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Los pasos de Zapatero. Notas de campo sobre la situación en España

La potencia destituyente demostrada por los movimientos y la izquierda social en las jornadas del 11 al 14-M no ha tenido después un decurso constituyente capaz de hacer efectivo un empuje hacia la izquierda de las decisiones gubernamentales
Jónatham F. Moriche | 7-5-2006 | 774 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/pasos-zapatero-notas-campo-sobre-situacion-espana

Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes”. Han transcurrido ya dos años desde que José Luis Rodríguez Zapatero fuese investido como presidente del gobierno español y presentase ante el parlamento, con estas sencillas y contundentes palabras, el ideario que habría de guiar su actuación en el cargo. ¿En qué política efectiva se han traducido esos principios al cabo de estos veinticuatro meses? ¿En qué circunstancias se ha debido desarrollar su aplicación, y con qué consecuencias? ¿Con qué expectativas afronta el líder socialista el segundo tiempo de su mandato que ahora se abre? Estas son las cuestiones centrales en torno a las que giran las líneas siguientes.

0.

En primer lugar, resulta imprescindible valorar las peculiarísimas circunstancias en las que el Partido Socialista obtuvo su mayoría relativa el 14 de marzo de 2004: apenas cuatro días después del más terrible atentado terrorista acaecido en territorio occidental después del 11-S, con cerca de doscientos muertos y dos mil heridos en los trenes de cercanías de Madrid, en medio de una vasta operación de intoxicación informativa orquestada por el gobierno saliente del Partido Popular en torno a la autoría del ataque y una igualmente vasta insurrección cívica que, por medios estrictamente noviolentos y con un amplísimo respaldo social, fue capaz de desbaratar la añagaza gubernamental y poner contra las cuerdas a sus autores[1].

En esas cien horas escasas que separan los atentados de Madrid de la proclamación de la victoria socialista no sólo se refleja el dramático impacto inmediato de la matanza terrorista, sino también una serie de procesos que habían discurrido a lo largo de los cuatro años anteriores, correspondientes al segundo mandato (primero con mayoría absoluta) de José María Aznar. Un cuatrienio marcado por una escalada paralela tanto del endurecimiento en las decisiones y los modos del gobierno conservador como de su contestación social, tendencias que alcanzarían su más acerada expresión en esas cien horas decisivas.

Elegido como candidato electoral por los socialistas españoles en el verano de 2000, en medio de una gravísima crisis interna, el hasta entonces desconocido Zapatero optó, de un modo expreso y contundente (y frente a las reticencias de buena parte del aparato del PSOE), por poner su figura personal y los recursos de su partido a la cabeza de esa marea de movilización social que pugnó por contestar en las calles la deriva autoritaria del segundo mandato de Aznar[2], sosteniendo un discurso y una práctica desusadamente decididas dentro de los parámetros de la socialdemocracia occidental, a la vez que marcando distancias con el giro neoliberal y los casos de corrupción y terrorismo de Estado que marcaron los últimos años de la anterior experiencia de gobierno del PSOE bajo el liderazgo carismático de Felipe González (1982-1996), hasta el punto de erigirse, no ya tan sólo en un mero mal menor, sino en una auténtica alternativa a la política ultraconservadora, represiva y belicista del Partido Popular. Una alternativa óptima para buena parte del electorado socialista tradicional, y cuando menos suficientemente diferenciada para los cientos de miles de votantes o abstencionistas habituales situados ideológicamente a su izquierda que, en las circunstancias extremas que precedieron y rodearon la celebración de elecciones, no dudaron en confiarle su voto (del mismo modo que, quienes votaron a otras formaciones nacionalistas o de izquierdas, lo hicieron bajo la perspectiva de un más que previsible apoyo de estos partidos a su elección como presidente)[3].

El maestro de periodistas Eduardo Haro Tecglen definió la España posterior a esas elecciones con la paradójica fórmula de un país en el que gobierna la oposición[4]. Y es que no debe olvidarse en ningún momento que quien de facto gobierna en España en la actualidad no es el Partido Socialista –por mucho que este partido ocupe en exclusiva las competencias del poder ejecutivo central- sino la coalición tácita de todos los partidos con representación parlamentaria a excepción del Partido Popular, organizados conforme a un diseño de apoyos de geometría variable, con cierto margen para la objeción de conciencia de los grupos parlamentarios ante tal o cual decisión o proyecto, pero sin margen alguno para la posibilidad –en primer lugar, por la presión en ese sentido de sus respectivos electorados- de una crisis de gobernabilidad que pudiese contribuir directa o indirectamente a devolver el poder al Partido Popular. En este sentido, la figura personal de Zapatero no representa sólo al Partido Socialista, como beneficiario de una mayoría electoral relativa, sino al conjunto del sector mayoritario –aunque en absoluto homogéneo- de la sociedad española que optó por buscar activamente una salida a la deriva autoritaria del aznarato.

Esta nueva mayoría social del post-aznarismo incluye, a consecuencia del desaforado extremismo del Partido Popular, antes en el gobierno como hoy en la oposición, a amplios sectores del gran y mediano capital, sindicatos, movimientos sociales, medios de comunicación, partidos políticos y ciudadanos situados en un espacio ideológico que abarca desde el centro-derecha moderado a la extrema izquierda, y que en su conjunto parece aceptar a Zapatero como mediador competente en la gestión de la nueva situación. Su capacidad personal para armonizar y compatibilizar las diferentes sensibilidades y prioridades que conviven en esta mayoría, vertebrada por el deseo de reconstruir la sociedad española tras la traumática experiencia involucionista de la legislatura anterior, es sin duda su mayor aval, el principal motivo de sus éxitos hasta la fecha y la mejor garantía de la viabilidad futura de su proyecto.

1.

Si ya en términos generales resulta difícil encontrar, en nuestro mundo de hiper-dependencia globalizada, fenómenos políticos de importancia sin repercusiones más allá de los ámbitos estatales en que se producen, el acceso al poder de Zapatero era por necesidad un acontecimiento de alcance global, como sería ratificado por la decisión de retirada inmediata de las tropas españolas desplegadas en Iraq anunciada a las pocas horas de su toma de posesión, en el que sin lugar a dudas podemos considerar el mayor varapalo diplomático sufrido por el bloque histórico articulado en torno a la actual administración norteamericana (y simbólicamente representado en la conocida foto de las Azores) tras la invasión del país del Tigris[5].

No es este el lugar para un análisis pormenorizado del proceso histórico que conduce a la guerra iraquí. Sin embargo, es importante reseñar que la victoria de Zapatero y la retirada de las tropas españolas modificó de forma irreversible la correlación global de fuerzas entre esos dos bloques de poder a menudo descritos, de forma insuficiente, aunque orientativa, como unilateralistas y multilateralistas, que se enfrentan a escala mundial tras el fracaso del modelo de globalización feliz de los años 90 y los acontecimientos del 11-S. Iniciativas como la retirada de las tropas o las propuestas de la Alianza contra el Hambre y la Alianza de Civilizaciones suponen impactos directos en la línea de flotación de la estrategia del eje del bien, complementadas además por movimientos en la misma dirección en otras áreas sensibles del tablero geopolítico mundial (muy en especial, el escenario latinoamericano[6]). Aunque la devastación cultural, moral y política de la sociedad norteamericana permitiese la reelección de George W. Bush en noviembre de 2004, la derrota insoslayable de las tropas ocupantes en la guerra iraquí pone fecha de caducidad a la finalmente corta, aunque sangrienta ofensiva por la hegemonía mundial del atlantismo, expresión geopolítica de la ideología neocon de los halcones de Washington, Londres y Tel-Aviv[7], a la que con tanto empeño intentó Aznar encaramarse[8], y cuyo objetivo final sería la creación de un área de libre comercio y codecisión política que comprendiese a los EEUU (con liderazgo indiscutido sobre el conjunto), Europa e Israel.

Las decisiones de Zapatero en este orden de cosas no sólo han respondido fielmente a los deseos ampliamente mayoritarios de la sociedad española, sino que suponen hoy un punto de referencia a escala global para la reconstrucción del orden internacional de un mundo post-Bush, en el que no sólo se reparen los destrozos de ocho años de pesadilla neoconservadora, sino que además se corrijan aquellos desatinos neoliberales de la década precedente que abrieron el camino a los belicistas, abordando los primeros pasos hacia una nueva arquitectura internacional quizás no espectacularmente más justa que la precedente, pero sí al menos un poco más humana, inclusiva y estable, en dirección, al menos ideal, hacia lo que el geógrafo David Harvey ha denominado un nuevo keynesianismo global, con posibilidades de afrontar los retos económicos, políticos y culturales que la globalización feliz de los 90 no supo resolver o contribuyó a generar[9].

 

2.

Si la acción de Zapatero en esa dimensión global, marcada por el impacto de los atentados del 11-M y la retirada de las tropas españolas de Iraq, ha sido indudablemente valiente, ¿cabe decir lo mismo en el ámbito de la política interna? Heredero de una insostenible situación de conflicto abierto entre el Estado y varias de las naciones que lo componen –muy singularmente, Catalunya y Euskadi-, el presidente ha encarado un completo proceso de reestructuración federalizante del Estado capaz de reintegrar al cauce institucional este enfrentamiento que el desaforado nacionalismo centralista de Aznar había decido abordar mediante un ejercicio ilimitado del poder coercitivo del Estado –incluyendo la amenaza de suspensión de los derechos constitucionales de autogobierno de los territorios e, incluso, de encarcelamiento de sus autoridades democráticas[10]. Compartiendo el gobierno de esos territorios con marcada identidad nacional con fuerzas políticas nacionalistas (Galiza) o incluso independentistas (Catalunya) y abordando junto a ellos los procesos de renovación de sus respectivos Estatutos de Autonomía, el PSOE dirigido por Zapatero ha puesto en marcha un proyecto de Estado jurídica y políticamente racional, ausente del patrioterismo rancio y barato del aznarismo. El efecto casi inmediato del cese de esa presión centrípeta españolista ha sido una notable deceleración de todas las fuerzas centrífugas en las distintas naciones del Estado, con lo que ha quedado claramente demostrado que el profundo enervamiento de estas últimas en los años finales del aznarato no era sino un efecto reactivo ante ese centralismo de fondo y modos cuasi-imperiales, sin cuya perniciosa influencia los conflictos territoriales dentro del Estado español son perfectamente solucionables mediante las herramientas del diálogo político y el Derecho, como por otra parte ya sabíamos desde el período de nuestra II República (1931-1939). El reciente cese indefinido de la actividad violenta de la banda terrorista ETA y el esperanzador proceso de paz abierto en consecuencia para el País Vasco son sin duda la demostración más palpable de los frutos de ese camino de moderación y diálogo[11].

La otra gran apuesta de Zapatero en el plano interno ha sido una política de extensión de los derechos civiles, cuyo exponente más representativo ha sido la reforma del Código Civil para permitir el reconocimiento de los matrimonios homosexuales. Necesariamente complementaria de esta extensión de derechos ha sido una profundización en el carácter laico de la sociedad española, formalmente reconocido por la Constitución pero nunca desarrollado del todo por los gobiernos centristas y socialistas tras el fin de la dictadura, y claramente menoscabado por las numerosas concesiones del gobierno Aznar a la ultraconservadora dirigencia de la Iglesia española y el floreciente universo fundamentalista católico, especialmente en el campo educativo[12].

Asimismo, la racionalización de las políticas migratorias ha permitido, sin paliar del todo la tragedia de tantos miles de seres humanos que huyen desesperadamente de la miseria y la violencia, mitigar el poso cruel y racista con el que el Partido Popular gestionaba el fenómeno de la inmigración ilegal, mediante una vasta operación de regularización de trabajadores extranjeros y una mayor dosis de humanitarismo en el trato a quienes no logran traspasar nuestras fronteras.

 

3.

Es imposible hacer un balance de estos dos años de mandato de Rodríguez Zapatero sin hacer mención a la que ha sido su némesis: un Partido Popular aún muy fuerte electoralmente (nueve millones y medio de votos en las elecciones del 14 de marzo de 2004), con amplias cuotas de poder en los ámbitos local y territorial (incluyendo el gobierno de la capital y de seis de las diecisiete regiones del Estado) y un sólido respaldo económico y mediático, ideológicamente radicalizado en torno a su polo más conservador y volcado en una estrategia de acoso y derribo del gobierno con escasos precedentes en la vida política moderna en Occidente.

Basada en el leit-motiv (más o menos expreso, según actores y momentos) de la ilegitimidad de los resultados electorales del 14-M, esta estrategia merecerá sin duda un lugar en los manuales de ciencia política del futuro por su intensidad, su virulencia y su extremismo. Bajo la excusa de que un gobierno llegado al poder en un tren de cercanías (en alusión a la influencia de los atentados del 11-M sobre la decisión de los electores) puede y debe ser combatido con todos los medios disponibles, los líderes más reaccionarios del Partido Popular han desencadenado una movilización total en todos los frentes, desbordando con mucho los límites habituales de la oposición parlamentaria. El bloque de poder que representa el PP ha puesto en marcha su maquinaria política, social y mediática para inundar las calles de manifestantes (a través de distintas personas interpuestas, como la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro Español por la Familia, el Ayuntamiento de Salamanca, etc.) y la esfera comunicativa de machacones mensajes catastrofistas disparados tanto desde medios convencionales afines, públicos y privados (los diarios El Mundo y La Razón, las emisoras de radio COPE e Intereconomía, la televisión pública capitalina Telemadrid, etc.), como desde los nuevos medios digitales de comunicación (a través de sitios como Libertad Digital o Hazteoir, así como de una nutrida y beligerante red de bitácoras personales). Conducida directamente por los halcones de la derecha (miembros varios de ellos del último gabinete Aznar, y directamente relacionados con la gestión de la masacre del 11-M), esta ofensiva (que ha ido tomando como excusa diferentes iniciativas del gobierno, como la Ley Orgánica de la Educación, el matrimonio homosexual, la reforma del Estatuto de Autonomía catalán, la posible negociación con ETA o la devolución a Catalunya de los documentos desplazados por la dictadura a Salamanca) no sólo ha servido para atacar al gobierno, sino también para frenar en seco cualquier afán de renovación ideológica o conciliación con el gobierno y el resto de fuerzas políticas dentro de las filas del propio Partido Popular.

El calado de esta vasta operación alcanza incluso al pasado, mediante una revisión histórica del trágico siglo XX español, a manos de furibundos propagandistas como César Vidal, José María Marco o Pío Moa, que apenas a un paso han quedado de la rehabilitación general del alzamiento militar de 1936 y de los cuarenta años de franquismo posteriores, amén de culpabilizar a la izquierda de la totalidad de los males del país –incluida la propia Guerra Civil[13].

Mención expresa requiere, dentro del desenvolvimiento general de esta estrategia de desgaste, la cuestión de la investigación del 11-M. Primero en la Comisión de Investigación abierta por el Parlamento, después en los medios de comunicación más afines al PP, la versión alternativa de los acontecimientos de Madrid (un rocambolesco thriller político en el que se entrecruzan misteriosos autores intelectuales, etarras, espías franceses o marroquíes y policías de simpatías socialistas, reunidos en una conspiración inverosímil) ha tratado de abrirse paso en la opinión pública a fin de crear un clima de sospecha permanente sobre la legitimidad del gobierno y, a la vez, recuperar la credibilidad de los cargos del PP que gestionaron la crisis, lideran hoy el ala derechista del partido y pugnan por hacerse con su completo control (frente al más moderado y pactista candidato oficial Mariano Rajoy) y recuperar el poder político[14].

El propio ex-presidente Aznar ha sido una figura protagonista de esta estrategia, ejerciendo una diplomacia paralela que comenzó en el mismo abril de 2004 condenando en la prensa internacional la retirada de las tropas españolas de Iraq y ha proseguido en sus numerosas actividades públicas: seminarios, conferencias, libros, artículos de prensa y encuentros con dirigentes políticos, muy especialmente con el presidente y otros miembros del gabinete de EEUU, además de la presidencia de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), think-tank o factoría de ideas del PP dedicada a dotar de contenidos y promover la ideología neoconservadora en España[15].

Aunque los resultados finales de esta estrategia no podrán ser evaluados hasta las próximas elecciones, un balance provisional a fecha de hoy ofrece resultados inciertos. Es cierto que los halcones han conseguido cohesionar ideológicamente y movilizar en la calle a una vanguardia de varios cientos de miles de personas con un alto nivel de activismo y marcar buena parte de la agenda informativa, pero a costa de la apertura de fisuras inéditas en la derecha española desde la Transición y de una (presumible) desconexión progresiva con el electorado más desideologizado del centro y el centro-derecha moderado[16].

4.

Un balance desde una perspectiva de izquierdas de los dos primeros años de gobierno de Zapatero debe, para ser completo y honesto, estar tan atento a los logros como a los límites de esta experiencia.

En tanto el propio PSOE alberga en su seno posiciones que podemos calificar como centristas o incluso de centro-derecha, como de centro-derecha son parte de sus eventuales apoyos legislativos (Partido Nacionalista Vasco, Convergencia i Unió), y en tanto, como veíamos al principio, este gobierno ejerce sus funciones sobre la premisa de no romper el consenso multipartidario en torno a la regeneración estructural del sistema político español tras la aventura involucionista del régimen de Aznar, resulta evidente que no se trata de un gobierno decididamente volcado hacia la izquierda, sino más bien hacia un liberalismo de rostro humano en el que se conjugan elementos clásicos de la socialdemocracia europea, como el garantismo jurídico y la protección social, con la aceptación apenas condicionada de la realidad socio-económica capitalista que caracteriza los progresismos de nuevo cuño, como el republicanismo, al que a menudo alude el propio Zapatero como fuente de inspiración, o el patriotismo constitucional propugnado por Jurgen Habermas.

De esta conjunción ideológica surgen las directrices centrales de la política de Zapatero: defensa de la paz como valor fundamental, máxima apertura en lo moral y lo cultural, fomento de la inclusión política y preeminencia del Derecho como herramienta de solución de conflictos, tendencias netamente progresistas limitadas por una escasa –por no decir nula- capacidad de intervención económica del Estado frente a las tendencias y preferencias del mercado[17]. Citando de nuevo a E. Haro Tecglen, esta parece ser una buena definición de la situación: “Una España más vivible. Ligeramente más justa, apenas mejor en la cuestión social, lavada en cuanto a la educación y valentona en la expansión de realidades verdaderamente laicas […]. Y Zapatero, que es una derecha con rostro humano, no digo que resolviese todo, pero sí que entreabriría un futuro mejor[18].

¿Debe esto ser considerado suficiente desde una perspectiva de izquierdas para mantener y revalidar la confianza recibida por Zapatero hace dos años por parte de aquellos que un líder del PP definía como “gentes situadas en la periferia del sistema, que fueron a votar en esa ocasión”, tras cuatro años de políticas regresivas y belicistas y bajo el impacto del efecto boomerang de la guerra de Iraq en forma de matanza terrorista, “pero que no repetirán fácilmente[19], y que entre abstencionistas y votantes naturales de formaciones a la izquierda del PSOE pueden sumar hasta dos millones de sufragios, imprescindibles para mantener la hegemonía socialista?

Esta es la pregunta clave para el futuro. Porque, aunque desde una óptica de mera sensatez, el escoramiento hacia la extrema derecha del PP debería abrir una importante sangría de votos en el flanco centrista del partido, necesariamente abocados al PSOE o la abstención y garantizando por ende una nueva victoria socialista, ¿algo en la experiencia política reciente nos indica que vaya a suceder necesariamente así? En realidad, todo lo contrario. El aumento de participación en las últimas elecciones norteamericanas supuso un beneficio neto para Bush, que movilizó a más fundamentalistas con su prédica del apocalipsis terrorista que todos los centristas y liberales que pudo John Kerry llevar a las urnas con su mensaje de moderación. Y lo hizo con la mismas herramientas que el PP utiliza hoy en España: el engaño masivo, la sobresaturación ideológica populista, el reclamo belicista y represivo… Más cerca aún, las últimas lecciones autonómicas gallegas arrojaron una estrechísima mayoría de izquierdas tras un cuatrienio catastrófico en el que la práctica totalidad de los esfuerzos de la sociedad civil gallega, protagonista de una auténtica revolución social y cultural encarnada en la figura de la plataforma Nunca máis, estuvieron al servicio del objetivo de un cambio de gobierno. La misma derrota del PP en marzo de 2004 fue sin duda insuficiente ante la magnitud del proceso de contestación social y la insatisfacción demoscópicamente registrada ante las decisiones gubernamentales del cuatrienio precedente. Nueve millones y medio de ciudadanos españoles apoyaron todavía con su voto la guerra de Iraq, la manipulación partidista de los medios públicos de comunicación, el desguace de la enseñanza pública, la gestión de la marea negra del Prestige, la represión de los movimientos sociales, sindicales y políticos de izquierda, el revisionismo histórico pro-franquista y la ruptura con Europa y la o­nU[20].

En este panorama, es preciso evaluar las distintas posibilidades, precedentes y consecuencias desde una posición de extrema meticulosidad ética y política. El espacio político de abajo a la izquierda (en términos de la reciente Sexta Declaración zapatista) no debe contentarse con lo que, incluso en un óptimo exponente como es Zapatero, pueda dar de sí un gobierno plenamente integrado en el orden socio-económico vigente. Ni puede contentarse, ni debe plegarse a sus exigencias. Pero, evidentemente, tampoco debe dilapidar sus logros, por escasos que puedan parecer. Logros de los cuales, además, es ella misma la principal y más esforzada responsable: aunque muchos de los activistas de la tarde del 13-M y el ciclo de movilizaciones precedente, y después votantes socialistas incidentales del 14-M, aspiran a trascender el marco del orden existente, en esas jornadas decidieron esforzarse por defenderlo evitando su degeneración en un autoritarismo de cuño abiertamente bonapartista y militarista, como sin duda hubiese deparado una nueva legislatura neoconservadora. Abajo a la izquierda estuvo siempre el verdadero motor, en la calle y en la esfera comunicativa, con el No a la guerra, el Nunca máis, el No a la LOU o el Pásalo, del empeño que logró sacar a Aznar del poder. Fue en el espacio de la sociedad civil donde se libró la batalla más dura, y no en las trincheras parlamentarias (de las que la entonces oposición sacó muy escaso rédito, al menos hasta bien cercana la guerra de Iraq). Zapatero tuvo la inteligencia y la valentía de sumarse a tiempo a ese empeño. De hecho, el gobierno Zapatero es la viviente constatación, con todas sus posibilidades y limitaciones, de las alianzas posibles que Toni Negri plantea entre diferentes sectores sociales como estrategia de resistencia ante el avance global de la ultraderecha militarista[21].

Es verdad que, además, Zapatero debe seguir ganándose día a día la vigencia de esa alianza con sus propias iniciativas. El balance hasta ahora de su gestión quizás sea demasiado tibio o escaso para dar por hecho ese merecimiento. Pero lo cierto es que la potencia destituyente demostrada por los movimientos y la izquierda social en las jornadas del 11 al 14-M no ha tenido después un decurso constituyente capaz de hacer efectivo un empuje hacia la izquierda de las decisiones gubernamentales. Y si Zapatero no ha ido más allá… ¿no será precisamente porque ese espacio social abajo a la izquierda tan esforzadamente construido durante el cuatrienio anterior se ha desmoronado organizativa e ideológicamente tras la expulsión de Aznar, y no ha sabido, podido o querido cristalizar como un auténtico poder social que forzase al gobierno a mirar más hacia la izquierda, mediante un apoyo crítico y exigente como el que anunciaba aquel no nos falles de la noche electoral?

 

Cáceres, abril-mayo 2006

jfmoriche@mixmail.com

www.geocities.com/jfmoricheweb

[1]Aunque mucho del protagonismo de esta rebelión cívica lo hayan recogido los entre 50 y 100.000 participantes en las acciones de desobediencia civil de la tarde y la noche del día 13 de marzo, lo cierto es que fueron millones los españoles que en esas horas se convirtieron en activistas, informándose y comunicándose de un modo intensamente político para elaborar una respuesta colectiva ante la manipulación gubernamental, valiéndose de las nuevas tecnologías pero todavía más del teléfono y la conversación cara a cara, actuando de un modo crítico y reflexivo incluso en el transcurso de las manifestaciones de repulsa convocadas por el propio gobierno […]. Sin duda, la inmediata celebración de elecciones permitió canalizar institucionalmente un impulso que, de otra manera, hubiera desbordado el marco institucional hasta desembocar en un escenario insurreccional”, Jónatham F. MORICHE, Una llamada desde Londres, disponible en www.kaosenlared.net. Vid. Víctor F. SAMPEDRO, (ed.), Multitudes o­n line, Catarata, Madrid, 2005 y VV.AA., Pásalo. Relatos y análisis sobre el 11-M y los días que le siguieron, Traficantes de sueños, Madrid, 2004.

[2] Puede establecerse un continuo de movilizaciones de importancia creciente que apenas se interrumpe entre junio de 2001 y abril de 2003: campañas contra el Banco Mundial (primavera de 2001), contra la guerra de Afganistán (septiembre de 2001 en adelante), contra la LOU (octubre-diciembre 2001), contra la presidencia española de la UE (diciembre 2001-junio 2002), huelga general del 20 de junio de 2002, por la gestión de la catástrofe del Prestige (otoño 2003) y contra la guerra de Iraq (destacando sólo las de mayor impacto). La implicación del PSOE en ellas fue progresivamente creciente, desde su completa ausencia en las primeras, a una tímida y ambigua presencia en las posteriores, para acabar convirtiéndose en el principal animador (junto con los medios de comunicación, organizaciones sociales y sindicales y personalidades tradicionalmente asociados al partido) de las movilizaciones contra la guerra de Iraq. Vid. Jónatham F. MORICHE, Reflexión contra la Europa del capital y la guerra; cuestiones de identidad, acción y organización, Desobediencia global num. 3, junio 2002, y los textos del dossier Movimiento contra la guerra en Contrapoder num. 8, verano-otoño 2004.

[3]Lo que consiguió Aznar con su reflejo oportunista, que le llevó a culpar a los nacionalistas vascos de los atentados de Atocha [...], fue unir a la oposición, en una atmósfera de intensa emoción nacional, en torno a las dos cuestiones que definieron una segunda legislatura cada vez más dura y conservadora: la subordinación al imperialismo estadounidense en el exterior, y la deliberada exacerbación de la relación entre los nacionalismos periféricos y el Estado central en el interior […]. Quedó claro que, por primera vez en muchos años, la elección de un partido en vez del otro podía tener un impacto en el escenario geopolítico”, C. PRIETO DEL CAMPO, ¿Una primavera en España?, New Left Review num. 31, marzo-abril 2005. Vid. también Olga SALIDO, De nuevo, la Política, El País, 03/05/04.

[4] E. HARO TECGLEN, En busca del cetro perdido, El País, 08/06/05.

[5] España llegó a tener desplegados hasta 1.300 efectivos en Iraq. La presencia del Ejército español comenzó en abril de 2003, con el envío de unidades navales, y se incrementó en agosto de ese año con el despliegue de unidades terrestres. Según informes oficiales, las tropas españolas entraron en combate hasta en 40 ocasiones. La misión se saldó con 11 militares muertos (ocho de ellos agentes del CNI, además de un soldado de tierra, un agente de la Guardia Civil y un marino adscrito a la legación de la o­nU) y un gasto aproximado de 500 millones de euros. Vid. El precio de la intervención en Irak, El País, 22/05/04 y Miguel GONZÁLEZ, Españoles en Irak: parte de guerra, El País, 11/12/05. Sobre el estatus legal de la participación española en la guerra iraquí, vid. L. AGUIAR DE LUQUE, L. LÓPEZ GUERRA y P. PÉREZ TREMPS, Constitución y guerra, El País, 19/03/03 y Ernesto EKAIZER, El último informe que pidió Exteriores antes de la guerra de Irak consideró ilegal la intervención, El País, 13/12/05.

[6] Además de sus políticamente más visibles acciones en el plano bilateral (como el notorio estrechamiento de las relaciones con Venezuela y la distensión con Argentina o Cuba), la acción del ejecutivo socialista salido de las elecciones del 14-M ha sido clave para el acuerdo económico UE-Mercosur-Comunidad Andina, contribuyendo así a consolidar este proyecto alternativo al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) patrocinado por Washington. Vid. Bruselas ultima un acuerdo de libre comercio con el bloque económico Mercosur, El País, 09/04/04.

[7]Vid. R. FERNÁNDEZ DURÁN, Capitalismo (financiero) global y guerra permanente. El dólar, Wall Street y la guerra contra Irak, Virus, Barcelona, 2003; S. GALLEGO-DÍAZ, La amenaza letal de los ‘neocon’, El País, 04/11/04; J. VIDAL-BENEYTO, El fundamentalismo euroatlántico, El País, 02/07/05 y V. PALACIO DE OTEYZA, El final del atlantismo, El País, 08/12/05.

[8] Vid. Miguel GONZÁLEZ, La guerra de Aznar, El País, 10-11-12/03/03; Ernesto EKAIZER, Aznar y sus armas de ciencia-ficción, El País, 08/02/04 y Ernesto EKAIZER, José María Aznar, adiós a las armas, El País, 18/04/04.

[9] Postergado tras la imprevista reelección de George W. Bush frente al demócrata multilateralista John Kerry en 2004, este redireccionamiento de la política internacional germina lentamente en espacios como la Alianza de Civilizaciones propuesta por Zapatero, la Iniciativa Global que lidera el ex-presidente norteamericano William Clinton o los diferentes equipos que preparan las reformas de la Organización de Naciones Unidas, sin que por el momento ninguna de estas iniciativas se haya consolidado como alternativa real al empuje ideológico y fáctico neoconservador-atlantista. Y seguramente, eso no sucederá hasta que se materialice en una retirada la derrota norteamericana en Iraq y el clan Bush sea desplazado de la Casa Blanca. Mientras tanto, la estrategia de Zapatero, como la de otros partidarios del multilateralismo, sigue siendo la de una oposición contenida a los designios de Washington, que permita una cierta autonomía de sus Estados sin llegar a una insostenible situación de conflicto abierto con EEUU (lo que explicaría, por ejemplo, la permanencia de las tropas españolas o alemanas en Afganistán).

[10] La visión ideológica del aznarismo combina “el nacionalismo españolista que el catolicismo conservador fraguó después de la crisis de 1898” y“ensoñaciones imperiales” con “operaciones muy visibles para obtener y mantener riqueza y poder”, sirviéndose de “la estimulación de los conflictos interterritoriales” y su “distorsión populista”, componiendo un “curioso liberalismo económico: paradójicamente compatible con un Estado entrometido y fuerte”, Antoni PUIGVERD, Visca Espanya!, El País, 15/04/04. Vid. también J. ÁLVAREZ JUNCO, Patriotismo y cultura democrática, El País, 05/04/04, que habla de un “uso exclusivista de la identidad colectiva” basado en un nacionalismo “esencialista y étnico” por parte del PP, así como Vicenç NAVARRO, Ideología y política en España, El País, 24/02/04, que describe el nacional-catolicismo aún vigente como ideología de la derecha española como “un nacionalismo españolista uniformizador” unido a “un catolicismo profundamente conservador, intolerante, antilaico y con escasa sensibilidad democrática”.

[11] El PP se ha opuesto desde un primer momento a este proceso, de modo directo como a través de los medios de comunicación y las asociaciones cívicas afines a su sector ultra-conservador, como la Asociación de Víctimas del Terrorismo o el Foro de Ermua. La explicación es sencilla: “Este cambio no es lo que desea el PP, puesto que el terror de ETA le permite movilizar a sectores de la población en defensa de su visión retrógrada de España”, Vicenç NAVARRO, art. cit.

 
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Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la RedEl problema del PSOE extremeño no es la PCRN: es la refinería
[15-9-2007] | 761 lecturas | 3 comentarios

No hay excusas. Sobre la lucha contra el cambio climático

Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la RedEl calentamiento de la Tierra ya no es sólo una teoría: es un hecho demostrado, evidente e inequívoco. También es un hecho demostrado, evidente e inequívoco que la actividad humana es la causa de este proceso. Tanto, como que vamos a empezar a sentir muy pronto en nuestra propia piel las consecuencias de nuestros actos.
[3-8-2007] | 247 lecturas

La hora de la sostenibilidad (sobre el choque de modelos de crecimiento para Extremadura)

Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la RedLa sociedad extremeña exige acompasar los criterios del desnudo crecimiento económico con los de sostenibilidad social y medioambiental.
[11-2-2007] | 597 lecturas

Comentarios (4)

Mal analisis

javi|07-05-2006 21:40

Me parece un pesimo analisis, no se habla de vivienda y las absurdas medidas.

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TIEMPO AL TIEMPO

moscacojonera|08-05-2006 12:17

Enhora buena por vuestro foro, pero pasando de echaros más flores, voy directamente al grano.
Sin duda considero que no resultan fuera de lugar los guiños que Z.P. ha venido haciendo ( desde el discurso de investidura en réplica a E.R.C. y posteriores ) sobre su republicanismo, estructura confederal del estado ( antepenultima frase de las conclusiones del último Congreso Confederal del PSOE ), potenciación de la coparticipación ciudadana en la toma de decisiones aún de poco calado ( politicas municipales ), etc.
En cualquier caso, de lo que no me cabe la menor duda es que la mallor oposición a su proyecto político, no se encuentra en el P.P. sino, dentro de las propias filas del PSOE encabezadas por dirigentes que poco o nada se identifican con las aspiraciones de Zapatero tanto en materia de politica de estado, como internacional ( por desgracia todabía están muy presentes los llamados "Barones" que no solo no han evolucionado al ritmo que lo ha hecho la sociedad sino que además en algun caso con sus políticas de AMIGUISMO-PROTECCIONISMO,  nos recuerdan las formas de hacer política durante la dictadura fascista de Franco y el Opus).
Pero, tiempo al tiempo, aunque yo hubiera tirado antes por la calle del medio en algunos asuntos, debo reconocer que aún siendo bastante menos radical, Zapatero lleva una linea marcada hacia un horizonte que comparto ampliamente y que al contrario de la malloría de los líderes polícos de cualquier formación durante el periodo constitucional, se le ven intenciones de labor PEDAGÓGICO-SOCIAL, aunque en algunas ocasiones parezca adoptar medidas a demanda ( oportunismo político ).
Para finalizar, solo pedir que le regalen una buena escoba que le ayude a limpiar la porquería que aun queda su casa ya que  para seguir barriendo a la derechona ya estamos el pueblo llano, que podremos ser muchas cosas, pero no tontosde baba como pretende el PP.
Un fraternal saludo.
 

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El resto de notas que faltan

Kaosenlared|08-05-2006 21:12

[11] El PP se ha opuesto desde un primer momento a este proceso, de modo directo como a través de los medios de comunicación y las asociaciones cívicas afines a su sector ultra-conservador, como la Asociación de Víctimas del Terrorismo o el Foro de Ermua. La explicación es sencilla: “Este cambio no es lo que desea el PP, puesto que el terror de ETA le permite movilizar a sectores de la población en defensa de su visión retrógrada de España”, Vicenç NAVARRO, art. cit.
[12] “El endurecimiento de Aznar ha estado acompañado por el progreso de creencias y organizaciones religiosas” que “recuerdan mucho” a las vinculadas a la derecha norteamericana, Antonio ELORZA, A la sombra de Dios, El País, 09/09/04. Entre estas organizaciones destacan la asociación de padres de alumnos CONCAPA, el Opus Dei, la o­nG Mensajeros de la Paz, los llamados legionarios de Cristo y otros grupos vinculados al fundamentalismo católico. Esta estrategia se ha desenvuelto, aún con grandes especificidades hispánicas, conforme a un modelo de movilización importado de EEUU como es el de la Coalición Cristiana, soporte socio-religioso fundamentalista que apoya al gobierno Bush y le aporta varios millones de votos. Vid. Lola GALÁN, Los católicos se organizan al estilo americano, El País, suplemento Domingo, 11/12/05.
[13] “El revisionismo no surgió de la pluma de historiadores, sino de la acción panfletaria de un pequeño grupo de publicistas que desde hace unos años viene vendiendo con éxito una visión apocalíptica de nuestros años treinta, orientada a encandilar a la derecha […]. El quinquenio republicano queda reducido a un museo de horrores, que además sirve para descalificar agresivamente al actual Gobierno”, Antonio ELORZA, Vuelve el 36, El País, 17/09/05. Vid. también Javier TUSSELL, El revisionismo histórico español, El País, 08/07/04. El PP se ha opuesto sistemáticamente a medidas como la retirada de estatuas del dictador que aún permanecían en espacios públicos, la conmemoración del 75 Aniversario de la II República o la proyectada Ley de Memoria Histórica, que reconocerá y compensará a las víctimas del franquismo.
[14] El 30 de junio de 2005 el Parlamento español aprobó (con el único voto en contra de los diputados del PP) las conclusiones finales de la Comisión, que reconocían la manipulación de la información con fines partidistas del gobierno de Aznar entre el 11 y el 14 de marzo.
[15] “La retirada de nuestras tropas es lo que deseaban los terroristas […]. Si España es más débil por nuestra retirada, los terroristas por el contrario son más fuertes”, José María AZNAR LÓPEZ, Desistimiento irresponsable, ABC, 26/04/04. “Estamos en uno de los momentos más críticos de nuestra historia […] y probablemente abocados a una grave crisis nacional […]. En poco más de un año, el actual Gobierno y su presidente han llevado a España al borde del abismo […]. España corre riesgos serios de desintegración”, Aznar lanza en México un mensaje catastrofista sobre España ante cientos de empresarios, El País, 08/10/05. Con leves variaciones, estas palabras resumen el sentido de las intervenciones del ex-presidente hasta la fecha.
[16] Vid. Josep RAMONEDA, En el rincón, El País, 07/07/05 e I. SÁNCHEZ CUENCA, La deriva radical, El País, 09/02/06.
[17] Prueba de ello son la total autonomía de la que ha gozado desde el principio de la legislatura el Ministerio de Economía dirigido por Pedro Solbes (absolutamente fiel a la ortodoxia neoliberal), y la completa impotencia de que ha hecho gala el ejecutivo ante cuestiones como el precio de la vivienda o la precariedad en el empleo, apenas enmascaradas por algunas decisiones menores, como pequeños incrementos del salario mínimo o las becas de estudio. Sólo a partir de 2007, cuando comience su aplicación, podrá valorarse el alcance real de la recién aprobada Ley de Dependencia, que supone, al menos sobre el papel, la gran apuesta social de esta legislatura.
[18] E. HARO TECGLEN, Dar la cara, El País, 06/04/04.
[19] José Luis BARBERÍA, ¿Hay vida después de Aznar?, El País, suplemento Domingo, 18/07/04.
[20] En las elecciones europeas del 13 de junio de 2004, el PP obtuvo un 41,3% de los sufragios emitidos, apenas dos puntos por debajo del PSOE, demostrando una vez más la extrema consistencia de su base electoral.
[21]“La crisis de las aristocracias frente al unilateralismo estadounidense sitúa en el horizonte global oportunidades estratégicas para unas proposiciones democráticas. Hay alianzas posibles, por ejemplo, entre las aristocracias industriales y las multitudes productivas […] con vistas a poner fin al estado global de guerra”, A. NEGRI y M. HARDT, Multitud, Debate, Barcelona, 2004, pp. 366-367.

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los crecientes rasgos nacionalistas en España frente a la ampliación y concolidación de la UE

pedro aparicio|21-05-2006 19:35

HOLA, me gustaria que alguien me diera su opinion sobre los crecientes rasgos nacionalistas en España frente a la ampliación y concolidación de la UE? Piensese que actualmente se ha producido una expansión muy importante de la organización supranacional que supone la UE y que al mismo tiempo se está produciendo una reivindación por parte de las regiones nacionalistas que parece ser antagonista a una posición "centralizada" de las negociaciones del Estado para todo el territorio nacional en competencias desarroladas desde la esfera comunitaria.

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