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Un servidor... "Economía y libertad, o profusión y servidumbre"
Eso de servir a un gran señor para auparse por encima de los que dicen no servir a nadie es viejo.
nonetanti (Para kaos en la Red) [27.04.2008 21:47] - 213 lecturas - 0 comentarios

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El paro afecta más al sector servicios que al de la construcción. En lugar del final de la burbuja inmobiliaria lo que nos va a inmovilizar es por lo visto el que se nos deshinche la pelota escarabajera de la servidumbre. Un servidor, que proviene de una familia de hoteleros y restauradores de cuatro generaciones aprendió pronto a distinguir entre ser servil y servicial. A que hay opción.

Para Gorz, como para algunos otros anarcas, la diferencia entre derechas e izquierdas tendría que pasar más por la autonomía-heteronomía que por lo de explotado-explotador. Es posible. Según eso los servidores serían un poco fachas todos, y eso de andarnos dando trabajo los unos a los otros constantemente no sería precisamente hacer la revolución. Para ellos, el que el sector servicios no dé trabajo a tanta gente, sería el camino para animarnos a la mejora del mundo con la mejora de nuestra persona a base de disminuir nuestra necesidad de “servicios”. Aún recuerdo qué contento me puse cuando supe que mis hijos no tendrían que hacer el servicio militar. Hace unos años incluso se hizo borrar de una montaña cercana al una academia de suboficiales unas letras que tapando el “Franco, Franco, Franco”, llamaban a “Servir, Hasta, Morir”. Ahora la vegetación no ha cerrado todavía las huellas, pero parece que el objetivo de la academia no es cosa de que quede tan claro.

Eso de servir a un gran señor para auparse por encima de los que dicen no servir a nadie es viejo. Es más, puesto que de todos modos hay que acabar sirviendo a alguien, ¿no es mejor hacerlo por amor, hacerlo queriendo? En un viejo test militar la pregunta clave era, ¿Usted qué prefiere mandar u obedecer? ¿Mandar?: Clase tropa. Hoy hay mucho servidor público, de los subcomandantes para abajo, que con lo de servir al pueblo encuentran la fuente de interminables privilegios. A los mismos organicistas les va bien hacer el papel de holistas nobles, de buena gana dispuestos a servir a la totalidad o a la cosa pública en el papel de cerebros sabios o estómagos útiles de la sociedad entendida como un todo. No dudando del “servicio puro” como fórmula para que el resto de los órganos se mantengan en su sitio. Hoy, los políticos nos servimos del pueblo como en otros tiempos nos servíamos de Dios, para arreglar cuentas entre clérigos, porque de los que dicen servir a Dios ¿para qué recordar tristezas?

La locatio conductio operarum, el contrato asalariado de servicios, fue siempre visto por los antiguos como un contrato de esclavitud temporal, indigno de hombres libres. Como un contrato que violaba el rasgo segundo de la personalidad libre (que no consiente en la sumisión, la subordinación civil voluntaria). Jefferson, Madison, Kant o Robespierre nunca pensaron de otro modo. Hubieran suscrito aquello de que Servile caput nullium ius habet. Para ellos, como para esos griegos, de los que tanto se ha exagerado y con los que tanto se ha mentido, el trabajo era indigno del ciudadano no porque estuviera reservado a las mujeres y a los esclavos; muy al contrario, estaba reservado a las mujeres y a los esclavos porque "trabajar era someterse a la necesidad". Y sólo podía aceptar este sometimiento aquél que, a la manera de los esclavos había preferido la vida a la libertad y por consiguiente daba prueba de su espíritu servil.

Hoy nos encontramos en una situación en la que cabe preguntarse si ¿no es acaso la acumulación de experiencias lo que cabe esperar de una sociedad donde cada día los servicios son más importantes que los bienes materiales como producción económica básica? Y es que hasta aquí hemos llegado: en el lenguaje oficial ya no es el trabajo quien crea los productos sino la producción quien crea el trabajo. Ya no se trata de trabajar para producir, sino de producir para trabajar, así cada persona podrá ejecutar, a tiempo pleno, tareas sin ningún interés, al servicio de otras personas, con el fin de poderse pagar los servicios, igualmente fastidiosos, que otros ejecutarán para ella.

En cuanto a la enseñar y aprender ¿sigue siendo necesario recordar que la acción pedagógica no es sólo la adquisición de conocimientos? Que es una acción psicológica y política, una acción reguladora. Que sirve a la creencia y al deber: se enseña y se aprende para creer y servir.

Nuestros “superiores”, todos están, como los héroes y personalidades extraordinarias, protegidos por el mito, por nuestro analfabetismo mitológico. Ese mito que tuvo durante mucho tiempo por componente mayor la inagotable bondad del soberano. Él era el padre de sus súbditos; no pedía más que aliviar a su pueblo. Pero era engañado por sus ministros y los agentes locales de estos. Así, durante siglos, no hubo revueltas contra el rey. Era un personaje sagrado que estaba por encima de toda sospecha, sino solamente contra sus indignos servidores.

Hubo un tiempo en que había que contar con la fidelidad de los servidores. Ahora, por lo visto, también por ciertos lugares de internet hay que contar con ella. Para los malos tiempos que nos cantan la voluntad de servicio será particularmente encomiada. Creo que era de aquel gran era Jefferson lo de: "Economía y libertad, o profusión y servidumbre". Cuando éramos jóvenes decíamos orgullosamente que o profusión y libertad, o economía y servidumbre.

De mayores, a veces, el no tener necesidad de ir al servicio puede ser causa de más de un dolor de cabeza. "No sirve ya para nada", dicen de nosotros los que tienen facilidad en eso de producir.


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