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Seis coma seis vueltas de tuerca

"la burocracia no existe, lo que existe, detrás de la fachada de papel, de las jergas de los especialistas y la imperturbabilidad de los ministerios, es un extendido autismo, una ausencia de flexibilidad mental y, por consiguiente, física…” “Crítica de la razón puta”. Omar Pérez, La Gaceta de Cuba, No. 6 de 2007.
Félix Sánchez Rodríguez | Para Kaos en la Red | 18-2-2008 | 533 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/seis-coma-seis-vueltas-tuerca

“Un reordenamiento en los precios de varios productos de alta demanda en la gastronomía entrarán en vigor en el curso del mes de febrero con el objetivo de establecer un mayor control”.

Trabajadores, 28 de enero de 2008.

Estimados colegas:

El pasado 2 de febrero ocurrió algo ante lo que creo no debemos quedar indiferentes nosotros, intelectuales que ante otros hechos discriminatorios o de mal proceder político hemos alzado siempre la voz comprometida. Este hecho no ha sido suficientemente divulgado, pues Liborio Martínez, el perjudicado, no tiene ni currículo (al menos el currículo clásico, y si es que cincuenta años de trabajo duro no es un buen currículo), ni correo electrónico, ni amigos que sepan algo de derecho, de economía, de elocuencia.

                Ese día 2 de febrero, Liborio Martínez —un hombre muy agradecido por lo que ha hecho su país por la dignidad del hombre, en su caso particular por su salud las veces que ha necesitado de atención médica—, al acudir a la instalación gastronómica avileña sita en José María Agramonte y esquina a Joaquín de Agüero, cerca del mediodía, hora en que era habitual en él llegar allí, se encontró con la mala nueva de que el pan con tortilla que hasta unas horas antes le costaba 30 centavos había dado un vuelco, multiplicándose por 6,6 veces, y ahora costaba 2 pesos. Con dos pesos, hasta el 31 de enero, Liborio, quien tiene una chequera de 164 pesos, se compraba 3 panes con tortilla y un yogurt (1,65), y pasaba bien el mediodía. Ese mediodía Liborio Martínez no compró nada, miró la tablilla de los productos en oferta, dijo: ¡Qué injusticia!, y salió del local casi llorando.       

        Yo no soy amigo de Liborio Martínez, no escribo estas líneas por amistad con él. Liborio no pertenece a mi mundo intelectual. Nunca ha ido a una tertulia literaria, ni sabe quien es Carlos Fuentes, Kundera o Senel Paz. Antes de ese 2 de febrero lo había visto unas cuatro o cinco veces, pues coincidíamos en el local en las ocasiones en que yo pasaba por allí (camino de la casa) a comprar alguna bolsa de yogurt.

                Ese día en que Liborio se fue, no sé si a seguir llorando o a hacer algo peor (si es que hay algo peor para un hombre que llorar de impotencia), hice algo no habitual en nuestro gremio, que suele plantear preguntas a las libreras y no a los dependientes de instalaciones gastronómicas. Me interesé por lo ocurrido con aquellos panes con tortilla que tenían como se dice “una amplia demanda popular”, tanta que mantenían las banquetas del mostrador muy ocupadas en los mediodías, señal por la hora de que quienes estaban allí no merendaban sino que almorzaban.

                La dependienta, con rostro inconfundible de alguien que va a explicar algo que tampoco entiende, me dio las razones de ese cambio de precio, si es que lo que me dijo se puede tomar por “razones”. Me dijo: “No, pero no es solo eso. ¿Usted no leyó el periódico Trabajadores del 28 de enero?” No tuve recato y le dije que no, que no había leído esa noticia, que aunque recibía Trabajadores muchas veces lo leía por encima, atareado con lecturas más puntuales como las de La letra del escriba o El Cuentero. Ella, por supuesto, y por decencia, no se detuvo a preguntarme qué leía yo en La letra del escriba o El Cuentero.

                Lo primero que hice entonces fue buscar el Trabajadores del 28 de enero. Efectivamente, allí el Ministro de Comercio Interior, en una información que el periodista titulaba “Reordenarán precios en la gastronomía” había anunciado la muerte del pan con tortilla barato que consumía Liborio Martínez, dejando claro además el otro ministro que le acompañaba, el de la Industria Alimentaria (ambos de visita en Sancti Spiritus), que había que estar preparado con pañuelo y sedantes: “estamos en el comienzo y habrá más modificaciones en la misma dirección”.

                Tenía razón la dependienta que no lee La letra del escriba ni El Cuentero, no se trataba solo del pan con tortilla subido de precio 6,6 veces (no incrementado en 4 o 5 centavos, incrementos que en más de una ocasión me han hecho pensar si no son un poco ridículos los trabajadores latinoamericanos cuando arman sus tradicionales escándalos por aumentos de ese rango). Lo que el periodista llamaba “variaciones entrarán en vigor”, se refería al pollo, las pizzas, los espaguetis, el huevo y la cerveza embotellada.

                Con cierto tino, como reconociendo que se trataba de una medida que tocaría a muchos Liborio Martínez, porque no era de la esfera sublime del bistec uruguayo, el pavo con aceitunas o el vino de Burdeos, el periodista, al parecer más que periodista vocero del MINCIN, empezaba su texto, colocado en lo último del periódico, precisando que se trataba de un reordenamiento en los “precios de varios productos de alta demanda en la gastronomía”. Cuando leí la noticia por segunda vez me pareció esto no una aclaración sino un cinismo, como si alguien antes de golpearte un ojo te dijese: “Te voy a dar ahí, donde mucho te va a doler”.

                Si, tenía razón el periodista, la medida de reordenar (eufemismo para subir todos los panes con tortilla del país a dos pesos, eliminar la cerveza de cinco pesos, pasar una ración de pollo en un restaurante, que antes “oscilaba en el entorno de los ocho pesos” a 20) era una medida tomada con productos de amplia demanda popular. Lo que traducido en buen español significa medida que debe estar bien justificada, bien explicada, bien argumentada porque por tratarse de medida de “precios”, resulta invasiva, toca a cada ciudadano en un terreno muy suyo que es el salario real.

                Después del dos de febrero no he visto más a Liborio Martínez allí. No tiene nada que hacer en el lugar. Dos pesos, es ahora demasiado para él. Para él y para otros que tienen nombres y también merecieran nuestra solidaridad.

                Cuando a un hombre esperanzado en que la política del país es lograr que la gente pueda vivir de su salario, honestamente (supe averiguando con unos amigos de Liborio Martínez, que él, para complementar su chequera, poder enfrentar ese momento duro y dilatado del período especial, realiza actos no honestos, ilegalidades, como vender cigarros, agujas de coser y vinagre); cuando a un hombre que el pasado 26 de julio sintió agitársele en el pecho la ilusión de mejorías porque “el segundo jefe de la Revolución entiende que el salario es insuficiente”, se le da ese golpe por un Ministro, por un Ministerio de tanta repercusión en la vida de los humildes como el de Comercio Interior, vale la pena leer y releer Trabajadores y hacer pública la inconformidad, y pedir explicaciones, y exigir se repiense una medida como esa puesta en vigor el primero de febrero del 2008.

                ¿Qué hizo, qué hará la Dirección de Protección al Consumidor que radica en ese mismo MINCIN? ¿Esperar a que Liborio Martínez convierta en queja su llanto y que otros miles lo secunden para entonces darse cuenta del absurdo de una medida así? ¿Legitimar que una persona debe ser más pobre en aras de “un mayor control” por parte de un Ministerio incapaz?

                Escribo esto porque yo creo que las lágrimas de Liborio Martínez son tan dignas o más de nuestra solidaridad que la frustración de alguien que no vio a su documental pasar por el canal 8 de la TV, la ira de quien se tropezó en la caja de vidrio una noche con el rostro de su viejo verdugo, el desconsuelo de quien fue privado de conocer el Sena.

                Porque lo terrible es que gente como Liborio Martínez, con cincuenta años de sudado currículo, depende siempre solo de nosotros, que dejemos de hacerle preguntas a una librera sobre las últimas novedades, que leamos Trabajadores con la misma agudeza que reservamos para una novela postmoderna, que pasemos por un humilde bar y miremos la estampa, el rostro, el alma, de la gente que va allí.

                Porque lo terrible es también que no hay ministros ni ministerios infalibles, y aún en el socialismo, con todas sus buenas intenciones y sus principios de deberse a las masas, pueden hacer eso, en una situación de desespero que el periodista deja ver claramente en el Trabajadores del 28 de enero: “existe una variedad de precios en algunos renglones con poca diferenciación en su calidad, lo que propicia indisciplina e ilegalidades en el cobro y complejidad excesiva en la facturación y en las deducciones a las empresas por concepto de ingreso”. (Razones todas que nada tienen que ver con el subdesarrollo, el cambio climático, la globalización neoliberal ni la CIA).

                Cuando la opinión pública cubana rechazó el bochornoso negocio de la compra del convento de Santa Clara en 1923, no lo olvidemos, encabezó ese acto un poeta. Era un asunto de economía y derecho, pero los economistas y los juristas estaban demasiado ocupados en sus asuntos de sobrevivencia y cautela para irrumpir hidalgamente en la Academia de Ciencias e impedir que hablara el ministro corrupto. Fue Rubén, nuestro Rubén comunista, de la “pupila insomne”. Él y otros doce que podían ver más lejos, más agudamente, más cívicamente. Ya lo dijo Pessoa: “el poeta es un sufridor”. Como si no nos bastara a nosotros con ese orgullo mayor que significa “con los pobres de la tierra…”.

                Yo creo, señores, que Liborio Martínez y los otros miles a quien esta medida de Comercio Interior ha perjudicado tanto, merecen nuestro reclamo. No puede tolerarse que se produzcan sin intercambio, sin oír a los perjudicados, impunemente, actos de ese tipo, que parecen desentenderse de la tragedia de la gente humilde con sus insuficientes ingresos. Mal vamos con un discurso general de comprensión, sensible, solidario con los de abajo, y un Ministerio que para mejorar el control, para evitarse papeleos, uniforma precios hacia arriba, los sube sin más explicaciones.

                Hay que defender a la humanidad del imperialismo, pero también a Liborio Martínez de los errores y torpezas de origen doméstico. Es tan abusivo multiplicarle a Liborio Martínez su pan con tortilla por 6,6 veces, como pedirle a un chileno pagar la mitad de su jornal por escuchar en vivo La era está pariendo un corazón. Eso se llama ser consecuente, eso se llama tener “sentido de la responsabilidad intelectual”

                Liborio Martínez solo pudo decir lo que dijo y dar la espalda y sollozar. Los que podemos hacer algo más que eso, por su bien y por la salud de la patria, porque gente como él no se sienta defraudada, ignorada, debemos hacerlo. Aunque para ello tengamos que dejar a un lado por un momento La letra del escriba o El Cuentero; podamos parecer a los ojos de los burócratas gente que se mete donde no debe, que emplea su cuenta de correo —oh, tontos de las colinas— para ayudar a la felicidad de un hombre como Liborio Martínez y no a gestionarse un cupo en los planes de Alfaguara para el 2009. Y hasta que alguien, enojado, nos tilde de poco confiables y tache y llame, y ponga en peligro nuestra soñada futura excursión más allá del Caribe.

                Pido solidaridad con Liborio Martínez, mi casi ex-compañero del bar-cafetería de José María Agramonte y Joaquín de Agüero. Pido se circule este mensaje, firmado en Ciego de Ávila, a los catorce días del mes de febrero de 2008.

Félix Sánchez Rodríguez

 
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Comentarios (4)

#1.- Lo felicito Félix

18-02-2008 19:59

Muy bueno su artículo, porque hasta el precio de "un pan con tortilla" es impotante para los cubanos, aunque para completar su excelente escrito faltó mancionar los salarios de miseria que recibe la población por su trabajo y ni que hablar que la mayor parte de los productos hay que adquirirlos en CUC.

¡Ah!...se me olvidaba decir que el "pan con tortilla", sin más nada, en La Habana, cuesta tres pesos, con lo que un Liborio cualquiera que gane el salario mínimo, que son 225.00 pesos mensuales, como muchos Liborios en Cuba, podría consumir dos y medio panes con tortilla cada dia del mes, por eso Liborio, que ya es tambien nuestro amigo, tiene que hacer otras acividades, tildadas de deshonestas o ilegales, para completar su alimentación y a lo mejor la de su familia.  

Valoración: 4  

#4.- los precios

matusalen|19-02-2008 00:31

Los precios en nuestro pais hace tiempo dejaron de ser una categoria economica, estos de ponen segun el criterio de alguien o alguienes, no sobre la base del costo de produccion, y otros componentes que determinan el valor real del producto. Ademas estos se mantienen eternos aunque  el productto ya este a punto de caducar, en ocasiones vence y no se les bajo el precio. En cuanto al eufemismo de proteccion al consumidor, eso jamas ha funcinado, fijate si  es importante esa dependencia en el Mincin que tiene creo que 2 o 3 trabajadores en esa Direccion o Dpto.Creo que tambien en politicas de precios tambien hay que ajustar cosas,  considerando las gratuidades y lo que subversiona el estado debe existir una revision constante en este aspecto. Creo haber leido algo del ministro de la Industria Alimentaria de visita por alli. Es que existe algun Parque Jurasico en esa Provincia?

Valoración: 9  

#5.- duele

Isbel Díaz Torres|19-02-2008 21:21

Ay Félix, sí que duele esa realidad!  Y la realidad sigue, y se expande... y a veces parece un gran volcán que va tragándoselo todo.

"Es importante desde un niño, hasta el largo de un vestido", bien lo aprendimos, pero de nada vale decir canciones que de tanto repetirlas se quedan vacías. Hay que leer más Trabajadores, pero leer leyendo, como decía Virgilio Piñera en "Los Siervos", para después exigir con fundamento, como has hecho tú.

  Salud, y como siempre, gracias por tu pupila insomne.

Valoración: 4  

#6.- Al pan pan y sin vino

Un Liborio|21-02-2008 00:54

Excelente el artículo. Sólo quiero reafirmar lo siguiente
¿Hasta cuando vamos a permitir los Liborios que Ministro incapaces y corruptos metan sus garras sucias en nuestra comida?
Gracias

Valoración: 2  

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