Isaac Deutscher |
Después de permanecer básicamente en la sombra durante estas últimas décadas, la vida y la obra de Deutscher vuelve a adquirir un significado entre nosotros en las referencias que le dedica Tariq Alí quien también incluye un texto suyo en el anexo de su libro. Autor capital en la configuración de la "nueva izquierda" en los años sesenta-setenta, así como uno de los historiadores y ensayista más reputado de su tiempo, Deutscher fue traducido al castellano (y en menor grado al catalán) en su práctica totalidad, y fue apasionadamente leído por unas generaciones durante las cuales alguien, creo que Vázquez Montálban pudo acuñar la frase: "Sabe más de política que el Deutscher". Sin embargo, este pilar de la sabiduría crítica marxista sería momentáneamente arrumbiado por la devastadora restauración conservadora que lo tomó (a través de sus expertos en comunismo) como uno de los mitos de la izquierda a arrumbiar, y su obra ha sido objeto de toda clase de descalificacionespor parte de los profesionales de la historia reacconarios .Poeta de altura, militante comunista desde su juventud universitaria, expulsado dei partido polaco por "sobrestimar el peligro nazi" en 1933, animador de la importante y olvidada Oposición de Izquierda polaca, crítico con la posición de Trotsky de constituir la IVª Internacional contra unas condiciones netamente adversas, periodista, historiador y crítico literario, Isaac Deutscher fue una "rara avis" en lo que se ha llamado indebidamente "marxismo occidental". Por su biografía personal, así como por su inquebrantable conciencia crítica, Deutscher no fue lo que se dice un intelectual tradicional. Su labor de investigador y escritor no estuvo en contradicción con su pasión de activista que, empero, no paso por una vinculación orgánica. Una muestra de este activismo la encontramos en su compromiso contra la agresión yanqui al Vietnam que le llevó a ser uno de los animadores del Tribunal Russell ya pronunciar en los Estados Unidos algunas de sus conferencias más brillantes y demoledoras.
         
En el prólogo de su libro, El choque de los fundamentalismos (Alianza Editorial),Tariq Ali se cuestiona algunos de los porqués de la historia del islamismo para entrar en el análisis del hecho de que a pesar de su educación agnóstica, fue educado en la cultura islámica a la que declara "deber muchas cosas". Su conclusión es que es "perfectamente posible formar parte de una cultura sin ser creyente", y cita en este punto a "El historiador Isaac Deutscher (que) solía decir de sí mismo que era un judío no judío, identificándose así con una larga tradición de escepticismo intelectual simbolizado por Espinoza, Freud y Marx". Y sigue con su propia reflexión: "He meditado mucho sobre esto y, en alguna ocasión, me he definido como un musulmán no musulmán, aunque es un apelativo que no acaba de convencerme. Me suena un tanto extraño. Con esto no pretendo sugerir que en la Casa del Islam no hay intelectuales ni artistas laicos. Teniendo en cuenta solo a los del siglo pasado, citaré a modo de ejemplo, a Nazim Hikmet, Faiz Ahmed Faíz, Abdelrahman Munif, Mahmud Darwish, Fazil Iskander, Naguib Mahfouz, Nizar Qabbani, Pramoeda Ananta Toer y Djibril Diop Mambery. Pero ellos son poetas, novelistas, realizadores de cine. No hay figura equivalentes en el campo de las ciencias sociales. Las críticas a la religión siempre se dejan implícitas. La vida intelectual se ha atrofiado y el Islam se ha convertido en una religión estática con la vista puesta al pasado" (p. 19-20)
                   
Tariq, que como explica en su reciente libros de memorias, Años de lucha en la calle,había colaborado a través de Deutscher con el Tribunal Russell-Sartre que investigó las atrocidades cometidas por el imperialismo norteamericano en el Vietnam, se refiera familiarmente a:"Tamara y él habían perdido a la mayoría de su familiares durante el judeocidio. Aunque Deutscher no solía permitir que la emoción dominara la razón, dí por hecho que habría hablado en favor de Israel, concebido como Estado de refugio y no como Estado que creaba refugiados. No albergaba grandes esperanzas con respecto a la entrevista. y me equivoqué. Deutscher habló de los judíos llamándolos los «prusianos de Oriente Próximo» y realizó una advertencia escalofriante y llena de clarividencia con respecto al futuro: "Los alemanes han resumido su experiencia en una frase amarga: Man kann sich totsiegen! El hombre puede precipitarse victoriosamente hacia su tumba.» y esto es lo que han hecho los israelíes. En los territorios conquistados y en Israel hay actualmente casi un millón y medio de árabes, lo que equivale a más del cuarenta por ciento de la poblaci6n total. ¿Expulsarán los israelíes a esta multitud de árabes para conservar «con seguridad» las tierras conquistadas? Expulsarles sería crear un problemacon los refugiados mucho mayor y más peligroso que el que existía antes (...). Sí, esta victoria es peor para Israel que una derrota. En lugar de concederle una seguridad mayor, la ha vuelto mucho más vulnerable (1).
                 
Tal como predijo Isaac Deutscher, la victoria israelí de 1967 no resolvió nada. Los palestinos se negaron a convertirse en un pueblo desaparecido. La nueva generación se empeñó en una lucha por la autodeterminación nacional, la última de la serie de guerras de liberación iniciadas a comienzos del siglo XX. Hoy día, Israel es la única potencia colonial que sobrevive, entendiendo el término conforme al modelo establecido en los siglos XIX y XX. Una minoría de valerosos intelectuales israelíes así ha llegado a reconocerlo. Baruch Kimmerling, catedrático de Sociología de la Universidad Hebrea, ha publicado recientemente un homenaje a Émile Zola. Yo acuso apareció en el número de 1 de febrero de 2002 del semanario hebreo Kol Ha' ir.
           
Es una denuncia feroz los jefes militares israelíes, algo que nunca se encuentra en los medios de comunicación occidentales:" Yo acuso a Ariel Sharon de haber creado un proceso que, además de intensificar los derramamientos de sangre en ambos bandos, puede provocar un guerra regional y una limpieza étnica parcial o casi global de los árabes de la "Tierra de Israel". Yo acuso a todos los ministros del Partido Laborista de este gobierno de cooperar en la materialización de la «visión» fascista que la extrema derecha tiene de Israel. Yo acuso a los líderes palestinos, y en particular a Yasir Arafat, de que su falta de previsión los haya convertido en colaboradores de los planes de Sharon. Si se produce otra naqba, también será por culpa de los líderes palestinos. Yo acuso a los jefes del ejército que, espoleados por los gobernantes del país, y amparados en una supuesta profesionalidad militar, han instigado a la opinión pública a ponerse en contra de los palestinos. Es la primera vez que tantos generales de uniforme, ex generales y antiguos miembros de los servicios secretos del ejército, disfrazados a veces de «expertos», toman parte en el lavado de cerebro de la opinión pública israelí. Cuando se cree una comisión judicial de investigación para esclarecer la catástrofe de 2002, no sólo habrá de investigar los crímenes de la población civil, sino también los de los militares. El filósofo Yeshayahu Leibovitz tenía razón: la ocupación ha acabado con los aspectos positivos de la sociedad israelí y ha destruido su infraestructura moral. Detengamos esta marcha de orates y construyamos una nueva sociedad, en la que no haya lugar para el militarismo, la opresión, la explotación de otros pueblos ni para cosas peores (...). Y me acuso a mí mismo de haber alzado poco la voz y de haber guardado silencio en demasiadas ocasiones pese a que sabía todo esto...”.
           
Y una nota para terminar: creo que, al igual que tuvimos que recurrir ayer a los libros de Deustcher, hoy necesitamos hacerlo con los de Tariq Ali del que estos días se ha publicados Corsarios del caribe que me comprometo a comprar el 23 de abril, durante la Diada de Sant Jordi.
         
(1)Al releer la entrevista de Deutscher (New Left Review I, 44, julio-agosto, 1967) treinta y cuatro años después de que la concediera, es imposible no asombrarse de su valentía y de la claridad de sus ideas. Isaac y su mujer Tamara se quedaron prácticamente sin familia durante el judeocidio. Más no se hicieron sionistas. Por este motivo, y con la esperanza de darla a conocer a un público más amplio, la he incluido como apéndice de este libro.