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Proletariado o tecnoburocracia ¿de quién será el futuro?

Entramos en un tiempo de crisis (económica-climática-energética) en el que la tecnoburocracia tendrá su oportunidad de poder basado en la division social del trabajo cerrando el paso al comunismo.
Aurora Despierta | Para Kaos en la Red | 14-6-2008 | 473 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/proletariado-tecnoburocracia-quien-sera-futuro
Tecnoburocracia, peligro para los trabajadores

¡Cuidado con la historia como lucha de clases y la dinámica fuerzas productivas/ relaciones de producción!. Hasta hoy, del conflicto entre las dos clases centrales del modo de producción (amos y esclavos; nobles y siervos de la gleba), una tercera clase emerge (nobleza; burguesía) y triunfa, convirtiéndose en dominante. ¿Existe un riesgo semejante para el proletariado?. Creo que hay una posibilidad con la tecnoburocracia.Esto debiera llevarnos aun más a centrarnos no en la propiedad sino en la alienación, división social del trabajo (manual-parcializado-ejecutante/intelectual-organizador-directivo), para cuestionar a la burguesía privada y cualquier otra versión o nueva clase tecnoburocrática, cerrándola el paso o impidiendo su surgimiento. (ver el libro de Raúl García Durán “Saber, sociedad tecnológica y clases. El proceso de formación de la tecnoburocracia profesional como clase dominante” hacer editorial, 2000)

Las diferentes versiones de la tendencia al capitalismo de Estado (keynesiano, nazi-fascista, estalinista...) se dieron en el siglo XX no tanto porque hubiese un subdesarrollo (no era el caso de los EEUU o de Alemania), sino porque el capitalismo había entrado en su fase decadente y a raíz de laI ª Guerra Mundial (economía de guerra), sus secuelas y de la revolución rusa que eliminó la propiedad privada, de la crisis de 1929 y los preparativos para la IIª guerra mundial, el capital en su conjunto y más en particular algunos países, se encontraron con problemas gravísimos para los cuales la mejor salida en ese momento era desarrollar más o menos la vía del capitalismo de Estado, pues el mecanismo del mercado, la iniciativa e inversión privada, no eran suficientes, sino parte del problema. Aunque no era una solución a las contradicciones del capitalismo, en sus distintas modalidades ha aguantado bien que mal hasta los años 90. Pero el capitalismo de Estado, mediante múltiples intervenciones del Estado y como contratista (del sector militar, por ejemplo), sigue estando ahí. Ahora se ha optado más por la vía del mercado. Pero la situación puede cambiar, aunque no se repita igual que en el pasado.

Estamos entrando en un tiempo de crisis internacional que antes o después se combinará con la crisis económica ligada al cambio climático o las medidas para afrontarlo y el final de la era del petróleo que llegará hacia mediados de siglo aproximadamente. Así que no va a ser “sólo” la crisis financiera, industrial y comercial, sino algo mucho más complejo, grave y novedoso, imprevisible. Cada vez son más las voces de científicos, economistas, ecologistas, advirtiendo que dada la magnitud de los problemas, no se puede confiar hacerles frente con la “mano invisible” del mercado, su incentivación de las inversiones, etc en la dirección deseable, pues los intereses creados, el cortoplacismo de los beneficios, la ceguera voluntaria, y la inercia harán que las medidas no lleguen a tiempo ni en calidad ni en cantidad, siendo necesario un papel directivo por parte del Estado. Así es posible que alguna versión nueva de la tendencia al capitalismo de Estado aparezca y se extienda por gran parte del mundo. Dependiendo de la gravedad de la situación y de la respuesta proletaria, alguna modalidad de capitalismo de Estado puede ser la mejor opción para importantes sectores de la tecnoburocracia (directivos de empresas y del Estado, ingenieros, científicos, jefes militares...), para concentrar sus esfuerzos y recursos, desplazar a la burguesía privada, y neutralizar con la “socialización” estatista más o menos “democrática” el potencial revolucionario de los trabajadores/as, volviendo a integrarlos y disciplinarlos.

Otro problema, la tendencia a la baja de la tasa de ganancia por el aumento de la composición orgánica de capital, y la resistencia capitalista a la automatización que al no precisar del trabajador no permitiría su explotación a través de la plusvalía extraída al productor (parte no pagada del trabajo) y por tanto la obtención del beneficio. Este desarrollo tecnológico puede ser fundamental para dar respuesta a los problemas económicos, ecológicos, energéticos. La tecnoburocracia quizás podría afrontarlo mejor que la burguesía privada, no sólo como se ha visto en el capitalismo de Estado, haciendo trampas con la ley del valor, sino tal vez hasta deshaciéndose de ella. El sobretrabajo explotado, históricamente no se ha expresado sólo por la plusvalía conforme a la ley del valor. Ni la ley del valor ni la plusvalía regían el esclavismo ni el feudalismo y sin embargo había explotación del trabajo. En el socialismo-comunismo también superaríamos la ley del valor y sin embargo tendríamos “acumulación” en el sentido de desarrollo de las fuerzas productivas, impulso a la automatización y no todos recibirían según su aportación, sino según sus necesidades aunque no trabajasen nada (incapacitados, etc). Es decir, que sin ley del valor cabe una distribución muy desigual de los recursos, una explotación y semi-exclusión.

Avanzando hacia la automatización se podría justificar la gran diferencia de ingresos y de poder, sustituyendo la “ética del trabajo” por la “ética de la calidad de la aportación”, y el poder de los “sabios”, la valoración del “tiempo libre” (sobre todo para los precarizados) y el reducido consumo de la mayoría con el pretexto de reducir el impacto medioambiental y no agotar los recursos del planeta. En lugar de facilitar que todas las personas alcanzasen la cualificación que fuesen capaces –garantizado el trabajo necesario a la comunidad- monopolizarían todo lo que pudiesen el saber. Una vez cubierto el personal necesario para esta “nomenklatura” dominante, cerrarían el acceso (mantener la escasez artificial de superexpertos sería su primer mandamiento). Para prevenir la abundancia de profesionales que por un poco más de cualificación podrían alcanzar el nivel de los de la “nomenclatura” y por tanto presionar para su ampliación con la consiguiente devaluación, cubrirían su necesidad con la parcelación de sus saberes, con la excusa de la democratización. La “nomenklatura” conseguiría así su subordinación y se apropiaría de las tareas de coordinación y dirección de lo parcelado. Aquellas profesiones que estuviesen menos ligadas a las funciones del poder (médicos, arqueólogos, etc), podrían conservar una cualificación alta y su abundancia no entrañaría ningún riesgo, sino una ventaja al crear una clase intermedia que además garantizaría servicios baratos a la comunidad. En vez de crear más puestos de trabajo, los trabajadores/as se turnarían cada cierto tiempo para ocupar el mismo, no perder habilidades y aumentar sus ingresos. El “tiempo libre” sería un cebo para desistir del esfuerzo de estudio y eliminar así la presión de quienes de otro modo podrían exigir que se rompiesen los límites de la “nomenklatura” o de la parcelación del saber. La nueva élite se aprovecharía de su aura de “salvadores” de la Humanidad, al dar soluciones a problemas gravísimos, para justificar su papel directivo y privilegios que no podrían extenderse a todos por razones económico-ecológicas. La riqueza de la minoría tecnoburocrática se debería a la sobrevaloración de su trabajo lo que conseguiría en parte gracias a la apropiación del trabajo de otros y dificultando el medio (trabajo) que permite un mayor acceso a los recursos (sin trabajo por temporadas cortas o largas) no por un criterio de propiedad de los medios de producción (serían “de todos”), sino de “utilidad social” de una cualificación profesional. La diversidad de situaciones (fijos, turnos, precarios, larga desocupación) dificultará el sentimiento de unidad de problema y el cuestionamiento de la sociedad con una resistencia común. Puede que la industria del ocio (realidad virtual, etc) y el desarrollo de estupendas drogas de la “felicidad”, sabiamente administradas como estímulos al trabajo o la sumisión según tocase (recordemos al proletariado romano con el pan y circo), ayudase a la estabilidad.

La enseñanza, con su etapas, ramas, especialización, selectividad, orientación, serviría de medio para asegurar la debida división social del trabajo clasista, la reproducción de la clase por su descendencia y cooptación de la parte del pueblo más “capacitada” e integrada. El desarrollo desigual del planeta con grandes masas muy poco cualificadas ayudaría a la legitimación del poder “natural y neutro” de los “más capacitados y sabios”. Como ya en la enseñanza básica, supuestamente en igualdad de condiciones, el ciudadano se estaría jugando su futuro, los padres que quisiesen una buena posición social para sus hijos más que “tiempo libre”, los educarían para ser muy responsables, competitivos y gregarios, a costa de la represión de su espontaneidad y sociabilidad crítica. Esta represión determinaría el carácter hasta la edad adulta dando como resultado unos ciudadanos conformes y dóciles que si son “perdedores”, expresarían su agresividad en el deporte de masas y ahogarían su frustración en un ocio idiotizante y en drogas de nueva generación. Los menos comprometidos desde la infancia con la ética del esfuerzo se inclinarían al pasotismo aceptando su lugar. Los menos autodestructivos, expresarían su creatividad en su tiempo “libre” en actividades de bajo costo (teatro aficionado, canto coral, danza, deporte...) con sus festivales, concursos, competiciones, permitiendo cierto reconocimiento personal e identidad comunitaria (aunque sea a escala del pequeño grupo), gregarismo y “popularidad”. Abriría también otra vía de ascenso social mediante la cooptación a la élite artística y deportiva que se codearía con la tecnoburocracia.

Aunque esta sociedad frenaría el verdadero progreso y la vida buena para todos, eso no le importaría a la clase dominante, como no le ha importado a ninguna otra ni a la burguesía tras un siglo de decadencia y múltiples barbaries a pesar de estar reunidas las condiciones para avanzar hacia el comunismo, arreglándoselas muy bien para ocultarlo a los trabajadores y justificar su dominación.

La combinación de la crisis “normal” y en la decadencia del capitalismo, con la crisis del cambio climático, del fin de la era del petróleo, de la composición orgánica del capital, y una lucha proletaria deslegitimadora de la burguesía privada sobre todo, débilmente enfocada a la alienación (por tanto a la división social del trabajo), pero exigiendo grandes cambios, podría crear unas situaciones inéditas mucho más graves que las del siglo XX, que diesen una nueva oportunidad a las tendencias al capitalismo de estado y a que la tecnoburocracia se transformase (aprovechando su verdadero potencial de clase y su papel creciente en la realidad de las relaciones de producción, más allá de la formalidad jurídica) de servidora del capital o parte del capital, en una nueva clase “para sí”, dominante, con un modo de producción que ya no podría definirse como capitalista propiamente y que podría ser realmente un modo de producción distinto. Ya no digo si más progresivo o no. Al menos la salida no comunista a la crisis de civilización y del planeta. La alternativa no revolucionaria al capitalismo decadente.

Si no debemos fijarnos sólo en lo que hasta hoy ha sido el proletariado, sino lo que puede llegar a ser, tal vez debamos pensar que hasta hoy sólo se ha manifestado parcialmente, con avances y retrocesos, el esbozo de una nueva clase social tecnoburocrática, como también fue muy complejo el desarrollo de la burguesía desde sus primeros pasos como burguesía comercial en el feudalismo. Pero que en determinada combinación de circunstancias y a falta de una potente alternativa comunista, puede ser capaz incluso de aprovechar la ola proletaria para alzarse al poder como nueva clase, como la burguesía cabalgó la lucha campesina, y desarrollar hasta su nuevo modo de producción. Puede que por tanto, las diferentes variantes del capitalismo de estado conocidas hasta hoy sólo hayan sido una especie de ensayo. Incluso se podría decir que el balance histórico de la tecnoburocracia en éxitos es muy superior al del proletariado hasta hoy. Es muy importante saber si existe este riesgo potencial o no. No me parece que deba despacharse sólo por lo ya visto. Es mucho lo que puede estar en juego y lo que puede significar a la hora de plantearnos la teoría, el programa, la intervención.

Los trabajadores/as de los países “socialistas” se enfrentaron al capitalismo de Estado, denunciado las normas de trabajo (productividad, disciplina, jerarquía...), pero sin llegar a cuestionar la división social del trabajo y la existencia de la clase dominante explotadora. Esto muestra lo poco intuitivo que es su cuestionamiento, incluso cuando está conociendo la experiencia (decepcionante) superadora de la propiedad privada capitalista (el capitalismo de Estado “socialista”) (ver el balance sobre Hungría 1956, en la Revista Internacional nº 127, 4º trimestre 2006, de la Corriente Comunista Internacional, www.es.internationalism.org).

Es erróneo pensar que el paso por el capitalismo de Estado supondrá un avance hacia la crítica a la alienación y que por tanto es conveniente pasar por eso (etapismo, fases intermedias, etc). El proletariado no avanza por un patrón de racionalidad lógica, en este caso, de conocimiento por eliminación progresiva: “si el problema ya no es la propiedad privada, ni la anarquía del mercado, ni la planificación burocrática o la autogestión, entonces será la división social del trabajo, la alienación, la acumulación enajenada”.

En 1871, en la época ascendente del capitalismo, se dio una revolución proletaria (con todas sus limitaciones) en París. Ya en la decadencia, en 1917 y en la siguiente década, brevemente en Rusia y Alemania. En España en 1934 en Asturias y desde julio de 1936 con la reacción contra el golpe y las colectivizaciones. Todo esto ocurrió en el capitalismo ascendente o ya en el decadente, en países desarrollados (Alemania) pero también muy (Rusia zarista) o bastante (España) subdesarrollados, sin que el capitalismo estuviese “agotado” y siendo el recorrido reformista históricamente mucho mayor que el de hoy. En los países del Este los había muy atrasados (Albania y otros), como con unas altas concentraciones proletarias (Polonia) o relativamente desarrollados (Checoslovaquia, Alemania del Este) y una superpotencia con un desarrollo extremadamente desigual (la URSS). Se conocieron graves situaciones de crisis y de luchas proletarias, a veces repetidas en algún país (Polonia), incluso insurreccionales (Hungría, y mucho más confuso en Albania). La URSS, desde la perestroika, conoció una profundísima crisis.

Con esto quiero decir que no hace falta que esté “agotado” el capitalismo para que se puedan dar procesos más o menos revolucionarios, aunque no puedan consolidarse. Que no hayan ocurrido más no quiere decir que fuesen históricamente imposibles, como también fueron posibles en los casos antes mencionados. Podían haberse dado otros similares a los de Hungría con algo más de protagonismo y profundización proletaria. Siendo más factible a corto plazo las salidas democratizadoras y neoliberales, las experiencias revolucionarias no se habrían consolidado. Pero lo que nos habrían revelado seguramente es la dificultad de cuestionar la división social del trabajo como núcleo duro de la alienación del trabajo. Eso habría mostrado que la dificultad fundamental no está, como no lo estuvo antes, en el subdesarrollo, ni en la posibilidad de alternativas reformistas (tras 1871 con el reconocimiento del movimiento obrero “compensado” con las superganancias imperialistas, o con el keynesianismo, etc, o la democratización y el neoliberalismo), sino en la dificultad para la crítica del trabajo alienado y su pilar en la división social del trabajo; dificultad que se revela más evidente cuando incluso se han eliminado los velos de la propiedad privada, la planificación burocrática hipercentralizada, etc.

En el desarrollo de la conciencia proletaria es fundamental cómo vivencian los trabajadores/as el capitalismo y de ahí cómo comprenden la raíz de su naturaleza y las causas de su situación. Además del nivel de desarrollo del capitalismo, relaciones entre las empresas, grado de concentración del capital, monopolios, anarquía o planificación del mercado, papel represivo del Estado, intervención del Estado, mercado nacional, imperialismo, mercado internacional, globalización etc, juega un papel fundamental las características del proletariado de cada época y por tanto, su situación en la división social del trabajo.

El capitalismo, ya en su esplendor a partir del 1871 con la marcha hacia el imperialismo, y con la entrada en la decadencia desde principios del siglo XX y el desarrollo de las diferentes variantes del capitalismo de Estado (keynesiano, nazi-fascista, estalinista...), se caracteriza por el desarrollo del obrero de fábrica que tiende a ser cada vez más descualificado o con una cualificación ya muy determinada por las necesidades del capital que ha aprendido lo que necesita para tener bien controlada la fuerza de trabajo, subsumida (subordinada, absorbida, integrada), para extraer la mayor plusvalía: controlar no sólo el producto, sino todo el proceso de trabajo de modo que su gestión y el rendimiento escapen a los productores para lo cual la capacidad de organización y el conocimiento deben pasar a manos del capital y sus fieles servidores (técnicos, ingenieros, capataces, etc.), jerarquizando y disciplinando, y hasta determinando a tales fines la tecnología supuestamente neutra. Así supera definitivamente la época de la manufactura y domina al proletariado con oficio, orgulloso de la maestría en su labor, aunque dependiente de la contratación por el capital. La división social del trabajo se convierte cada vez más en el núcleo duro, la matriz, el fundamento mismo de la relación del capital, pues es la que, más que la propiedad, la venta formal de la fuerza de trabajo, la anarquía del mercado o la planificación (desarrolla la división social del trabajo y la tecnoburocracia) determina la posibilidad moderna del trabajo alienado y la extracción acumulación de plusvalía, existencia de las clases proletaria y burguesa y el surgimiento de lo que es un sector de la burguesía que tal vez puede desarrollarse hasta constituir una clase de por sí, la tecnoburocracia (técnicos, científicos, dirigentes, administradores, burócratas de empresa y del Estado empresario) al margen del grado de su participación accionarial. La explotación de los trabajadores/as, está garantizada gracias a la división social del trabajo, sea la propiedad privada, estatal, autogestionaria, y el papel que juegue el mercado o la planificación.

A grandes rasgos y a riesgo de simplificar. Cuando el proletariado se caracteriza todavía por poseer mucha cualificación profesional (proletariado sucesor del artesanado) y no se ha llegado a la masificación del trabajador sin cualificación (taylorismo, fordismo..., cadena de montaje, etc), es fácil que debido a su relativa autonomía con el capital en cuanto al grado menor de subsunción real de la fuerza de trabajo, se plantee el capital como básicamente un monopolizador de la propiedad y un parásito, y confíe en un proceso cooperativo o de autogestión federalista. En ese momento el papel de los ingenieros, etc y de la organización y administración de la producción por el capital y su Estado, es mucho menor que posteriormente. Con el crecimiento del capitalismo y el desarrollo del taylorismo, fordismo, etc, los proletarios caen en una progresiva descualificación o subsunción real de su cualificación por el capital (control, subordinación, adaptación tal que supone una absorción integración de hecho en los intereses del capital, no algo ajeno con lo que se coexiste en una relación mercantil conflictiva). Dado su grado de indefensión, falta de autonomía, ya no se sienten tan capaces de plantear el problema social en términos de cooperativismo (saben que no podrán contra las grandes empresas, etc) y autogestión (necesitan de los técnicos y científicos que están del lado del capital o reclaman su privilegios económicos y en la dirección) sino de recurrir al “gran padre” que es el Estado al que sueñan con controlar y reformar gracias a “sus” representantes, los partidos políticos socialdemócratas o comunistas, para que resuelvan el problema de la propiedad, de la anarquía del mercado y de la dirección tecnico-científica “al servicio de la sociedad”. Pero lo que hacen es depositar el poder en esa tecnoburocracia, lo único que no son capaces de abordar a fondo en su crítica pues se sienten impotentes para resolver el problema de la división social del trabajo. La gente no se plantea lo que no está -o no se siente- en condiciones de solucionar. En esto, la indefensión, debilidad, los proletarios se parecen, salvando las distancias, a la pequeña-burguesía tradicional y administrativa en los procesos de fascistización que sublima su aislamiento y dependencia con la ideología comunitaria nacionalista y corporativa, y el papel totalitario del Estado en el que procura ocupar un puesto en el escalafón que le permita además ascender.

Por tanto la dificultad histórica de los trabajadores para cuestionar a fondo la alienación del trabajo tiene una causa importantísima en el hecho de que la alienación está estrechamente relacionada con la organización del trabajo, la cualificación y la tecnología, y éstas con la división social de trabajo (intelectual-manual, organizacional, dirigentes-dirigidos) y a su vez con la apropiación del saberpor la burguesía y tecnoburocracia. Como esta división se presenta como neutra, científica, natural (distintas capacidades) y como además su superación puede ser muy difícil a corto y medio plazo (cualificación técnico científica de los trabajadores) y se suele enfrentar como problema aquello para lo que se tiene una solución, entonces no se aborda. Los trabajadores/as se inhiben al punto de que apenas desarrollan una crítica y lucha que sí podrían a corto y medio plazo contra la alienación de la organización “científica” del trabajo y otras facetas de la organización y finalidad del trabajo. La producción en cadena, las máquinas, reflejan esto. Es más fácil plantearse el problema en términos de salario, ritmos de trabajo, duración de la jornada (plusvalía absoluta o relativa), propiedad jurídica (la burguesía ha tomado la iniciativa en nacionalizaciones), o democracia formal (cooperativas de finales siglo XIX, la “autogestión”). Nada de eso implica la superación del problema más complejo, la división social del trabajo, la apropiación del saber técnico y organizacional, que da pie a la organización alienada del trabajo, la subordinación de los trabajadores/as que facilita su explotación, por encima del salario, la propiedad y la democracia formales.

Esta dificultad forma parte de la dinámica de clase, el conservadurismo que lleva a perpetuarla adaptándose a los cambios, y su incapacidad para cuestionar lo fundamental de su naturaleza, lo que la constituye como parte del binomio burguesía- proletariado, pues el proletariado en cuanto clase reclama la presencia de su “complemento” en la división social del trabajo, pues por sí sola es incapaz de dirigir la sociedad (“simbiosis” desigual pero no parasitismo).

Así que dado lo menos comprendido del problema de la división social del trabajo comparado con el contractual (salario, jornada, duración), la propiedad, el mercado y la planificación (reconocido por diferentes fracciones burguesas), hay una dificultad grande para que lo esencial y fundamento mismo de la relación del capital (o tecnoburocracia) con el trabajo, se haga visible. Y cuando se haga visible, tendremos el problema de que sea para los trabajadores/as creíble su superación.

Y el desarrollo del capitalismo, controlado por los intereses de la burguesía con su división social del trabajo para garantizar sus privilegios, no lleva de modo natural a una superación de esa división, sino a su perpetuación, como ha demostrado siglo y medio de desarrollo científico técnico y subsunción real de las capacidades proletarias. Es la versión capitalista del desarrollo (no neutro) de las fuerzas productivas, de la ciencia y tecnología.

Esto plantea el gran obstáculo objetivo-subjetivo para la superación de la alienación, que no se puede solventar simplemente con decir que los trabajadores/as, gracias a la planificación y su poder democrático, deben ser quienes tomen las decisiones fundamentales asesorados por los expertos como consejeros, pues sabido es que los ignorantes acaban por ceder la toma real de decisiones a quienes de verdad conocen la temática y estos ya se encargan de oscurecer el problema para hacerse con parcelas de poder no compartido. Se sentirán motivados por el deseo de que su criterio se convierta en decisión sin depender de los ajenos al círculo de los expertos. Tenderán a decidirse por alternativas y tecnologías que no serían las más fácilmente controlables democráticamente por la sociedad o los productores directos, sin que ello esté justificado por su eficiencia, sirviendo para legitimar por razones “técnicas” la posición directiva de los expertos haciendo inevitables sus privilegios. Esto podría llevarles a preferir aquello que refuerce su poder aunque en muchos aspectos sea desventajoso para la comunidad y el futuro. Al hacerse imprescindibles tendrían en el chantaje un medio adicional para obtener poder y privilegios. Significa que hay un motivo más si cabe para que los trabajadores/as alcancen un nivel de conciencia “contra sí” como clase para superar todo lo que les encadena a su clase o seguirán a expensas de la tecnoburocracia con grandes riesgos de ser suplantados seguramente antes de lo que supondrían.

El “en sí”, “para sí” y “contra sí” tienen que ver con cómo se experimente la relación con el capital, cuál es la naturaleza de la propia clase y de la burguesía:“en sí”, trabajador “libre” que busca mejor contrato con el capital privado o estatal;- “para sí”, el trabajador ve en el capital la anarquía del mercado, la propiedad privada de los medios de producción, el explotador parásito, o los fallos de la planificación burocrática y la burocracia como capa parasitaria o privilegiada;- “contra sí”, el trabajador comprende el núcleo del capital, del trabajo alienado, en la división social del trabajo que hace posible la explotación y la acumulación del sobretrabajo y enriquecimiento de una minoría, sea cual sea la propiedad formal, con el mercado, la planificación o ambos.

Cómo se vivencia el capital depende del desarrollo del capitalismo y de las mismas características del proletariado, además del peso de la ideología dominante que puede ser contrarrestado.

La división social del trabajo (manual-parcializado-ejecutante/intelectual-organizador-directivo) asegura la existencia de ambas clases y su interdependencia, mutua necesidad. Ambas clases no pueden extinguirse si no se supera esa división social del trabajo. Los trabajadores/as, para negar esa totalidad clasista, deben empezar por la parte que les toca y que con el trabajo alienado produce capital acumulado (o sobre trabajo acumulado, enajenado). Su liberación de esa totalidad empieza por renegar de su clase en los hechos, esto es, resistiendo y rechazando el trabajo alienado, para empezar, luchando por más salario y contra la organización del trabajo. La dinámica de clase se plantea los problemas en los términos que puede dada su naturaleza: salario, jornada, ritmos (plusvalía absoluta y relativa), propiedad jurídica, democracia formal, pero es incapaz de cuestionar la matriz del binomio capital-proletariado, que es la división social del trabajo, la expropiación del saber proletario por la burguesía y tecnoburocracia y su control del saber diseccionado según sus intereses disfrazado de neutralidad científica. Esto sólo se puede hacer saliéndose de la lógica y dinámica de esas clases, desde “fuera”, desidentificándose y planteándose el proyecto de un trabajador colectivo libremente asociado, superador de esa división social del trabajo, expropiando a los expropiadores del saber. No cabe ambivalencia hacia la división social del trabajo, raíz de la alienación de la fuerza de trabajo y su explotación. La dinámica de clase, la ambivalencia, significa permanecer en el terreno y recorrido de esa relación y de hecho tolerar y hasta reclamar la existencia de una burguesía o tecnoburocracia que la complemente como fuerza productiva muy limitada por la división social del trabajo (saber científico -técnico, saber organizacional, en la empresa y la sociedad).

Antes de la transición al comunismo es cierto que formalmente se luchará como clase, pues seguirá en pie la reivindicación de mayor salario. El contenido expresado en la motivación, la actividad, la autoorganización y la conciencia, sin embargo puede ser anticapitalista, pro-comunista claramente. Pero ya antes de la transición pueden darse luchas que incluso en lo formal cuestionen la clase, como el caso de la lucha contra la organización “científica” del trabajo, la división en categorías, el cuestionamiento de la división social del trabajo, ligado también a luchas en las escuelas profesionales y en la universidad. Esto ya sería un primer apunte de lucha “contra sí” como clase.

“Contra sí”, implica que en la sociedad de transición, los trabajadores/as no pensarán en sí mismos como humanos abstractos, ni como trabajadores abstractos, sino más en concreto que nunca, pues deberán conocerse muy bien (que no identidad-pertenencia como clase que es una forma ideológica, egoica, de no conocimiento) si quieren ir “contra sí” como clase, y no reclamar peculiaridades y privilegios de clase. “Contra sí”, deberán saber al detalle hasta qué punto están construyendo relaciones sociales en la dirección del comunismo, en qué medida persiste el trabajo autoalienado y las demás formas de alienación. Deberán descubrir cuáles son las pautas de trabajo, actuación y organización de clase que la perpetúan y ser creativos con otras formas de trabajo, autoactividad y autoorganización propias de un poder constituyente anticlases (partiendo de las potencias). Colectivo de trabajadores/as en transformación para dejar de ser clase, que se comprende bien a sí mismo y la realidad de clase de la que parte y su diferencia con otras clases que menos aun suponen ayuda en la superación de la autoalienación. Comprender hasta qué punto están creando las condiciones del trabajador colectivo libremente asociado no es una abstracción sino algo que se traduce muy concretamente en mil detalles en la empresa y fuera de ella y en la relación con el conjunto social. Comprender que el núcleo de la clase proletaria no es la no propiedad, ni la no democracia formal en la gestión económica, ni la no representación política directa, etc, sino la autoalienación sobre todo en el trabajo con producción de excedente expropiado para la acumulación del capital. Y que por tanto, su enemigo es el núcleo mismo de la clase. Por ello no pueden identificarse como clase, ni en lo psicológico ni en cuanto a identidad colectiva, ni social, ni en lo formal, sino como colectivo de trabajadores/as en proceso de autonegarse como clase y crearse como otra cosa totalmente distinta. Por eso, en la transición debemos rechazar que se considere a la clase como dominante, pues el núcleo de la clase es la autoalienación. Quien domina en la transición al comunismo es el colectivo de trabajadores/as con conciencia de ser algo todavía intermedio, contradictorio (no ambivalente) en transición entre la clase y la no clase y que tienen en la clase a su enemigo, sus cadenas, su lastre, no su fuerza. Lo más opuesto a lo constituyente (poder creativo de civilización) es la autoalienación en el trabajo y en sus demás ramificaciones.

En la fase revolucionaria y tras la creación del inicial nuevo poder de los trabajadores/as, la crítica del trabajo alienado y todas sus derivaciones, la división social del trabajo, deberá pasar a un primerísimo plano para evitar que tomen la delantera cualquier forma de recuperación burguesa y el desarrollo de la tecnoburocracia (capitalismo de Estado, planificación burocrática, autogestión, socialismo de mercado...). Aunque los trabajadores/as estarán más motivados que nunca, como los procesos deben acelerarse hacia la revolucionarización o bien lo harán hacia la recuperación, las minorías comunistas, como avanzadilla, aceleradores, clarificadores, desbloqueadores, tendrán un papel importante haciendo todo lo posible para estimular la reflexión en los trabajadores/as.

Ya desde hoy las minorías comunistas deberán aumentar su comprensión de lo que es el trabajo alienado y cómo se ha venido expresando y se expresa en la actualidad, en sus modalidades más concretas. Dadas las dificultades de los trabajadores/as para llegar a la crítica del trabajo asalariado, la alienación, la división social del trabajo, observable en la experiencia de siglo y medio, destaca el papel de las minorías comunistas, no para la dirección del movimiento, de la lucha, de la organización, o su adoctrinamiento, sino para impulsar en los trabajadores/as el análisis, reflexión, crítica y lucha contra la alienación del trabajo, lo que viven a diario en primera persona.

Si queremos que los trabajadores/as entren en la fase revolucionaria en las mejores condiciones posibles de autoactividad, autorreflexión y elaboración de línea y programa, capacidad de cuestionar el trabajo asalariado y que por el camino no les desvíen hacia el capitalismo de Estado, autogestión, etc., desde ahora debemos estimular esa reflexión a nivel de los más avanzados y al nivel de masas. A nivel de los más avanzados, que deberá extenderse también en lo posible según su receptividad al conjunto de la clase, tenemos el Programa de Transformaciones. A nivel ya del conjunto podemos estimular la reflexión, crítica y lucha contra la alienación en la forma más inmediata que conocen y donde pueden incidir los trabajadores/as : la productividad, la organización “científica” del trabajo, la división por categorías, la creación de “equipos de trabajo”, el turno de noche, etc. La crítica y la lucha no deberá limitarse al modo sindical de “compensar” con el aumento salarial, sino cuestionar el sometimiento de los trabajadores/as en la empresa y la sociedad pues no pueden definir las necesidades colectivas ni por tanto el trabajo ni en su objeto, calidad, cantidad ni el modo de hacerlo.

Este abordaje del trabajo asalariado, es un paso en la superación de la dinámica como capital variable, como fuerza de trabajo que se vende por un precio (salario) y que a lo sumo cuestiona el precio y las condiciones básicas de su mantenimiento y supervivencia (salubridad, accidentes, etc) durante su servicio. Desde ya los trabajadores/as pueden analizar su experiencia, reflexionar, ofrecer alternativas de resistencia y lucha, cuestionamiento de la alienación y las relaciones de producción capitalistas, superando el planteamiento de “compensación” salarial. Sería una excelente escuela para que los trabajadores/as abordasen con más facilidad la reflexión sobre la alienación y la condición proletaria, su naturaleza de clase, alcanzar el nivel de fuerza social “contra sí” como clase. Así llegarían mucho mejor preparados a la fase revolucionaria y serían menos vulnerables a las maniobras de desviación, recuperación y a la toma de la delantera por la tecnoburocracia. Igualmente hará que mucho antes se interesen por la cuestión del Programa al entender la relación que existe entre su vida inmediata y la problemática que aborda sobre el trabajo, la alienación. Si no se hace esto, resultará mucho más difícil que lo comprendan cuando se enfrenten a las grandes cuestiones y hará falta un enorme esfuerzo propagandístico con riesgos de caer en el educacionismo por no estar unido todo ello a su experiencia de lucha y el autodesarrollo de la conciencia a partir de ella. Lo más importante, habremos puesto desde mucho tiempo antes en marcha el proceso de autorreflexión de los trabajadores/as en la dirección del cuestionamiento del trabajo alienado, el asalariado y por tanto la predisposición para abordar, con muchos más elementos, el análisis de las propuestas programáticas que se les presenten, y la capacidad para desarrollarlas por sí mismos.

Este potencial y que Marx, y algunas minorías comunistas hayan conseguido llegar a la crítica de la alienación y la división social del trabajo, significa que es posible también para las masas proletarias. Debemos comprender bien todas las dificultades para ello y descubrir el modo de que las superen. Para estimular en las minorías comunistas, en los avanzados y en las masas la crítica a la alienación, deberíamos recuperar las reflexiones de Marx en este sentido (alienación, subsunción real del trabajo por el capital...) y también de otros que analizan desde el taylorismo, fordismo, a las últimas prácticas capitalistas más “cooperativas” “participativas”, “democráticas”.

En la enseñanza, formación profesional, técnica y universitaria, deberá desarrollarse el cuestionamiento de la división social del trabajo. No se trata sólo de que “el hijo del obrero” vaya a la universidad, pues puede quedar en una mera cooptación por la clase dominante, sino de que la universidad deje de reproducir la división social del trabajo capitalista y tecnoburocrática.

Es una cuestión crucial pues si nos centramos en la autoorganización y la propiedad ocurrirá que cambiada ésta no quedará muy claro para qué sirve la autoorganización. Si los trabajadores/as no pueden transformar realmente el trabajo se desmotivarán para la participación en la autoorganización lo que provocará su burocratización que se acelerará porque las verdaderas relaciones sociales de producción, la división social del trabajo capitalista, lo exigen para garantizar el poder de la minoría tecnoburocrática que vaciará los Consejos de Trabajadores de todo contenido revolucionario. Si no se insiste en esto tampoco estará claro para qué queremos pasar por todo el trance de cambiar de sociedad si es sólo para conseguir más democracia formal (cogestión en la empresa, elección del director de fábrica, etc) y una igualdad social que muy pronto dejará de serlo para reforzar los privilegios de siempre aunque probablemente no con las diferencias casi astronómicas que han alcanzado hoy (en EEUU un alto ejecutivo gana muchísimas veces más –no puedo precisar, creo que relación de 1 a 100- que un trabajador medio, por no hablar de las grandes fortunas del planeta). Así tendremos un elemento de importancia para impulsar la ruptura con la dinámica de clase y reforzar la autonomía más allá de la autoorganización. De este modo la autonomía se desarrollará más integrada en forma y contenido y con una dinámica más fluida, con menor necesidad de intervención de las minorías comunistas, es decir, con mayor iniciativa y creatividad proletaria.

La crítica del trabajo alienado y todas las experiencias de la alienación, se podrán poner en relación con el sentido del trabajo que ocupa la mayor y mejor parte de la vida, de ahí el sentido de nuestra vida, lo que hacemos con ella en esta sociedad, nuestras motivaciones, y para qué queremos autoorganizarnos si no es para abrir el proceso constituyente de una nueva civilización que permita a nuestra vida florecer en todo su sentido.

Está en juego la suerte de quienes vivirán este siglo, y el futuro de la Humanidad. Si admitimos la posibilidad de una regresión histórica y esta fuese muy fuerte como resultado de desastres por la combinación de crisis económica por el desarrollo histórico del capital (tendencia baja tasa ganancia, problema mercados...), cambio climático, fin de la era del petróleo, derrotas proletarias, guerras, podríamos encontrarnos en una situación que no fuese meramente volver a empezar movido por la misma lógica histórica del capitalismo, sino que el desarrollo histórico tuviese otro recorrido, originándose algún otro modo de producción y de ahí vete a saber cuál pudiese ser el futuro, por lo que ya no cabría hablar para nada de la inevitabilidad del comunismo, ni siquiera de avanzar en esa dirección.

Este artículo es una profundización de la línea presentada en los artículos “Proletariado del siglo XXI: contra la alienación, “contra sí” como clase, para sí como seres humanos” (empezando por mi comentario) y “Programa, Programa, Programa. Tan necesario es”, y otros, todos en kaosenlared.

Para localizarlos, profundizar en el tema y conocer lo que de vez en cuando publico en kaosenlared, con el buscador de kaosenlared por Aurora Despierta luego seleccionar por Autor y Procedencia, Ordenado por Fecha, y Durante los últimos Todo Kaos,Buscar. (fijarse en la firma, no son míos todos los que aparecen).

 
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Comentarios (1)

#1

15-06-2008 12:24

Viva la Unión Soviética, pedantes

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