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A La Serena ha llegado un barco cargado de... Nota sobre la movilización vecinal en Villanueva
Manos encallecidas del trabajo en el campo y finas del trabajo en el mostrador. Boinas de tela y sombreros de fieltro. Cayadas y piercings. A eso se refiere Antonio Negri cuando dice "multitud".
Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la Red | 17-10-2008 a las 18:16 | 1750 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/serena-ha-llegado-barco-cargado-nota-sobre-movilizacion-vecinal-villan
Artículo/noticia publicado/a en Kaosenlared.net en el apartado de Libre Publicación NO seleccionada/o por el Colectivo Editorial

Y entonces nuestra pequeña historia es que nos cansamos de la explotación que nos hacían los poderosos y pues nos organizamos para defendernos y para luchar por la justicia...

Ejército Zapatista de Liberación Nacional, Sexta Declaración de la Selva Lacandona



"A La Habana ha llegado un barco cargado de...", anuncia la maestra, y entonces la chiquillada le responde con entusiasmo: "¡lápices!", "¡caramelos!", "¡tebeos!", "golosinas!". Es una divertida cancioncilla, además de una excelente primera introducción, para el intelecto infantil, a las complejidades de la economía capitalista mundializada: de lugares muy lejanos llegan barcos, cargados de productos (exóticos y ornamentales los unos, habituales e imprescindibles los otros), pero también de muchas otras cosas, experiencias, deseos, culturas, afectos, colores... Pasado algún tiempo, hemos ido descubriendo que la cosa no era tan sencilla ni tan bonita como en la canción que coreábamos en el aula de preescolar, y que en ocasiones, por no decir casi siempre, los barcos vienen y van cargados de muchas otras cosas además de apetecibles caramelos: por ejemplo, de esclavos, de armas, de ponzoñas tóxicas... Y que el capitalismo, ¡ay!, es mucho más que un gigantesco hipermercado de juguetes.

La mente humana es así de enrevesada, y los recuerdos infantiles así de persistentes, que fue esa coplilla de preescolar lo primero que se me vino a la cabeza cuando a media tarde del sábado pasado un compañero de Villanueva me llamó para ponerme al tanto de la movilización de las asociaciaciones de vecinos de tres barrios de clase trabajadora -proletariado del de ayer, precariado del de ahora, excluídos de la laja grande del pastel de los de siempre- en defensa de la continuidad de las urgencias y las especialidades en su Centro Médico, que amenazan con marcharse camino de un centro de más reciente construcción: a La Serena ha llegado un barco cargado de... Pocos días antes estábamos los españoles llevándonos las manos a la cabeza: ¡100.000 millones de euros para los fondos de garantía de los bancos! Pero... ¡por todos los demonios,... ¡¿de dónde piensan sacar toda esa pasta?! Las explicaciones del compañero villanovense confirma las peores sospechas. Un mucho de dinero se hace sumando muchos poquitos de dinero. Un mucho de dinero que se destina a una tarea se reune retirando muchos poquitos de dinero de otras tareas distintas. Por ejemplo, de los sueldos que NO cobrarán los médicos que NO prestarán servicios de urgencias en el Centro de la Plaza de Conquistadores de Villanueva de la Serena.

En la encrucijada entre el tiempo singular, cotidiano, inmediato, de un lado, y el tiempo histórico y sus grandes tendencias, del otro, sucede la vida de las personas, de las comunidades humanas. Un entrecruzamiento que puede ser muy cruel. En el tiempo singular de una comunidad de humildes vecinos de Villanueva que llevan toda la vida trabajando dura y honradamente, por ejemplo, se puede cruzar un tiempo histórico de chorizos de guante blanco que, Blackberry en una mano y Financial Times en la otra, han asaltado el cepillo de la parroquia y han puesto pies en polvorosa. De los que han montado todo este espeluznante embrollo llamado crisis aún no sabemos gran cosa, pero no tenemos constancia de que estén sucediéndose los embargos de pisos de 600m2 en el Paseo de la Castellana (al contrario, parece que el negocio de los jets y yates privados no hace más que crecer). De los vecinos de varios barriadas de clase trabajadora de Villanueva, sí que sabemos: se quedan sin urgencias en el barrio. Toca variar la letra de la cancioncilla infantil: ahora, lo que llega a La Serena (y a Tombuctú, y a Kamchatka, y a La Patagonia, y a...) es un barco cargado de... ¡crisis!

Decían Alba Rico y Fernández Liria (en su tan breve como certero panfleto Dejar de pensar) que, si la gente se muera de hambre, es sólo un problema para la gente, pero no tiene por qué ser también un problema para los mercados. Y, a la vista de los hechos, está claro hacia donde se orientan las prioridades de los gestores (neoliberales) de la crisis: hacia el bienestar de los mercados, no hacia el bienestar de las personas. El Estado español va a emitir deuda pública por valor de una millonada escalofriante, por los que va a pagar (o sea, vamos a pagar todos) un considerable pico en concepto de intereses, para dotar un fondo de garantía que permita cubrir los riesgos de los ahorradores si alguno de esos bancos se va al garete. Aún en plena recesión, tal millonada es inferior al beneficio anual conjunto de las grandes entidades bancarias españolas, y equivale a un escupitajo en el océano inmenso de sus incalculables beneficios acumulados. Sin embargo, esos "fondos de garantía", inexplicablemente, deben cubrirse con deuda pública. El Estado no se endeudará para que los centenares de vecinos de los barrios humildes de Villanueva mantengan sus servicios de urgencias y sus especialidades médicas cerca de casa, sino para reforzar la confianza en los mercados. Eso, nos dicen, nos beneficiará a todos. Pero es que no siempre (o más bien, casi nunca) lo que beneficia a los mercados beneficia realmente a las personas, y mucho menos, a todas las personas por igual. Por ejemplo, para quien tenga 600.000 euros en el banco, será reconfortante que el Estado retire fondos de la sanidad o la educación públicas para incrementar los máximos de ahorro garantizado. Primero, porque él tiene esos máximos en su cuenta, y segundo, porque seguramente no recibe atención médica en un centro sanitario público ni tiene a sus hijos matriculados en una escuela pública, como sí sucede con la inmensa mayoría de los vecinos de los barrios humildes de Villanueva. Pero, claro, el neoliberalismo tiene sus preferencias...

Parece ser que a los vecinos de los barrios en lucha de Villanueva, cuando aún no había crisis (o la muy loba aún se camuflaba bajo la piel de cordera de la suave "desaceleración"), les prometieron y requeteprometieron que las urgencias se duplicarían entre su centro de salud y el de nueva construcción. Parece que ahora eso no va a ser posible, que no hay dinero para tanto. Y no serán ni mucho menos los únicos que se vean en un trance similar. Van a ser muchos los ciudadanos que en los próximos años van a padecer recortes en sus derechos y prestaciones (en sanidad, en educación, en...), "porque hay que afrontar la crisis", "porque hay que apretarse el cinturón", "porque llegaron las vacas flacas". Por desgracia, en muchos sitios parece que se están tragando el cuento. En otros no. El pasado fin de semana, centenares de manifestantes inundaban la City bancaria londinense pidiendo responsabilidades por la crisis. Unas horas más tarde, centenares de vecinos de Villanueva se manifestaban exigiendo derechos aún a pesar de la crisis. Cuando vi en internet las fotos de la manifestación de Londres, me dije, "¡coño, qué pena no haber estado ahí!". Pero a cambio, sí pude estar en la manifestación de Villanueva de la Serena, por idénticos motivos, contra el mismo neoliberalismo, y con la misma pregunta que en Londres: ¿por qué narices tenemos NOSOTROS que pagar SU crisis?

Por lo que se vio el otro día, por la decisión y el ánimo con que aquella multitud se constituyó en sujeto ciudadano y caminó las calles de Villanueva concentrándose a las puertas de sus interlocutores, no parece que sus protestas vayan a ser cosa de un día. Esta gente son del linaje de quienes en 1936 ocuparon los latifundios, que en 1961 se alzaron en la huelga del arroz y que en 1979 mandaron a parar la central nuclear de Valdecaballeros, y eso harían bien en no olvidarlo los responsables de la decisión de arrancar las urgencias de sus barrios. En la manifestacion de Villanueva había manos encallecidas del trabajo en el campo y manos finas del trabajo en el mostrador. Faldas negras de esas que cubren hasta los tobillos y el top más atrevido de la tienda. Boinas de tela y sombreros de fieltro. Rudas cayadas y piercings de fantasía. Creo que más o menos a eso se refiere el maestro Antonio Negri cuando habla de la multitud del trabajo vivo. En Villanueva de la Serena, sencillamente, la gente de los barrios. Palabras diversas con un mismo sentido: ganar derechos para las personas y las comunidades, poner freno a los abusos y disparates de los opulentos, consolidar formas más justas y sensatas de convivir... Así es como se combate la crisis desde abajo, así es como se confronta localmente el desorden global. Con el carguero de la crisis del capitalismo también puede llegar el carguero de las alternativas... Y es así que, en una aparentemente tan pequeña historia de lucha vecinal, y por un aparentemente tan modesto objetivo, puede en ocasiones como esta encontrarse condensado el sentido más profundo de toda una encrucijada histórica mundial de injusticias y resistencias. Así que, contra la crisis global, ¡URGENCIAS YA!

Jónatham F. Moriche, Vegas Altas del Guadiana, Extremadura Sur, octubre de 2008

jfmoriche@gmail.com | http://jfmoriche.blogspot.com

 
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