Es más, voy observando a lo largo de la vida que los niños se aman, se respetan y profundizan infinitamente más; que son mucho más serios, más leales y más respetuosos entre sí que lo que refleja la política de los adultos, y lo que proyectan los políticos que la sirven y los medios que les interpretan.
  Sería imposible que un Estado compuesto sólo de niños funcionase con tan poca consistencia argumental, con tanta desconsideración y tanto desprecio entre quien lo dirige y quien lo asalta. Oigo a mis nietos de seis y ocho años, y me asombran. Oigo a estos desarrapados del intelecto, y me echo a llorar de tedio: sólo oficio, ni un solo destello de ingenio... Un país que, como éste, se pasa la vida pendulando entre el drama y el cachondeo, no se merece tan siniestros caciques, unas veces, ni tan sosainas mandamases, las demás. Carecen ambos del más mínimo sentido del humor. Y así, sin humor, ni se puede gobernar ni se debe hacer oposición.
  Además, si los dos púgiles de anoche tuvieran razón -y esto vale para toda la legislatura- estaríamos en un país gobernado por un golfo desenmascarado por otro golfo. Y digo esto, porque nadie como un golfo para descubrir a otro pillastre, al igual que nadie como un ruin para descubrir a un mezquino o a un tacaño... Cifras, números, gráficos y estadísticas en manos de uno y otro contrapuestos, sin la más leve aproximación. ¿Qué sociólogos -otros-, qué decoro, qué honestidad tienen manufacturando los datos que pusieron en manos de los candidatos para exhibir bien a la conveniencia del gobierno, bien de la oposición?
  Total, que si hacemos caso de lo que desvelan siempre en estos y parecidos trances los protagonistas, España está perpetuamente en manos de sinvergüenzas. Si ambos tuvieran razón, tal como ve el uno al otro, por lo que hizo en estos cuatro años el sentado a la izquierda del espectador, y por lo hecho en los cuatro precedentes cuando el sentado a la derecha convertido ayer en fiscal fue parte del gobierno anterior con su partido, no cabe duda de que España nunca acaba de entrar en sazón...
  Hombre, si tiene razón el candidato que dijo que el presidente "agredió a las víctimas", éste, el presidente, sería un desalmado, y no sé cómo se le podría seguir teniendo ahí. Y si tiene razón el candidato presidente cuando dijo que el aspirante, siendo ministro en la legislatura anterior, legalizó a los inmigrantes con tal de que presentasen un bono bus, es además de desalmado un bribón, y no sé cómo se ha atrevido a comparecer ayer...
  Por muy distante que esté la manera de gobernar del gobierno de turno del estilo que adoptase la oposición, esa manía de hacer una enmienda a la totalidad, es decir, descalificar en bloque al gobierno y a su presidente, es un gesto habitual y de mala baba que lo dice todo sobre la nula clase personal e ideológica del oponente y del tinglado que tiene detrás, incluido el de las Azores.
  En un momento dado, el barbudo dijo al otro: "si hubiera hecho usted lo que hubiera hecho yo, le hubiera aplaudido". ¿Se puede ser más estúpido, más primario, más adulto-precoz o más niño-viejo para decir semejante patochada? Esto es un detalle de los muchos de que están plagadas estas sesiones de circo amachambradas por los medios. Pero son tantas las cosas risibles  sin sustancia, que nos trasladan a la penosa impresión de que, al desvelar o recordar multitud de cosas uno y otro candidato sobre ellos mismos y sus partidos, no me extraña que la abstención alcance cifras astronómicas y el electorado casi mayoritariamente les mande a la mismísima mierda.
  Como soy relativista de vocación, no sé qué es mejor: si agradecer estos misérrimos debates o que no se den para no verles a los políticos hasta los tuétanos de su poquedad en unidad de acto, como se llama jurídicamente al dos en uno...
  En suma, lo mejor que podríamos hacer es entregar el timón a un colectivo de artistas, de intelectuales eclécticos, de técnicos, de desempleados de honradez probada... y de niños no autistas. Porque la Política, sí, sí, con mayúsculas, es demasiado seria como para ponerla en manos de los políticos convencionales y de los periodistas ortodoxos. Periodistas que, en lugar de vigilar a aquéllos más de cerca pero con neutralidad y mirando por el interés del pueblo, la emporquecen todavía más de lo que ordinariamente está.
  Aun así hay notables diferencias, lo reconozco. Porque miren ustedes, en estos treinta años viciados por una Constitución y un modelo social y de Estado que, en el fondo, pocos quieren, brilla por encima de todo lo demás la basura que echa sobre este país esa banda de implacables cuando gobiernan, que, cuando pasan a la oposición, se convierten en ansiosos repulsivos por volver a meter a España literalmente en un puño. El ansia la llevaba escrita anoche el candidato sentado a la derecha del espectador y a la izquierda del periodista moderador, en sus estrábicos y acristalados ojos... Por eso, de lo que están necesitados estos energúmenos es de ansiolíticos en cantidades industriales.
  Por cierto, y para terminar ¿cómo no se les ocurrió a sus asesores o al mismo Zapatero decir que en estos cuatro años, aunque las haya habido, apenas ha habido huelgas; lo que indica que no debe estar tan mal la clase trabajadora para la que el partido trabaja principalmente? ¿cómo no dijo que las manifestaciones, el barullo, la bulla, la crispación y la violencia al menos la verbal la han hecho en la calle, en los medios y en los despachos ellos, la oposición y los obispos cerrando filas con ellos?