Cuando todavía no habrá terminado de descomponerse el cuerpo de Valentón, el toro “asesinado” legalmente en Tordesillas el pasado 16 de Septiembre, nos encontramos a poco más de un mes para que otro astado sea torturado y sacrificado también en nombre de un rito ancestral, también como parte indispensable de unos festejos populares que parecen no concebirse si no hay maltrato animal de por medio, también amparado por la parafernalia de una Organización, llámese Asociación de Amigos –menuda ironía: “amigos”- o Patronato, creada y mantenida para dar apariencia de cultura y legitimidad moral a otro acto cruel y salvaje, a una nueva muestra de la ignorancia falsamente maquillada de erudición, de la vergüenza al servicio de la diversión de unos seres rudos y violentos, de la tortura como práctica consentida y transmitida como si gozase de un valor pedagógico, social o ilustrativo.
El fin de semana del 14 de Noviembre se celebrará en Medinaceli (Soria) una nueva edición del llamado Toro Júbilo. Cambia el toro con respecto al mentado Alanceado de Tordesillas, las lanzas se sustituyen en esta ocasión por fuego pero lo que es inmutable, lo que no varía en ninguno de los casos, como tampoco lo hace en el del Toro de Coria y en otros ejemplos nauseabundos de castigo físico a los animales, es el público que disfruta con ello y aquellos que lo promueven y defienden. Porque en todas las ocasiones, sean tordesillanos, corianos, ocelitanos o de cualquier rincón de España, tienen un denominador común que lejos de diferenciarlos como personas los identifica como horda: su pasión por el sufrimiento ajeno y su incapacidad para comprender la bajeza de tales actos y admitir lo innecesario de los mismos.
Luego vendrán las susceptibilidades de los de siempre, los que prefieren enarbolar armas en vez de palabras y algunos dirán que estoy insultando a todo un Pueblo. No es así; ni todos sus vecinos son seguidores de estas costumbres repugnantes ni el nacer o criarse en esas localidades implica la participación o defensa de las mismas, aunque exista un miedo más que justificado a expresarse en contra entre los que allí viven. A quienes estoy calificando de seres violentos, brutales, feroces y con un profundo analfabetismo ético es a los que habiendo nacido donde sea o viviendo en donde se quiera, están a favor de la continuidad de estas tradiciones bárbaras y se oponen a su prohibición alegando razones que en ningún caso soportan el menor análisis realizado desde la razón, la inteligencia y la sensibilidad, tres cuestiones necesarias y exigibles sobre todo en conductas que afectan a terceros, pero que en estos casos son enterradas bajo la bestialidad, el primitivismo y el egoísmo, ahogadas en infinidad de alcohol, silenciadas con los gritos de la turba y linchadas junto con el toro que asiste “invitado” por sus “amigos” de la Asociación que lleva su nombre, como víctima forzosa de un espectáculo en el que padecerá y morirá sólo por satisfacer los más bajos instintos de esa caterva desquiciada.
Los “estudiosos” del asunto en su Página sobre el Toro Júbilo de Medinaceli nos hablan de que se trata de una “Ofrenda Jubilar, de pura tradición religiosa y simbólica…”. ¿Tiene la Iglesia algo que decir al respecto o con su silencio aprobará, como en otras tantas ocasiones, el crimen cometido también en su nombre?. Añaden en su verborrea valedora del festejo, que “el Toro es el dios que se inmola o es inmolado por el hombre. Tras ser sacrificado y comido transmitirá a quien lo ingiera todas las propiedades que a él se le atribuyen: poder sexual (fertilidad), fuerza en los enfrentamientos y el ser invencibles…”. Si alguien se lee las razones con las que tratan de sustentar el Toro de Coria o el Toro de la Vega, verá como los argumentos sobre la necesidad del ritual son tan similares entre si como aberrantes en todos los casos. Siempre se entremezclan religión, ritos, ofrendas, sexo, virilidad, batallas y todo ello en una amalgama tan trasnochada como absurda, tan monstruosa como innecesaria, tan machista como dolorosa, tan reaccionaria como atroz.
Según la Asociación se nombra a un comisionado para que encuentre a un ejemplar basándose sobre todo en su fortaleza y alegría. Primer gesto de asombro, aquellos que juzgan al toro un ser irracional que no es merecedor de la menor consideración ni de un trato digno, “humanizan” su condición buscando un animal “dichoso y entusiasmado”, lástima que no extiendan la apreciación de su indudable capacidad para sentir al instante en el que comienza su suplicio. Después y siempre según esta siniestra hermandad,   “los mozos inmovilizan al toro para evitar movimientos bruscos de la res… y así se coloca la almohadilla en la testuz, sobre ella una astilla de madera de unos 40 cms. y encima la gamella, que son unas astas de hierro sobre una plataforma del mismo material, provistas de unas crucetas. Al fin en los extremos de la gamella van colocadas las bolas,  formadas a base estopa basta para que se origine una perfecta combustión, sujetando cada capa con alambre e impregnado con pez, resina y aguarrás puro…”.
Pero la realidad es la siguiente: los “valientes” participantes lo sacan tirando con gran violencia de una cuerda amarrada al animal y lo arrastran hasta un grueso palo clavado en el suelo, allí le atan fuertemente la cabeza, le sujetan las patas y le tiran del rabo para que no pueda moverse mientras le encajan la gamella a golpes. Es habitual que durante esta primera fase de la tortura el toro sufra hemorragias por la boca y la nariz, como atestiguan las imágenes obtenidas.
Volviendo al “inocente y casi edificante” relato de los hechos por parte de la Asociación, “se cubre pacientemente todo el cuerpo del animal con una capa de arcilla roja mezclada con agua, para evitar que los trozos de pez que se desprenden de las bolas le hieran…”. Esa es la ficción que algunos quieren convertir en dogma de fe, pero lo cierto es que prenden fuego a las bolas y el animal se convulsiona y muge aterrorizado por esas llamas fijadas a su cabeza; de ellas cae líquido al rojo vivo y trozos incandescentes de las bolas, provocándole quemaduras a pesar del supuesto “ungüento” preventivo de los organizadores, porque no cubre todas las zonas y muchas veces es traspasado por los rescoldos. Y por supuesto, la nariz, la boca y los ojos del animal no están protegidos, por lo que son partes afectadas por las quemaduras causando al toro un dolor espantoso.
La agonía del animal dura lo mismo que la algarabía y frenesí de los participantes, alrededor de una hora. Unos minutos que a ellos se les antojan cortos y que para el animal son una interminable sucesión de dolor, miedo, estrés, nerviosismo y huida imposible de aquello que le amenaza y provoca sufrimiento, el fuego que lleva unido a sus cuernos, una pesadilla real de la que no puede librarse y que le persigue a todos los rincones en su patética e inútil escapatoria.
Una vez terminada la canallada al toro, con las bolas apagadas y según los Amigos del Toro Júbilo: “se recoge al animal para que despojándole de lo que sirvió para el rito, se tranquilice y descanse…”. Y de nuevo la realidad: con la criatura exhausta, aterrorizada, quemada y dolorida, se pone fin a tal infamia sacrificándolo sin presencia de público; descanso sí, pero eterno.
Así finaliza el Toro Júbilo, con la última hora de vida del toro plagada de sufrimiento, con su muerte estúpida, felices unos pocos esperando la próxima edición, indignados y asqueados los más no comprendiendo cómo puede estar permitido algo tan dantesco. Y la historia se repite, con otro toro, en otro pueblo, en otra fecha, pero siempre lo mismo: una tradición sangrienta y violenta escudada en palabrería falaz y argumentos hediondos que podrían ser válidos para una sociedad embrutecida en su mayor parte hace muchos siglos pero que hoy sobrecoge y repugna que puedan tener alguna vigencia y convertirse en razón de ser para la sinrazón.
Una lista interminable de víctimas que engrosa el ya inmenso acervo de crueldades cometidas en nombre de la cultura, del interés turístico, de la tradición o de la diversión en nuestro País. Lo incomprensible es que ese inventario macabro sigue creciendo, que no llega la luz de la cordura a tan atávica legalidad y que tienen más valor las voces de los que hoy apoyan semejantes injusticias  -dignos herederos de los que en su día decían que sí a las ejecuciones públicas- que las de aquellos que defienden el derecho de todos los seres vivos a no ser sometidos a un trato vejatorio, denigrante y agresivo con el inevitable resultado de su muerte, por parte de los que hacen gala de una de las actitudes más miserables que puede mostrar el hombre: ejercer la violencia sobre seres más débiles y que resulta aún más cobarde en tanto en cuanto es legítima.
Resulta que quien salta a una plaza de toros o quien sobrevuela con una avioneta una localidad en la que se está llevando a cabo una salvajada como esta denunciándola es encausado, juzgado y acaso condenado por su conducta, pero los que torturan y matan siguen ejerciendo esas actividades con toda la libertad y cobertura legal necesarias para planearlas, darles publicidad, efectuarlas y empezar a organizar una vez acabadas las del siguiente año. ¿En qué País vivimos?, ¿la crueldad es un bien protegido y la defensa de los más desamparados constituye una falta o un delito?. ¿Toda esta permisividad no atenta contra esos principios que supuestamente impregnan a nuestra Sociedad y que se nos anuncian como valores a respetar, fomentar y transmitir: igualdad, justicia, solidaridad, etc.?. No lo comprendo pero como no espero entenderlo jamás ni tampoco aspiro a convencer a aquellos que defienden el maltrato a los animales, sólo me queda la cabal esperanza de que algún día los que nos gobiernan tomen cartas en el asunto sin tanta tibieza ni lentitud como vienen demostrando hasta el momento y por supuesto, la reconfortante certeza de que el rechazo popular contra estas demostraciones salvajes es un hecho imparable y creciente.
Julio Ortega Fraile
www.findemaltratoanimal.blogspot.com
www.larevolucionpendiente.blogspot.com
#1.- Vergüenza de país
Kike|07-10-2008 11:18
Pues sí, es ultrajante que en éste pais, totalmente tercermundista y cafre, por lo que veo, la gente (por llamarlos de alguna manera, porque son putas hordas de analfabetos con sed de sangre, dolor y muerte (ajenas, por supuesto), garrulos sin cerebro, putos sádicos que disfrutan torturando) sigue obteniendo placer viendo como un ser vivo es destrozado hasta la muerte. Y mas ultrajante es ver que nuestra mierda de gobierno, y nuestros políticos corruptos y cobardes, no sólo no hacen absolutamente nada por detener éstas masacres, sino que las incentivan y suvbencionan con dinero publico.
  ASESINOS!!! COBARDES!!!
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#2.- Penoso
Funo|07-10-2008 11:33
Penoso.
Me da verguenza vivir en España por todas esas fiestas taurinas ke la constitución permite y proteje.
Me dan pena los padres que en lugar de educar bien a sus hijos los llevan a ver como matan a un pobre animal como un toro.
Es patetico!
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#3.- Una lástima
Josh|07-10-2008 12:09
Soy consciente de que los toros son una afición, pero sería mejor si eliminaran la parte salvaje y tortuosa de ese hobby. Jamás me ha gustado el modo en el que se trata a un animal en una plaza de toros de esas que solían o suelen echar por la tele. Lo triste del asunto es que en los pueblos, el toro siempre está solo ante decenas de personas congregadas para maltratarlo. Que encuentren placer en ello es muy triste.
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#4.- Horror
Maite|07-10-2008 18:04
Que horrible.Cuanto sufrimiento.Jamás lograré entenderlo.Cuando se va a acabar esto?
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#6.- Para el del comentario #5
OCLuis|07-10-2008 21:22
Amigo gfsd:
El pueblo que tiene como fiesta quemar los cuernos de tan noble animal no merece ni tener fiestas ni pueblo ni ná de ná.
En mi pueblo la fiesta la hacemos con manzanilla, fino, langostinos y pescaito frito... Deberías de darte una vueltecita por aqui y aprender de verdad a disfrutar sin hacer la puñeta, cafre, mas que cafre.
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#7.- Para el del #6
quemasda|07-10-2008 22:15
Y los langostinos y el pescaito no hay problema en matarlos, ¿verdad? Ya sé, ellos no sufren. Los matan de un disparo letal para que sea indoloro.
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#8.- Para el del comentario #7
OCLuis|07-10-2008 23:50
Los langostinos y el pescaito se capturan, no se maltratan. Y la unica finalidad de que se capturen es para comer, no para hacer el burro.
Seguro que tu eres del pueblo ese, cafre, que tambien eres un cafre.
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#9
08-10-2008 01:09
Viva la liberacion animal ¡¡¡
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#11.- Para el del #6 y el #8
quemasda|08-10-2008 19:53
Sí, claro que se capturan. Y se les saca de su medio natural, el agua, al aire hasta que se axfisian. Mueren por agonía literalmente axfisiados, eso no debe ser nada doloroso. Como si a ti te metieran la cabeza en una bolsa de plástico hermética hasta que te quedases sin oxigeno. Por cierto, tú no eres nada cafre, eres muy educado. Ya se nota que tienes un gran respeto por todo. Y no, no tengo nada que ver con ese pueblo, ni tengo ningún interés especial en defender la "fiesta nacional". Sólo me resulta patética la hipocresía barata de algunos "anti-cafres". Espero otra de tus educadas respuestas, amigo de los animales.
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#12.- Para el del #7 y el #11
OCLuis|08-10-2008 21:32
No se que clase de animal eres tu pero te puedo decir que yo soy un animal omnivoro y que por lo tanto necesito comer la carne de otros animales para mantenerme con vida.
Ya que hablas tanto de educación y de respeto te diré que el respeto es muy importante si se quiere ser educado y no hay mayor respeto que el que se tiene por la vida, la de uno mismo y la del resto de los seres vivos.
La mayor muestra de educacion y respeto que puedo tener es defender a las otras formas de vida -que no son capaces de defenderse por si mismas-  del sufrimiento gratuito y retrogrado al que son sometidas por parte de una chusma sedienta de sangre pero saciada de alcohol y otras sustancias.
Parece que no entiendes o no quieres entender que hay un abismo entre matar para sobrevivir y torturar por diversión, que es precisamente lo que denuncia el artículo, y no conforme con eso vienes a confundir a la gente, a mezclar la velocidad con el tocino y a decir que por comer peces estoy a la misma altura moral que los que se divierten maltratando innecesariamente a un animal.
No conforme con eso me insultas llamándome hipócrita cuando yo he usado el termino cafre no para insultar, sino para definir:
cafre.
(Del port. cáfer[e], y este del ár. clás. kāfir, pagano).
Espero que te haya gustado esta respuesta, ya que dices que la estabas esperando, cafre, que eres un cafre, pero cafre cafre.
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#13.- Para el del #6, #8 y el #12
quemasda|08-10-2008 22:09
¿De veras necesitas comer langostinos para sobrevivir? Vaya sibarita estás hecho.
Me ha parecido leer en tu primer mensaje que era para celebrar las fiestas y disfrutar. No lo veo un alimento de primera necesidad, entonces ¿por qué no dejar vivir a esos animales libremente?
Yo no creo haberte insultado en ningún momento.
hipócrita.
(Del lat. cristiano hypocrĭta, y este del gr. ὑποκριτής).
1. adj. Que actúa con hipocresía. U. t. c. s.
hipocresía.
(Del gr. ὑποκρισία).
1. f. Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Voy a ponerme a tu altura sibarita, que eres un sibarita.
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