tema vital para la SEGURIDAD en la Montaña de Guerrero
Mininuma, Metlatonoc, 18 de julio. El martes salieron de esta comunidad tres indígenas embarazadas y al siguiente día otras cuatro mujeres. Fueron a pie hasta la cabecera, a la unidad móvil que donó la fundación Vamos México hace dos años, donde había llegado un ginecólogo.
Una de las mujeres na savi parió un bebé muerto. Los lugareños lo atribuyen al esfuerzo, pues caminó los dos kilómetros que separan al pueblo de la cabecera de Metlatónoc, un municipio pobre que se llena de pequeñas casas de concreto.
En lo alto de una loma está la comisaría de Mininuma, un inmueble de cemento que los indígenas construyeron hace 6 años con recursos del ayuntamiento, pero ellos pusieron la mano de obra. Desde ahí se observan tres cuartos pintados de verde que son la primaria y el jardín de niños, los construyeron en las mismas circunstancias en 1999. Imponentes postes de concreto se alzan sobre las chozas; los lugareños los instalaron porque fue la condición de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para proveer de luz al pueblo. Como ocurre cada época de lluvias, el servicio es irregular y las tarifas, muy elevadas. Hace seis días que no tienen servicio.
Metros abajo, entre una brecha y una barranca, está la clínica de salud, el cuarto de adobe hecho por ellos, donde requieren un médico permanente, un paliativo ante los índices elevados de mortalidad en el pueblo: en un año murieron 7 indígenas, todos por enfermedad; en total hay menos de 300 habitantes en la comunidad.
Al igual que en Mininuma, es común entre las comunidades de La Montaña que los servicios que obtienen del gobierno los construyan los indígenas. No es la excepción el caso de la gestión de la clínica, que ha sido tema de análisis en medios nacionales a partir de que los vecinos decidieron en noviembre del año pasado, promover un inusitado juicio de amparo contra la Secretaría de Salud y el gobierno estatal, en reclamo del derecho a la salud.
En noviembre de 2001, Alfonso Montealegre Hernández, entonces autoridad del pueblo, propuso en una asamblea la gestión de un centro de salud porque consideró insuficiente la atención médica que ofrecía a la comunidad un galeno practicante enviado por el gobierno, que arribaba con "unas cuantas medicinas" tres veces al mes.
Semanas antes había muerto la hija menor de Montealegre. A la niña de 7 años la revisó un médico en la clínica de Metlatónoc (la única en esta zona para atender a más de 10 mil indígenas), pero sin medicamentos, le fue difícil sanar el vómito, fiebre y diarrea que se complicaron y finalmente murió. De los mismos males había fallecido su hijo mayor, dos meses atrás.
El centro de salud es la única obra que los vecinos de Mininuma han solicitado al gobierno del estado. Desde hace seis años han planteado a las Ssa que resulta complicado acudir a la clínica de la cabecera porque del pueblo a Metlatónoc no hay servicio de transporte público y el camino a pie se recorre en más de dos horas.
"Pero cuando las mujeres van embarazadas caminan despacito. Se van parando. Una vez una señora tardó 4 horas caminando, cuando llegó a Metlatónoc nació el bebé pero ya muerto", dice en español Alfonso Montealegre, en entrevista en la comunidad.
La necesidad de un médico y medicinas apremia a los na savi, pero en Mininuma no es la única necesidad: desde hace años requieren de adecuaciones en la escuela, así como de maestros; reparación del camino de tierra que los comunica a la cabecera, y que la CFE regularice el servicio de energía.
A los alcaldes les han planteado las peticiones, pero sin obtener respuesta. "Hay cosas que definitivamente el gobierno no cumple, pero que son sencillas. Por eso la gente tiene que presionar, porque el gobierno no tiene voluntad de cumplir", señala el profesor Julio León Solano.
En tanto, Natalio Montealegre, comisario de Mininuma, explicó que en el problema de la energía eléctrica, unos trabajadores de la Comisión que acuden inusualmente a la comunidad les recomendaron que cuando ocurran los apagones, reporten el daño a la oficinas en Tlapa por teléfono.
El problema, comenta el comisario con auxilio de un lugareño que traduce, es que en el pueblo no tienen teléfono y en la cabecera el servicio es deficiente, a causa de las lluvias.