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El Tango llegó a la Argentina desde Andalucía
Una idea que mucho se difundió sobre el origen del tango sostiene que nació sin letras por 1880, que rítmicamente deviene de la habanera cubana y más tarde, al incorporarle ‘letrillas procaces y prostibularias’ se iría enriqueciendo con distintas características.
Eduardo Pérsico | 18-9-2006 a las 16:37 | 1430 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/tango-llego-argentina-desde-andalucia
Artículo/noticia publicado/a en Kaosenlared.net en el apartado de Libre Publicación NO seleccionada/o por el Colectivo Editorial

EL TANGO LLEGÓ A LA ARGENTINA DESDE ANDALUCÍA.

(Y cuánto contradiga eso, es probable).

Opinión de Eduardo Pérsico.

 

Una idea que mucho se difundió sobre el origen del tango sostiene que nació sin letras por 1880, que rítmicamente deviene de la habanera cubana y más tarde, al incorporarle ‘letrillas procaces y prostibularias’ se iría enriqueciendo con distintas características. Según este concepto los primeros tangos de difusión popular fueron expresiones bailables, sin canto, y que entre 1890 y 1900 comenzó a incorporar algunas letras, picarescas y lunfardas. Quizá dicho así, esto no sea totalmente incierto, pero pertenece a una líneaque por décadas ignoró lo esencial; la evidente raíz andaluza mostrada en los primeros tangos de Angel Villoldo, autor fundacional de la música de los argentinos, cuya obra destacada se diera a inicios del siglo veinte. Aquel razonamiento, también, creyó inseparables altango y al lunfardo, esa jerga o código entre dos para que no se entere un tercero, que en verdad resultaron dos perfiles culturales independientes entre los argentinos; dos perfiles que sin duda integran las primeras expresiones independientes de la colonia y por otra parte, tan históricamente potables que podrían sostener cierto ‘orgullo’ de afirmar nuestra identidad. Y por eso mismo, el influjo del tango andaluz y la milonga en el tango argentino son ineludibles parainterpretar el origen de una expresión musical incorporada a la manera de ser de tantas generaciones de argentinos, que aún persiste.


Según dijimos, pese a no ser al principio cantable, ya por el año 1811 aparece una copla cantada por los combatientes de Cádiz ante la invasión napoleónica: ‘con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones’, a propósito de las bombas francesas que no estallaban. Y aunque no perdure sulínea rítmica, refiere el especialista Roberto Selles en “Las Primeras letras del Tango”, que la milonga siempre fue ‘una especie musical surgida del canto, como sus antecesora, la guajira flamenca”, y que ‘milonga’ es una voz del Quimbunda, un lenguaje de los negros del sur de Brasil que significa ‘milonga: muchas palabras, palabrerío’. De ahí, seguramente, ‘déjese de tanta milonga’ hoy nos expresa ‘por favor, no hable de más’…


Las primeras guajiras acriolladas entonadas por los porteños eran letrillas andaluzas de mala intención o de carnadura prostibularia, y en 1857 se estrenó en el Teatro de la Victoria de Buenos Aires, “Tomá mate, che”, del español Santiago Ramos, que aludía al hábito criollo de tomar mate y por ahí decía ‘me dijo un moza al verme, este porteño me mata. Tomá mate, che, tomá mate, que en el Río de la Plata no se estila el chocolate’. Más adelante, 1868, aparece el primer tango que dicen se oyera en Argentina, “El negro Schicoba”, de José María Palanzuelo,organista de la Catedral de Buenos Aires con letra de Germán Mc.Key, un actor panameño, y es una canción andaluza con aire muy juguetón que decía ‘un tango cara cun tango, un tango cara cun té, dame un besito mi negra ahora que nadie nos ve’.Otro estudioso, José Manuel Caballero Bonald, en su obra “Danzas Clásicas Españolas de la escuela antigua” habla entre otras del bartolo o bartolillo, ‘Bartolo tenía una flauta con un agujero sólo y su madre le decía, tocá la flauta Bartolo’, que en Uruguay se adaptó en milonga y en Argentina,además de otras varias, se cantó como tango ‘Bartolo dejó una mina, yo no la quiero dejar, porque me calza me viste y me da para morfar’. Anteriores a este ya existían otros tangos andaluces que se acriollaran marcados con el ritmo de la habanera cubana, como el “Queco”, sinónimo de quilombo, que cantarían las tropas del general Arredondo por 1875, antes de la batalla del Quebracho: ‘Queco vení pal hueco, Queco, te tengo que hablar’, prolongado en su primera memoria como una expresión de tango compadrito. Por 1881, en “Colección de Cantes Flamencos, de Antonio Machado y Alvarez, se menciona “El Tango de la Casera”, que los porteños convirtieron en “Tango del Recoletero” aludiendo a quienes participaban de las romerías de la Recoleta odel Pilar; reuniones de familia durante el día y por la noches concurridas por algunosbailarines de tango. El ya mencionado Angel Villoldo, que fuera el primer autor profesional de tangos en cuanto los otros loa hacían sin rigor musical, tomaba de base al tango andaluz y al cuplé. “La Morocha”, escrito en 1905 sobre música de Enrique Saborido, es decididamente un cuplé para ser cantado por la española Lola Candales, y en 1906 un tango recordado además por su música, en su argumento era un clásico tango andaluz. ‘Una ordenanza sobre la moral decretó la autoridad policial, y por la que hombre se debe abstener decir palabras dulces a una mujer. Chitón, que al que se propase cincuenta le harán pagar’. Además quedan otros rastros del género chico español en los compadritos de Villoldo: ‘aquí tienen al torito, el criollo más compadrito que pisó la población’, hoy mismo nos suena divertido y zarzuelero. Aunque sin ningún ánimo calificador ni crítico, se nos ocurre que Angel Villoldo desconocería la opinión que Domingo Faustino Sarmiento publicara en su “Facundo” por 1845: ‘en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el tipo popular español, el majo… todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y hasta la manera de escupir entre los colmillos, todo es de un andaluz genuino’. ¿Vieron qué poco observador era Sarmiento, el fenomenal?


De todas maneras, en más de cien años de existencia el tango tuvo enormes transformaciones en su ritmo y llegando sus letras a convertirse en algo recurrente en la literatura de los argentinos. Hoy mismo, los escasos tangos que se editan mantienen aquella distintiva argumentación ‘de lo personal a lo social’, en tanto su construcción musical profundizó su tendenciaa ser música de cámara, muy elaborada armónicamente y para solistas muy aptos. Tal vez allí se geste otra historia que seguramente no le quitará el carácter argentino al tango, y por ahí rumbeó una crítica Jorge Luis Borges en 1930 al escribir ‘de valor desigual ya que proceden de plumas heterogéneas, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran un inextrincable “corpus poeticum”, que los historiadores vindicarán. Es verosímil que hacia 1990 surja la sospecha de que la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en “La Urna”, de Enrique Banchs, ni en “Luz de Provincia” de Carlos Mastronardi, sino en las piezas imperfectas que se atesoran en “El alma que Canta”. Se refería Borges a una publicación que recogía cada semana las letras de los tangos nuevos y viejos, y agregó, ‘esta suposición melancólica o una culpable negligencia, me ha vedado el estudio de ese repertorio caótico’. Una reflexión más bienculposa de alguien indudablemente argentino, que podría generar uno de los debates que nos merecemos y no encaramos, tal vez, por persistir en nuestra identidad de mantener con vida un montón de contradicciones.


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Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, escribió cuentos, seis novelas, algún poemario y la tesis “Lunfardo en el Tango y la Poética Popular”. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

 
 
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