Todavía está caliente el libro del economista Jeffrey D. Sachs titulado“El Fin de la pobreza” .Famoso profesor de la universidad de Harvard (EEUU), con experiencia como asesor de gobiernos, incluido el venezolano por los años 90, además de Bolivia, y con influencia hasta en las Naciones Unidas, Sachs manifestó -apenas hace un quinquenio- optimismo sobre la superación de este grave problema por parte de la humanidad.
Las Naciones Unidas adoptaron la idea de la superación de la pobreza como uno de los objetivos del nuevo milenio. Sin embargo, en el curso del año 2008 muchos comienzan a plantearse dudas sobre si se logran tales objetivos: la crisis de alimentos ha puesto el tema “sobre la mesa”. La agenda de los gobiernos de varios países sigue vacía sobre cómo superar realmente la pobreza.
La crisis de alimentos es una manifestación palmaria de este fenómeno, y ha caído por sorpresa en muchas naciones que ya venían arrastrando graves problemas sociales. Las protestas por alimentos se suceden en varios países de Asia, Africa y América, y amenazan la estabilidad institucional de los mismos. El estómago vacío de millones de seres humanos es un poderoso motor de la lucha social. A las tradicionales diferencias sociales y económicas ahora se agrega la polémica situación generada a partir del uso de tierras agrícolas para producir biocombustibles.Los pueblos protestan, y con su lucha se convencen de que si no pelean, no comen.
Curiosamente, este año se realizó la Feria mundial de alimentos, celebrada en Barcelona, España y la orientación de la misma giró sobre las nuevas tecnologías para vender productos alimenticios de primera calidad. El norte se compromete a buscar soluciones sobre problemas trascendentales de la humanidad pero hasta ahora se havisto el ombligo cuando se trata del mundo sur. Así como pasa con los alimentos ocurre con la atención de enfermedades como el sida. Fue de alcance limitado la campaña de las Naciones Unidas que pretendía alcanzar 10 mil millones de dólares para la lucha contra la pandemia. Todo hoy está olvidado.
Uno de los países que manifiesta resultados favorables de reducción de la pobreza a comienzos de este milenio, cifras avaladas por organismos multilaterales, es Venezuela. La diatriba política impide ver estos resultados. Pero nuestro gobierno tampoco debe dormirse en los laureles. Falta mucho por hacer. La lucha requiere el concurso de todos, y nuestros gobernantes deben admitir que el problema existe, pues la revolución tiene asideros precisamente por causa de las desiguales sociales. El reto es superarlo. Es ineludible la agenda social. ¿Hasta dónde quiere llegar Europa?. ¿Qué esperar del nuevo gobierno de Estados Unidos, que hasta el momento tiene muchas deudas con la comunidad internacional?. Es cuestión de tiempo.
MADRES
El segundo domingo de mayo se celebró en Venezuela lo que comúnmente se conoce como día de las madres. Eso también ocurrió en otros países. Más allá de las consideraciones económicas que la fecha engloba, vaya nuestro saludo a las madres.
Curiosamente, este sábado en Barinas un amigo revolucionario hablaba de que las madres podían clasificarse de todos los modos posibles, madres-madres, madres-padres, madres-hermanas, y en líneas generales, protectoras de la humanidad.
El amigo rescataba el concepto de familia y decía que por 1890 Federico Engels fue un adelantado de su tiempo cuando denunció, en Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado, ese empeño de las burguesías emergentes de querer hacer ver que familia solamente era aquella familia clásica compuesta por padre, madre e hijos. Era una valoración que no explicaba ni siquiera la sociedad de aquel tiempo y menos la que había de venir en el siglo 20 y 21. Y nuestra Constitución Bolivariana habla de familias, en plural, lo que en cierto sentido da respuesta oportuna a un hecho real de la sociedad, la múltiple variedad de familias, situación que está presente en Estados Unidos, pero que allá sigue manejándose a la manera muy burguesa de ver las cosas.
Días atrás, pero en Boconó, donde nunca dejan de recordar a Fabricio Ojeda, otro revolucionario dijo que ese gran hijo de las montañas trujillanas tuvo la sapiencia de afirmar que era hijo natural. Fabricio es un gran hijo de Trujillo y todavía está presente en la memoria de los campesinos, viejos y mozos. Por los lados de Santa Ana y Bolivia uno de ellos nos enseñó un viejo juego de navajas que contenía utensilios para comer y recalcó que era una reliquia de la guerrilla de Fabricio.
El modo viejo de ver a las familias y las madres es propio de los reaccionarios de todo tipo. Nuestra constitución reconoce al ciudadano y busca su reconocimiento entre todos, por igual. Toda familia tiene derecho a su reconocimiento como parte fundamental de la sociedad, y en caso de necesidad debe ser protegida por el Estado. Comentamos el asunto porque nuestra Constitución del 99 contempla estos preceptos, desde hace casi diez, pero los reaccionarios no quieren que esto se estudie en las escuelas. Todavía hay quienes quieren un viejo currículo escolar y que se repita que la democracia es Acción Democrática. Eso piensa, entre otros, el doctor Consalvi y El Nacional, especie de franquicia de El Tiempo de Bogotá y el uribismo, y también, de la oficina de Condoleeza Rice. Bien, ya sabemos que en Colombia mandan los godos y los gringos. Por fortuna, aquí no.