Le escribo al hermano de mi Abuela, muerto en combate contra el fascismo  por una necesidad imperiosa de intentar darle una explicación de la razón por la cual  se hacen falsos homenajes, y los mismos que  le mataron, o sus hijos, o sus nietos son hoy los que se cuelan entre nosotros para obtener rentas económicas y políticas de lo que la socialdemocracia pretende convertir en políticamente correcto. Aquel Partido Comunista que tú conociste, ya no está entre nosotros. Murió junto a tí y a tus compañeros, a veces me entran enormes ganas de haberos conocido, y de haber conocido a aquel Partido Comunista.
Tengo que decirte que los que te fusilaron se han metido hasta en mi cocina, y contemplo horrorizado como los hijos de los que aplaudieron la ejecución de tus camaradas celebran falsos homenajes. Mariano, son fascistas. Uno de ellos es el hijo del corresponsal de RTVE durante el franquismo. Lleva consigo hasta el nombre propio del ideólogo del genocidio, se llama Jose Antonio. Los que le siguen son los que han pretendido enterrarnos junto a tí, y otros son vulgares lacayos que matan el tiempo conviviendo con ellos.
Formo parte de una familia señalada por los fascistas todavía hoy, una familia  que lo perdió todo víctima de ese fascismo que nunca murió, que se travistió de mil maneras, y que en algunas formas, forma parte hoy de una izquierda con la que tú, yo, la abuela, mamá, papá y el resto de mi familia nada  tenemos que ver. Todavía hoy tu hermana llora por tí, y también por mí.  Tiene una especial intuición  al concluir que los que te mataron todavía hoy pueden hacerlo con  sus nietos. Pero si algún día nos conocemos, te podré demostrar que nada tengo que ver, ni yo, ni mi familia, ni mis compañeros con  aquellos que callan ante la barbarie.  Tengo muchas referencias tuyas.  Cuando voy al pueblo tengo que convivir pacíficamente con los que robaron en tu casa, con los que cortaron el pelo a la abuela, con los que ejecutaron a tus camaradas en el pinar.  Mariano, quiero conservar la dignidad, y no doy mi brazo a torcer. Esos mismos son los que ahora son Guardias Civiles, Militares, y son los que se horrorizan cuando hay un atentado. Te he escrito esta carta víctima del horror que me produce ver en esa gente, los que te mataron, hablar de “libertad”. Si alguien les disparara en el corazón no morirían, porque no tienen corazón, y por ello alguno  se ha hecho responsable de una falsa izquierda y hasta os hace homenajes, pero sabe quien es su enemigo, por eso contribuye a criminalizarnos y a señalarnos como delincuentes o cosas mucho peores.
Me esfuerzo muchísimo en no encerrarte en una vitrina de cristal. Los mismos que te mataron a tí mataron hace seis meses a un compañero mío a pocos metros de mí. También era militar, y era del mismo bando que tus asesinos. A mi compañero, al igual que a tí, no le hicieron homenajes ni funerales de Estado. Para colmo, en febrero, otro compañero perdió la vista de un ojo en Madrid por un disparo de la Policía Nacional. Estaba protestando por que habían autorizado una concentración de fascistas en un barrio de compañeros que vienen a trabajar de otros países.
Para mí es un gran honor comprobar que seguimos luchando en el mismo bando. Que los valores por los que perdiste la vida han cogido un testigo, y que ese testigo siente de la misma manera que lo hubieras hecho tú, el no haberte conocido. Cuenta con que sigue habiendo combatientes antifascistas que no nos hemos rendido, y que por ello nos vigilan. Mariano, recuérdalo para el momento en que nos conozcamos: tengo el orgullo de ser como tú, y como tus compañeros.
Es hermoso sentir que esos mismos valores tuyos que conocieron en primera persona la brutalidad del fascismo y del caciquismo sean los que han llevado a nuestra familia a  estar  setenta años después en el mismo lugar y frente al mismo enemigo. Cuando tus verdugos nos apalean disfrazados de antidisturbios veo como me tiendes la mano y como haces que aquella lucha de socialistas, comunistas, anarquistas de todo el mundo sea la misma de hoy, con los mismos apellidos, y los mismos actores.
Recuérdalo Mariano, estamos orgullosos de no tener nada que ver con tus verdugos. Estamos orgullosos de combatirlos y de señalarnos de la manera que son, enemigos de los trabajadores del mundo entero. Los mismos que hace setenta años recorrieron el mundo para combatir internacionalmente frente a la explotación del capital encarnada en España por Franco y por los empresarios que hoy dirigen esto, hoy combaten en sus trincheras contra el mismo enemigo. En Irak, en Palestina, en Euskal Herria, en Cuba, en Venezuela…Y tal día como hoy, concluiremos la labor de la que tú formaste parte. El día que nos veamos, podremos darnos un apretón de manos y compartir la alegría de habernos conocido.
Diego Herchhoren, militante de los Colectivos de Jóvenes Comunistas
http://cambioydebate.wordpress.com/2008/05/15/da-verdadero-asco-ver-a-fascistas-homenajeando-a-los-antifascistas-en-guadalajara