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Poema: Con Bolivar a la Carga

Otavalo | Para Kaos en la Red | 6-8-2008 | 193 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/poema-con-bolivar-a-la-carga

¡Ay, si Bolívar estuviese con nosotros!.

Si solo habría nacido en nuestros años,
no habría tenido esas feas patillas
a lo Elvis Presley
pero le encantarían sus canciones.

Sabría tocar el cuatro como Simón Díaz,
y en sus noches bohemias
cantaría junto a otros soñadores
canciones olvidadas de Ali Primera,
Daniel Santos y Felipe Pirela.

En la universidad
habría sido un buen alumno,
es decir, un justo dirigente.

Encabezaría las manifestaciones
por las grandes avenidas de Medellín,
de Quito o Maracaibo,

Andaría exhibiendo la camiseta estampada
con la Plaza de Tlatelolco en el 68
que un día le regalara Juan José Arreola,
y muchas veces habría ido a parar
a las mazmorras
y a las comisarías policiales
que hoy exhiben con sorna su retrato vacío.

Y algún agente de la CIA
lo habría torturado
sin lograr arrancarle una felonía
que ponga en riesgo al amigo,
o al camarada de la legión o del partido.
Su nombre constaría
en todos los archivos de los ministerios
de los gobiernos que hoy pregonan
ser bolivarianos.

Y en las carteleras de los aeropuertos,
de los terminales de autobuses,
de las casetas del peaje,
en las puertas de las Catedrales,
su retrato asomaría entre los más buscados
con precio a su cabeza.

Y al no encontrarle culpabilidad alguna
le habrían inventado una,
la más terrible
con tal de que renuncie a su utopía.

Lo tildarían de narcotraficante,
de incendiario,
de loco, terrorista.

Y le culparían a él directamente
de todas las debacles del imperio.

VII

Si Bolívar viviera en este lustro
su voz se escucharía
en los mitines de los sindicatos
y en las mingas de todos los cabildos
campesinos.

Su arenga alegaría por pan
y por salarios justos,
por los derechos de los excluidos,
por la mujer, el niño y el anciano;
por el manglar, la selva y la manigua.

Por la soberanía de los pueblos.

¿Acaso no fue esa su visión de Libertad?.

Estaría afiliado
a algún partido obrero,
a un movimiento popular rebelde,
al menos
a una jorga de locos soñadores
o a un clan secreto de poetas
insurgentes.

Y desde esas trincheras,
día y noche,
habría muerto y nacido cada instante
para que América Latina
no sea más cautiva del Fondo Monetario,
ni del Banco Mundial,
ni de la OEA.

Se hubiese esforzado sabiamente
para que nuestro ejército ?patriota?
combata contra el TIAR,
y deje de ser el batallón de Cocacola Inc.
contra sus propios pueblos.

Habría legislado
para que las escuelas formen
seres humanos,
rebeldes, críticos, humanos y creadores
y dejen de domesticar a nuestros niños
con el infame cuento
de la patria sumisa y de la paz inicua.

Y aborrecería con el alma
la fragmentada geografía de nuestro continente
hecha de ridículas patrias divididas.

Con el mapa de su América Unida
bordado en su mochila
cabalgaría en su potro insurgente
por valles y montañas
pregonando la raíz y el fruto solidario
de nuestra identidad
indo mestiza,
negra, montubia, chola.
¡Americana!.

Y una sola bandera,
una sola moneda,
un solo himno y un solo escudo
nos cobijarían desde Magallanes
a Tijuana.

VIII
Si tan solo Bolívar habría nacido
a mediados del año cuarenta y ocho
se sabría de memoria los poemas
del ?Canto General? de Pablo Neruda Neruda.

Los andaría recitando en puertos,
En factorías,
en mercados y en minas
en tugurios y en barrios suburbanos.

Sabría tocar a la sordina una guitarra
pues,
dependiendo de que es lo que se cante,
los instrumentos son armas libertarias.

Con las canciones de Jacques Brheil
Silvio Rodríguez y las mías
volaría cada viernes junto al Chemo,
talvez conmigo mismo,
por fondas y por parques,
por comunas y cárceles
donde los que, aun teniendo voz,
nunca son escuchados.


Y entre hervido y vinacho
les hablaría de García Lorca y Rafael Alberti,
de Benjo Cruz y de Tamara Bunke,
de Ernesto Cardenal y Tomás Borge.

Bailaría una cueca
lo mismo que un bambuco o un saltashpa,
un taquirari lo mismo que un candombe,
un vals, una chacarera, un amorfino.

Y ya medio entonado, saldría con sus panas
a dibujar graffittis en los muros
hasta que la madrugada los atrape.

IX

Y Muchos de los hoy bolivarianos
lo aborrecerían.

Casi todos.

A nombre de la ?propiedad?
pondrían doble precio a su cabeza;
lo llamarían loco, subversivo;
lo tacharían de patán,
lo acusarían de alterar el orden,
y a nadie se le ocurriría
bautizar con su nombre a un parque,
a una calle, a un cine,
peor aun a uno de sus hijos.

X

¡Ay!,
si acaso estuviera entre nosotros,
nos recriminaría con fura:

¡¿Es que no oyeron que yo aré en el mar?!.

¿De qué libertad mentida se ufanan
y me endilgan?..

¿De que soberanía?...

¿Es que no pueden ver
que hoy no estamos mejor
que cuando estábamos peor?.

Y, como Jesús,
entraría a los templos del civismo ciego
a expulsar a los sicarios
que auparon de su nombre
para alcahuetear esta antidemocracia.

XI

Si Bolívar hubiese vivido en este tiempo,
seguro que andaría en bicicleta
recorriendo los pueblos
las ciudades antiguas,
los tugurios,
las aldeas y los falansterios.

Con una vieja cámara pulularía
Por todas partes
capturando el testimonio fehaciente
de esta horrenda miseria.

Y se entristecerías al ver en las paredes
de las tenencias políticas,
de las comisarías policiales,
de los calabozos y las cárceles,
de los despachos de los ministerios,
de la oficina de los generales;
ahí... empolvado y vacío
su retrato.

¿Y quien es ese?. Se preguntaría.
¿Acaso son mis ojos tan retrospectivos?.

¡Yo miré hacia el futuro,
no al pasado
del ayer todo está ya muerto!.

¡Yo fui un minguero multitudinario,
un soñador,
un utópico perpetuo
y no un héroe misántropo y apócrifo!.

Y con sus ojos tristes se marcharía
a una colina
a llorar la ignominia
de este hipócrita estilo de traición
y de olvido.

XII

¡Ay, si Bolívar viviera entre nosotros!.

Cómo sufriría al ver encadenadas
nuestras mentes y nuestros corazones.

Vería que los grilletes
ahora son sutiles mensajes de internet,
subliminales dogmas difundidos en TV
infamias y felonías
consagradas por la Constitución.

Se sorprendería al ver que nadie ve
si no lo que le dicen que se viera.

Y cómo vamos muriendo en el letargo
incapaces de todo raciocinio,
esclavos de la moral cristiana
de la lógica utilitaria
y de tanta otra mentira institucionalizada.

XIII

Si se despertara un solo segundo
a constatar con sus ojos
la venta a tajos de su amada América
y la complicidad de sus Caínes.

No se resignaría a la sinrazón
Sofisticada de todos los tecnócratas,
a la farsa de tantos proyectos agoreros,
ni al apaciguamiento
y peor a la cordura
a los que nos convocan los sicarios
disfrazados de obispos
y salvadores de la patria.

Estaría en las calles
convocando al preterido,
al expulsado del trabajo y de la tierra,
a la mujer, al niño, al viejo y al anciano,
para alertarnos que aun
está viva la esperanza.

Nos guiaría al Antisana,
al Illimani, al Aconcahua
y en sus faldas reconfirmaría su promesa.

Visitaría las universidades,
las Academias,
los liceos
para decirle al maestro
que ciencia sin libertad
solo es una herramienta para la esclavitud.

Que un Saber sin utopía,
es un simple basurero de conceptos
al servicio del ogro.

Para advertirnos
que si no estudiamos para el cambio,
lo estaremos haciendo para la ignominia.

Que no hay aprendizaje digno al hombre
si no está destinado
a la equidad y la justicia.

Y a los decanos de este mar arado
los llamaría traidores.

Les diría que hay que sacar el arado
del mar
y ponerlo sobre las sementeras.

Porque la libertad
está aun por sembrarse y cosecharse.

Allanaría la oficina de todos los partidos
para reclamarles su codicia
de poder y de gloria,
su vocación servil de lamerles los pies
a los tiranos,
y agachar la servís ante el Pentágono.


Rompería sus banderas falaces
y les mostraría la suya,
hecha de barro y sangre americanos.

Se volvería un volcán
y con su boca
penetraría en nuestros corazones
para devolvernos nuestra sensatez.

Sacudir nuestra molicie complaciente
y nos pediría cuentas
de nuestro decadente patriotismo.

¡Ay si Bolívar estuviera entre nosotros!.

¡Cuanta vergüenza sentiríamos
de haber aupado de su nombre
estos dos siglos!.

XIV

¡Pero Bolívar si está entre nosotros!.

¡Está en cada compatriota que ama
a su pueblo,
en cada poeta solidario,
en cada soldado que prefirió el castigo
al horrendo estigma
de reprimir al pueblo!

¡Está en cada mujer
que lucha por que sus hijos
no sean más la carne de ninguna guerra!.

¡En cada joven que combate contra el dragón
falaz de la apatía!.

¡En cada dirigente que conduce
a su pueblo
al resucitamiento de la patria!.

¡En el maestro rural
que inculca a sus pupilos
que el país es su gente
y no el himno vacío y la bandera arriada!.
¡En cada niño cuyas alas crecen
sin molduras!.

¡En cada indio, negro, cholo y puendo
que no hacen de su razón
estigma de los otros,
sino eslabones de la raza humana!.

¡
Y está en vos
...y en mi,
en quienes
ya no queremos arar
en el océano.

En los que aun creemos que la libertad
es más que una palabra..

Está en cada revolucionario
En cuya palabra a vuelto
A convocarnos para su última batalla

 
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Comentarios (1)

#1.- Si este es poeta

Francisco Guerrero|06-08-2008 07:10

Si  aquel que escribe este farragoso parrafo lleno de ripios y nimiedades es un poeta, yo soy, y lo digo con humildad, el mismisimo Jorge Luis Borges.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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