Primero de Mayo: Ni lo uno, ni lo otro  “Trabajo digno, trabajo para todos, inversión en la producción” rezaban las pancartas de la manifestación de los sindicatos en la ritual conmemoración del Primero de Mayo. Ni lo uno, ni lo otro: Ni trabajo digno, ni trabajo para todos, ni inversión en la producción. Las burocracias sindicales, tan satisfechas y aposentadas en el mundo del dinero, no se quieren enterar. Son como aquel parásito que vive tranquilo y feliz en un huésped que enfermo y moribundo tiene sus días contados. Les ocurre como a los gobiernos, a los políticos, a los analistas… A todos les asusta el desempleo, el trabajo precario y hasta la necesidad de aumentar la inversión en el aparato productivo. Les atemoriza la revuelta social que una situación sin retorno provocaría. Ellos añoran el viejo capitalismo del pasado. Más complejos industriales, más maquinaria, más producción, más y más trabajadores asalariados…para continuar el círculo interminable de la acumulación del Capital: “dinero-mercancía-mercancía-dinero”.
  Los trabajadores también están atemorizados. Tanto como lo estaban los esclavos de las plantaciones algodoneras del sur de los EEUU cuando las primeras máquinas agrícolas irrumpieron en los campos, o los remeros cuando el motor de explosión irrumpió en la navegación, o los siervos de la gleba cuando observaron atónitos como el reino de su señor sucumbía al paso de los ferrocarriles, o la hilandera con la aparición de las máquinas selfactinas, o el tornero ajustador ante un ingenio robotizado…
  La sociedad trabajadora no se ha detenido jamás ante ninguna de las estructuras políticas y modos de producción que atenazaban su progresión. Trabajo asalariado y Capital ya pertenecen a un pasado sin retorno, por mucho que se empecinen algunos en mantener su vigencia. Un nuevo elemento ha irrumpido en el primer plano de la actividad humana: La Ciencia. La Ciencia no puede convivir ni con el trabajo asalariado ni con el Capital. El conocimiento científico considerado como trabajo creador no es una disposición que pueda ponerse libremente en el mercado, ni puede ser comprado o vendido como una mercancía. Solo puede ser adquirido socialmente y reproducido de la misma forma.
  La propiedad privada sobre la que se sustenta todo el edificio de la sociedad capitalista, es incompatible con el carácter social del conocimiento científico erigido como la fuerza productiva más relevante y necesaria del progreso humano. Una nueva forma de trabajo ha entrado en la escena de la historia humana y ni el salario es su precio ni el capital su impulsor.
  Hoy ya no es un sueño inalcanzable para ningún pueblo de la Tierra el disponer de unas condiciones de vida y de desarrollo mínimas para que la existencia sea posible y ventajosa. La sociedad humana tiene en sus manos enormes medios para conseguirlo. Nuestros proyectos de ingeniería superan con facilidad cualquier barrera geográfica que parecía insuperable. Transitamos por mares y océanos. Construimos acueductos o gaseoductos que atraviesan continentes enteros. Nos comunicamos con inusitada rapidez. Somos capaces de producir alimentos, manufacturas y enseres de toda índole muy por encima de nuestra propia capacidad de consumirlos. Nunca nuestros almacenes estuvieron tan repletos de mercancías. Nos acercamos al espacio. Nuevos materiales y nuevas fuentes energéticas están en el cerco de nuestra búsqueda. Los caminos abiertos por los nuevos conocimientos en robótica, biotecnología, bioquímica, genética, ingeniería informática, nanometría,... parece que no tengan límites en lo que podemos llegar a descubrir en las esferas de lo que hasta no hace poco era improbable, dificultoso o distante. Cualquier innovación tecnológica ni tan solo resiste el mínimo periodo de su aplicación práctica para verse nuevamente superada en un corto espacio de tiempo. Este futuro a nuestro alcance necesita un nuevo edificio social en donde el tiempo libre será sin duda la mejor medida de nuestro progreso y el trabajo creador no se parecerá en nada al trabajo forzoso al que hasta ahora la Humanidad se ha visto encadenada.
  Desdichados los pueblos en donde el trabajo asalariado atenace a la mayoría de sus pobladores por que el solo podrá ser precario, agotador,  inhumano y de espaldas a la Ciencia y a los avances tecnológicos. El capitalismo para sobrevivir solamente puede caminar hacia su feudalización. 
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