El 75,1% de los hombres dice tener un grado óptimo de salud, mientras que el porcentaje de mujeres es del 65%. A partir de los 75 años, el 41,6% de los hombres y el 29,1% de las mujeres asegura tener una buena salud.
Una de las razones por la que las mujeres enferman más es la cantidad de horas que dedican a las tareas domésticas, que no les deja tiempo ni energía para cuidar de ellas mismas. La última Encuesta Nacional de Salud, del Ministerio de Sanidad y Consumo, indica que a partir de los 16 años, el 81% de las mujeres asume las labores del hogar e invierte una media de 28 horas semanales. Por su parte, el porcentaje de hombres que realizan el trabajo doméstico es del 35,9% y 15 horas a la semana. Para Mayka Cuadrado, de la Federación de Mujeres Jóvenes, la desigual distribución de las responsabilidades del hogar es un problema educacional y considera que “haber sido socializadas en los valores femeninos, en ningún caso es neutral para nuestra salud. A mujeres y a hombres se nos han asignado unos roles diferenciados y esto influye también en las tareas que desempeñamos”.
Con esta opinión coincide Susana Covas, psicóloga social y experta en temas de género relacionados con la vida cotidiana de las mujeres, quien piensa que las mujeres siguen un mandato establecido que dicta: “Vive en función de los demás, cuida de los demás a expensas de tus propios cuidados. Hazlo todo por amor, y cuanto mayor sacrificio y cuidado de los demás, más vales”. Covas entiende que cualquier persona que reciba esta orden y la cumpla, enferma.
La encuesta plasma que los trastornos crónicos más frecuentes son artrosis, artritis o reumatismo, hipercolesterolemia, depresión, ansiedad y otros trastornos mentales, alergia crónica, diabetes, asma y bronquitis crónica. Todos, excepto la diabetes y la bronquitis crónica, son más frecuentes en las mujeres. Covas insiste en que no se trata de dolencias asociadas al sexo femenino, sino que están derivadas del rol asignado. “Las mujeres están viviendo de una manera que no les deja ni tiempo ni espacio para ocuparse de ellas. No es tanto el cuidado de los demás lo que las enferma, sino lo que significa estar tantas horas pendientes del cuidado de los demás, porque cuando una mujer tiene que ocupar muchas horas en esto, son horas que quita al cuidado de sí misma”, declara. En este sentido, Cuadrado sostiene que la mayoría de los casos de depresiones en mujeres están asociados al cuidado de personas dependientes. A su juicio, “los juguetes, la vestimenta, las expectativas que se tienen de nosotras, muchas veces nos empujan hacia el ámbito privado. Aunque esta educación a menudo sea inconsciente, el caso es que aprendemos modelos de conducta insanos”. Por el contrario, los hombres no tienen asignado ese papel y por eso, “cuando una mujer no cuida es una mala persona; cuando un hombre no cuida no pasa nada”, subraya Covas. Sin embargo, añade la psicóloga, “un varón es una buena persona cuando cuida, mientras que cuando lo hace una mujer, es lo que le corresponde”.
La Encuesta Nacional de Salud muestra también que cuando se convive con personas de 74 años o más, el 58,5% de las mujeres dedican 68 horas a sus cuidados y el 32,4% de los hombres 66 horas. Estos porcentajes son resultado del reparto sexista de roles, pues “a las mujeres se nos ha dicho que nuestra vida privada es la vida doméstica, es decir, el cuidado de los demás”, declara Covas, y critica que la sociedad estime que un buen hijo es aquel que busca los recursos para que sus padres estén bien cuidados, mientras que una buena hija es la que deja su vida personal para cuidar de sus padres.
La incorporación de las mujeres al empleo no ha sido suficiente pa- ra cambiar los papeles tradicionales y las trabajadoras continúan asumiendo el trabajo del hogar, no remunerado, cuando llegan a casa. Además, están obligadas a encargarse del cuidado de los hijos, pues de lo contrario, no se las considera buenas madres. La psicóloga recalca que fuera del hogar, “papá está trabajando por sus hijos, hijas, pareja o lo que sea, pero cuando mamá trabaja fuera de casa está en infracción, y nada de lo que hace cuenta como buena madre”. Cuadrado, de la Federación de Mujeres Jóvenes, lamenta que la sociedad carezca de ejemplos de corresponsabilidad, porque “aprendemos a no pensar en nosotras mismas sino en el otro”, y denuncia que la educación sexista sigue vigente en las jóvenes. Aunque el feminismo ha logrado avances en la ruptura de estereotipos, Covas asegura que es la mujer quien todavía tiene que transgredir la identidad de cuidadora. “No tenemos derecho a ser sujetas sino a ser objetas de satisfacción de necesidades ajenas. Esto enferma a las mujeres, a los hombres y a quien sea”, señala.