Rayo que nos lacera el corazón,
cigarrillo de lenta ceniza meditada,
desvelo por la sombra que acecha 
en la ventana de la aurora, 
cada tanto, también,
la poesía refulge tornasoles presuntuosos.
 
  Sí. Y alquimias para conmemorar, ‘señoras y señores,
‘que las mariposas son díscolas flores desertoras,
  o un grácil surrealismo de angelitos pintores’.
 
¿Qué se dice de tanto palabraje
que humilla nuestra urgencia,   
- desgarrada, raída, sueño hilachas de trapo-
y cruentos lagrimones del fracaso   
que nos clava las uñas, costillas bien adentro?
 
  ¿De qué van los versitos incoloros si cada 
dos segundos se muere un pibe de hambre en el planeta?
¿Verso a hechura de un dios que ignora su tarea?
 
  La poesía repite seguir creciendo al hombre. 
Poemas mano a mano sin soledad tan sola.
  El unísono grito de remeros constantes,
extenuados de capitanear este naufragio de
errátiles gorriones, entre vendavales y tormenta.
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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