Sin apenas ruborizarse, los políticos norteamericanosse lanzan a pescar votos en el revuelto mar de los inmigrantes hispanos, apenascomenzados los preámbulos de las postulaciones partidistas para elbisiesto 2008, el de las presidenciales.
También seráaño de las olimpíadas de Beijing, y pareciera quelos aspirantes a un acta de representante o senador, y más aún,esperanzados en heredar el sillón de W. Bush en calidad de usufructuario oneroso,quisieran emular en fortaleza de cara para convencer a los hispano parlantesde que ellos encarnan lasalvación de alcanzar el sueño en la “tierra prometida”.
Ahí tenemoslos guiñosque prodigóRudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, a los inmigrantes, en un debate televisado el domingo último en el sur de la Florida, cuando dijo que “los hispanos vinieron a Estados Unidos para ser americanos y nos hacen mejores a todos”.También se sumaron a la pantomima Mike Huckabee y Mitt Romney.
La reseña desde Washington del corresponsal Antonio Ascaño, del diario El País, recuerdaque el partido Republicano, de Giuliani, ex alcalde de Nueva York, aceleradamente pierde votos de los latinos que retornan al partido Demócrata. Son precisamente los hispanos los integrantes del grupo étnico de mayor crecimiento en Estados Unidos.
La última encuesta del Instituto Pew sobre este asunto, publicada la semana pasada, afirma que el voto hispano se inclina por los candidatos demócratas por una diferencia de 57 por cientofrente al 23 por ciento, lo que representa un margen de 34 puntos.
Los otros aspirantes republicanos presentes en la justa oral también regalaron piropos a la audiencia hispana, y se esforzaron para ocultar que solo unos días antes todos elloshabíanrespaldado un plan para forzar el retorno a sus países de12 millones de ilegales que se calculanen EE.UU.
Tampoco dijeron quehan apoyando medidas drásticas contra la entrada de trabajadores desde la frontera sur, como la construcción de un nuevo muro antes del año2010.
Los políticos saben que en el sistema electoral estadounidense vale todo, especialmente la demagogia y la mentira, siempre que sepan disfrazarlascon frases melifluas que capten simpatías entres votantes. No importa que después de electos se olviden absolutamente de lo prometido.
Pero los todavíaaspirantes a candidatos no olvidan que ante todo ellosnecesitan satisfacerexpectativas racistas y xenofóbicasde quienes verdaderamente dirigen el país desde el poder económico y financiero, porque en primer lugar son estos los que aportan los fondos monetarios multimillonarios quelos políticos necesitan para aspirar a cualquier actaen las urnas.
Pocos se escandalizan de esa realidad en EE.UU., porque forma parte del sistema establecido, insuflado constantemente a través de los medios de difusión masiva donde se presenta como la esencia misma de la democracia representativa, ocultando, por supuesto, que se trata de un gran chasco.
Soloquienes van tomando conciencia de la realidad imperante,aun desdeposiciones desventajosas, luchan contra la injusticia impuesta y tratan de abrir los ojos a millones inmigrantes, convertidos en ciudadanos norteamericanos con derecho al voto, para que presionen a los políticos con su potencial electoral.
Recuerdananalistas del panoramaestadounidenseque fueronmentiras yfalsas promesas las que permitieron a W. Bush captar buena parte del tradicional voto de los inmigrantes, yfue su segmento de origen cubano y ascendencia batistiana,entrenado en fraudes mayúsculos, el que puso la tapa al pomo y lo sentó dos veces en la silla presidencial.
Esas falsedades van saliendo a la luz en forma de calamidades
que trascienden y provocan la fuga delentorno Bush de sus otrora fieles “cerebros servidores”,arrastrados por la maldición de Iraq, Afganistán yla propia represión que han impuesto a susconciudadanos, mediante leyes quede facto conculcaron derechos civiles alcanzados tras años de batallar en las calles.
Todo eso tiene un precio impagable con devaluados dólares. Lo saben los aspirantes al hacha del verdugo. Por ello lanzan anzuelos a diestra y siniestra, y, como Alicia en el País de las Maravillas, tientan a la suerte, corren detrás de un conejo o de una llave que les abra la puerta mágica por donde escapar. Nadie se sorprenda. También es típico del sistema.