El ultraje a la bandera es un curioso delito: que se pueda maltratrar a una nación atacando a un trapo de colores sólo puede indicar la esencial fragilidad de lo supuestamente atacado. Y la potencia irracional de lo simbólico en un orden sostenido, como indicaba Guy Debord, por el espectáculo. Hay gente a la que condenan por quemar una fotografía, crimen de lesa majestad, mientras nadie es hallado culpable de la radicalmente material hambruna inducida y las muertes por inanición del continente africano. 
Y hay gente a la que pretenden condenar por cambiar una bandera por otra. Es el caso del activista republicano Jaume D´Urgell, que cambió la bandera de los Juzgados de lo Contencioso- Administrativo de Madrid por una de la República Española. Curioso asunto, el cambio de las banderas: reclamo perentorio de la dignidad de un pedazo de nuestra historia que se escribió con la potencia constituyente de los pueblos de España, potencia ahogada en sangre por la oligarquía de siempre. No olvidemos que lo símbolos de esa oligarquía, de esa jauría adoradora del dolor y del privilegio, son los que nos fueron impuestos, a todos los españoles, en esa transacción financiera en que consistió, fundamentalmente, la llamada transición española. 
Curiosa democracia, en la que cambiar la bandera del privilegio por una que al menos fue democrática (no se me acuse de adorar las banderas) es un delito de ultraje a la nación. Desde siempre, la España negra se siente ultrajada por las mismas cosas. Reunidos en la finca el cura y el señorito, deciden avisar a la guardia civil de que el rojo anda por el pueblo. Hay que cazarlo como a un conejo. La libre expresión de las ideas es un lujo que sólo se puede permitir una sociedad muy otra donde los privilegios y la explotación del hombre por el hombre sean radicalmente derrocados. 
Así que, vaya desde aquí nuestra solidaridad con Jaume D´Urgell, por la esencia clara de su acción: la reivindicación de una transformación social que de a luz a un sistema realmente democrático. Un sistema donde las ideas puedan defenderse sin que el gesto público pueda convertirse en supuesto ultraje delictivo. Donde no se encarcele a personas reales por la dignidad de los trozos de tela. De los trozos de tela franquistas, para más señas. 
Como dice la canción: “las banderas de mi casa son la ropa tendida”.
#1
04-02-2008 19:56
Excelente articulo!
Valoración: 2