Sobre el cierre de Delphi
A Luchar por el Socialismo n.º 41
 
El pasado julio los sindicatos CCOO, UGT, CGT y USO, la Junta de Andalucía y la dirección de Delphi pactaron el cierre de la planta de esta empresa multinacional en Puerto Real. Los puntos principales del acuerdo son indemnizaciones de 45 días por año trabajado y la cesión por parte de la empresa de los activos (terrenos, instalaciones y maquinaria) a la Junta de Andalucía que, junto con los sindicatos, serán los encargados de su gestión. En el acuerdo la Junta asume el compromiso de recolocación de la plantilla mediante su participación en proyectos de formación.
 
Sólo la importante movilización laboral, social y política de los trabajadores de Delphi y de la población trabajadora de la zona explica que la multinacional se haya visto obligada a hacer importantes concesiones económicas (sobre todo la cesión de activos). Sin embargo, esto no nos puede hacer ocultar que, con la marcha de la multinacional, se destruyen 4000 empleos, entre directos e indirectos, y que gran parte de los trabajadores de las subcontratas han quedado excluidos de las indemnizaciones y compromisos. Los planes de recolocación, por otra parte, no son garantía de nada, como han demostrado otros procesos masivos de destrucción de empleo por deslocalización. La empresa cede una parte mínima del capital acumulado durante 25 años en Puerto Real, obtenido tanto de la explotación directa de los trabajadores como de las ayudas públicas recibidas. Y ya ha iniciado la instalación de una nueva planta en Tánger, a 90 km de la de Puerto Real, donde multiplicará con creces sus beneficios con niveles de explotación de los trabajadores muy superiores.
 
Lamentablemente los sindicatos han vuelto a entrar en el juego. En lugar de rechazar el cierre de Delphi (“Delphi no se cierra” era un clamor social) exigiendo de la Junta y el Gobierno central la nacionalización de la empresa bajo control de los trabajadores si ésta persistía en su intención de desmantelar la planta --asegurando así la continuidad de los puestos de trabajo y la reorientación de la producción si fuera necesario--, los sindicatos han entrado nuevamente en la lógica de considerar como un mal inevitable las deslocalizaciones, ante las cuales sólo quedaría aceptar resignadamente algunas migajas económicas que mitiguen su impacto.