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Ruhnama, un esperpento del pensamiento único

Ruhnama es un delirante libro propagandístico del régimen de Turkmenistán, uno de los estados más desconocidos entre los que se independizaron de la Unión Soviética.
Blas López-Angulo | Para Kaos en la Red | 5-9-2008 | 341 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/ruhnama-esperpento-pensamiento-unico
Ruhnama es un delirante libro propagandístico del régimen de Turkmenistán, uno de los estados más desconocidos entre los que se independizaron de la Unión Soviética. El 21 de diciembre de 2006 murió repentinamente su inspirador, el presidente Niyazov. Con motivo de esa fatal circunstancia este personaje saltó a la palestra internacional en parecida competencia con su histriónico vecino Borat de Kazajistán, por entonces muy de moda.

Un valiente reportaje-denuncia de Arto Halonen, Shadow of the holy book, (La sombra del libro sagrado) ha traspasado ese ramplón humorismo exótico. El llamado “libro del alma” reescribe la historia de los turkmenos al gusto de su ideólogo y adoctrina a una mayoría suní de clanes nómadas en los extravagantes principios cívicos que en él se recogen, como parece ser entre ellos el culto ilimitado a su persona, autoproclamada Türkmenbasy, padre de los turkmenos. Los cuales se topan con su imagen lo mismo en la bandera y los billetes de banco que en las botellas de vodka, en los edificios públicos y religiosos que en la apoteosis de la fiesta nacional del 19 de febrero, que no por casualidad coincide con el día de su cumpleaños. El conocimiento del Ruhnama es obligado incluso en las universidades y hasta para obtener el permiso de conducir.

Entro en el cogollo del documental: la ONU y el Parlamento Europeo han condenado ese  sistema político tan peculiar que malamente encubre una dictadura de partido único –o dado su personalismo ni eso-, represora de cualquier oposición, así como de las minorías religiosas y étnicas (rusa y uzbeca); aun habiendo que ha ratificado tratados internacionales relacionados con los derechos humanos que obviamente se pasa por el forro. En este punto lo anterior es muy significativo porque las multinacionales no se han debido enterar. Y esto es lo que con tesón y paciente seguimiento prueba Arto Halonen a través de las traducciones del Runhama al francés, inglés, alemán, ruso, árabe, chino, japonés, checo, turco, italiano, español –también se menciona, aunque no la he podido hallar-, woolof, etc.: más de 40 grandes empresas poseídas por un mismo afán traductor. De este modo, por poner solo un ejemplo, el grupo Bouygues, segunda constructora europea y propietaria del canal francés TF1, fue la encargada de la versión francesa del texto, cuyas excelencias alabó en un espacio emitido para la audiencia de Turkmenistán y no para el resto del orbe como hizo pensar a sus agradecidas autoridades. A cambio, ha convertido la capital Asjabad en un suntuoso Versalles para admiración de un pueblo soberanamente pobre –al menos un 58%-. Hasta ahora no he aludido a la riqueza económica de este país del Asia central. Detrás de las simpatías que expliquen la difusión del libro del presidente Niyazov, tal vez tengan algo que ver unas cuantiosas reservas de petróleo y gas natural, de manera que gigantes de la maquinaria agrícola como John Deere, de la maquinaria para la construcción como Caterpillar (y su principal distribuidor Zeppelin), o del automóvil como Daimmler Chrysler (Mercedes-Benz), además de la aludida compañía francesa, muestren un interés inusitado por el libro, el cual se aprestan a traducir, aunque no consta que entre sus fines esté también su difusión (¡!); y no olviden sus directivos llevar un ejemplar cuando visitan al presidente, cuyo gesto (y gasto) son exponencialmente remunerados.

Tras la inesperada muerte de Niyazov el ministro de Sanidad y médico personal, Kurbanguly Berdymukhamedov, se ha hecho con el poder saltándose las previsiones constitucionales, después de encarcelar al presidente del Parlamento, Atayev, y tras unos comicios manifiestamente fraudulentos (los datos oficiales hablan de una participación del 98, 65%, menos del 25 % según la oposición). Es chocante el parecido que guarda Berdymukhamedov con su antecesor, aunque bien se cuidan en el documental de añadir que se deba a que es hijo no reconocido del mismo. Quienes albergaban tímidas esperanzas de cambio, especialmente los exiliados, no han podido siquiera pasar las fronteras en los pocos casos en que lo hayan intentado. En general, las restricciones de visado para visitar el país son enormes, y absolutas para la entrada de medios de comunicación. Suprimidos los retratos de Niyazov de los espacios públicos y su nombre de la bandera nacional, poco más se espera. En cuanto a la suerte del libro “sagrado”, el Ruhnama, lo que sin duda interesa a las multinacionales, muy sensibles y mecenas siempre del mundo del deporte y de la cultura, probablemente haya sido remplazado y con él tan totalitario culto personal por otro del nuevo jerarca: mínima cosmética posibilista para lo que se me antoja el principio de una dinastía respetada por el stablishment mundial.

Ahora bien, por una parte debido a mi ignorancia (he de confesar que no soy un especialista en política internacional), y por otra, debido a la imposibilidad de grabar imágenes por los férreos controles informativos que subsisten en Turkmenistán, llegué a imaginar que los actos públicos que ilustraban el documental finlandés eran montajes que  respondían a una desazonadora farsa; llegué a dudar de la existencia real de la república turkmena y la duda me hacía pensar que asistía a un esperpento, a una película alegórica, que trataba de alertarnos ante la tolerancia de los poderosos hacia regímenes tan impresentables. Después repasando la larga lista de ellos, que no sólo son tolerados sino apoyados ingentemente, reparé en que la clave alegórica habría de ser otra. La desconocida república presidencial de Turkmenistán no debe extrañarnos ni provocar la sonrisa fácil: la tosca manipulación de su gobierno deja al descubierto lo que otros mejor esconden. Quienes osaron criticar el Ruhnama fueron acusados de terrorismo, pero la disidencia en los cada vez más estrechos márgenes de las democracias occidentales no merece calificativos de naturaleza muy diferente por todos aquellos que ejercen su control efectivo. Sin necesidad de obligar a creer en Dios y obedecer a su mortal profeta, de prohibir la prensa de fuera e Internet, de sustituir los idiomas y la historia universal en las escuelas por the shadow of the holy book, de clausurar casi todas las bibliotecas públicas o despojarlas hasta quedar vacías, con la excepción de un solo libro con muchos ejemplares repetidos: Ruhnama; nuestros gobernantes están consiguiendo igualmente erosionar el paisaje intelectual. La machacante repetición de informaciones acallan las pocas voces veraces que aún tratan de hacerse oír. Por si acaso, no está de más apartarlas de los corrillos de influencia. No es cosa de que nuestros más presentables Ruhnamas y nuestros dirigentes menos boráticos permitan lecturas no unívocas.
 
 
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