Un radical de izquierdas revolucionario es alguien que se subleva ante la injusticia puntual o social, que hace pública su repulsa y lucha contra la injusticia de la única forma posible en una sociedad hirsuta e intrincada como esta nuestra occidental: con intrepidez y con paciencia. Ya sabéis que la paciencia, para Mao, es la principal virtud del revolucionario. Pero no sólo lucho hoy como buenamente puedo, escribiendo, tan fácil es. También ayer me enfrentaba a la bestia de la dictadura cuando ésta extendía sus ramificaciones venenosas hasta los más estrechos resquicios y entresijos del país. Pero resulta que también soy conservador y clásico. Todo eso es, ni más ni menos el hombre retroprogresivo de Salvador Pániker. El hombre retroprogresivo es ese tipo de humano pendiente de hacerse, que da un paso adelante al adquirir plena consciencia del demiurgo, del espíritu universal, pero dos atrás para vencer su obsesión eterna por acaparar y dominar a los demás… Entre nosotros es difícil admitir el aunamiento de lo progresivo y lo conservador sin ser tenido por contradictorio o cínico. En la filosofía oriental no hay problema. La filosofía oriental en sentido lato no se atiene a la lógica socrática ni a la lógica formal en las que los principios de identidad, de contradicción, de razón suficiente y de tertio excluso constituyen el irritante entramado de todo lo que conduce al debate y a la discusión permanente... Y en su virtud no me atengo a "nuestra" lógica más que en lo que no haya otra opción para hacerme mínimamente comprensible. Por eso puedo permitirme pregonar que soy revolucionario y conservador. Yo creo que mucho mejor nos iría si los progresistas y los conservadores "oficiales", si derechas e izquierdas en España tuviesen la suficiente amplitud de miras para no dar tanta importancia a la controversia, es decir, a la oposición inacabable esperando obtener de la confrontación resultados sociales que por lo que podemos comprobar a estas alturas de la democracia son en muchos aspectos irrelevantes o irrisorios. Sobre todo en la cuestión territorial, en la persistencia de los privilegios de la sangre y del dinero, y en materia de igualdad entre riquísimos y pobres.
  De todos modos, aun no siendo revolucionario en el sentido extremo y violento en una sociedad empapada por la violencia verbal y moral, recorre por mi cuerpo la vena convulsiva. Tanto es así que en lugar de mantener la vida plácida que llevo, me lanzaría a cualquier sierra maestra para combatir a este sistema inmundo si hubiera posibilidades de vencerle. Pero eso sólo sería posible con un ejército ideológico compuesto por unas cuantas legiones de gentes virtuosas resueltas a desmontar este sinigual desorden. Por las buenas o por las malas. Desmontarlo, y sustituirlo por la única aristocracia noble y venerable existente: la aristocracia del espíritu, la del sabio....
  No es necesario insistir entre gentes de buena fe. Este es un sistema que, sin detenernos en tanto ejemplo de barbarie institucional propia de él, cultiva el huerto de unos cuantos a costa de ocasionar un desastroso panorama planetario, instituye la injusticia y no corrige la ignominiosa desigualdad superable fácilmente  si no gobernase la codicia patológica. Sí, me lanzaría, aunque sólo fuese porque no puedo disfrutar mínimamente de la vida viendo cada día hasta qué punto sufre tanta humanidad. Pero no es cosa de alardear de lo que hoy por hoy y a causa de mis muchos años, no puedo ni de lejos pensar y menos podría hacer...
  Pero es que, además de revolucionario y conservador, ya dije que soy clásico. Lo pongo en cursiva porque es una noción equívoca y confusa.  Son clásicas y neoclásicas aquellas personas que han adquirido la plena consciencia de sí y al mismo tiempo de su entorno; quienes han captado el alcance de lo universal; quienes intuyen que la verdadera superioridad, la biológica (que, para mí y pese a los antropocéntricos ostenta ahora la bestia) se alcanzaría dentro de "el sistema" si quienes lo conducen dieran marcha atrás, si renunciasen al crecimiento material indefinido, retrocediendo al pensamiento ático tanto en lo material como en lo moral.
 
  Y soy clásico, en cuanto a que jamás se me va de la cabeza algo que a lo largo de mi vida he tenido en cuenta en las mil peripecias y jardines en los que me he metido a solas, como hace el lobo estepario. Me refiero a la famosa prez de Confucio: "Dios mío, dame valor para cambiar lo que puedo, entereza para no intentar cambiar lo que no pueda, y sabiduría para distinguirlo".
  Pues bien, habida cuenta que las peripecias en las que me metí siempre dieron algún fruto; habida cuenta que mi contención para no arrostrar aventuras vanas e infructíferas no fue fruto de la abulia ni de la pasividad sino de la prudencia, puedo decir y digo que si hoy día he tenido que ahormar mi pensamiento y adaptarme a este "modelo" que detesto es por eso, porque son nulas las posibilidades de transformar en Europa, a corto plazo, a este tinglado social humano crispado y decadente; a este rebaño gobernado por pésimos o mediocres políticos y también por periodistas y medios embrutecedores. Y he llegado a la conclusión de que este sistema, como todo lo descomunal, no necesita en el fondo de enemigos que se arriesguen contra él. Este sistema sé derrumbará por su propio peso. Sus principales adversarios son las mismas hienas que lo custodian y que poco a poco entre sí se irán despedazando.
  Por consiguiente me sitúo dentro del posibilismo y me atengo a las coordenadas sociopolíticas de las que no podemos librarnos. Pero eso sí, mantengo un sentido exacerbado y crítico. Me parece que no es para menos. Una crítica que -lo reconozco- ejerzo mucho más como desahogo del flujo seminal y otros, que por la ilusión o la esperanza de conseguir una mínima transformación del marco que nos conduzca al reinado de la suprema inteligencia.
  Por todo lo anterior y a cuenta de diversas materias en las que la oposición política se sitúa frente a la gobernación, he de decir que si no fuera por su torpe, contumaz, inoportuna y cínica voluntad de desestabilizar y no la de frenar la loca aventura de la sociedad bajo las directrices de un socialismo que no lo es, vería de buen grado ciertas parcelas del pensamiento y acción conservadores que no son propiamente de derechas. Pensamiento y acción que sí se encuentra con mayor pureza en los países de la Europa Vieja. Pues la pretendida pluralidad de la izquierda al uso sólo atiende a aspectos formalistas en materia de igualdad y se muestra incapaz de evitar esa infecciosa propensión de tanto intolerante hacia los demás en la medida que es permisivo hasta extremos de escándalo consigo mismo. Y aceptaría, ya digo, la reacción conservadora, porque la eficacia relativa del modelo democrático se alcanza justo cuando la aceleración que imprime la izquierda a las reformas sociales (para atender justamente a expectativas minoritarias), es frenada por la buena fe de los valores conservadores que valen la pena mantener; cuando el caballo del dudoso progreso llevado al galope por la izquierda convencional, la derecha lo refrena en las costumbres para no pasar bruscamente de la sociedad patriarcal a la matriarcal casi de repente, por ejemplo. Pero lo habitual es que la derecha no refrene, lo mismo que las reformas de la izquierda dominante ahora  son insustanciales y anecdóticas. Y no frena porque aquí no es "conservadora". No persigue más que logros exclusivamente para los que son de la "familia".  Lo que al tibio liberalismo político de la izquierda opone la derecha, no es otra cosa que el devastador liberalismo económico de los neocons estadounidenses.
  Lo repulsivo, pues, es que la acción de los conservadores simulados va sólo dirigida a sustituir el progreso que supone reconocer la libertad de relativas minorías, por el liberalismo económico. Ello hace imposible el equilibrio deseable (dentro del sistema) que se produciría en el tejido social si esa acción fuese "auténtica" y dirigida al bien común; si el principio de contradicción de la lógica -en este caso social y política- a que antes me refería, centrase los logros y produjese una sincretización. Pero con una oposición egoísta que desdeña el bien común y lo interpreta restrictivamente, el pluralismo de la izquierda no hace sino desviar a la sociedad hacia un peligroso individualismo, hacia una cadena de una especie de orgías sociales cuyas víctimas son las generaciones que van llegando. El pluralismo, así, sin frenos inteligentes se convierte en pura disgregación, y las opciones salidas de la pluralidad conducen a la conformación de multitudes objeto de una más fácil manipulación por parte de los sectores que dominan desde siempre. Todo aquel que se resiste,  tratando de  ser retroprogresivo, ha de hacer un titánico esfuerzo. Un esfuerzo para no despersonalizarse, para no ser dominado por reduccionismos absurdos y concepciones grotescas, como esas manías de vanidad personal a las que se da alguna ministra cuando intenta corregir a la Academia. Y todo esfuerzo extraordinario sólo puede ser cosa de pocos. Quiero decir que si no fuera por todo eso, por esa filosofía villana y vil de la derecha y de los conservadores que no lo son y de los socialistas que tampoco lo son, celebraría y podría estar al lado de ciertos frenos propios del talante tradicional en el que no todo es inconveniente.
  Porque lo cierto es que, sin derrotismos ni triunfalismos, pocos serán los que no reconocen ya que en conjunto nos encontramos inmersos en un sistema alienante que, con la fuerza de un martillo pilón, nos despoja de esas dosis de consciencia y de conciencia que necesitamos para "sentir" la vida en plenitud y la propia identidad. Y así, aunque tantos y tantas presuman de ser libres y originales lo cierto es que ni son libres ni son suyas sus ideas. Aunque imaginen otra cosa, su ideario y sus gustos están inducidos, están inoculados por las invisibles fuerzas de un sistema que a su vez sólo tolera -en cierta medida y sólo en ciertos ámbitos de la vida pública y mediática- las extravagancias absolutamente inocuas para el sistema mismo. Extravagancias en la imagen y en la vaciedad del discurso público gracias a los que el propio sistema puede simular que progresa hacia las estrellas. Cuando lo cierto es que a donde nos dirigimos -porque allí ellos nos llevan- es a la entropía  y a la descomposición total que, como sucede en toda construcción de ingeniería financiera, se materializa en un crack que en esta ocasión nos hará saltar por los aires. Eso, si antes los científicos que manejan el acelerador de partículas, el LHC del CERN que va a recrear las condiciones del Universo instantes después del Big Bang este mismo miércoles en Suiza, no nos proyectan directamente a las estrellas no metafóricas sino a las de verdad...
#1.- Por lo que
07-09-2008 02:08
en su momento has propuesto votar sí al bastante burgués proyecto de Constitución europea y apoyar electoralmente la impresentable todo-lo-más socialdemocrática carcundia de Izquierda Unida, por mencionar sólo dos perlas de tu "revolucionaria" praxis.
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#2.- ¿No se puede?
halcon|07-09-2008 10:09
Al parecer, para #1 no hay posibilidad de ir cambiando y corrigiendo los errores, no. El revolucionario debe serlo desde la cuna. O sea, que lo de rectificar es de sabios a éste no le vale. Hay que ser sabio y coherente desde el útero materno, si no, no vale, y hay que ir recordando y amenazando a cada uno para que no diga lo contrario (o, simplemente, algo diferente) a lo que dijo y apoyó en algún momento. Y a esto lo llaman 'crítica'. ¡Vaya tela!
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#4
07-09-2008 11:42
¡Madre mía! ¡Lo que hay que oír! Este sujeto fue comisario de policía, y ahora se las da aquí de revolucionario. Para vomitar.
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#5.- a la #4
Jaime Richart|07-09-2008 18:16
Sé perfectamente quién eres. Y piénsate lo que intentas hacer. Soy tan recto de comportamiento como puedo ser implacable y más inteligente que  mi enemigo. Aquí se quedan ambos comentarios para la historia...
Yo no he sido comisario de policía, pero aunque lo hubiera sido hay policías, como hay militares tan rojos como azules los fascistas. En todas las actividades y profesiones, incluídas esas, hay gentes rectas y de bien, y otras depravadas  que abusan de sus prerrogativas. Y fuera de ellas, hay gentes del populacho que sólo  están bien  en los prostíbulos y en los centros de rehabilitación de drogadictos...
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#6
Joaquín Manrubia Such|07-09-2008 19:00
Todo lo que cuentas y dices es cierto, no voy a poner peros porque para eso tendría que ser un estudioso, un intelectual y mucho más inteligente de lo que soy, yo me limito a ser, a vivir y dejar vivir y aunque no me gustan esos que siempre salen para "enmerdar" como decimos los catalanes, creo que estamos en el mundo para que haya de todo, bueno y malo (aunque no me guste esto último) guapo y feo, tonto y tonto de remate. Pero que le vamos hacer, no podemos salirnos de esta astronave llamada Tierra que viaja por el Universo, no podemos decir aquello "pare que me apeo". Pero  hay que vivir junto a energúmenos al igual que los elefantes, gacelas, cebras y demás animales pacíficos con las hienas, leones y otros bichos. No hagas caso de todos esos (aunque ya se que no lo haces) "estem al món perquè hagi de tot" y para los no catalanes "estamos en el mundo para que haya de todo".
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#7.- 1
08-09-2008 06:33
En vista de lo que me dice 2, sería interesante comprobar si Richart efectivamente ha cambiado de opinión sobre las propuestas suyas que recojo, sólo dos en un mar de posturas ideológicas que este escritor sostiene sistemáticamente y que tienen de revolucionarias lo que los mensajes cristianos.
  A modo de ejemplos redundantes, recojo otras tres perlas:
"El mundo está gobernado por la superintrincada galaxia de la Publicidad". ¡No me digas! Creía que el poder lo tiene la élite burguesa que sostiene el capitalismo en su actual y prolongada fase imperialista y que utiliza todas sus armas para mantener imperturbable el saqueo de los pueblos, armas entre las cuales, la publicidad no es ni de lejos, la más contundente.
"La izquierda anticapitalista constituida en partido político -lo mismo dan sus siglas-, no tiene porvenir en este país". Así que se vayan enterando los grupos de izquierda anticapitalista que luchan por la autodeterminación de sus pueblos en el seno del Estado español
"Los eurocomunistas somos demasiado escrupulosos para competir con los fascistas". ¡A estas alturas seguir creyendo que el eurocomunismo fue alguna vez un proyecto revolucionario!
En fin.
 
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