Todas las ciudades generosas tienen más de un corazón y yo nací en uno de lostuyos: Chamberí. Después me llevaron a Tetuán, otro corazón. Allí exploré tus calles adoquinadas y tus solares asilvestrados; tus campos: Caño Gordo, Dehesa de la Villa... Y en tu rastro, el famoso rastro de Tetuán, en la calle Marqués de Viana, que terminaba también en un solar inmenso atravesado por el Canal de Isabel II, compré aquellos primeros libros. El tipo que los vendía tenía un puesto formado por una oxidada mesa de camping abarrotada de novelillas policiacas y del oeste y, debajo de ella, una gran caja de cartón en la que, tras una gruesa capa de obras del mismo tipo, guardaba el “tesoro de la Revolución”. Se trataba de un gran pedagogo que nunca intentó inclinarme hacia una u otra vertiente del socialismo, seguro como estaba de que, escogiera
la que escogiese, igualmente acabarían dándome de hostias, como así fue. Él me vendió El Falansterio, del socialista utópico Charles Fourier; una versión reducida de El Capital; El Manifiesto Comunista; Dios y El Estado, de Mijail Bakunin; un libro de “Pensamientos”, de Mao Tse Dong y otros muchos que ya no recuerdo.
Tetuán era conocido también como el “barrio de los cines”. El Savoy, en la misma Marqués de Viana; y, ya en Bravo Murillo, el Versalles, Europa, Lido, Carolina, Cristal y Montija. Allí tuvieron lugar también mis primeras experiencias sexuales, después de darle un duro a alguna de las pajilleras que se apostaban en las últimas filas. Había que tener mucha imaginación para correrse ante el fotograma soberbio de John Wayne inundando la pantalla.
Pero Madrid respiraba libertad. A pesar de la bota que la oprimía, Madrid saltaba a cada momento, por sorpresa, en cada esquina, en cada calle, en cada plaza, Madrid no cesaba de exigir la libertad robada. Porque Madrid era una ciudad vencida, pero no era una ciudad rendida.
Era ya Madrid, `por aquel entonces, un crisol de culturas y nacionalidades, premonición de lo que es hoy, aunque, lógicamente, en un nivel más doméstico. Extremeños y andaluces, a los que debemos barrios tan madrileños como El Pozo o Entrevías, compartían las calles con manchegos, asturianos, vascos o gallegos. Siempre fue Madrid ciudad fronteriza en el centro de La Iberia, ciudad donde podía buscarse el anonimato, el escondrijo económico o político que no se encontraba en provincias , infectadas de curas, guardias civiles y munícipes del más rancio, ignorante y brutal de los fascismos. Sin embargo, Madrid siempre fue protectora y cómplice con el forastero.
En esa Madrid crecí, en una Madrid que fue mi madre, mi novia, mi amante; en una Madrid que siempre me abrió portales antifascistas ante los golpes grises de la barbarie, que siempre me mostró horizontes tras las rejas de los calabozos, que siempre me enseñó dos buenas tetas más allá de la obscuridad del confesionario. Porque Madrid era libre.
Y ahora...¿qué te ha pasado, Madrid? ¿qué te pasa que prohibes dar de comer a las palomas en tus parques pero alojas pájaros carroñeros en tus palacios? ¿por qué has cambiado el “no pasarán” por el “está usted en su casa”?
Se te han colado los invasores, Madrid. Se te han colado y, esta vez, sin pegar un tiro. Aquellos madrileños de todas partes han sido desplazados. Los antes resistentes son ahora colaboracionistas, “trepas” sin ideología alguna, esclavos por vocación. Se te ha colado esa clase de tiposque a cambio del adosado con piscina y el BMW no repara en entregar todo su tiempo, todo su derecho al ocio, a la cultura, todo su derecho a la vida en común, se han arrastrado –de otra forma no hubieran podido entrar- por debajo de tus muros y han ido expandiendo su epidemia: “la libertad no es rentable, la dignidad no tiene valor”. Y votan, Madrid, los invasores votan y te han conquistado, borrando de un plumazo tu naturaleza heroica y noble, silenciando a tus madrileños de todas partes.
No sé que estamos haciendo tan mal tus hijos, querida Madrid. Habrá que descubrirlo y ponerle remedio. Habrá que hacer algo para combatir la invasión. Inspíranos ciudad-madre, enséñanos el camino, dinos como hemos de organizarnos para expulsar lejos de ti a esos que te roban los espacios públicos, los hospitales, las escuelas, los polideportivos, los centros sociales y culturales, a esos que desprecian de ti todo lo que no pueden convertir en negocio hediondo, en putrefacto dinero. Oh, Madrid, están arrojando todas tus perlas a los cerdos.
Queremos volver a oír tu grito, amada Madrid, tu grito de resistente emergiendo de tus piedras, de tus calles, de tus túneles, queremos volver a oírlo inundando tu atmósfera, y cantarlo contigo, Madrid, todos juntos, los madrileños de todas partes, de todos los mares, de todos los continentes, en todos los idiomas, castizos todos: ¡NO PASARÁN!
#1
14-03-2008 09:47
Lamentablemente, es cierto todo lo que dices, pero no nos vencerán. Finalmente, toda esa morralla servil y arrastrada será tragada por nuestras alcantarillas. Ya lo veremos.
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