Vinos nuevos en odres nuevos |
  “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.
Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan.
Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor”
Lucas 5,37-39
Esta es una singular parábola que Jesús utilizó para rebatir la opinión de escribas y fariseos cuando criticaban las supuestas conductas inadecuadas de sus discípulos y del propio Jesús cuando comían y debían con publicanos y pecadores y donde, además, aludían al hecho de que los discípulos de Jesús no ayunaban como los de Juan el Bautista.
Toda la enseñanza de Jesús es, no me cabe duda, y salvando las distancias, una actitud revolucionaria si la analizamos a la luz de las reglas y preceptos religiosos y sociales que hasta ese momento existían en el Judaísmo puesto que removían la conciencia de seguidores y detractores de un nuevo sistema conductual, de una nueva forma de enfocar el contenido Judaico de entonces.  Su intención, según lo interpreto yo, no era desechar la ley sino la manera de llevarla a cabo. Reinterpretar la ley desde un nuevo estado de conciencia general formado en la experiencia acumulada por siglos de práctica religiosa y fe única en el mundo de entonces y, a la vez, establecer un nuevo punto de partida para llegar a un estado social “Divino” de completa justicia e igualdad para todos.
Está claro que una renovación del contenido debe estar indisolublemente ligada a una  nueva forma aunque su sistema siga siendo el mismo en su esencia.
No me considero un teórico de ninguna clase, ni un filosofo de sistema alguno.  Soy, simplemente, un cubano de los de a píe que no desea nada para si mismo, como no sea lo ganado honradamente por el sudor de mi frente. Pero sí seré siempre un defensor de la justicia y la igualdad de oportunidades para todos. Y más concreto aún, un defensor del bienestar de mi pueblo, del que me siento más que orgulloso por todas sus virtudes y con todos sus defectos.
Este país vive un momento histórico sin precedentes en donde la mayor parte del pueblo atisba, no una esperanza de desahogo, de respiro; sino la renovación completa de un proyecto con un contenido de justicia social emprendido hace 50 años y al que la mayoría (no todos) está convencida de no renunciar pero que toma conciencia plena de que ya es hora de pasar a una nueva forma de aplicar este sistema llamado “Socialismo” y al que no pocos defensores de izquierda identifican con el “Socialismo del siglo XXI” aunque para nosotros, los de abajo, los nombres o conceptos nos resulten indiferentes.
De lo que se trata es, justamente, de revitalizar, hoy más que nunca, nuestro sistema social, político y económico a través de nuevas formas de gobierno para llegar, como dijo nuestro presidente Raúl, a una mejor y más eficiente gestión, aunque nunca, entiendase bien, nunca exenta de errores. Pero con el espacio abierto al debate libre y desprejuiciado de todos, por el bien de todos.
Por supuesto que en este proceso revitalizador aparecen innumerables obstáculos a sortear, unos de índole subjetivo, otros objetivos; y dentro de ellos los hay también de procedencia interna y externa. Pero los más letales son los creados por nosotros mismos.  La historia ha demostrado que no importa cuán bloqueado pueda estar un pueblo y cuán difíciles puedan ser las circunstancias externas si su decisión es inquebrantable, ello se cumple para cualquier grupo poblacional o comunitario, bien sea un grupo de hombres, una ciudad y hasta un país. Ejemplos sobran en la historia de la humanidad.
Pero son justamente los de adentro, repito, y sobre todos, los obstáculos subjetivos los que más freno pueden poner al ímpetu de llevar adelante la continuidad, perfeccionada constantemente, de un sistema renovable en su contenido y forma, un sistema verdaderamente participativo y democrático, donde el hombre sea el centro y objeto del desarrollo social y económico que tanto deseamos.
No voy a regar sobre mojado, repetir lo que ya varios han acentuado cuando se habla de burocratismo, inmovilismo, fatalismo, formalismo, triunfalismo, paternalismo y cuanto ismo pueda ser asociado por el ya caduco y necesariamente reemplazable socialismo de estado que, aunque pudo ser, quizás, necesario en una etapa en la que el hombre requería ser educado, hoy carece cada vez más de sentido común. Y no se trata de hacer leña del árbol caído, puesto que no se ha caído, pero no pasará mucho tiempo si no es replantado sobre nuevos arados; se trata de entender la necesidad de dar el salto dialéctico hacia una nueva fase del socialismo caracterizado por la autogestión y cogestión de todos los factores que integran nuestra sociedad, siempre con miras al mejoramiento espontáneo y continuo, no forzado, no regalado, de dicha sociedad.
Ahora bien, tenemos también la inevitable tendencia para algunos, justificada o no, de no confiar en que, como decía Mella: “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor” y ser escépticos de que pueda, en efecto, llegar dicha mejoría. Se basan en disímiles argumentos, pero el fundamental está en el hecho de que no hubo un protagonismo más marcado de jóvenes dirigentes en los cargos cruciales del Consejo de Estado y el de Ministros de nuestro país. Digo jóvenes no porque sean frescos en edad sino por referencia a aquellos dirigentes que no son de la generación fundadora de la revolución.  Pero pienso que, sin ánimo de juzgar a nadie, ¿no sería mejor auto prepararnos para asumir la continuidad de este proyecto social y económico que todos anhelamos una vez que nuestros dirigentes históricos ya no estén? De otra manera, ¿cómo podremos defender y desarrollar nuestro legado, rico de una historia que, si bien no es muy antigua comparada con la de la humanidad, ha sido intensamente gloriosa en su lucha perenne? Nos corresponde seguir luchando aunque no sea con las armas, pero sí con las ideas y actitudes contra los enemigos de adentro, ya mencionados arriba por sus ismos, incluyendo a los corruptos, oportunistas, anexionistas y vende patrias y los enemigos de afuera, esos que pretenden anexarnos en cualquier forma.
Tampoco debemos ignorar la compleja situación internacional reinante en el mundo de hoy, donde crisis, guerras, contaminaciones y cuanta fantasía consumista generada por los que verdaderamente gobiernan el mundo, unos pocos que disponen del capital mundial y el poder hegemónico, afectan indiscutiblemente a nuestra nación.
Debemos tomar conciencia plena de que este es un año decisivo para nuestro país, según lo veo yo, por varios factores. En primer lugar tenemos la expectativa de las medidas que, aunque a paso lento, se están llevando a cabo en este mismo momento. Medidas que van encaminadas, en lo fundamental, al mejoramiento económico. Ya sé que para la población algunas de esas medidas en nada benefician pues pocos, y en ocasiones los menos merecedores, pueden pagar por las facilidades de compra de equipos que por estos días se están dando. Pero hay otras medidas, como las relacionadas con la agricultura, que no han tenido la misma repercusión en la población pero que, si se aplican con la debida sensatez por parte las instituciones involucradas, pueden llegar a surtir nuestra mesa, claro está, no inmediatamente pues no vivimos en el mundo de “Jack y los frijoles mágicos”.  Todos los cambios que deseamos no pueden ser de la noche a la mañana como muchos quisieran y más nos vale que los que se apliquen sean requete pensados para no correr el riesgo de ensanchar más las diferencias existentes.  Lo fundamental es que el trabajador común se motive a producir por un salario digno, que le permita tener una vida decorosa. Por otra parte, debemos dejar a un lado los temores propios de nuevas formas, nuevos desafíos. Sé que todo lo nuevo genera temor e incertidumbre pero si no rompemos la inercia, nunca llegaremos a perfeccionarnos, nunca lograremos nuevas conquistas. También debemos, por supuesto, dejar margen al error y estar abiertos y alertas para corregirlos en el momento oportuno.
Otro factor expectante se refiere a las elecciones tanto en EEUU como en Venezuela que culminarán en noviembre.  En EEUU porque dependerá de si queda el partido republicano, con McCain a la cabeza, y donde, de ser así, ya podemos esperar una política similar a la de Bush, mientras que si ganaran los demócratas, y entre ellos Obama, quizás se avizore un cambio o flexibilización en su política hacia Cuba.  En Venezuela, aunque no son elecciones presidenciales, se definirá el rumbo del gobierno en varios estados que no aseguran quedar bajo mandato de pro, sino de opositores.  Esto puede, a la larga, ser perjudicial para el gobierno de Chávez y, por consiguiente, para las relaciones geopolíticas entre Cuba y Venezuela.  No podemos obviar tampoco toda la crisis económica mundial y sus repercusiones en el petróleo y los alimentos. En fin, tenemos toda una gama de elementos a tener en cuenta para valorar el futuro inmediato de Cuba y, en particular, de nuestra mejoría económica.
Pero lo que sí está claro es que ya los tiempos en que las cosas se regalaban quedaron atrás, y las pocas que aún persisten, habrá que valorar si en verdad resultan necesarias e imprescindibles.  Todos esperamos nuevas medidas del gobierno que mejoren nuestra microeconomía, y estas sin dudas tendrán que llegar, pero debemos a la par comenzar a pensar y actuar con nuevas ideas, nuevas iniciativas, cada uno en su ámbito, en su casa, su puesto de trabajo y hasta de estudio.  Retomando la parábola de  Jesús donde “el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” es necesario que todos, obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y dirigentes nos convirtamos en hombres nuevos para asumir nuevas formas en pro del bienestar y los derechos de todos, asumiendo por igual los deberes.
Me queda un último punto por desmenuzar, y es, siguiendo la parábola: “Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor” No estoy yo seguro de que Jesús afirmara concretamente esto. Mucho más cuando comienza incentivando a las gentes a convertirse en nuevos hombres para ser partícipes de un nuevo reino y sí pienso que, más que una afirmación, es una crítica para romper el prejuicio de que lo nuevo siempre será un fracaso porque “todos dicen que el añejo es mejor” Y es que todo añejo comienza por ser vino nuevo.  No asumamos desde ya que lo nuevo vaya a ser peor que lo viejo. Lo nuevo será de bueno, lo que nosotros mismos nos empeñemos que sea. Sabemos que no será perfecto pero debemos disponernos para la aventura, la experimentación, contando con la experiencia y la creatividad propia de este pueblo que ha demostrado ser ingenioso, en ocasiones hasta para burlar sus propias leyes.
Le pido encarecidamente a un amigo que publique esta reflexión que sé no es nada nuevo para muchos y para otros quizás sea tomado como un defensor contrario de lo que para sí mismos desean. Pero toda mi intención es, simplemente, llamar a cada cual en la unión de un único objetivo: el de sacar adelante esta patria que es de todos, los de adentro y los de afuera que, aunque no están, igual desean el bienestar de Cuba.  Por tal motivo estoy abierto para debatir, desde un plano de respeto mutuo, cualquier divergencia que pueda surgir. Para aquellos que se regodean en ofensas sin sentido o mal intencionadas no tendré un segundo de mi tiempo.  A todos agradezco su interés y paciencia para conmigo.
Ciudad de La Habana, 10 de abril de 2008
"Trabajador cubano, estudiante de Sociología, 32 años”
jorgeag6@yahoo.es