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Patria y Política

A pesar de que juego con frecuencia a hacer de analista político, la Política con mayúsculas en tanto que actividad humana no me gusta absolutamente nada.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 26-6-2008 | 391 lecturas | 3 comentarios
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  Aparte de ser una mera superestructura cambiante de lo económico (lo que en realidad la relega a un papel mucho más irrelevante y subordinado en el concierto social de lo que parece), sus profesionales suelen ser un pésimo ejemplo para la pedagogía de los pueblos. Ociosos de la charlatanería, ventajistas, tahúres sociales, moralistas sin moral, mendaces, intrigantes, ma­niobradores, hipócritas, cínicos, sin alma, y, como dice Woody Allen, personas que hacen de cada solución un problema.

  Salvo en la ventaja de que la Política puede sustituir al pistoletazo por el insulto a las inteligencias (aunque con demasiada frecuencia la puñalada sin metáfora está por medio), en lo demás la Política es poco más que verborrea, logorrea y pura retórica. En estos tiempos, de cauti­vadora y alta oratoria nada de nada...

  Es, pues, en mi concepto, la Política una ocupación de poco y re­torcido fuste. No inspira confianza. Y si tomamos como referente el espíritu de los clásicos que Montesquieu -el padre de la moderna democracia- resalta en uno de sus ensayos filosóficos, ¿qué po­dríamos decir de la Política? Se refiere a ese espíritu que anidaba en aquel senador ático que salió un día del Senado ateniense dando saltos de alegría por haber sido elegido en su lugar otro ciudadano con más merecimientos que él. Si lo tenemos muy en cuenta, no cabe duda de que la Política (sobre todo tal como se la concibe y se profesa hoy), es un quehacer humano absolutamente repulsivo. Hay  una prueba indiciaria, además, de que esto es así. Se dice que los niños y los locos son los únicos que dicen las verdades.  Pues bien, siendo los niños mucho más perspicaces que los mayores por­que no están todavía maliciados por la sociedad, se dan cuenta en­seguida de las fachendosas contradicciones en que incurren los po­líticos; de la diferencia escandalosa entre lo que predican o prome­ten y lo que ni por asomo hacen luego en el extenso patio nacional...

  No voy a cometer la flaqueza de mencionar, entre millones, de pensadores o estudiosos de toda la Historia pasada y presente, a alguno de los principales que estudiaron la Política. Tampoco citaré ni una sola cosa, de entre los millones que dijeron o dicen sobre la Política. En realidad pocos, si son pensadores hondos, no descon­fían, como yo, de la Política, y la mayoría, como yo, no la detesta. Más valdría preocuparse la sociedad de formar ejércitos de ciuda­danos superresponsables y maduros que para nada precisen del intercesor político; como para nada se precisa a los administradores religiosos a la hora de ahormar nuestras conciencias. Entonces qué: ¿anarquía? ¿regreso a la beatitud que disfrutó el humano en el pa­raíso perdido?Desde luego cualquiera de los dos estados es lo que encaja en el milenio que, por varios signos, apunta hacia el final de los tiempos.

  Dicho esto, añadiré un lugar común: la política de cada país es un reflejo fiel de la idiosincrasia del pueblo de ese país. Por ejemplo: ya pueden decir con embeleco maravillas en sus discursos los candi­datos y gobernantes estadounidenses. Ya pueden desgañitarse y engolarse en la nación de las estrellas: lo único que les interesa de verdad, a ellos y a todo lo granado de su sociedad, es la depreda­ción. Lo único que les importa es la incursión armada, el dominio sobre el resto del mundo y las viles artes de cómo acumular más ri­queza a costa de los pueblos exteriores y de las capas bajas de la sociedad general. Lo demás, allí, es irrelevante aunque a veces al­gunos intenten revestir ambos asuntos de una cierta sensibilidad a la europea, inventándose pretextos que nos la recuerdan. Otro ejemplo es la política francesa, una versión de la imperial. Tratando unas veces de encararse con la americana, otras, como en el la ac­tualidad, se alía a la causa jodida yanqui para delimitar zonas de in­fluencia; repartirse el mundo como el papa Alejandro VI trazó en el siglo XVI el meridiano que partía en dos el globo para dividirlo entre portugueses y españoles, es la obsesión de ambas naciones sin ol­vidar la presencia eterna de la Inglaterra inevitable en la alta geopo­lítica...

  En cuanto a España, descabalgada de las gestas imperiales, la política es sobre todo esa cosa que sigue protegiendo con indecen­cia conceptos abstractos que nadie podría explicar más que como una broma: dios y patria. Pues... ¿en qué clase de patria han pen­sando en su función el legislador y los jueces españoles? ¿Qué es la patria hoy, en la era de la superglobalización cuando sólo tiene sentido la patria "chica" y las alianzas en las que esté presente toda la humanidad? ¿Qué es patria cuando para muchos está allá donde uno está bien ("ubi bene ibi patria", decían los latinos) y muchos más somos por vocación apátridas aunque caiga sobre nosotros la ira de los sandios? La política, a mi juicio y por si fueran pocos los graves trastor­nos que conlleva, es una pésima parodia de la existencia co­lectiva de los pueblos; un sarcasmo que, aunque pueda en alguna ocasión evitar la guerra, la mayoría de las veces la provoca.

Por último, los políticos están adornados de todas las virtudes salvo de la principal: un especial olfato, una natural capacidad de previsión en tiempos que, pareciendo estar todo atado y bien atado, están ex­puestos a tanto impredecible... Ahora, si quieren que les diga la ver­dad me indignan aún más que ellos esos y esas que vo­tan a Bush, a Berlusconi, a Sarkozy, a Merkel, pues son de la misma ralea. Es más, si aquéllos no son propiamente políticos sino logreros y facinerosos, ellos y los que les votan, todos, son escoria de la humanidad.

 
 
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Comentarios (3)

#1.- Me encanta la conclusión

27-06-2008 00:09

"Ahora, si quieren que les diga la ver­dad me indignan aún más que ellos esos y esas que vo­tan a Bush, a Berlusconi, a Sarkozy, a Merkel, pues son de la misma ralea."
  ¿Y qué pasa con Zapatero; no entra en tu indignación? Pues lo siento, por ti,  nunca he votado a  la MerKel? Ni, mucho menos, a Bush y ni siquiera al Obama. Quedan algo a contramano. Lo siento, tendrás que desindignarte.

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#2.- al #1

Jaime Richart|27-06-2008 02:27

No menciono a Zapatero, porque entre los dirigentes criminales y los que abusan del poder también hay clases y categorías, y en mi consideración Zapatero no pertenece a  las de los enumerados.

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#3.- Una apreciación sutil.

27-06-2008 21:46

Pues si eres perspicaz. Un poco más y a mí se me revienta el cerebro, por no haberme dado cuenta de que ni entre ellos está.   Tal vez haya que esperar a que abuse un poco más.

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