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No a la segunda reeleccion del parapresidente |
Por mucho que los colombianos quieran meter la cabeza en la tierra para no ver la luz del día, y si la Corte Suprema comprueba que lo que afirma Yidis Medina es verdad, eso significaría que la segunda elección del presidente Uribe fue posible porque se cometió un fraude y quién sabe cuántos delitos más, lo que la hace no sólo ilegal sino ilegítima. Veamos:
 
- El voto de Yidis para que fuera posible la reforma constitucional, que permitiría la reelección inmediata del Jefe de Estado, se logró con el compromiso de que les serían asignados varios cargos públicos a ella y a sus amigos. Es decir, que los funcionarios del Gobierno y subalternos del Presidente usaron bienes y contratos del Estado para el beneficio personal de Álvaro Uribe.
- La ausencia del vallecaucano Teodolindo Avendaño, recurso inventado como una estrategia de aprobación de la figura de la reelección presidencial, se pagó con una suma de dinero que estaría entre los $200 y los $400 millones, de acuerdo con lo que supo la Revista Cambio. Esa versión se basa en colillas de cheques girados a Teodolindo, que le habría entregado Yidis a la Corte como prueba irrefutable de sus afirmaciones.
- Según versión también publicada en días pasados, el entonces ministro del Interior, por cierto visible activista de la reelección presidencial pasada, Sabas Pretelt de la Vega, les habría ofrecido garantía de no extradición a los angelitos del mundo ‘narco’ denominados ‘Los Mellizos’, a cambio de que aportaran sus esfuerzos para que Uribe tuviera un segundo periodo en la Presidencia.
- De acuerdo con grabaciones difundidas en una sesión plenaria en el Senado de la República hace unos años (grabaciones a las que nadie les paró bolas en ese momento con el argumento de que eran embustes de la oposición), en una reunión entre Luis Carlos Restrepo, comisionado de Paz, y los jefes paramilitares, se comentó que la aprobación de la Ley de Justicia y Paz “estaba atada” a la reelección presidencial.
- Los numerosos congresistas detenidos por la parapolítica se han quejado por las presuntas violaciones al debido proceso y por falta de garantías en la Corte Suprema. Pero no han dicho ni pío sobre las cuotas de poder que mantienen en sus regiones mediante los puestos en entidades oficiales claves, otorgados por voluntad del Gobierno.
No sabemos aún qué falta por descubrir ni cuáles de los involucrados en esta conspiración contra la democracia terminarán cediendo al peso de su conciencia y al miedo de la justicia. Si estoy bien informada, pronto habrá más noticias sobre este escabroso caso de delincuencia política.
Por eso, estoy totalmente de acuerdo con los conceptos expresados en la formidable columna de Antanas Mockus, ayer en El Tiempo, y que tituló ‘Hora de renuncias’. Dice Mockus: “Si yo fuera Uribe ya habría renunciado… Si yo fuera Gina Parody o Martha Lucía Ramírez, dos congresistas en cuya honestidad creo, yo renunciaría”. Y añade: “Apreciado Presidente: sin el voto de Yidis o Teodolindo, usted no habría sido elegido. No nos venga con el cuento de que el fin justifica los medios… No ocultemos el sol tapándolo con las manos. Lo que sabemos todos da para un juicio político claro y sin demoras. Es tiempo de renuncias”.