Cinco días de mutismo oficial, cinco más de opacidad y hasta tres versiones oficiales diferentes para esclarecer por qué Xavier Vilaró, máximo responsable de la Guardia Urbana de Barcelona, ingresó en el Hospital del Mar el 30 de junio tras los incidentes en las celebraciones por la victoria española en la Eurocopa.
Vilaró, que ingresó en la UCI seis horas después de estos altercados con policontusiones y un traumatismo lumbar, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para serle extirpado el bazo y ha permanecido 15 días hospitalizado. Pero el ingreso y posterior operación de Vilaró sólo se hicieron tímidamente públicos –cuando ya se conocían en algunas redacciones– el viernes 4, mediante una escueta nota del Ayuntamiento que mencionaba un “traumatismo abdominal”. No hubo explicación oficial hasta que el 9 de julio comparecieron conjuntamente el Ayuntamiento y la Consejería de Interior para informar que las lesiones del jefe de la policía municipal habían sido provocadas por el impacto de una pelota de goma disparada por los Mossos d’Esquadra.
El domingo 14, ante las dudas publicadas por varios medios de comunicación sobre el origen real de las lesiones y de lo sucedido entre las dos y las ocho de la mañana del 30 de junio, el Ayuntamiento amenazó con querellarse. Algunos medios habían recogido la posibilidad de que las lesiones podían haber sido producidas en el transcurso de una pelea en un local de ocio nocturno. Finalmente, la pasada semana, Assumpta Escarp, concejal de Seguridad por el PSC, cargó personalmente con esa ocultación y con la pésima gestión informativa en una reunión ante los grupos municipales. Aunque Escarp declinó asumir responsabilidad política alguna. Del testimonio directo de Vilaró quedan hoy demasiadas contradicciones.
DIAGONAL, que cubrió aquellas cargas, pudo constatar que en la zona de la plaza España donde el responsable policial afirma haber sido alcanzado no hubo lanzamiento de pelotas. Además, según la versión oficial, el máximo responsable de la Guardia Urbana –que no disponía de walkie talkie y se comunicaba por móvil– recibió el impacto a cinco metros y sin rebote previo. Este testimonio contrasta abiertamente con la versión de los Mossos, que relatan una actuación impecable, “sin un milímetro de duda”, según Joan Delort, del Departament d’Interior. Las instrucciones internas obligan a disparar las pelotas a 50 metros y con rebote obligatorio, salvo en situaciones de causa mayor, en las que se puede disparar a una distancia inferior pero sólo sobre las extremidades inferiores. Alguno de los dos cuerpos policiales, en este aspecto, miente abiertamente.
Respecto a las 88 pelotas de goma disparadas por los Mossos en la carga policial en la plaza España, Interior también dice desconocer las lesiones sufridas por al menos otras cuatro personas –un hombre de 55 años, dos jóvenes de 16 y un menor de 15– pese a que estos recibieron atención sanitaria en ambulancias que estaban frente a los mandos de los antidisturbios. Pese a todo, Interior, manteniendo la versión oficial, ha afirmado que “en absoluto” se replantea el uso de este material antidisturbios. Los disparos de pelotas de goma han causado decenas de heridos en el Estado español en la última década, incluida la muerte de la donostiarra Rosa Zarra en 1995.
En todo caso, queda acreditado que Xavier Vilaró –que paradójicamente ha defendido que la policía municipal disponga de equipamiento antidisturbios– ocultó información. También ha quedado demostrado que, a las 2.20 de esa madrugada, Vilaró se despidió de su lugarteniente y de los mandos de los Mossos sin comentar nada de lo sucedido.
La Federació d’Associació de Veins de Barcelona (FAVB), ante las contradicciones de las sucesivas comparecencias municipales, ha exigido que se depuren responsabilidades y se abra una investigación imparcial. El pasado 17 de julio, a modo de carpetazo, todos los grupos municipales –incluido el PSC– suscribieron una declaración conjunta donde lamentan “la falta de información y transparencia”. La ocultación municipal atañe también a la gravedad de los altercados de esa noche en diferentes puntos de Barcelona, capitalizados por la extrema derecha en la plaza España y la plaza Artós. Finalmente, el consistorio ha reconocido que los daños ascienden a 190.000 euros, los más graves en cuantía en una celebración deportiva en la ciudad. Los informes policiales de Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana, a los que ha accedido DIAGONAL, refieren barricadas de fuego y enfrentamientos, autobuses con cristales rotos, el asalto a un camión de bomberos y amplios daños en mobiliario urbano. A la mañana siguiente, en otra versión oficial, el alcalde Jordi Hereu se felicitaba por “una celebración cívica y festiva sin incidentes destacables”.



