Ahora resulta que Comisiones Obreras no es de derechas ni de izquierdas, y sí es solamente sindicalista, no hay duda que afiliadas como María Jesús Paredes ha conseguido mejoras materiales suficientes para afirmar que como tal es un buen negocio. Pero lo más delirante de todo esto no es ya que el único diario “de izquierdas” que nos permiten, El País, le ofrezca un espacio para lavar su nombre. Lo más delirante es que el coordinador general de Izquierda Unida la justifique…
Yo no sé cuando María Jesús comenzó a militar en la clandestinidad, un honor que no tiene empero porque implicar una coherencia. Gente que ha militado y duro en la clandestinidad sienta actualmente sus posaderas entre los poderosos, y entre no ellos no faltan, por citar un ejemplo ilustrativo, quienes figuran en la FAES como avanzada de la lucha de clases…contra los trabajadores. Porque, en realidad, lo que hay detrás de todo esto es que la iniciativa de la lucha de clases la está llevando el Gran Dinero, y el “caso” María Jesús Paredes (o el “caso” Llamazares), vienen a demostrar que les va muy bien. Parece que la consigna generalizada de gente es así es aquella tan popular es, sí no lo puedes vencer, pues únete a ellos.
No sé cuando María Jesús comenzó sus clandestinidades, pero sí en aquel momento algún novelista o autor teatral nos hubiera hecho una descripción del caso o los casos, habría llegado el clamor al cielo. En mi caso fue allá por la segunda mitad de los años sesenta, y ya el nombre de Comisiones, el movimiento con el que nací a la lucha, sonaba entre el personal que “no tragaba” al régimen. Entre sus numerosas virtudes se encontraba el hecho determinante que se situaba fuera de las siglas clásicas, y de los conflictos entre ellos. En un principio aceptaba por igual a trabajadores de todas las ideologías, incluso había algún falangista de izquierda, lo cual da pie seguro para alguna ironía. Defendía un método abierto, asambleario, y pronto los más jóvenes tomaron la iniciativa por encima de los que habían hecho la guerra. Sí tenía un lugar un debate era sobre quienes y como se era más combativo.
Todavía conservo uno de aquellos documentos iniciales, y repaso su contenido con el que siempre me sentí identificado. Se trata de uno de los primeros redactados, seguramente por compañeros y compañeras de Madrid. En él se definía a Comisiones como “una forma de oposición unida de todos los trabajadores, sin distinción de creencias o compromisos religiosos o políticos”, y se rechazaban “unas estructuras sindicales que no nos sirven”. Comisiones había surgido “como una necesidad de defender nuestras reivindicaciones inmediatas y de preparar un mañana de libertad y unidad sindical”. Por todo lo cual, Comisiones no era, ni pretende serlo mañana, un sindicato y menos todavía una agrupación política”. Su primer objetivo era “la conquista de unas libertades básicas que permitan a los trabajadores, reunidos en asambleas democráticas, decidir sobre su futuro, creando su propia organización sindical como lo estime conveniente la mayoría, con absoluto respeto a las minorías auténticamente representativas de sectores de trabajadores”.
Ahora lo dirigen minorías representativas de un sector de trabajadores más o menos instalados, a los que gozan de adquisiciones logradas en tiempos de lucha, mucho de los cuales han encontrado en la propia estructura del sindicato unas ventajas sociales que ya quisieran el resto de los trabajadores. Baste un ejemplo, un trabajador de la plantilla de comisiones que fallezca podrá legar la integridad de su salario al o la cónyuge incluso sí el heredero posee tantos bienes como Mª Jesús Paredes.
Sin embargo, por entonces, en medio de aquella España del franquismo prepotente con vocación de “eternizarse” y que presumía de haber superado la lucha de clases con el “milagro español” que llevaba al obrero descalzo y malnutrido a tener casa y 600, Comisiones emergía como “un movimiento independiente, de la clase obrera”, que rechazaba “cualquier clase de verticalismo’ o de sometimiento, a las consignas de la Administración o de cualquier grupo político”. Un “sindicato de nuevo tipo” que se regía por “el principio democrático (tanto para tomar decisiones como para elegir a nuestros representantes)”, lo que se evidenciaba por los hechos, ya que quien “haya asistido a nuestras asambleas o reuniones ha podido participar ampliamente, sin cortapisas, con todo el peso de su voz y su voto, en las decisiones y en las discusiones. Practicamos hoy la democracia porque sabemos que en la auténtica democracia obrera está nuestro futuro...”
Es más: Se preparaban para un futuro de unidad obrera, ya que “seremos los propios trabajadores los que en su día tendremos que decidir sobre la forma del futuro sindicato español”. Además, se abogaba por «la unidad sindical, siempre y cuando esta unidad esté basada en la libertad, la democracia y el respeto a la diversidad de los grupos ideológicos participantes”.
El documento contenía un párrafo especialmente atractivo que decía: “La división sería un suicido de clase en la España de los monopolios cuando tenemos enfrente un capitalismo poderoso con sus organizaciones patronales e industriales unitarias”. Al repasar estas notas parece evidente que lo segundo sigue igual, mientras que lo primero se perdió por el camino. Ya entonces, en aquel documento inicial se advertía: “Parece claro que todos debemos velar para que bajo la capa de una libertad mal entendida no se nos arrebate y se dispersen en cien pedazos los medios e instrumentos sindicales que se han ido acumulando con nuestras cuotas y nuestros sacrificios hechos de jornadas de trabajo agotadoras, mantenidas constantemente, de privaciones sin cuento de nuestras familias”.
Confiados en que esto no iba a ocurrir, teníamos la gran ilusión de llegar e ¡incluso superar a otros movimientos sindicales extranjeros si acertamos a conjugar la autenticidad sindical con la posesión de los medios materiales acumulados en torno a la organización sindical oficial que hoy controlan el Estado y los patrones”…
¿Qué ha pasado para un cambio tan impresionante?. Pues muchas cosas. La primera es que realmente hubo un cambio social importante desde los años sesenta hasta principios de los ochenta. En aquel tiempo, el país conoció un fuerte avance económico, y a caballo de la lucha antifranquista el movimiento obrero impuso mejoras muy considerables. Así pues, no solamente consiguió hacer el neofranquismo inviable, también convención a la patronal que al final, aquella dictadura a la que tanto habían recurrido para imponer el orden, se había convertido en una fuente de desórdenes. La patronal entro con la nuestra –las libertades- para salir con la suya: los desórdenes (o se las movilizaciones) atentaban contra la democracia. En este discurso, la burguesía encontró dos aliados fundamentales. De una parte la derecha armada con la amenaza golpista, habían tenido que aceptar un cambio de régimen, pero la condición era la “normalidad política”. De otro por la izquierda: aupado electoralmente por el antifranquismo el PSOE ganó para hacer viable el mismo programa político que la UCD no estaba ya en condiciones de liderar.
Después del golpe de estado semifracasado del 23 f (fracasó como tal pero subrayó los límites de las libertades y reforzó el papel de la monarquía y por lo mismo de la derecha económica que había domesticado al PSOE, ellos podrían gobernar pero a condición de actuar como sus gestores “leales”).
En estos márgenes, Comisiones Obreras siguió siendo el sindicato con más apoyo social combativo, y así lo demostró ocasionalmente en huelgas parciales y en algunas convocatorias generales. Pero esos apoyos no se tradujeron en un cambio en la correlación de fuerzas entre la derecha y la izquierda sindical. Esta derecha acabó apartándose del mismo PCE que había obligado a Comisiones a firmar los Pactos de la Moncloa, y comenzar su propia carrera como aparato sindical, su lugar al sol. Llevaron a Comisiones donde ya estaba la UGT, al mismo pesebre. Antonio Gutiérrez (y antes Julián Ariza, Nicolás Sartorius y otros clandestinos del proceso 1.001), ha representado este ascenso mejor todavía que el de la María Jesús, para éste ya no se trata ni siquiera de ser sindicalista: se trata de entender de macroeconomía (y de olvidarse que ésta favorece a unos pocos en detrimento de las mayorías). En estos márgenes lo que antes habían sido referentes, los llamados países socialistas o los nacionalismo antiimperialistas del Tercer Mundo entraban en franco declive, y por lo tanto, hablar en los mismo términos que en los años sesenta empezó a parecer propio que “dinosaurios”.
Lo que quedaba de la izquierda militante en Comisiones sufrió un descalabro con el “harakiri” del MCE, que hasta entonces representaba una franja de sindicalistas muy combativos (y un tanto sectarios, muy “comunitarios” en un partido que funcionaba bastante como una gran familia), y que con la suma de crisis que conllevó la restauración conservadora (el apogeo de la llamada “revolución” neoliberal), y con la consiguiente implosión de la LCR. Ésta se fraccionó sindicalmente, un sector de los viejos rockeros se pasó con armas y bagaje al aparato (Joaquín Nieto y Ramón Górriz son los más conocidos, pero no los únicos; al igual que había ocurrido con las instituciones, mucha gente probada pero también cansada y desilusionada encontró su “modus vivendis” en un aparato que le solventaba el plan de vida), y lo que es más triste, se convirtieron en conversos dispuestos a hacer méritos haciendo la guerra a sus antiguos camaradas…Otro sector, representado por trabajadores como Juan Montero o por economistas de la talla de Juan Albarricin y Pedro Montes. Estos formarían parte destacada del sector crítico, real en Madrid y en diversos lugares, absolutamente fatuo en Catalunya (gente del PCC, y de la derecha del PSUC viu), salvo contadas excepciones.
Todo esto se explica en una curva de descomposición del movimiento obrero tradicional con la reconversión industrial y todo lo de más, con la imposición de nuevas formas de vida en las que la vida social ha sido sustituida por una creciente privaticidad, por varios cortes generacionales que han resultado devastadores para la conciencia social…A todo esto habría que sumarle el derrumbe del llamado “socialismo real” que durante mucho haría (como en los Estados Unidos) que el anticomunismo llegará a tener mucho más peso que el anticapitalismo…




Perestroiko|07-01-2008 09:07
Oído a José Maria Cuevas ayer en "La sexta":
  Durante la Transición, había tres focos de conflicto: el religioso, el nacionalista y el laboral. Hoy, los dos primeros están tan enconados o más que como entonces, pero el tercero, ese lo hemos conseguido moderar. 
Queda para cada quien juzgar si esto significa que la botella está medio llena o medio vacía. 
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Petición de aclaración...
Makhno|07-01-2008 20:34
...a  Pepe  Gutiérrez ¿Se trata de una recopilación de correspondencia entre tú y J.M. Delgado mezclada con otras cosas? No acaba de quedar claro qué partes del texto corresponden a uno y a otro, cuáles a una ponencia para un encuentro de militantes jóvenes, cuáles a una reflexión reciente ¿podrías revisar eso en aras de una mayor claridad?
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Sobre sindicatos y el artículo
Negador|07-01-2008 21:40
En principio tengo la misma opinión y pregunta  que Makhno no distingo claramente los componentes del artículo en sus exposiciones. Aparte de eso mi modesta opinión sobre el sindicalismo es que primero este dede ser unitaro, segundo debe ser de clase e independiente y basarse en una opción superadora del capitalismo.
¿Y que es lo que tenemos? La debacle general del sindicalismo de sistema CC.OO., UGT y afines. ¿Y por qué? fundamentalmente por haber aceptado la imposición de las antiguas elecciones de jurados del vertical franquista, nos quisieron vender la bola de que los llamados  Comités de Empresa tan pomposos y demás eran un avance, cuando han a la larga  sido claramente un retroceso  y ahora empieza la descomposición.
Las eleciones sindicales son un cáncer para el proletariado español,  los sindicalistas de una empresa o sector deben basarse en lo suyo, es decir, a constituir secciones sindicales con delegados rotatables para evitar todo burócratismo y en ningún caso liberados alguno, solo con el trabajo heróico y callado de los compañeros crece y se fortalece el auténtico sindicato: La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) al la  que invito a conocer y afiliarse a todos y todas.
Saludos. N.
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Makhno|07-01-2008 22:33
Negador, también pertenezco a la CNT, pero no creo que sea el único sindicato, como parece traslucirse de . No me parecen sanas las pretensiones exclusivistas. Que cada cual trabaje desde sus posiciones y opciones por construir organización obrera, en el camino nos encontraremos, y entonces y sólo entonces podremos hablar de "organización de clase, independiente, unitaria y superadora del capìtalismo", sobre todo de lo último, que hasta que no se llegue a  ese momento de madurez  seguirá siendo muy muy complicado, por no decir imposible.
Saludos
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El primer comentario es muy cierto
Don Hilarión|07-01-2008 22:46
En una Nación Opresora la lucha de clases se comvierte en una contradicción secundaria, y la Lucha Nacional pasa a ser la contradicción principal.
Los curritos españolistas, al tener una conciencia lerrouxista y falsa, pasan de ser clase obrera a ser Clase Media Baja. Igual ocurre con los gabachos, los paletos yankis, o los proddys orangistas que están de charnegos ingleses en Ulster.
Por favor, hijos míos... os voy a leer la cartillaaa... Es de lo más elemental, no os pido que os aprendais la Transformada de Laplace, ni las declinaciones del sánscrito, sólo leeros un poco a los clásicos: Politzer, Marta, Althusser, Mandel...
Para pertenecer a la clase obrera no basta con ser un trabajador manual asalariado (eso es meramente la clase obrera en sí) mas hace falta tener una Conciencia de Clase (que forma la clase obrera para sí).
(Lección básica de Marxismo de Cátedra... aplausooos... risas...)
La clase media baja españolista está al lado de los torturadores y en contra de los torturados.
Se identifica con su oligarquía, y se ve a sí misma como un apéndice de su clase dominante, y experimenta así un placer masoka y perverso.
Igual que el machismo y el maltrato familiar se perpetúan porque las marujas se identifican con el machito fascista que las humilla y las flagela.
Por eso hay que cambiar TODA la base.
Destruir, cual topos (como decían los troskos)  y termitas, la casa del enemigo, que es ejpaña...
Para contruir nuestra casa, que es CASTILLA.
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LA INOCENTADA DE Mª JESUS PAREDES
fito|07-01-2008 23:15
El pasado viernes 28 de diciembre, tengo que reconocer que me llevé un tremendo sobresalto, al leer en el periódico una entrevista a la ex-secretaria general de banca de CC.OO., Mª Jesús Paredes, en la que el titular resultaba al menos un tanto llamativo:”CC.OO. no es un sindicato de izquierdas; es solo un sindicato”.
Menos mal que un servidor, que se tiene por un avezado lector que está a la que salta, reparé en la fecha del diario, y me percaté que no podía ser otra cosa que las recurrentes “inocentadas”, de las que tanto gustan los medios de comunicación en estas señaladas fechas. 
Aliviado al constatar que se trataba de una broma, si me hizo reflexionar la entrevista, en el supuesto que las respuestas de la compañera Mª Jesús hubiesen sido otra cosa que un puro divertimento navideño...
 
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Fitoma|07-01-2008 23:17
Pensaba  que una persona como yo, que ha defendido siempre en el sindicato su independencia y autonomía respecto de las fuerzas políticas, y al que nunca le han interesado los debates sobre la vida de los compañeros y compañeras, salvo en lo que afecten en la credibilidad  de  las organizaciones en las que milito, pero siempre desde el principio de inocencia de quien pudiese ser acusado interesada o desinteresadamente, y que además no forma parte de corriente sindical alguna en CC.OO., me hubiese visto en la necesidad de contrastar algunas afirmaciones hechas por mi compañera Mª Jesús en tan lúdica entrevista.
De no ser por todo lo expuesto, hubiese tenido que manifestar que no debe confundirse la parte con el todo. Que uno puede no saber después de mucho tiempo que es un sindicato de clase, pero que eso no significa que CC.OO. no lo sea, salvo que en el próximo Congreso Confederal se decida democráticamente lo contrario. Que algún compañero o compañera considere que el sindicato debe circunscribirse a la defensa exclusiva  de las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, abstrayéndose de la sociedad en la que se vive, y de como afecta a éstas las correlaciones de fuerzas entre las diferentes opciones políticas, es perfectamente légitimo, pero para que CC.OO. opte por ese modelo de sindicalismo deben ser sus afiliados y afiliadas, los que determinen que vamos a dejar de ser un sindicato sociopolítico y de clase...
 
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Fitomalo|07-01-2008 23:18
Me consta que hay otros sindicatos que no son ni sociopolíticos, ni de clase. Nada que objetar al ejercicio democrático de entender de una manera u otra la contradicción capital-trabajo. Nada que decir a que haya sindicatos que no consideren oportuno incidir en lo que se denomina salario indirecto. Fiscalidad, educación, sanidad, servicios sociales, cobertura social, servicios públicos, transporte, políticas de igualdad, participación sindical en los consejos de administración, derecho a la vivienda, paz, solidaridad, cooperación al desarrollo, y multitud de problemas que viven todos los trabajadores y trabajadoras todos los días, más allá de las condiciones laborales concretas  que viven en sus empresas, pero que están totalmente afectadas por todo lo anterior. Esto y algunas cosas mas son las que algunos entendemos por sindicalismo sociopolítico y de clase. Lo que no quiere decir que se tenga que estar de acuerdo con ello, sencillamente es por lo que algunos y algunas vamos a seguir luchando....
 
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Fitomaloca|07-01-2008 23:19
...Tampoco cuestionaría yo la legitimidad de estar en una lista o pertenecer al PP. Es un asunto de estar instalado en favor de unos intereses de clase, si de clase, o en otros. Si yo fuera del PP, defendería que la vivienda fuese un instrumento que permitiese generar el máximo beneficio empresarial posible, frente al derecho constitucional de las personas a una vivienda digna y asequible, y a la obligación de los poderes públicos de satisfacer ese derecho. Por eso ni considero  un honor ni un deshonor ir en una lista del PP. ...
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Fitomalocato|07-01-2008 23:21
...Sencillamente defiendo, en la medida de mis posibilidades, los intereses de la mayoria social, que entiendo no son los que defiende el PP, si no los de las minorías privilegiadas, independientemente de que también voten a este partido muchísimas personas de extracto social bajo.
Pues eso, que me quedo mas tranquilo porque CC.OO. es un sindicato sociopolítico, plural, de clase y de izquierdas. Malditas inocentadas.
Salud,feliz y laico 2008.
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disculpas
pg-a|08-01-2008 00:16
  Lo siento, el artículo acaba en donde dice que el anticomunismo tendrá más peso que el anticapitalismo, lo que viene después es simplemente un dossier montado sobre un artículo anterior que acababa de hojear. No hay tal corespondencia, sí buen amistad, pero -repito- hay un error... Pediré a Kaos para que lo subsane...
  Mis disculpas
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A las/ los Fitomas
Negador|08-01-2008 08:43
No me refiero a lo que digan los CCOO de sí, me refiero a la polítitica suicida que ha llevado a cabo esta confederación en apuntalar este sistema, en vez de lo contrario, o al menos de que nos hagan creer que esto que vivimos es izquierda...o algo así, No se engañe, a los hechos solamente fijesé.
Saludos. N
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Por. Un sindicalismo al servicio de los trabajadores
B.G.M.|08-01-2008 14:33
   
CC.OO. Siglas, hay que darle contenido arrimando el hombro los trabajadores/as en plural activistas, revolucionarios, habladores, callados, y pasivos despertados,   única forma de desplazar a los acomodados, presentando listas alternativas en los congresos   un empezar de nuevo teniendo en cuenta que el sindicalismo es una rutina del cocimiento de la jurisprudencia laboral, que los nuevos sindicalistas han de aprender, y los acomodados las tienen aprendida.
   
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09-01-2008 01:23
"un empezar de nuevo teniendo en cuenta que el sindicalismo es una rutina del cocimiento de la jurisprudencia laboral, que los nuevos sindicalistas han de aprender, y los acomodados las tienen aprendida".
El sindicalismo no sólo es eso. Es eso, y mucho más. Primero de todo, la rebeldía, que sin eso no vamos a ninguna parte. Lo otro viene con la experiencia y muchas ostias
Salud a los  que luchan 
   
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EL SINDICALISMO NO ES UN INVENTO DE NINGUN TEORICO, ES LA REPUESTA NATURAL DE LA CLASE OBRERA A LA ESPLOTACION CAPITALISTA
Benito Gómez Moreno|11-01-2008 15:24
Compañero Álvarez, vaya por delante mis respetos, en este candente tema sobre el sindicalismo procuro no salirme de cauce pero abecés hay que emplear palabras digamos fuerte desde el respeto entre culturas o familias.
  El sindicalismo es mucho más de lo que yo decía en mi comentario pero todo es necesario. 18 años dedicado al asesoramiento sindical compartido con mí trabajo, en el perfecto uso de las horas de garantía sindicales que me correpodian como Delegado sindical en una empresa con comité de 9 miembros.20 horas   mes. Supe estar a la altura sin hacer alarde de mi saber. Asesore sobre sus derechos laborales, a Pilotos de la aviación civil comercial, artistas del arte dramático de San jugad, algún que otro profesor de Instituto, Médicos, alumnos de diferente carreras y niveles de Vellaterra cuando en su asignatura figuraba algún tema relacionado con el sindicalismo.
  Asesorar desde el contenido de 112 convenios de Rama sobre derechos laborales es algo más  de eso, tienes toda la razón. A parte de recibir a diario el BOE, el VOP, y el DOP, mas la Jurisprudencia social,  te puedo asegurar que todos aprendemos de todos, un peón de albañil te puede despejar una incógnita que desconoces. Lastima que un puñado de oportunistas entre ellos algún mata sanos como Fidalgo, hayan hecho del sindicato su medio de vida para comer sin trabajar.Un cordial saludo y ánimo para la lucha.
SALUD
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