También una batalla contra nuestros demonios… 
Fernando Luis Rojas. 
Los últimos meses han sido de mucha intensidad. Varios sucesos se han conjugado con una marcada implicación personal. Por una parte las transformaciones que se operan en el país, que han impuesto un dinámico ritmo a los últimos dos años. Se suma la coyuntura internacional, espacio hoy de un enfrentamiento vital por la perdurabilidad de la Humanidad. Más allá de conflagraciones bélicas, desacuerdos de bloques políticos; hablamos de la entronización de un pensamiento desde lo individual, del desconocimiento del “otro”, que solo podrá tributar a conflictos cada vez más agudos. 
Incluyamos el pasado Congreso de la UNEAC. Un cónclave que reconoció  en las actuales circunstancias la correspondencia entre afirmar valores identitarios y  el diseño de una auténtica cultura de resistencia. Como se expresaba en su informe central: “Luchar por la cultura hoy significa, como nunca antes, batallar por la supervivencia de la especie”. La reunión de los artistas e intelectuales cubanos debe valorarse, sin vanidad y más allá de los espacios vinculados al sector, en toda la importancia que tiene para la vida del país. 
Por si no bastara, volví sobre las páginas de “El Guardián en el Trigal”  de Salinger, un texto que me hizo garabatear  una especie de Código Holden Caulfield poco benevolente con la contemporaneidad y con nosotros mismos, carente – por desgracia – de eso que Felipe Cunill llama en el prólogo “un detector de farsantes”.  
Lejos de ayudarme el hecho de rebelarme contra una falsedad demasiado inasible y en búsqueda permanente de la paja en el ojo… me fui acercando a un enfoque desde los demonios que me han acompañado en cada mirada a nuestra realidad. 
Por estos días, los que nos apretamos a Marx y hemos defendido que la transformación más importante en Cuba debe darse en el terreno económico y sobre todo productivo; estamos animados. Varias alusiones en las intervenciones de Raúl – pero lo más importante – en las realizadas por otras personas del gobierno y el estado demuestran la prioridad que se da al tema y en alguna medida, coinciden con la idea de condicionamiento material del componente subjetivo.  
Pero las cosas no son en blanco y negro. Sabemos que con incorporar en el discurso oficial la necesidad de incrementar la producción, publicar trabajos sobre el tema en la prensa, reflejar los recorridos que por obras económicas realizan nuestros dirigentes; no aparecen todas las variables para resolver los problemas. Estas transformaciones estamos llamadas a hacerlas con las mismas personas que nos hemos movido durante años en el esqueleto de un país en que no se privilegiaban estos aspectos. Somos los mismos y no por ello debemos desanimarnos, hay que plantarse al reto de frente, reconociendo estas verdades desde la responsabilidad colectiva. 
Considero que los nuevos caminos que se van definiendo en el país, nos sitúan en la posibilidad y para los revolucionarios en la obligación, de presentarnos como seres activos, trabajando por la transformación de la realidad. Es de vital importancia para los cubanos resolver una inconsecuencia que nos ha acompañado durante estos años: somos permanentes críticos de la verticalidad, en su expresión a través de orientaciones, decisiones tomadas sin consultar, designaciones de dirigentes; pero a la vez, esperamos las transformaciones, las medidas correctas en esa propia lógica vertical. ¿Quién carga con la responsabilidad de hacer poco en materia territorial, local? Creo que a casi todos nos toca algo. 
Uno tras otro podemos encontrar ejemplos que ilustran la necesidad de acompañar las medidas y transformaciones estructurales, de una acción individual y colectiva diferente en su cualidad.  
Con mucha fuerza anduvo en la calle el tema de la derogación de determinadas suspensiones relacionadas con el acceso a los Hoteles, la compra de equipos electrodomésticos, el alquiler de automóviles. Fueron estos, temas que salieron con fuerza en el proceso de discusión del discurso de Raúl Castro el 26 de julio pasado, no creo que nadie haya hablado del tema sin valorar sus implicaciones, sus efectos en los estados de opinión, su percepción por los que no pueden acceder a esos beneficios.  
Se trata ahora de reconocer varios elementos: primero, esto no resuelve los problemas de fondo en Cuba, que pasan por cambios que beneficien – en la realidad, no en las posibilidades – a la mayoría del pueblo; segundo, que todas estas regulaciones que se suprimieron eran innecesarias y que constituiría un equívoco su perdurabilidad; tercero, que vivimos un período excepcional aún y que la salida la construiremos paulatinamente – llevamos un tiempo en ello – y en la excepcionalidad, existen diferencias, desigualdades que en cualquier caso se manifiestan con mucha fuerza desde antes y tenemos claro quiénes son los mayores beneficiados; cuarto, que no tiene sentido enredarnos en una discusión sobre lo positivo o no de las medidas tomadas, cuando se trata de atender los problemas de más alcance. Lo vemos en los medios enemigos de Cuba, si antes la crítica era por la existencia de prohibiciones, ahora se multiplica en este propio sentido al situar sobre la mesa el caso de la bloguera Yoani Sánchez y se traslada también a las desigualdades “generadas” por el levantamiento de las mismas. Nada, “palo porque bogas…”. 
Aunque los resortes económicos constituirán el principal factor para satisfacer las necesidades de los cubanos como ya se dijo, la tarea es más difícil si partimos de reconocer tácitamente algo que se respiró en varios de los mensajes del Congreso de la UNEAC: si quiere enfrentar en toda dimensión los retos que tiene, el pueblo cubano debe incrementar su proyección cultural, viendo esta última más allá de la apreciación de las artes y la instrucción, en un enfoque que incorpore desde la producción material hasta las cuestiones filosóficas, religiosas y políticas. 
Como se dijo en el informe de la Comisión Cultura y Sociedad: “Parece evidente que se ha producido un desfasaje entre el proyecto cultural de la Revolución y los referentes que establecen para sí mismos amplios sectores del pueblo”. Pero partiendo de esa certeza, parece más evidente que la construcción de referentes entroncados con el proyecto cultural de la Revolución, será posible desde la acción en los pequeños espacios, en las comunidades por nuestros más adelantados revolucionarios, creadores, activistas, maestros, médicos, dirigentes políticos. 
La atención a problemáticas como la marginalidad y la violencia, emparentados  con los vacíos educativos mencionados en el Congreso y de los que se habla en muchas esquinas; no son exclusivamente una responsabilidad del Estado. Que algunos lo vean en esa perspectiva tiene sus raíces en cómo hemos desaprovechado la mayor reserva de nuestro proyecto social: la posibilidad de participación del ciudadano, su posibilidad de influir en los cambios de la sociedad. 
Sin segundas lecturas, espero que después del encuentro de los artistas y escritores cubanos y lo planteado allí, se estén duplicando los Talleres Literarios en las comunidades, el contacto de los niños de nuestros barrios marginales con la plástica; espero que las autoridades del Poder Popular no hayan vetado ningún proyecto por faltas de cartas de aval o por “no estar claras las intenciones” de sus gestores. Que muchos maestros militantes del Partido estén tocando varias puertas ofreciendo opciones de superación, o que los mejores estudiantes de nuestros preuniversitarios opten por participar en la solución del problema relacionado con la calidad de la educación. 
Ojalá sea yo la persona más desorientada y desconocedora de Cuba, y de la noche a la mañana las finanzas del país aparezcan con una capacidad mágica para en tres días mover todos los resortes económicos necesarios; no me parece y creo que Raúl lo ha dicho con claridad. Me resisto a esperar pacientemente a ello, es vital optar por accionar y dar respuestas que están a nuestro alcance.  
En alguna medida toda Cuba, alterna una visión que unifica el carácter individual de la creación, para responder a la realidad en el lenguaje más íntimo – algo que hace a cada cubano un creador potencial – y a la vez, aunque parezca contradictorio, aparece la consideración del otro como probable consumidor – algo que nos convierte en un gerente potencial -. Estamos envueltos en esa batalla, que es el combate tardío de los 90. Como le ocurre a un artista frente al mercado, no se trata de negar su lugar en la contemporaneidad, pero tampoco someterse a él. 
De nuevo me da vueltas la pregunta de Lenin: ¿qué hacer? No me parece incredulidad, se me dibuja en innumerables deseos por participar. La Revolución Cubana, con sus hombres, se presenta mitológica: ha de enfrentar mil demonios, entre ellos, muy peligrosos por esquivos, los nuestros. 
#2.- Un grano más
YEC|27-05-2008 18:09
1ro El hecho de que exista un cambio en el discurso de la maxima dirección de la Revolución, choca con la gran muralla que representa la asimilación y reproducción de ese discurso, en  la acción  no en la palabra, por las personas que deben hacerlo funcionar en la práctica, o al menos facilitarlo. Y no me refiero al ciudadano normal, hablo de los cuadros del Partido, de las estructuras del gobierno,   sobre todo a nivel municipal y territorial. La pregunta está en cuantos más se han sumado al cambio. La transformación vino de arriba hacia abajo, como   ha sido costumbre en Cuba, se vive de la orientación. Y lo otro espectativas vs capacidad de solución.
y 2do. Coincido que el problema de fondo en Cuba nunca lo fue el acceso a los hoteles, el alquiler de autos o la compra de PCs, el problema es que la mayoría de las veces somos burdos reproductores de matrices de opinión que son sembradas, bien sabemos de donde, y que muchas veces apenas valoramos el costo de lo que reproducimos, siguiendo un juego que está bien pensado. Habría que preguntarse cuantos de los que reproducián esos problemas, pueden hoy todavía disfrutar algunos de los servicios a los que se abrió el pais. De cualquier manera los cambios fueron bienvenidos y lo será siempre que borren de la faz de la isla leyes absurdas y dogmáticas y extremismos disfrazados de revolución y defenza.
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#3
asqueado|27-05-2008 22:53
este es un vive bien que vacila los dolares que el hermano le manda
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#4.- Enfoques
Alejandro|28-05-2008 00:06
He leído el texto del estudiante, a quien conocí en kaos con sus palabras por el aniversario 90 de la Revolución de Octubre. Creo que vale la pena acercarse a este enfoque, pero con una visión crítica, deposita demasiado la responsabilidad en la gente, cuando debía cargar la mano a las instituciones cubanas. De todas formas, es un punto de partida, marcado por lo bisoño del autor.
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#5.- demonios y otras 1
ronaldmcdonal|31-05-2008 02:30
  De demonios y otras.
  Esto de los demonios me parece un recurso literario interesante, sobre todo cuando se trata de mirar al diablo en el espejo y ver su sonrisa. Claro, eso no implica decadencia, ni desgaste, ni siquiera la necesidad de renovar energías al respecto de procedimientos llenos deromanticismos colectivos. El ethos de un pueblo lo determina su proceso en sí, desde su génesis hasta su fin. No existe un pueblo en general que deba superar una etapa histórica, sino una generación. Y nunca desde el eje de su ombligo, porque el demonio es mayor y más global a lo que pudiera parecer su tímido reflejo local. Así hay generaciones que tienen mayor protagonismo en cada etapa histórica. Hoy en Cuba siguen teniendo el protagonismo una generación de mediados de siglo pasado, que vivió y sigue viviendo lo que fueron sus convicciones más nobles y sueños más lucidos.
 
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#6.- de demonios y otras 2
ronalmcdonal|31-05-2008 02:37
El problema de Cuba, no es sólo de ella como tal, o como isla mayor de las antillas. El problema pasa por sobre toda un generación de jóvenes en un momento crucial de la especie, en la cual, no tiene aún un grado de empoderamiento real que los lleve a tener herramientas para enfrentar las presentes y futuras crisis mundiales, en un mundo más complejo, interconectado, interdependiente, mediatizado y en un desarrollo ascendente demilitarización. Con grades capaz de la población mundial a punto de la marginalización y pauperización de sus vidas, sin que ellas se den cuenta de las crisis casi inevitables que pesan sobre sus cabezas. Nuestra generación vive de la idílica ensoñación primaveral del placer imaginario de novelas y canciones.
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#7.- demonios y otras
ronaldmcdonal|31-05-2008 02:44
Por eso, un excesivo grado de orientación no es bueno, ni tampoco un excesivo libertinaje. Lo que falta no es escuchar a la gente y arreglar lo que reclaman. Lo que es necesario es encauzar proyectos de construccióngerminales o latentes en la gran comunidad socialista.Dejando sus espacios de autonomía simbólica coexistir en unidad intrínseca con el sistema político.Creando sujetos que progresivamente retroalimenten la diversidad cultural en lo más profundo. No recreándolo, ni muchos menos dejar al mercado cooptar espacios a los niveles que lo ha hecho –valga la redundancia- con su cultura de mercado. Sino dejando a las personas realizar sus propias expectativas de desarrollo dentro de una panorámica sustentable y equilibrada para el sistema político económico en general. Dar una capacidad de poder y capacidad de creatividad en lo agrícola, artesanal, artístico y comunitario en general. Englobándolas bajo la rubrica de cultura como todo lo que hace el hombre en su espacio vital.
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#8.- demonios y otras 4
ronaldmcdonal|31-05-2008 02:46
Hegemonía es untérmino que me dictan demonios socráticos al oído. Como elemento indispensable en la nueva labor cultural de está generación. Mayor énfasis en lo atractivo de determinadas formas de vida, no es nada malo. Ejemplos pudieran ser los okupas europeos para el desarrollo endógeno de las comunidades artísticas, artesanales e intelectuales que deseen vivir con ese estilo de vida. Esto llevaría a un explosivo auge de las artes conectadas a nivel mundial. Interesando a muchos jóvenes a pertenecer a ellos. Sí pudiesen existir comunidades agrícolas de cultivos diversificados con un fuerte componente artístico-cultural, darían mayor provecho a los suelos y a la creatividad joven. Revolucionando la concepciones de estilos de vida, y la libertad que subyace en ellos, el sentido de pertenecía a un proyecto país sería mucho más intenso, sobre todo el sentido de trascendencia necesario para darle un impulso continental y mundial.
El ¿que hacer? de Lenin, si él lo volviera a escribir hoy, no estaría exentos de ¿que no hacer?
Pensaba: frente al océano pacifico del sur la cultura de los barrios periféricos es cada vez más tenaz, aguerrida y creativa. Porque no tiene nada que perder excepto sus cadenas. Así cuando lo que esta entre nosotros no son los demonios, sino la muerte, el ser humano explota sus capacidades para liberarse. A nuestra generación acomodada le falta un poco de eso, sentir la muerte, ya no por medios, sino en carne propia!!!
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