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Silencio

Semana Santa, tiempo de reflexión.
Pepcastelló | Para Kaos en la Red | 24-3-2008 | 345 lecturas | 1 comentario
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Tras la pasada movida electoral nada mejor que una Semana Santa para la introspección y el análisis serio de los pasos seguidos. Unas horas de silencio es lo más indicado para reflexionar en profundidad sobre la propia actuación, para recordar qué se ha estado haciendo a lo largo de la última legislatura y qué se pretende hacer durante la que comienza.

Quienes hemos votado sin convicción, con rabia e impotencia porque otra no había, a alguno de los partidos despeñados dudamos entre alegrarnos o lamentar el descalabro de nuestros elegidos, y pensamos que ojalá les sirviera de escarmiento. Nada como un fracaso para hacer reflexionar. Pero no esperamos que lo hagan, pues tenemos casi por seguro que más que en la introspección los políticos vencidos emplearán su tiempo en discurrir como soslayar las críticas de sus adversarios internos, de quienes están siempre aguardando el momento de atacar con fuerza a los de arriba a fin de derribarlos y ocupar su sitio. Porque otro no es el móvil de la política sino la ambición. Lejos quedaron ya los ideales y quienes los regaron con su sudor y sangre. Ahora la política es una profesión como otra cualquiera hecha a medida de ávidos oportunistas.

Hay un abismo entre algunos representantes políticos y sus electores. A lo largo de la legislatura ha habido un montón de iniquidades por denunciar y de acciones sociales por alentar, y ésta es la tarea que se hubiesen tenido que asignar quienes estaban ocupando los escaños de la izquierda. Quienes ansiamos un mundo más justo y más humano desearíamos poder votar a unos representantes políticos que compartiesen nuestras inquietudes, pero en vez de esto, lo que tenemos son gentes interesadas en subir lo más alto posible. Y encima, torpes. Porque si de verdad quisiesen optar a lo más alto no tendrían que hacer más que representar políticamente durante la legislatura al público que desea poder votarlos que lo hay, por más que sea minoritario. Pero, ¿qué han hecho? Esto es lo primero que debieran preguntarse: ¿«qué estamos haciendo en el mundo de la política»?

Otra cosa es quienes no han podido participar por habérseles negado el derecho que tenían de hacerlo. En estas años de democracia burguesa que llevamos vividos hemos podido observar bien de qué modo está amañado el juego político, y hemos visto también hasta donde llega la perversión de los partidos más fuertes, que no satisfechos con la famosa Ley D‘Hondt no tienen el menor escrúpulo en recurrir a lo que sea para sacarse de en medio cualquier competencia molesta que pudiera superar esa ignominiosa barrera. Nada esperamos pues de la política, pero somos conscientes de que no podemos escapar de ella. Un Estado necesita ser gobernado, y las tareas de gobierno requieren profesionalidad. Y la democracia, ni que sea amañada, exige la participación del pueblo.

No soy sociólogo  ni especialista en política, pero lo que veo desde mi posición de ciudadano de a pie es que en una sociedad bienestante como la nuestra, la izquierda no tiene ninguna opción de gobierno. Ningún partido que anteponga los intereses del pueblo a los del capital va a tener la menor oportunidad de gobernar. No se lo van a dar ni los amos del dinero ni esa gran parte de la población consumista que sin siquiera saberlo da soporte con su forma de vida al pensamiento neoliberal.

Es inútil esperar que surjan dirigentes políticos para representar a una ciudadanía que no existe o que si existe no se manifiesta. No cabe soñar en una izquierda política sin una izquierda social, ni en ésta sin una ciudadanía consciente y activa. Ser pueblo exige ejercer como tal, vivir con conciencia y participar activamente en la vida ciudadana. Y ¿quién se ocupa de despertar esta conciencia? No veo yo que abunden propuestas de formas de vivir y de pensar distintas de las que tienen quienes votan a los grandes partidos.

Cada vez veo más necesaria una oposición constructiva a lo largo y ancho de toda la piel de toro. Y con métodos nuevos basados en pensamiento nuevo, porque los tiempos no están ya para excesivas algaradas ni formas de protesta que lo único que hacen es generar malestar entre la población conformista, que es la mayoría. Se precisan ofertas nuevas para un mundo nuevo, acciones pensadas para despertar conciencias y ayudar a construir un paradigma distinto del que nos ha traído la forma de vida impuesta por el neoliberalismo capitalista. Un mundo nuevo se construye haciéndolo, y esto exige implicarse en el proyecto. Pero desde la honestidad, porque el pueblo repudió hace ya mucho tiempo las conductas hipócritas de políticos y clérigos que predican lo que no creen ni hacen.

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Pepcastelló

 
 
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Comentarios (1)

#1.- Lo sabía

29-03-2008 18:08

las conductas hipócritas de políticos y clérigos que predican lo que no creen ni hacen."

El problema, más que no creer en lo que se predica y se hace , está en todo lo contrario: en predicar y hacer aquello en lo que se cree. Esto es lo que hace Zapatero, por ejemplo. Cuando uno debería hacer tan solo lo que sabe a ciencia cierta. Y si uno no sabe, lo mejor es que se esté quitecito y aprenda a reconocer la sabiduría de los demás.Lo mismo, que cuando uno no sabe lo que dice, en lugar de decir lo que cree y despreciar a los demás cuando hablan, sin escucharles siquiera, más le valdría callarse.

Pero bueno, también se comprende que a muchos les guste ir de ultraprogres por el Kaos. o ¿A qué viene aquí Semana Santa?

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