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Secuestro de palabras

Liberar el pensamiento exige liberar las palabras secuestradas.
PepCastelló | Para Kaos en la Red | 21-7-2007 | 707 lecturas | 4 comentarios
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Todos los totalitarismos, sean religiosos o políticos y tomen el color y el aspecto que tomen, son simplificaciones del pensamiento. Son el camino de en medio de algo que debiera ser pero que no es. Son construcciones mentales más o menos bien presentadas que con mayor o menor acierto manipulan la Utopía que late en lo hondo del alma humana. De ahí que a la larga todos acaben mereciendo el repudio de la mayor parte de la población que con esperanza los acogió y encumbró. Lo cual no significa que no sigan teniendo adeptos, pues siempre hay quien se resiste a renunciar a sus esperanzas y también quienes de esa fidelidad sacan provecho.

 

Dado que la principal forma de expresar el pensamiento es el habla y que nuestra aceptación de un determinado modo de pensar depende más de factores afectivos que de racionales, todos los grandes discursos ideológicos, religiosos o profanos, echan mano de palabras que evocan algo hondo en el corazón humano, algo a lo que difícilmente nadie se puede sustraer sin violentarse fuertemente. Y en la medida en que esa ideología se va imponiendo, las palabras que le sirven de vehículo van quedando asociadas a ella en las mentes receptoras, hasta el punto de acabar siendo acreedoras del mismo desprecio que merece la ideología que las utilizó.

 

Lo grave de esta asociación mental es que andando el tiempo, estos nobles vocablos pierden su primigenio significado para la mayoría de las mentes, las cuales sólo alcanzan a ver en ellos una reducción del discurso totalitario que los utilizó. Términos como revolución, utopía, espiritualidad y aun educación son en extremo equívocos hoy día, pues no es fácil evitar que en la mayoría de la gente revolución evoque violencia y terror, que utopía signifique estúpida e ingenua ensoñación, que espiritualidad se confunda con religión y que la educación se entienda como un proceso de transmisión de conocimientos.

 

Esta mutación del significado de las palabras, que desde una óptica puramente técnica no es más que un simple fenómeno de evolución del lenguaje, tiene una grave repercusión en el pensamiento de extensas capas de la población, pues dificulta grandemente el sano ejercicio de reflexionar, sobretodo entre las clases intelectualmente más desfavorecidas, que no son necesariamente las menos instruidas puesto que ya hemos visto repetidamente que la instrucción tanto básica como superior no se ocupa en absoluto del pensamiento. De ahí que no debe extrañarnos el bajo nivel de calidad humana que hay entre quienes ocupan cargos públicos y aun entre quienes ejercen profesionalmente la docencia.

 

En este momento histórico que estamos viviendo son muchos los esfuerzos que hay que hacer para precisar el significado de las palabras secuestradas, hasta el punto de que para ahorrarlos se procura evitarlas en los discursos que pretenden llamar a reflexión en cualquiera de los diversos órdenes que abarca el pensamiento. Esto hace que más allá de los nuevos vocablos que van surgiendo para significar las nuevas realidades a que da lugar la evolución técnica, haya quienes consideren necesaria y urgente la invención de palabras que sirvan para sustituir a las secuestradas por los totalitarismos. Una idea plausible, pero que no excluye la necesidad de liberarlas cuanto antes de ese maldito secuestro que las atenaza.

 

Pienso que el secuestro de palabras con la perversión del lenguaje que ello comporta es un crimen de lesa humanidad, y como tal debe ser tenido a nivel de pensamiento. Que la gran capacidad creadora del ser humano no tiene que malversarse en la búsqueda de eufemismos con los que sustituir términos que desde muy antiguo han servido para designar ideas y dimensiones de la mente que justamente son las que nos caracterizan como humanos. Estoy plenamente convencido de que es más útil esforzarnos en poner las cosas en su sitio y devolverles el nombre que les corresponde que dejar las palabras secuestradas en poder de los pseudopensamientos que las envilecen. Al pan, pan, y al vino, vino, y a la perversión del lenguaje, infamia. Liberar el pensamiento exige liberar las palabras secuestradas.

 

Pepcastelló

 

 
 
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Comentarios (4)

Fontanarrosa

22-07-2007 06:21

Leer este articulo me hizo recordar a Fontanarrosa hablando en un congreso de la lengua y  haciendo referencia a la palabra mierda y otras palabras dadas como malas; el se atreve adecir que la revolucion cubana fracasa porque los cubanos decien mielda y se pirde la fuerza del vocablo. Lo pario dijo mendieta!!

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Todo es relativo

Xavier|22-07-2007 17:44

Estoy totalment de acuerdo en qué deberíamos devolver a las palabras su valor originario. La perversión no viene solamente de los que desean imponer sus ideas o su poder. Si, por ejemplo, decimos libertad, difícilmente encontraremos dos personas que, al oir la palabra, le den el mismo significado. Una palabra expressa un concepto y, por lo  tanto, el significado es variable.
Este problema hace tiempo que me preocupa porqué es fácil encontrarse que en una conversación parece que estás totalmente de acuerdo con el interlocutor. Pero si intentamos explicar detalladament el concepto al cual aplicamos la palabra puede resultar que sea totalment distinto. Entonces resulta que cuando parecía que estábamos totalmente de acuerdo, estamos totalmente en desacuerdo.
Gracias una vez más por tus reflexiones, Pep!

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Ojo, menos metafísicas, que esto es serio

Abstemio|23-07-2007 01:19

No me lo quería creer, pero parece que estamos ante un secuestro masivo de la libertad de expresión. Acabo de ver que también está secuestrado el vídeo de la concentración republicana ante la audiencia "nacional" y "antiterrorista". También está desactivado el envío de comentarios a esa noticia, lo que debe sin duda obedecer a una medida muy prudente de autoprotección de los editores de Kaos. Y que sus lectores agradecemos, no vaya a ser que nos quedemos sin nuestro sitio web favorito, después de haber perdido también El Jueves (que no se puede comparar al primero, pero que, como toda voz callada por la FUERZA, sí es una sensible pérdida...)

Un estúpido chiste graciosillo, ha hecho saltar como un castillo de naipes todo el andamiaje de las supuestas garantías a la libertad de expresión de esta Tercera Restauración Monárquica y ha puesto de manifiesto la farsa INMUNDA en la que hemos estado viviendo. Como en los tiempos de LA CODORNIZ, del HERMANO LOBO, del PAPUS... tenemos la palabra secuestrada, PROHIBIDO DENUNCIAR A LA MONARQUÍA NEOFRANQUISTA (ese es el sentido de la escalada de agresiones a las libertades que estamos sufriendo), la libertad recortada, bajo fianza. Señor Del Olmo, señores fiscales: han conseguido sentenciar a muerte esta impostura, esta farsa inmunda que es la monarquía neofranquista. Ahora ya sabemos que este régimen podrido tiene que morirse cuanto antes, que tiene que dejar paso a una verdadera Democracia.

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ignorante|23-07-2007 10:20

Hace tiempo que ando perdido por la enredada selva de las palabras, y considero que no estan secuestradas, han ido formando  otro mundo  enmarcado por  palabras altisonantes que forman hermosas cenefas. Marco que realza la realidad construida en dimensiones para ser abarcadas con facilidad. Por lo  tanto, me parece que no se puede liberar algo que no existe, dentro de ese marco. Son palabras muertas, vacias y que cada quien según sus propios intereses llena le da fuerza, forma, pero siempre sin salirse del marco.

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