Quienes vivimos aquel olvidado tiempo de vacas flacas del esplendor franquista de posguerra conservamos aún en la memoria lo que fueron ratos de asueto y tiempo de vacaciones de nuestros padres. Eran tiempos de lucha, en los que todavía el pueblo vivía con conciencia y se sentía pobre y oprimido. Pero andando los años, el plan de desarrollo de “los López” y la avidez de las multinacionales nos fueron rescatando de la miseria, y empezamos a pensar que no estaban tan mal aquellos ricos que a cambio de deslomarnos haciendo horas extras para llenarles las arcas nos permitían empezar a tener algunas cosas. Mucho ha llovido desde entonces, y el desarrollo económico y el avance técnico han obnubilado la conciencia de las gentes hasta el punto de hacerles olvidar que fuimos pobres explotados por ricos. Y así, como siempre se acaba adorando al poderoso, vivimos ahora como ricos, o como los ricos nos dicen por los medios que han de vivir los ricos, para de este modo no sentirnos en absoluto pobres.
 
Hoy todo el mundo es rico en nuestro entorno, o por lo menos se esfuerza para no parecer pobre. Quien más quien menos presume de riqueza y exhibe con orgullo todo cuanto consigue estirando sus ingresos ingeniosamente con la ayuda de los bancos. «Tenlo ahora y págalo mañana» es la norma que rige para cualquier adquisición, incluso para las que permiten llenar el tiempo de asueto y en especial el de las vacaciones con viajes y goces que en muchos casos exigen esfuerzos casi heroicos, económicos y físicos.
 
Lamentablemente y muy en contra de lo que muchas buenas gentes esperaban, el crecimiento económico que nos ha traído este desaforado capitalismo no ha comportado todo el bien social y humano que de él se esperaba. Repartiendo primero migajas de riqueza, y llenando después la vida de las gentes con juguetes producto del desarrollo tecnológico, han anulado la conciencia de millones de seres que solo piensan ya en naderías y tienen como principal objetivo de su vida la distracción y el goce. Pasarlo bien no es hoy un derecho, sino una obligación ineludible para que el propio ego se mantenga en el nivel que exige la ideología competitiva del sistema. La inmensa mayoría de la gente no piensa en nada que no sea resolver lo cotidiano. Sus únicas aspiraciones son materiales. La dimensión espiritual de la persona ha sido bastardeada por las religiones, que hacen de ella un uso interesado. El consumismo arrasa con su continuada oferta de juguetes tecnológicos y de todo orden. Nos estamos deshumanizando por momentos, a velocidad de vértigo.
 
Pienso que el peor mal que ha traído a la Humanidad el capitalismo es el de hacer olvidar a los pobres su condición de pobres, haciéndoles vivir y pensar como “nuevos ricos”. Con la mente atrapada de continuo por un hedonismo extremo que retorna al egoísmo de la infancia, la conciencia se ahoga y la conducta se torna escandalosamente irresponsable. Poca esperanza trae esta forma de vida. Si quienes vieron ni que fuese de lejos la luz que alumbró la mente de sus abuelos orientaron su rumbo hacia los oropeles que les mostraba engañoso el enemigo, ¿qué podemos esperar de quienes nunca vieron otra luz que la de los neones del consumo? Tal vez sea esto lo que intenta decir aquella frase bíblica de «la venganza de Dios caerá sobre los hijos de los hijos de quienes hayan pecado». Porque no me cabe duda de que este dar la espalda a sus raíces, este ponerse los pobres del lado de los ricos opresores es un gran pecado cuyo castigo cae ya sobre la descendencia de quienes tal hicieron. Un castigo que toma más de mil formas a cual más espantosa, pero que la peor de ellas es según mi parecer la inconsciencia, porque es la que cierra el camino de retorno. «El mal que hacen los hombres permanece, mientras que el bien se entierra con sus huesos». Me suena que fue Shakespeare quien lo escribió, y pienso que aquí encaja exactamente.
 
Me parece preocupante la forma como viven la mayoría de los jóvenes de ahora en este mundo opulento de occidente, sin reflexión alguna, sin otro pensamiento que el de pasarlo bien, poniéndose para ello al servicio del sistema tanto cuanto haga falta. Pero ¿cómo esperar de ellos otra conducta, si es el modelo que reciben de sus padres y de todo su entorno? Veo urgente aplicarse a despertar la sensibilidad humana. Hay que ofrecer a la gente más joven actividades educativas que les muevan a reflexionar sobre la forma de vida que llevamos y les muestren otras oportunidades. Actividades y situaciones llenas de calor humano que sirvan para motivar a quienes nunca vieron nada más que la vulgaridad y el egoísmo de su entorno. Es preciso que sepan qué comporta la forma de vida que llevamos, y que bajo este Norte deshumanizado y opulento que está destruyendo el mundo hay un Sur pobre y sufriente que le da sustento. Quienes ya no somos jóvenes podemos y debemos colaborar a cuanto pueda llevar a tomar conciencia a quienes si lo son. Que nadie se escaquee ni se inhiba, pues todo el mundo es útil y necesario. Invito a quienes esto lean a que aporten sugerencias. ¡ÁNIMO!
 
OTRO MUNDO ES POSIBLE, OTRA FORMA DE VIVIR ES NECESARIA
 
Pepcastelló