Pasado y presente de una necesidad.
Ciertamente, el modo que hemos llegado a la situación global actual obliga a varios frentes de análisis.
Y, aún cuando el propio programa histórico de los trabajadores y su crónica es una crítica a la barbarie que supone el modo capitalista de tratar con la producción y los recursos, hay, a su vez, una parte importante de la crítica que obliga a una continua revisión de conceptos e ideas-fuerza incluso a la crónica y que atañe al propio movimiento de oposición.
Y ciertamente, el texto pasado y presente de una ilusión hace una autocrítica que conmociona, sobre la carga liberadora de la clase obrera y su papel (fallido) a lo largo del siglo. En varios aspectos solo cabe silencio e impotencia.
Fue a su vez, un asunto bastante discutido, en los tiempos de la posguerra y, si mal no generalizo, creo que, pueden agruparse en torno a la tesis del aburguesamiento de la clase obrera de los países de la metrópoli capitalista.
De hecho, si miramos la famosa fase de crecimiento o expansión o consolidación o reparto, posterior a la II guerra, situación que en los países de llegada o de la periferia global, fue vivida como una continua intervención, rapiña imperialista y acomodación del tan cacareado estado de derecho, figura teórica que habría sido la baza liberal, a los intereses de coloniaje de la más burda estirpe, incluyendo el gangsterismo, la dictaduras títere y el coloniaje.
Con este fin, la burguesía metropolitana, tuvo que partir de asumir el coste de reunir sus propias fuerzas a través de concesiones a su propio asalariado bajo la forma de una mejora continuada o sistema de reformas, o el llamado estado de bienestar. Que, a su vez, los trabajadores de la metrópoli vivían como un reconocimiento creciente de sus reivindicaciones laboristas y civiles. Pero que en la práctica no fraguaban sino la organización de la maquinaria socio política necesaria para el expolio en ultramar.
En el texto se habla también indirectamente de la idea de alienación, un concepto difícil de discutir con las herramientas de la ciencia estándar, aún cuando convengamos en un punto de vista unificado para tratar la economía política, en general, como una biología evolutiva.
O de las consecuencias de la noción de la determinación última de las condiciones materiales de existencia, en la conciencia humana. Y finalmente, habla de revisar la consideración del asalariado, respecto de la contradicción con las relaciones sociales, de su condición de clase antitética cuyo despertar, (digamos) llevaría consigo la liberación de la humanidad.
En su constricción llega a decir, o, resalta, la inminencia de la destrucción –"cuando está en juego el futuro de nuestra especie, no podemos seguir dependiendo por más tiempo de un planteamiento con unos resultados hasta hoy pobrísimos. Es la hora de apostar por otro".
En cualquier caso, el texto parece más bien un testimonio de su propia conciencia política y en buena cuenta, de su sensibilidad. Hay muchas formas de llegar conceptualmente al mismo sitio.
Es posible, tal como oí decir a un compañero a propósito de esta discusión, que la noción según la cual son las condiciones materiales las que determinan el ser social, ha sido mejor usada por la burguesía en su lucha por mantener a raya su propio desorden interno y centrarse en su reproducción. Y así sucesivamente. Y comentaba con ironía que en los países llamados ricos, la población, los trabajadores en general, no hacían sino engordar como un fenómeno de masas, antes que cobrar conciencia política de la situación mundial.
Sin embargo, aún cuando esta relación parezca fácil, es una comprensión mecánica de las relaciones que descubre Marx y Engels sobre las que la conciencia humana construye sus contenidos.
Por otro lado, es necesario considerar que la contradicción última, se libra en las esferas superiores de la cultura, por oposición en profundidad y extensión, a la que fuere expresamente una reivindicación económica. Cuando las relaciones sociales, en general, constituyen una irracionalidad de lesa humanidad, de lesa naturaleza y su debate nos arrastra irremediablemente a todos los seres humanos en cuanto género. Y en cuanto la alternativa tiene que ver con la supervivencia de nuestra especie.
Algo que con más nitidez se refleja en la actualidad internacional, sí, y con una contundencia que nos hace sentir estar ante la presencia de la hora final. Pero en la que resulta una dificultad añadida al proceso de organización y centralización del movimiento político, utilizar ese descubrimiento, ese feliz descubrimiento del propio lugar en mundo y en la historia, o, esa responsabilidad ética de la gran batalla crucial del género humano, para dividirnos o culparnos o presentar al asalariado, en general, como una clase del-capitalismo, aún cuando parezca -tiempo de sobra, más cuando ha pasado un siglo de decadencia (desde la I guerra) en el que supuestamente (dice el texto) la clase obrera debía haber resuelto el problema.
Es una comprensión mecánica de la teoría marxista.
Habría que preguntarse, por el contrario, cuánto tiempo ha necesitado el resto de la sociedad, para caer en la cuenta de la inminencia del desastre capitalista.
La supuesta superación a Marx y Engels (que propone) acerca del carácter antitético de la clase revolucionaria llevaría a la idea según la cual, desde fuera del proletariado hay quien sabe algo que el proletariado no alcanzaría a ver por su situación de pertenencia a la dualidad explotador-explotado. Esto contradice toda su crítica, por cuanto, en los aspectos políticos de la movilización ¿qué habría que hacer ante el factor de la inminencia? ¿representar al proletariado? ¿es acaso una acción política "en nombre de" lo que está sugiriendo?.
En todo caso ¿quienes son este contingente de adalides y de dónde proviene su lucidez?.
Esto me recuerda a las discusiones sobre la incertidumbre, cuando tratas de comprender definiciones físicas subatómicas. Si te fijas en las conclusiones que ensayan los físicos, es decir, si te centras en el método, resulta que amplifican lo pequeño de tal manera que luego les resulta complicado y de hecho les pierde, determinar la relación causal. De modo que el asunto de la incertidumbre no llega sino a ser parte de las condiciones. Un asunto de método, del observador, de la comprensión, no de la naturaleza.
De modo análogo, estaríamos en punto de inflexión de las contradicciones históricas en las que las relaciones más cotidianas, mínimas se amplifican de un modo que no parece tener parangón, incluso la previsión teórica llega a estar a la altura de la experienciación del caos del punto nodal de la historia.
Por un lado es la euforia de un feliz descubrimiento de la inminencia, pero por otro, es un problema si no se vuelve al contacto, la única certidumbre.
Acudiendo al mismo recurso que en el texto sirve para poco menos que llamar colaboracionistas al proletariado ¿es necesario acaso resaltar que los trabajadores son hombres y mujeres concretos que concurren en una contradicción de intereses en los que no tienen otra forma de organizar su futuro, que las contingencias del mercado de trabajo que la burguesía sabe tener por el mango?.
¿Tiene acaso algún excedente que pueda convertir en conciencia y acción del último análisis, por-encima del darse cuenta (conjunto, por decirlo así) que pueda provenir de la totalidad de la sociedad?.
En ambos casos, es un trasteo por la zona de las abstracciones y lugares comunes.
Por otro lado, tampoco el concepto de alienación, al que directa e indirectamente se refiere, tiene un abordaje comprensivo de la situación. Es Aristotélico. De forma que la relación identidad pertenencia se entiende como una escisión. Es, o no es.
Y seguramente NO provienen de un acercamiento a la realidad empírica (como se reclama en el texto) del trabajador, seguro que no. Incluyendo que el asalariado de nuestra época considere oportuno no organizarse o convenir en una acción política de cierta escala, desclasado si acaso, no es ajeno a la insatisfacción general, a su malestar en la cultura. Incluso aún en las contingencias de un salario mayor, sus contradicciones no llegan jamás a compensarse, y lo peor, en este caso, sin tener para ello, en la experiencia inmediata, una explicación, sin recurrir a la conciencia política. Está por encima de su voluntad. El bienestar, tal como es capaz de concebirlo el capitalismo, desarrolla sus puntos de contradicción (digamos) en el reino de la libertad.
Y es que corrientemente se ha tratado el asunto de la alienación con un punto abordaje no dialéctico, fuera del aporte al pensamiento que constituye la clave de su conciencia política, la comprensión de la contradicción como un mecanismo de la experiencia. Y la experiencia como un proceso continuo en el que puede reconocerse una trayectoria, una búsqueda, un error, un acierto, una crónica. Y de fondo, una ontología que puede llegar a comprenderse.
No se advierte el salto de conciencia desde la negación de la condición de clase (o, desde la negación de la identidad). Y, en todo caso, el que se propone en el texto no es más que un mapa, o mejor, una propuesta de mapa.
Por el contrario, es del absurdo de la condición humana, reducida ésta, a su expresión en los términos del salario, de donde surge su inspiración antitética, unos antes o después. De hecho, es de esta creciente tensión de opuestos en el reino de la libertad y las potencialidades, de donde vuelve, una y otra vez, y volverá, al reino de la necesidad. Hasta que en un momento histórico, o planetario y de especie, como se menciona en el texto, llega la hora de arreglar, echar cuentas y construir la verdadera la historia.
El caso actual, y esta es mi impresión del cuadro, es que estamos ante la inminencia del desastre. La inminencia. No de forma casual se recurre en el texto al hecho de que nos jugamos la continuidad de la vida en la tierra.
Es, por este mismo llamado a la acción, un gran error político con cargo a la calidad y oportunidad de respuesta del movimiento (que tiene su clave en la unidad del proletariado, en cuanto género e internacionalista, en cuanto extensión) no reparar en ello y actuar consecuentemente.
Finalmente, esta réplica estaría incompleta sin desgranar una revisión al concepto de alienación, y/o, a esa aparente dualidad identidad-pertenencia a la que se recurre en el texto. Aunque es necesario hacerlo sin recurrir a esa jerga aparatosa, ajena a nuestros objetivos, con la que suele tratarse este asunto. Toca, sin embargo, como bien se reconoce, en el texto, aspectos de la psicología, y, en relación a la historia de su comprensión temática, de la ontología. Supone un recorrido cuidadoso que merece un tratamiento aparte.
Txellenne
http://www.kaosenlared.net/noticia/proletariado.pasado-futuro-ilusion