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El socialismo cubano y la dialéctica de su implosión

Entre el hechizo de las crisis avisadas y la vocación por la salvaguarda
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 17-8-2008 | 1312 lecturas | 7 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/socialismo-cubano-dialectica-implosion-7


El socialismo cubano y la dialéctica de su implosión

La ausencia del intercambio abierto de ideas fuerza sobre la realidad cubana en Cuba parece perseguir el objetivo de convencer a todos que todo debate trascendente está cerrado por decreto no publicado. No obstante todos sepamos que la respiración contenida ilimitadamente hace estallar los pulmones de todo lo humanamente mortal.

Las señales del mutismo generalizado brotan por doquier. La revista Temas cubana acaba de cerrar el acceso libre a su sitio electrónico y siguiendo la moda del pensamiento rentado, nos conmina a pagar para tener derecho a informarnos sobre las ideas del pensamiento sociológico y político cubano que en sus páginas ve la luz. Se nos antoja una amarga ironía a todos los que colaboramos de una forma u otra con un proyecto de información y comunicación de izquierda y anticapitalista de libre acceso, es decir, de acceso y participación democrática, como el de Kaos en la Red, que sin mediación de salarios ni subvenciones expone sus ideas comprometidas con la causa de la Revolución cubana.

Las señales de ese mutismo sobre las cuestiones que debieran romper los tímpanos de la insensibilidad doctrinaria son muchas. Llama la atención que no haya atisbos sobre el renacimiento del espíritu de una revista como Pensamiento Crítico; cuestión de símbolos. Como si el nombre del sugestivo impreso fuera la viva estampa del pecado original. Hace pensar que el pueblo no conozca la membresía ni esté al tanto de las investigaciones del selecto grupo de investigadores al que se le ha encomendado el estudio de problemas trascendentes y fórmulas para abordarlos. Los dos grandes diarios de tirada nacional, el Granma y el Juventud Rebelde, siguen inmutablemente de espaldas a la Cuba profunda. Sus líneas editoriales persisten inconmovibles en la propaganda del éxito heredada del concepto de prensa orgánica al Estado, ejercido en el socialismo real eurosoviético. Los males, cuando los reflejan, no son más que episodios a seguir superando de modo que no manchen la obra que se perfecciona.

Más que observar, estudio los informativos de la televisión, Cubavisión lo permite. El afán viene de la necesidad de conocer por todas las vías posibles la imagen crítica que sobre sus problemas ofrecen los cubanos a través de sus medios. Anima advertir que la gente, a pesar del Estado de cosas, sobrelleva los roles de su participación social – laboral, política y cultural - con dignidad y un entusiasmo propio  del optimismo caribeño. Porque todo lo que no exponen los medios de prensa plana y radiotelevisiva constituye un secreto a voces. A pesar de la incomunicación horizontal pública a que los propios medios someten la opinión pública interna. Sin desmedro de los matices sociocultural y político de su programación y del relevante hecho de ser probablemente la única televisión del mundo no esquizofrénica, lo que no ofrece la visión de Cubavisión sobre la realidad interna, afuera se conoce porque los cubanos - mal que le pese a las camarillas bushistas yanquis y a las apátridas de sus acólitos “cubanos” - cultivamos la comunicación familiar con todos los medios al alcance, incluidas las señales de humo. Es eso lo que hace que se pueda conocer con inmediatez a miles de kilómetros allende los mares lo que adentro o se hace pasar inadvertido o se conoce públicamente con vergonzosas demoras. La elocuencia política del hecho no hace mella en la doctrina de la información del Partido y el Estado, empecinados en ignorar que las fronteras entre lo sublime y lo ridículo se diluyen sometidas a esas fórmulas del secretismo estatal. Más importante aún, son fórmulas políticamente ineficaces y portadoras de un alto grado de envenenamiento de los estados de ánimo y cohesión social interna.

¿Qué vamos a hacer con internet en Cuba? o ¡Internet ha de ser regulado a nivel internacional!, han sido las preocupaciones que nos han dejado conocer en recientes declaraciones E.Acosta (Jefe del Dpto. de Cultura del CC del PCC) y F.P.Roque (Ministro de Relaciones Exteriores). La preocupación se torna significativa en la antesala de la inauguración del cable de fibra óptica entre Santiago de Cuba y la Guaira, que suponemos independizará a Cuba del dominio tecnológico y político yanqui en cuanto al acceso directo del país y los ciudadanos sin cortapisas a las autopistas de la comunicación mundial.

He querido bosquejar con las constataciones anteriores el problema del control sobre la información como instrumento de poder político y gobernabilidad dentro del Proyecto Socialista cubano. Un problema que, atenidos a la acepción griega del vocablo y a la práctica del mercantilismo capitalista, no lo es para las realidades políticas del capitalismo. Porque el consenso capitalista en torno al problema de la información es tácito: sin la concentración del poder privado sobre los medios de comunicación no funcionaría el modo de producción capitalista. Es decir, sin el control del establisment político privado-estatal sobre la información no funcionaría el estado capitalista. El dilema a resolver que presupone todo problema no existe. El problema de la insuficiencia, la manipulación y el tráfico rentado de la información es parte de la solución democrática capitalista de la participación social. Un problema que se da tanto a nivel político como específicamente en el aspecto económico.

En cambio, para Cuba las soluciones del problema de la democracia de la información no pueden ser  una cuestión retórica, sino ejecutorias que deberían, que deben definir la naturaleza política de su Proyecto Socialista. No es posible aspirar a la credibilidad interna e internacional persistiendo en cualquier tipo de discurso socialista sobre el régimen de participación social sin plantear la cuestión del equitativo contacto con la información como un axioma político. Me refiero a la producción, difusión y consumo de la información. En palabras de N.Chomsky, se trata de “la capacidad, en todas las fases de la existencia, de acceder a la información y tomar decisiones en base a esa información[1].

Habría que concordar con A.Smith en cuanto a lo anterior – nos convence N.Chomsky -, pero no sólo en la tendencia hacia una igualdad de oportunidades, sino a la verdadera igualdad[2]. Esa exigencia ética, sin embargo, no es muy compatible con la economía de mercado característica del capitalismo. Es J.Stiglitz (junto a sus colegas del Nobel 2001) quien viene a ponerle los pies en la tierra al pensamiento clásico y argumenta que de existir esa igualdad de oportunidades los mercados serían poco menos que perfectos, y que es precisamente el imposible de dicha igualdad en el acceso a la información el que los hace definitivamente corporativos. El impacto en la desigualdad social (el problema del desempleo, la solvencia crediticia, los seguros de vida y el de muerte, la jubilación, el trabajo en la tercera edad, etc) de la llamada asimetría de las informaciones en la economía es un fenómeno de connotación política. Es así por el hecho de pronunciarse en una economía donde al mercado se le han asignado todos los roles reguladores de la participación social.

“Así, un sistema de comunicación social verdaderamente democrático envolvería la participación del pueblo en larga escala, reflejando tanto los intereses públicos como los valores auténticos: la verdad, la integridad y el progreso”[3]. Al puntualizarnos esto, N.Chomsky nos habla de una suerte de imposible en el sistema capitalista. Por el contrario,  el desafío de tal apotegma es digno de un proyecto socialista como el cubano. Un problema factible de resolver.

En efecto, factible de resolver si el cambio de concepto acerca de la participación social asume la idea de la democracia que supere el dogma ideológico sobre la centralidad absoluta del poder económico y político del Estado. Es decir, sobre el carácter suprasocietal del poder estatal.

Para plantearse esa voluntad política es insoslayable el cuestionamiento del modelo cubano actual de reproducción y acumulación de capital. He tenido la oportunidad de analizar este problema desde variadas aristas en disímiles trabajos publicados en Kaos Cuba. Creo ahora oportuno retomar algunas cuestiones, en mi opinión, claves al respecto.

La centralidad hegemónica del poder económico estatal es antidemocrática por antonomasia, así como lo es la centralidad hegemónica del poder económico privado. Hablar de democracia en Cuba bajo condiciones de reproducción, acumulación y concentración estatal hegemónica del capital es defender el sofisma político sobre el cual sostener las formas de gobernabilidad a las que se han acomodado el Partido y el Estado. Sin embargo, los análisis propensos a explicar dicho fenómeno en términos de las ambiciones de poder de la cúpula dirigente no están en condiciones de ofrecer respuestas constructivas al problema de la concepción de sociedad y estado socialistas. Puesto que la pugna revolucionaria por el poder político puede asumirse en Cuba como la consecuencia de la lucha por consolidar un estado no-capitalista. Desde esta perspectiva objetiva lo que importa es poner en su lugar los significados políticos que redefinan la naturaleza del poder popular como la antítesis dialéctica del poder central estatal. Discutidas así las contradicciones, no quedaría espacio para los subjetivismos que justificaran ante la sociedad la omnipotencia del poder centralizado.

El problema intelectual para la elite dirigente de Cuba está en plantearse a sí misma la razón de la centralidad y la hegemonía partidista-estatal del poder político. Si creyéramos que se trata del aseguramiento en el poder de los intereses populares de toda la nación, entonces estaríamos ante el reconocimiento incuestionable del carácter antidemocrático y anti popular del concepto de Estado cubano y de sus formas de gobierno actuales.

La concepción y la estructura institucional del poder político en Cuba se riñen con toda idea que sobre la democracia socialista podamos formularnos. He destacado que la perpetuación del centralismo democrático, supuestamente la idea fuerza de la democracia proletaria en Cuba, según la ortodoxia política cubana, ha servido para enraizar un sistema de poder político autocrático por excelencia. Puesto que uno de los logros estructurales del proceso de transformación revolucionaria ha sido justo la proletarización de la sociedad cubana. Ese hecho político consumado ha quitado todo asidero a las ideas de la llamada dictadura del proletariado, visto como un régimen de necesaria coerción en aras de consolidar el poder popular conquistado.

La sociedad cubana es proletaria. No existe, por lo tanto, argumento alguno que haga creíble la dictadura de la sociedad sobre sí misma. Por lo tanto, lo que objetivamente implican las formas de gobierno hegemónico centralizado es la dictadura del estado sobre la sociedad. Se trata del dictad de la voluntad estatal sobre la sociedad. Un dictad que trasciende toda interpretación racional sobre el papel coercitivo del estado en última instancia en toda sociedad, según nos lo explica F.Engels. La voluntad estatal no es una figura abstracta, se expresa a través de la voluntad política del Partido único, del grupo de personas que detentan el poder político fáctico (amén de institucional). Y ambas voluntades dictatoriales son posibles debido al sistema de propiedad estatal hegemónico sobre los factores de producción. Esa realidad hace posible el dominio económico del Estado sobre la voluntad de emancipación ciudadana de la sociedad.

Los fanáticos, a la izquierda y a la derecha, de las interpretaciones tremendistas tomarán inmediatamente las adjetivaciones acerca de lo “dictatorial” para darle rienda suelta a sus seudo-convencimientos sobre los problemas del socialismo en Cuba. El maniqueísmo ideológico de que son víctimas indolentes no les permitirá el ejercicio del intelecto. Quien se haya molestado en seguir la línea de pensamiento y análisis de mis diferentes trabajos sobre la cuestión del socialismo en Cuba, advertirá disímiles argumentaciones enfocadas a radiografiar y entender el fenómeno expuesto.

En consecuencia, el problema intelectual y político para el Partido cubano es aceptar que tiene que debatir abiertamente sobre conceptos e ideas sobre los cuales no posee ni puede poseer el monopolio de la verdad. Amén de que esa verdad resultará inaprensible en la medida que creamos acercarnos a ella, el pensamiento colectivo cubano no se reduce al colectivo partidista en tanto entidad política. De ahí que el reto intelectual y político para el Partido cubano es entender la necesidad de la multiplicidad de foros de participación política.

Digo a propósito: foros, para delimitar aquí el problema de la discusión sobre el multipartidismo político, cuestión que también he analizado en otros trabajos. Porque en última instancia, no se trata de la negación del multipartidismo a ultranza, sino de su contextualización dentro del socialismo. Préstele atención el lector a los detalles. He dicho: dentro del socialismo. Puesto que no habría otra forma de imaginar el multipartidismo en Cuba, a menos que nos lo planteemos abiertamente dentro de la perspectiva de una transformación capitalista. Es decir, toda idea de multipartidismo en Cuba estaría enfocada a la consolidación política e institucional del socialismo cubano. Note el lector que este autor identifica el socialismo en Cuba como un socialismo anticapitalista. O sea, que inclusive no hay lugar para pensar que aludo al socialismo según lo han definido las socialdemocracias.

Por consiguiente, el otro desafío intelectual y político para el Partido es aceptar la necesidad de conjugar la centralidad del poder del estado socialista (que no del socialismo de estado) con la descentralización del movimiento de la sociedad. Ello significa que el Proyecto Socialista cubano para que sea realista y viable necesita tanto de un estado fuerte como de una sociedad emancipada.

Como puede observarse, afirmo que el problema de la democracia socialista se resuelve en el ámbito de la soberanía ciudadana. Utilizo ex profeso la idea de soberanía y no de libertad ciudadana. Diferencias conceptuales éstas que he venido exponiendo sistemáticamente en mis trabajos. Por el hecho de asociar la soberanía ciudadana con la capacidad del sujeto para autogestionar su proyecto de vida en armonía con la sociedad. La soberanía ciudadana tiene ilimitado campo de acción en el socialismo. He expresado de manera recurrente que en el capitalismo nos tratan de convencer de que somos sujetos libres. Pero que, sin embargo,  esa libertad se limita a la libertad de comportamiento individualizado y no se extiende a la soberanía sobre nuestros derechos: económicos, sociales y políticos. Ese es todo el leitmotiv del sistema de información y comunicación social, orgánicamente dependiente y subordinado a los intereses del estado capitalista. Por lo tanto, la soberanía ciudadana en el socialismo en Cuba ha de reivindicar el derecho a la plena autodeterminación del individuo. Mientras el estado cubano persista en no reconocer el derecho a esa autodeterminación del ciudadano estará en la necesidad de reproducir su carácter suprasocietal y, por ende, seguir haciendo de los instrumentos represivos económicos, políticos y civiles el  fundamento de la gobernabilidad. El callejón sin salida plantea el camino minado que conducirá tarde o temprano a la implosión del Socialismo de Estado.

Llegado ese momento, es importante advertir que las implosiones no necesariamente tienen que conducir a la transición capitalista, tal como sí hemos sido privilegiados testigos en todo el bloque “socialista” eurosoviético. La implosión del socialismo de estado actual puede propiciar la ruptura crítica necesaria para las transformaciones sistémicas socialistas que se necesitan. Para que así pudiese acontecer el pueblo necesita estar informado y preparado, sin exclusión de la propia militancia partidista, falsamente convencida de poseer todas las respuestas posibles. Es ésa la batalla de ideas que se necesita ganar por anticipado, puesto que todo escenario de transformaciones tumultuosas beneficiará aquellos  intereses internos y externos beligerantes que trabajan afanosamente porque la fruta acabe de madurar.

Ante tales reales perspectivas, el desafío mayor del Partido de la Revolución cubana es propiciar que las transformaciones socialistas que urgen respondan a la emancipación de la inteligencia colectiva del pueblo cubano. Las transformaciones conceptuales y estructurales del socialismo en Cuba no pueden ser condenadas a la opción de la implosión, por mucho o todo el partido político que las fuerzas revolucionarias progresistas le puedan sacar. El Partido cubano carga con la responsabilidad histórica de abrir ya las alamedas de la información, la comunicación y el debate determinante en la sociedad. El conocimiento acumulado sobre la necesidad y las expectativas de cambios ha de circular por las arterias de la discusión pública popular. No hay otra forma para el Partido de estar a la cabeza de lo que se gesta. Entronizar al pueblo en el poder y sentar las bases para un renovado pacto social, un pacto socialista

Roberto Cobas Avivar


[1] Noam Chomsky, “Secretos, mentiras y democracias”, editorial UnB, Brasilia, Brasil 1999.

[2] Ibídem

[3] Ibídem

 
 
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Comentarios (7)

#2.- la veta amarilla del numero 1

17-08-2008 18:53

A este comentarista 1 de los derechos y las libertades, se le ha salido la veta amarilla.

Si se fijan bien en lo que escribe notaran que el panico le ha recorrido el espinazo leyendo el artículo.

Señorito, si ud. no polemiza ni con una jota del articulo, díganos,   de qué le sirve la parrafada que repite como cotorrita loca al final del comentario.

A los iletrados vanidosos les asustan tanto las ideas que lo que provocan es lástima.

Yo, suscribo 100% el artículo !!!!!!!!!!!!!!

Me gustaría polemizar con quien suscribiera y expusiera sus negaciones

Vengo afilao !!!!

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#4

17-08-2008 19:10

Vaya, vaya, apareció el que se va por la tangente (recuerdan eso de las mate), lean al numero 3.

Rapidito se pone en la boca el discursito manido de nazismo y estalinismo, claro, no hay que perder la oportunidad para la comparación oportunista.

Al impotente el sexo enseguida le viene a la mente.

Pero, bueno, esperemos que aparezca alguien que tenga mas dedos de frente.

Qué fue eso que dijo Engel sobre TODO  Estado, ajá creo que lo lei en el articulo más arriba ... que era represivos por naturaleza politica.

Entonces este descolocao del piso numero 3 se come las neuronas con cuchara llana.

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#5.- RETRATO

en Cuba|17-08-2008 21:23

No se si de adentro o de afuera, el autor.....
Pero retrata bien la situacion de la prensa en Cuba....
Y tambien la triste disyuntiva del Partido en Cuba......o se abre a discusion o vera derrumarse lo que tanto costo levantar.......caemos en manos de los gringos.......

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#7.- ¡¡EXCELENTE, Roberto Cobas Avivar, EXCELENTE!!

Juan Cano Reguera|18-08-2008 05:42

Esta radiografía que usted nos entrega y el diagnóstico preciso que de ella puede extraerse nos permite profundizar sobre temas que son impostergables a la hora de analizar los cambios que demanda la sociedad cubana. Me refiero a la correlación de fuerza-poder entre la dirección político-partidaria y la sociedad civil cubana.
Precisamente fue el secuestro de las instituciones democráticas por parte de Batista el 10 de marzo lo que definió la unión de fuerzas democráticas y revolucionarias en torno a Fidel para rescatar por la fuerza lo que por la fuerza fue usurpado.

Pero NO hay que olvidar JAMÁS que esas instituciones y esa UNIÓN DE FUERZAS debieron volver de alguna manera a sus orígenes, en favor del equilibrio político y el derecho de formar parte activa en la toma de decisiones trascendentales para la patria, más allá del camino o sistema social más conveniente a la nación. De ninguna manera se habrían permitido el secretismo de estado ni los decretos inconsultos y los NO publicados. De ninguna manera se habrían permitido cargos vitalicios sin resultados concretos, ni los silencios cómplices de la prensa, ni las designaciones arbitrarias, ni muchos de los errores económicos y políticos que nos trajeron estos lodos. De ninguna manera habríamos  perdido nuestra fuerza como sociedad civil para reclamar, por todas las vías, transparencia e información no filtrada.

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#8.- ¡¡EXCELENTE, Roberto Cobas Avivar, EXCELENTE!! (2)

Juan Cano Reguera|18-08-2008 05:57

Tendríamos que conjugar el debate intelectual, el académico y el empírico, con la tarea de ampliar en la sociedad cubana el intercambio cívico y civilizado de opiniones, metas, proyectos. El socialismo cubano –que no el simplista y teórico maniqueísta-, sino el más realista posible dentro de este contexto, necesita SACUDIRSE del lastre de políticas verticalistas, monopolio informativo, secretismo de estado, parasitismo burocrático, y manipulaciones históricas. Es impostergable discernir sobre el futuro teniendo como punto de partida el estado real de nuestra nación en el presente.

Saludos.

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#9.- ¿ Y ESTE QUIEN COÑO ES?

ELKO JONUDO|18-08-2008 21:38

QUIEN ES EL ILUSTRADO JUAN CANO REGADERA ESTE QUE DE MOMENTO HA EMERGIDO EMULO DE PETER CAMPOS Y ¨OTROS¨

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#10.- Muy bueno!!!!!!!

Hope|18-08-2008 21:42

Me uno también a lo que plantea el 7 y califico de genial lo que usted acaba de esponer.Ese precisamente ha sido la situación de Cuba. Ya no vale la pena llorar sobre la leche derramada sino hacer borrón y cuenta nueva sobre lo que hay que modificar.Estoy siendo muy asidua a sus comentarios y veo una claridad que ojalá fuera asumida con sentido práctico y sin temores.Debemos organizarnos y dar oportunidad a que todas las ideas florescan. Es posible un pluripartidismo de izquierda con diferentes ramas aunque un tronco común en el que cada cual pueda exponer lo que considera y al final se llegue por votación a un consenso.Pero sin información adecuada a los protagonistas, el pueblo creo que poco podemos hacer.El día que el gobierno sea la marioneta del pueblo la cosa será diferente.Pero Roberto adelante que la semilla de la verdad no tarda en alcanzar la mentira

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