catalanista. Así pues, el PSC sacó todo el brillo que pudo a este sector, les ofreció homenaje, puestos reconocidos (algunos como Jai y Fernández Jurado tuvieron su escaño), y los utilizó sin reparos como un referente resistente, “socialista democrático” y víctima del estalinismo, aunque por lo general decían del comunismo, salvo que recibieran presión como ocurrió con la famosa lápida de Nin en Las Ramblas en la que se decía que había sido “víctima de la incomprensión”, término “consensuado con el grupo municipal del PSUC liderado por Sole Tura.

            El del POUM es una historia a recuperar porque es la historia del otro comunismo.

            Es la historia de un partido de comunistas de primera hora (Nin, Maurín, Andrade, Portela, Bonet, Rebull, Gorkin, Loredo Aparicio, Arquer, Esteban Bilbao, etcétera), que había suscitado las esperanzas de todas las minorías comunista que se batían contra el estalinismo –así lo proclamó a Broué la viuda de Bujarin, así nos lo explicó el vietnamita Ngo Van al presentar su Memoria escueta-, que encarnaba el comunismo contra Stalin décadas antes que otros descubrieran que el estalinismo había sido un error y un horror Algo de esta luz está volviendo a alumbrar, y está siendo reconocida incluso por los que fueron sus adversarios y que no pueden encontrar ningún referente sólido entre los que fueron “cómplices”. Algo de esto se vislumbra en anécdotas como la que narra el coautor de Operación Nikolai, Llibert Ferri en su libro de conversaciones barcelonesas con Wilebaldo Solano que nos lleva hasta un encuentro con Manuel Azcarate le dejó a éste un libro de Andreu Nin, Las dictaduras de nuestro tiempo, y cuando se lo volvió a encontrar y le preguntó qué le había parecido, Azcarate le contestó: “!Hay que ver todo lo que nos hemos perdido¡”.

Notas

--1) Como es sabido, Maurín fue capturado por los fascistas y sobrevivió en condiciones casi “milagrosas”; y al reanudar su vida ya no era el mismo, aunque tal como cuenta Solano, fue de los que pensó que la victoria aliada sería el fin de Franco. Esta consideración es la que “guía” del estudio académico El pensamiento político de Joaquín Maurín firmado por Antonio Monreal (Península, Barcelona, 1979), que trata de conectar con las propias revisiones desarrolladas por el propio Maurín en Nueva York, y que pueden encontrarse más o menos entre líneas en su prólogo de la reedición de Hacia la segunda revolución (1934) titulada Revolución y contrarrevolución en España (Ruedo Ibérico, 1967), y que representa la mayor aportación de análisis concreto sobre la realidad concreta de la crisis española de los años treinta.

--2) Ni que decir tiene que esta evolución facilitó la renovación de la fobia antitrotskista en los medios comunistas oficiales. El más popular de todos, Julián Gorkin llevó la confusión hasta extremos extravagantes, afirmando por ejemplo en su libro sobre el asesinato de Trotsky, que él rompió con el comunismo...en 1930, fecha en la que fue expulsado del PCE por “trotskista” para pasar a crear la Agrupación Comunista Madrileña que más tarde se unificaría con el Bloc...Durante la guerra civil, Gorkin esgrimió una ortodoxia leninista contra Stalin (y Trotsky).

---3) Las diatribas de Trotsky contra el POUM, su tono descalificador, la manera de actuar ante camaradas como Juan Andrade, y el hecho de que fuesen paralelas a la situación de persecución que sufrían, exacerbó el rechazo por parte de los poumistas, sobre todo cuando desde el trotskismo oficial aparecían como mucho más convincente los argumentos teóricos que cualquier razón práctica, y por lo tanto reproducían, y algunos todavía reproducen, su lógica descalificadora. Ni que decir tiene que esto contribuyó a “envenenar” unas relaciones, y enturbió unas relaciones que solamente fueron haciéndose más abiertas en el trato y la discusión personal.

---4) En el “biopic” de Josep Mª Forn, Companys, un procés a Catalunya, se hace decir a un presunto poumista (el POUM clandestino jugó un papel decisivo en la difusión de los textos de dicho “proceso”) que la izquierda únicamente se unía en la cárcel, lo cual fue trágicamente cierto en muchos momentos, aunque el estalinismo significó algo sin parangón, entre otras cosas porque sus “cómplices” también fueron víctimas (Trilla, Comorera, Monzón, etc).

---5) Esto es lo que expresará un dirigente tan notorio como Juan Portela en una entrevista a Joaquín Jordá aparecida en El Viejo Topo. Por mi amistad con parte de ellos pude ser testigo de algunas de sus declaraciones airadas y de alguna ruptura. Recuerdo en particular un encuentro en El Vendrell con ocasión del 50 aniversario del asesinato de Nin, en pleno felipismo, y como al calor del “revival” poumista, los viejos revolucionarios recuperaban el aliento bramaban contra una socialdemocracia que ni tan siquiera respondía como tal.
 
 
Más información:

Comentarios (7)

#1.- por favor

por favor|04-03-2008 11:12

En general creo que los textos son interesantes, pero frases como está:

  "Hubieron pueblos en los la mayoría de sus componentes acabaron instalado en el PSOE, y en el caso del sindicalismo, en Comisiones o en UGT, pero ya con cargos, y de vuelta de toda tentación".

hacen la lectura imposible, ya que releerse las cosas antes de publicarlas.

No es un comentario político, y  no  quiero paracer a Pérez Reverte... pero... 

Valoración: 0      |  Avisar provocación

#2

04-03-2008 11:16

Menudo ñordo despegado de la lucha...en fin, nada que sorprenda.

Valoración: -3      |  Avisar provocación

#3

04-03-2008 15:50

Son de agradecer tus colabroaicones, algunas de ellas muy interesantes. pero creo, Pepe, que sigues utiliando una doble vara de medir: mientras los militantes del PCE t otros grupos no trioskistas son "estalinistas" (y parece que siguen siéndolo), a los poumistas de la CIA únicamente dices que están tristemente ligados a ella, o qwue es un compromiso repugnante... denytro de uina trayectria que aún hoy dedicas a honrar en la Fundación Nin de la mano de los atlantistas de hoy y de ayer (PSC, etc.).
Y por iotra parte: de verdad crees que en todos los casos que citas hubo mutaciones?. ¿No hay conexión entre ls posiciones anticomunistas de Maurín en la posguerra y su excarcelación en plena represión frahnquiusta, con deceneas de miles de fusilados y torturados comunistas?

Valoración: 0      |  Avisar provocación

#4.- memoria digna del POUM

A.Romano|04-03-2008 19:40

Al triste comertario 3: empeñarse en que la Fundación Andreu Nin es un justificador del atlantismo es un acto demagógico y sectario. Tomar la parte por el todo es su tecnica.
Que unos pocos desviados tras la derrota y durante la guerra fría abandonaran la organización no debe servir para descalificar a todo el POUM y su intachable trayectoria revolucionaria en tiempos muy dificiles.
La FAN reivindica la memoria del POUM y del proletariado combatiente de los años 30 y 40.

Con su tecnica demagogica no logrará confundirnos a los asociados a la FAN.

Algunos herederos del PCE estalinista antes de hablar del POUM  debieran lavarse la boca.

Su asquerosa sugerencia respecto a la supervivencia de Maurín tiene tambien una fácil respuesta: sobrevivieron Tierno, Camacho y otros muchos militantes, sin por ello tener que arrojar dudas sobre su integridad. 

Desprecio para el comentarista 3 y salud para los demás.

Valoración: -3      |  Avisar provocación

#5

04-03-2008 21:12

Al Sr. Romano: apliquese su receta y deje de intoxcar confundiendo la pàrte con el todo; seguires dentro de dos siglos hablado de estalinistas... al mismo tiempo que comaprtis mesa y mantel con los gestores patrios del imperialismo.
maurin, Gorkin, Alba, Iglesias, Soklano, etc. todos ellos apoyaron la Otan al PSOE y toda su acción de gobierno neoliberal y proimperialista.

Valoración: 2      |  Avisar provocación

#6.- El Tren de la Revolución !

Pepe Gotera y Otilio|05-03-2008 19:05

El mío es el de cercanías que posibilita que acceda todo el pueblo; otros eligen el AVE en el cual sólo pueden acceder las clases dirigentes.

Me complace por lo saludable, la renovación y fuerte empuje de la LCR en Francia.

Es muy fácil lo de terminar comiendo del pesebre : vá con un cargo y hay mucho paro !

Espero que los compañeros puedan con su trabajo revolucionario, construir una gran red de cercanías en fábricas, facultades, pequeñas y medianas empresas en el fin común de hacer llegar el tren de la revolución a la estación PUEBLO.

Todos podemos ser maquinistas de la General !
Salud y República !
Cercanía y Revolución !

Valoración: 5      |  Avisar provocación

#7.- profesionales de la mentira

pg-a|06-03-2008 17:35

    Notas como la 3-5 solamenet puede venir de personajes analfabetios políticamente, y carentye de escrúpulos moralmente. De personajes que  creen lo que le dicen sin hacer el menor esfuerzo de verificación. incapaces de estudiar ni de buscar la verdad, que no valoran que "lo que le dicen" pueden ser mentiras y calumnias, que reducen biografías muy extensa con un capítulo, y que mezclan biografías muy diferentes. e número de antiguos estalinistas que se han instalado en el PSOE comienza mucha antes que con enrique múgica, y todavía no ha acabado. Durante la "transición" sectores enteros del llamado "marxsmo-leninismo"(Slorte Tura, Sanroman, Sauquillo, etc), acabaron en el PSOE, y alunos en CiU e incluso en el PP, y sin embargo, tienen fijación con algunos que lo hicieron desde el POUM en años en lso que el PSOE todavía hablaba de socialismo...

    Son incapaces de argumentar ni de razonar, únicamenet dejan su "cagadita" en algún espacio libre, y ya está, !que personajes más patétitos y miserables¡ 

Valoración: 2      |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada
Más información en Kaos en la Red
Izquierda a debate Opinión
Col·lectiu Kaos en la Red. C/ Sant Crispí, 182 (08222). Terrassa (Barcelona)