Poliética de la Comunicación. Área de Economía.
¿ QUÉ PASA CON LOS NUEVOS OBREROS INMATERIALES?
   
El socialismo por el que se lucha
no es solamente una idea, es una utopía; entendida ésta
como unaro iris de posibilidades nacidas de la crítica
y tendentes a mejorar “más y para más”.
Asistimos a un desconsuelo generalizado entre los trabajadores debido a las deslocalizacionesque se producen en empresas cuyos miembros son en su mayoríatrabajadores materiales o de cuello azul. Es normal: la economía de miles de familias depende del futuro de la permanencia de esas fábricas o centros de trabajo en los lugares donde residen. Pero un aspecto social que de momento escapa a las instituciones y a los sindicatos radica en qué pasa con los “trabajadores inmateriales”; es decir: con los creadores de ideas, conocimiento, comunicación, gestores de relaciones emocionales, culturales...etc, cuya “multitud desorganizada”supera en capital humano al concepto de masa laboral y además resultan imprescindibles como motor dedesarrollo económico en una región o país sobre todo ahora que vivimos en una sociedad globalizada.
Los “inmateriales”, en un porcentaje muy alto, son diplomados, licenciados o con una formación superior que trabajan de camareros, en centros comerciales o en puestos que se asemejan a su titulación, pero cuya remuneración en muchos casos no supera los 900 euros. Digamos, pues, que sus capacidades intelectuales se han proletarizado en comparación con algunos trabajadores materiales. Y ello, a largo plazo, puede causar insatisfacción; y tras el frustración deviene la falta de motivación o, en su caso, el cambio social, en forma de protesta o desinterés por la cultura democrática. Una prueba evidente estriba en que los “inmateriales”son precisamente los que menos creen en los partidos políticos y sindicatos. Unos pasan y otros participan, por ejemplo, en el movimiento antiglobalización.
Se avecinan tiempos de cambio. Los “inmateriales” han vivido bajo una seguridad económica que les ha facilitado el Estado de Bienestar, por medio de la sanidad, la educación y, en definitiva gracias a las prestaciones sociales. Aspiran a disfrutar de una mayor calidad de vida, no ansían con tanto ímpetu poseer dos casas y un buen coche, buscan la autorrealización personal, disfrutar de más tiempo de ocio, son más permisivos con la diversidad sexual y cultural. En definitiva, han superado la etapa materialista, más propia de quienes con mucho esfuerzo y debido a las carencias que padecieron en los sesenta les reconfortaba básicamente la acumulación económica.
Quizá nos hallemos ante el fin del modelo corporativista, por lo menos en el marco de las relaciones laborales, en la medida que los sindicatos ya no representan a los que son autosuficientes para negociar sus condiciones laborales –aunque coyunturalmente sea a la baja- y, asimismo, por otro lado, utilizan la red de Internet como instrumento de comunicación y coordinación. Tanto para labrarse un futuro como para protestar. Francia nos mostó cómo los estudiantes universitarios (futuros “inmateriales”) consiguieron paralizar el CEP y los sindicatos se han puesto yaa la cola de sus demandas casi a modo de escaparate.
La realidad demuestra que los sindicatos de viejo cuño (UGT y CCOO) ya no son la vanguardia de una “multitud” cada vez más difusa y alejada de ellos, aunque traten conbuena voluntad (o interés para conseguir subvenciones) de prestar atención a los inmigrantes, a la búsqueda de empleo o mejorar la salud laboral en las empresas. Los sindicatos, durante siglo y medio, consiguieron por medio de luchas y sacrificiosdignificar la vida de los trabajadores y conquistas de las cuales hoy disfrutamos los ciudadanos. Pero, los que otrora representaban la elite del movimiento obrero, hoy sólo prestan sus servicios eficaces a los que visten el mono azulcon contratos fijos. Y, a veces, incluso con dificultades o negociando a la baja, como sucede en la mayoría de las grandes fábricasEn fin, la experiencia vital de los líderes sindicales de los setenta, ochenta y noventa no se parece en nada a la actual. Han quedado desfasados. Entre otras cosas por su pasteleo institucional.
Se ve, pues,cómo las perspectivas difieren a todos los nivelesentre los trabajadores “materiales” y los “inmateriales”, e incluso resultan contradictorias: los primeros pretenden mantener su statu quo laboral inamovible, lo cual me parece legítimo, pero improbable debido a las condiciones que impone el mercado económico y financiero que nadie controla, ni aquí, ni en ninguna parte del mundo. A su vez, las consecuencias afectan a las relaciones familiares, pues su concepto de familia se asemeja más al tradicional, ven con temor a los inmigrantes ante la pérdida de trabajo por carecer de menor cualificación profesional, y por tanto, de sostener un modelo de vida que hasta ahora les permite vivir cómodamente. En el caso de los segundos, aunque aspiran a una vivienda u otros bienes materiales, son más flexibles a la movilidad laboral, no ven al extranjero como una amenaza ya que poseen estudios, lo cual ante un período de crisis les permite competir en mejores condiciones que a los trabajadores materiales. Y un aspecto que me parece muy relevante: en las economías desarrolladas tecnológicamente su futuro laboral, en principio, resulta más prometedor, a pesar de que ahora no logran trabajar en lo que desean.
No olvidemos que quienes gestionan el conocimiento, las ideas, la comunicación o las nuevas tecnologías podrán trabajar con un ordenador desde casa o en una oficina con costes bajísimos para las empresas. Lo que, por otra parte, indica el grado de desarrollo en I+D, por ejemplo.
La evidencia muestra que las empresas de los países más desarrollados gestionan el conocimiento y la creación de ideas, mientras que poco a poco van deslocalizando la producción a otros lugares donde la mano de obra es más barata, porque, de normal, lo que genera beneficios no consiste en montar coches en una cadena, sino el diseño estratégico de ellos. Son los nuevos tiempos. Tiempos para reflexionar sobre el movimiento obrero.