¿Realineación o continuidad del injusto desorden globalizado? En recientes declaraciones a medios de prensa, George Soros exhortó a los gobiernos y bancos centrales a intervenir en los mercados "o de otra manera se enfrentarán a una depresión como la de los años treinta".
El multimillonario financiero húngaro-norteamericano criticó a los gobiernos —por supuesto de las naciones más ricas—, por no haber aprendido las lecciones del pasado "de que los mercados no se corrigen solos necesariamente, "cuando ya tuvieron que acudir a su rescate en otras crisis" y añadió que Estados Unidos y Gran Bretaña "difícilmente podrán evitar una recesión".
Soros manifestó que, aunque en la situación actual se excluye una recesión global, sí se experimenta un cambio significativo en el poder e influencia (más allá) de Estados Unidos y a favor de las economías emergentes, particularmente del gran coloso asiático: China.
Al igual que Soros, muchos analistas coinciden en que la mayor amenaza para el crecimiento económico global en el 2008 es "la falta de respuesta coordinada y de liderazgo" a la crisis actual de los mercados financieros. Asimismo, "la mala gestión", es el segundo peligro más importante para los líderes políticos y empresariales de las naciones más ricas del globo, y le sigue "una recesión en la primera economía del mundo (Estados Unidos) como consecuencia de la crisis inmobiliaria y crediticia, y de la caída del consumo".
El colapso de los mercados de valores de todo el mundo desde comienzos de año, llevó a la Reserva Federal estadounidense (FED) —hasta la fecha— a recortar los tipos de interés en 0,75 puntos, hasta el 3,5 por ciento.
Aunque algunos (como la señorita Condolezza Rice) no dejan de calificar a la primera economía del mundo de "sólida, resistente y con fundamentos estructurales saludables a largo plazo", resultan opiniones completamente contradictorias a las de la gran mayoría de los expertos, quienes dan por hecho que Estados Unidos entrará en recesión. Si es que realmente ya lo está, y dispuesto a contagiar a otras economías ante la constante caída de las bolsas desde inicios de año.
Para Soros, la actual crisis financiera ha sido precipitada por la llamada burbuja inmobiliaria estadounidense que, de cierta manera, recuerda las otras crisis que han ocurrido a intervalos —entre cuatro y diez años— desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero entre las que existen profundas diferencias. Siempre que la expansión crediticia se veía en problemas, las autoridades financieras intervenían inyectando liquidez o estimulando la economía. Esto propició el surgimiento de un sistema asimétrico de incentivos, al tiempo que promovía una mayor expansión del crédito.
Las apariencias eran tales que la opinión pública norteamericana llegó a creer en lo que el presidente Ronald Reagan llamaba la Magia del Mercado y que Soros identifica como el Fundamentalismo de Mercado. Al respecto el multimillonario plantea que "los fundamentalistas aprecian que el mercado aporta una tendencia al equilibrio y, por tal motivo, sirve al interés común el hecho de que los participantes actúen en función del interés particular de cada uno.
"Obviamente, se pasaba por alto que no era el mercado el que aportaba el equilibrio sino la intervención de las autoridades financieras para evitar los derrumbes", significa Soros.
No obstante, el Fundamentalismo de Mercado emergió como la ideología dominante y se globalizó de manera tal que a Estados Unidos le fue posible succionar los ahorros del resto del mundo, consumir mucho más de lo que produce y cargar con su actual déficit de cuenta corriente.
Los mercados financieros estimulaban a los consumidores a endeudarse mediante instrumentos cada vez más sofisticados y términos más generosos; las autoridades apoyaban y respaldaban el proceso interviniendo cuando el sistema financiero global estaba en riesgo, pero las regulaciones oficiales eran cada vez menores hasta que llegaron prácticamente a desaparecer.
"La expansión del crédito —dice Soros— fue tan formidable que escapó de las manos de las autoridades financieras que se vieron incapacitadas para calcular los riesgos y empezaron a dejar el asunto a cargo de los propios bancos.
"Los bancos centrales se vieron obligados a inyectar cantidades de dinero sin precedentes y surgieron nuevos instrumentos de crédito y prácticas que han resultado inseguras e insostenibles".
Según este magnate de las finanzas, lo mismo ocurrió en muchos otros eslabones del sistema crediticio hasta que fue el sistema financiero en su conjunto lo que estalló.
A la Reserva Federal de Estados Unidos —cuya intervención ante las amenazas de crisis ha devenido en algo habitual—, no le queda mas camino que anunciar nuevas bajas de la tasa de interés para tratar de evitar que Estados Unidos entre en recesión, pero los principales analistas de mercado ya dan por descontada la crisis y ven como única solución (para atenuarla), impedir una brusca desaceleración en el ámbito mundial sobre la base de que potencias como China y la India mantengan su nivel de demanda para evitar que disminuya abruptamente la actividad productiva y la recesión se generalice.
China y la India han crecido vertiginosamente —gracias a su inserción en los flujos comerciales de manufacturas de bajo contenido tecnológico y en determinados servicios—, lo que les ha permitido expandir notablemente su mercado interno, algo que se ha convertido en un factor dinámico importante no sólo para ambos países, sino también para sus socios comerciales.
Se trata de un mercado de 2 mil 600 millones de consumidores que ha iniciado su incorporación a los patrones de consumo occidental. La recesión en curso podría servir para que esos gigantes asiáticos reorientaran rápidamente su economía (destinando al mercado interno parte de lo que exportaban), lo que implicaría que llegaran a convertirse en economías emergentes decisivas para la estabilidad económica mundial. Si esto se lograse, la recesión se atemperaría y el eje del crecimiento mundial se trasladaría al Oriente.
Para la gran mayoría de los analistas ello implicaría también que el enorme riesgo provocado por la irresponsabilidad del capital financiero estadounidense, (con la cartera inmobiliaria), concluya en una recesión de corta duración.
Hay que recordar que en el Foro Económico Mundial de enero pasado dominado por el temor a una recesión —o al menos a una seria desaceleración de la economía estadounidense que arrastre consigo a la economía mundial—, se planteó la preocupación de que los altos crecimientos de China y la India se frenen como consecuencia de una recesión mundial.
En dicho evento, el presidente de la empresa productora de equipos móviles de comunicaciones de China, Wang Jianzhou, vaticinó que la economía de su país sería afectada por una recesión mundial, "pero no mucho", gracias a la expansión del consumo interno prevista, que integra junto a las exportaciones y las inversiones de capital, los tres elementos claves del espectacular crecimiento chino.
Sin lugar a dudas que una recesión en el mundo desarrollado es inevitable y que es probable conduzca a un alza de países en vías de desarrollo, como China, o como opina Soros: "…es menos probable que la actual crisis financiera sea causa de una recesión económica global, y es probable que a lo que conduzca sea a una realineación global de la economía, con la declinación relativa de Estados Unidos".
¿Realineación o continuidad del injusto desorden globalizado? Las expectativas son muchas.