En defensa de los pueblos ancestrales
El Frente General Víctor Proaño por la defensa de Morona Santiago expresa sus condolencias a las familias de los ciudadanos huaoranis, que fallecieron defendiendo la selva amazónica, es decir su hogar, que de alguna manera es el hogar de todo el planeta, por el solo hecho de producir el oxígeno que se necesita para que exista vida. Extiéndase esta condolencia, a todas las nacionalidades indígenas de la amazonia ecuatoriana, representadas por la CONAIE a nivel nacional y por la COICA a nivel amazónico.
  Esta es otra lamentable razón para exigir, de las autoridades de Gobierno y de Policía Nacional, el esclarecimiento de los hechos en aras de la justicia y la paz social. Este es un llamado de atención, no es tan solo una “simple información o una información a ser ratificada como fue calificada por el Sr. Gustavo Larrea, ministro de seguridad Interna y Externa”. Se trata del fallecimiento de gente, que en ejercicio de sus derechos de ciudadanía exige y defiende su territorio de entidades de lucro, que generalmente se escudan en ciudadanos cuya angustiante situación económica hace que exploten y vendan la madera a bajo precio a intermediarios y, éstos, a la vez, comercialicen el producto con empresas madereras. Empero, cabe explicar que los dos últimos eslabones de la cadena de comercialización mencionada, son los que realmente lucran con la actividad, lo cual es ya una tamaña injusticia. A esto se suma la impunidad de aquellas compañías madereras, que indirectamente incentivan la tala de árboles, muchos de especies cuya explotación no está autorizada, bajo el argumento de que “la empresa no cortó el árbol”. Qué decir de la evasión tributaria que se produce y la fuga de madera hacia Colombia.
En el 2007, bajar de 22 a 9, el número de especies protegidas de árboles, ya fue un golpe duro para la preservación y conservación de la selva amazónica. Ahora resultaría que otra mano asesta otro golpe, pero esta vez mortal, en contra de quienes secularmente son los legítimos propietarios y guardianes de los recursos naturales, gracias a los cuales nuestros hijos tendrán futuro. No conformes con el lucro, ahora se comportan como verdaderos mercenarios. Eso no se puede permitir. Hoy serían 5. ¿Mañana, toda una población contaminada con plomo o mercurio? ¿Qué hemos aprendido más de 500 años después de los genocidios de la conquista? Señores 5 héroes modernos han caído,  5 ciudadanos que dieron la cara, para que su mundo y el nuestro siga vivo. Se reivindica a Alfaro, justo y necesario. Veamos si lo mismo se hace con estos 5 compatriotas. Hay en el gobierno un verdadero talento especializado en Derechos Humanos, con la enorme responsabilidad de velar por la seguridad de los ecuatorianos.
  Por otra parte, la muerte de ciudadanos huaoranis es la desafortunada evidencia de que el país requiere primero un marco jurídico e institucional, llámese y entiéndase CONSTITUCIÓN, sobre la base de la cual se estructuren las leyes, especialmente, de aquellas que apoyarán la legislación de derechos humanos, la  propiedad de los territorios de las nacionalidades indígenas, la explotación de recursos forestales, mineros, petroleros y, en general, de todos los recursos naturales.
Sería irracional, fuera de toda lógica, contradictorio y por demás “curioso”, que hechos repudiables como el acaecido con los ciudadanos huaoranis, sean contemplados en una nueva Ley de Minería o en una Ley Forestal. No obstante, racional, lógico también desde el punto de vista jurídico, coherente y sensato sería contar primero con una CONSTITUCIÓN que vele por los derechos humanos, determine indicadores biofísicos para la explotación sostenible y sustentable de los recursos naturales y defina el régimen de propiedad sobre el territorio y uso del subsuelo por parte de los pueblos ancestrales, entre otros aspectos.
Los vacíos e incoherencias legales eventualmente también son fuentes de enfrentamientos. En el presente mueren ciudadanos huaoranis supuestamente en manos de madereros, mañana a lo mejor ciudadanos shuar en conflictos mineros en Morona y Zamora.
Lamentamos profundamente el fallecimiento de estos ciudadanos, defensores reales de la vida, de un patrimonio natural de la humanidad y de la cultura del jaguar, cuyo rugido se debe respetar. La vida es invalorable.