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Orwell, un “trotskista fanático”

Recientes investigaciones en los archivos soviéticos han detectado la existencia de un seguimiento estalinista de Orwell y de Sonia, su compañera, que son descritos como “trotskistas fanáticos”.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 6-12-2007 | 1059 lecturas | 20 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/orwell-un-trotskista-fanatico

Su vigilante estaba dirigido por un joven experto llamado Ramón Mercader. Al final tuvo que escapar por piernas, y pudo escribir su testimonio. El más leído e influyente de todos los escritos sobre la guerra de España.

Como cuenta en Homenaje a Cataluña, hasta que tuvieron lugar los acontecimientos de mayo de 1937, las controversias entre los milicianos y la militancia sobre el curso político de la guerra habían tenido un lugar más bien secundario en sus preocupaciones que se centraban en el campo de batalla, aunque no tardó en plantearse una serie de cuestiones que comenzaba a ver claras y que le enfrentaban con la línea gubernamental, cada vez más abiertamente pro burguesa, y con su vanguardia que era, suprema ironía de la historia, el PCE. Éste había realizado un giro de 180° desde que en la primera etapa de la República había defendido descabelladamente el derrocamiento de ésta por “reaccionaria” y la instauración de unos soviets totalmente inexistentes, y aplicaba la teoría de los “hermanos gemelos” del fascismo con una superficialidad apabullante. Sin embargo, en octubre 1934 tomó parte de las actividades revolucionarias en Asturias y Cataluña, pero todo cambió cuando la política exterior soviética puso el meridiano en la alianza con las mismas potencias democráticas que lideraron la llamada política de no-intervención. Política que Stalin hizo suya inicialmente.

        A Orwell, la “verdad” le parecía, en el fondo muy sencilla y era hija de una realidad que había podido comprobar desde la primera fila. Tuvo una seria preocupación por los temas militares en los que era un “experto” al lado de la mayoría de los bisoños milicianos. En una de sus notas dio a entender que los comandantes militares no habían aprendido mucho del último gran conflicto. Describió la contienda como “una copia mala de 1914-1918, una guerra de posicionamiento de trincheras, artillería, incursiones, francotiradores, barro, alambra­das de espino, piojos y estancamiento”. Un voluntario británico, Edwards, lo describe como alguien con un aspecto más bien excéntrico que llegaba “a grandes zan­cadas hasta mí (con su metro noventa de estatura) vestido con una mez­cla grotesca de ropas; breeches de pana, puttee caqui y enormes botas cu­biertas de barro, un justillo amarillo de piel de cerdo, un pasamontañas de color chocolate, una bufanda caqui de punto de una longitud des­mesurada enrollada una y otra vez alrededor del cuello y la cara hasta las orejas, un anticuado fusil alemán al hombro y dos granadas de mano colgadas del cinturón.”

Sucedió que a finales de marzo, Orwell sufrió un envenenamiento sanguíneo por una herida que se le había infectado. Tuvieron que abrirle una mano con lanceta y pasó diez días en el hospital de Monflorite, justo detrás del frente. Mientras permaneció allí, lanzaron dos grandes bombas cerca de Hues­ca, a unos tres kilómetros de distancia. Causaron un estruendo terrible, sacudieron las casas y provocaron que todos los pacientes abandonaran aterrados sus camas. Y de permiso en Barcelona y frustrado por la inactividad del frente de Aragón, Orwell pensó (por segunda vez) en unirse a las Brigadas Inter­nacionales para tomar parte en el duro combate que se libraba alrededor de Madrid. Su simpatía por estas reevidencia en un escrito de 1937 en el que las describió como “una línea fina de seres humanos sufridores y a menudo mal armados situados entre la barbarie que los comisarios estalinistas sospecharon que pretendía infiltrarse en sus filas y que sin querer había alertado a las autoridades, que pronto mostrarían una oposición violenta contra el POUM: “Blair preguntó si era proba­ble que su relación con el POUM perjudicara sus posibilidades de alis­tarse en las Brigadas Internacionales . Quiere luchar en el frente de Ma­drid y manifestó que en pocos días nos presentará una solicitud formal para alistarse cuando se haya regularizado su licenciamiento del POUM.” Si hubiera logrado unirse a ellos, sin duda lo habrían fusilado por obvia consecuencia política, no en vano George y Sonia fueron vigilados y consideradas como “fanáticos trotskistas”.Las Brigadas eran un buen ejemplo de parte de las ambivalencias del estalinismo. Era gente muy distinta a los funcionarios que Stalin había destinado a actuar según sus imperativos nacionales, y Orwell se sintió muy atraído por su lucha en el frente de Madrid.

Su comandante, Georges Kopp, se convirtió en un amigo íntimo suyo y en protagonista de Homenaje a Cataluña. Su padre era un médico con contactos en toda Europa; su madre, apellida­da Neumann de soltera, procedía de Odesa; y Georges, su único hijo, había nacido en San Petersburgo en 1902. Diez años después, la familia se trasladó a Bélgica antes de la revolución, presumía de haber estado en la universidad antes de conseguir el título (más tarde inventó una técnica eficaz para cortar carbón). Hizo el servicio militar, pero no tenía gran pericia castrense. Conoció a la que sería su primera esposa, Warnotte, de origen germano-belga, en 1925, se casaron y tuvieron cuatro hijos y una hija. Se divorciaron en 1934 y ella asumió la custodia de los chicos.

Al igual que muchos otros aventureros y soldados de fortuna (Malraux repre­senta el ejemplo más notorio), Kopp embelleció la realidad creando un mito complejo sobre su pasado. Un periodista holandés, Bert Govaerts, descubrió recientemente que «en lugar de tratarse de un ingeniero belga con experiencia militar previa, Kopp era en realidad de nacionalidad rusa y jamás sirvió en el ejército (es decir, fue oficial de reserva en el ejér­cito belga). Además, ni era licenciado en ingeniería ni un marido y pa­dre entregado, como creía Orwell. Asimismo, también parece falsa la afirmación de Kopp según la cual lo obligaron a huir de Bélgica por fa­bricar municiones ilegales para la República española». Tras examinar la carrera vital de Kopp, Govaerts concluía: «En conjunto, la célebre ca­pacidad de observación de Orwell sufrió un golpe grotesco con este hombre curiosísimo.» Pero mientras luchaba en España junto a Kopp, Orwell no tenía manera de descubrir la verdad sobre el pasado de éste. En cualquier caso, el mito que Kopp creó no altera en absoluto su im­presionante heroísmo (en acción y en prisión) tanto durante la guerra civil española como en la resistencia francesa durante la Segunda Gue­rra Mundial.

Las fotografías y descripciones del interesante y desmedido Kopp retratan a un hombre de un metro ochenta de estatura, fuerte como un toro, de cuello grueso y cara sonrosada: formidable, alarmante y feroz. También revelan que sirvió de modelo físico al dinámico y devasta­dor O'Brien de 1984: “A pesar del cuerpo voluminoso, tenía una ele­gancia de movimientos extraordinaria. [...] Una ola de admiración, casi veneración, fluía desde Winston hacia O'Brien. [...] Cuando mirabas los hombros robustos de O'Brien y su rostro de rasgos abruptos, tan amenazadores y, aun así, tan civilizados, era imposible creer que pudie­sen derrotarlo.”

Luego, ya en febrero de 1937, mientras Orwell luchaba bajo el mando de Kopp, Eileen llegó a Barcelona para trabajar como secretaria de McNair en la oficina del ILP. Aunque algunos idealistas servían como enferme­ros, periodistas y mecanógrafos, en España había una escasez extrema miseria. El voluntario británico Strafford Cottman El mismo que sirvió de modelo para Ken Loach en Tierra y libertad) describió a Eileen como “una maestra" ya que controlaba con eficiencia los negocios y finanzas de media docena de miembros del contingente del ILP, el partido socialista de izquierda que daba su apoyo al POUM. Comentando su relación con Orwell, otro voluntario inglés la llamó “una chica tímida que adoraba el suelo que él pisaba. Habría hecho cualquier cosa por él”. A mediados de marzo, le permitieron visitar a su marido durante tres días en las trincheras de la línea del frente. Según contó a Leonard Moore al mes siguiente, mientras estuvo allí “los fascistas lanzaron de impro­viso un pequeño bombardeo y bastante fuego de ametralladora”. Entu­siasmada, en lugar de asustada, por el ataque, a Eileen la visita le pareció “muy interesante; de hecho, nunca disfruté tanto”.

Sobre esta experiencia existe una serie de fotos borrosas permiten vislumbrar su vida en España. En la más famosa, realizada en enero de 1937, al final de una columna militar escuálida, aparece la cabeza inconfundible de Orwell más alto que sus compañeros. El fondo no es otro que el patio adoquinado del cuartel Lenin de Barcelona. Asimismo aparece sentado en un banco bajo la ventana enrejada de una casa encalada próxima al frente. Sus camaradas, de cara a la cámara, comen en platos de metal mientras Orwell (sin botas y cigarrillo en mano) se vuelve de lado para participar en una discusión acalorada. Durante el asedio de Huesca aparece sentado en un vasto campo arado, cerca de un árbol so­litario, compartiendo guiso humeante con tres soldados. Durante la vi­sita de Eileen, sus compañeros (algunos con casco, otros con la cabeza descubierta) se alinean detrás de un parapeto hecho de sacos terreros. Han montado una ametralladora sobre un trípode y apuntan al enemi­go. Orwell, cuya cara se ve borrosa debido a que se trata de una fotogra­fía sobreexpuesta, lleva la chaqueta de cuero que le había dado Henry Miller y destaca sobre el resto, mientras Eileen, de cara pálida y cabello tan oscuro como la ropa que viste, permanece sentada a sus pies.

Por aquel entonces, el futuro autor de Homenaje a Cataluña podía desconocer, por supuesto, que en diciembre de 1936, antes incluso de que saliera de España, Stalin había ordenado a los diri­gentes comunistas de Cataluña que acabasen con el POUM. Su secreta­rio, Andreu Nin, otrora vinculado al archienemigo de Stalin León Trotski, se había convertido en la presa más codiciada de España. Aun­que el POUM no seguía a Trotski hacia el proyecto de crear una nueva internacional sino que se situaba más en un proyecto de más a largo plazo, como también pensaban otros partidarios de Trotsky como Víctor Serge o Isaac Deutscher, sin embargo era culpable de dos pecados intolerables para Stalin, denunció los “procesos” de Moscú en nombre de la tradición bolchevique, y además apostaba por una revolución socialista. No era un gran partido, pero tampoco lo era tampoco el bolchevique en febrero de 1917.

Para Stalin se trataba además de dar ejemplo, de disciplinar sus propias filas, de ahí que, como había sucedido en la URSS, la sospecha de “trotskismo” o de mera complicidad, se convirtió en un instrumento de coacción. El propio PSUC fue criticado por “tibieza”, y en realidad, muchos de sus militantes se negaron a secundar la “caza de brujas”, y los hubo, según nos consta por testimonios, que ayudaron a la gente del POUM. Por otro lado, dado que no podía evitar una guerra (y sobre todo una revolución) tan inoportuna, Stalin envió junto a los instructores militares, a numerosos agentes de su policía política, expertos en la caza de disidentes y en tareas de purga que instauraban su propio reino del terror entre las filas de los republicanos. Su política no pasaba por ganar base obrera por abajo (aunque sí dedicó un enorme esfuerzo en la juventud gracias a las JSU), sin o en ganar adeptos en la policía y en el aparato de Estado. Se trataba de ganar influencia, y también de aplastar la revolución como ya lo había hecho en Rusia. De ahí que la consigna de antes la guerra, y de no llevar la contraria a los gobiernos británico y francés, pasó a ser la línea general de toda la derecha republicana. Aplicó la eficacia “bolchevique” en los métodos para darle la vuelta a sus fines.

Todo eso comenzaba a ser una evidencia cuando Orwell se marchó de permiso a finales de abril, el mes pos­terior a la visita de Eileen al frente, imperaba una situación bastante normal, y los comunistas y el POUM aún eran aliados. El 1 de mayo, Eileen le comentó a su hermano que después de cuatro meses de priva­ciones, Orwell, por lo general austero, se había dado un buen atracón camino de Barcelona: “George está aquí de permiso. Llegó totalmente andrajoso, casi descalzo, algo piojoso, muy moreno y con un aspecto extraordinario. Las últimas doce horas las ha pasado en trenes tomando anís, moscatel en botellas de anís, aguardiente y chocolate. El propio Orwell, que permanecía de permiso en Barcelona, vio como estallaba la lucha abierta entre los obreros y las fuerzas gubernamentales. Como es sabido, la central telefónica estaba dirigi­da por la Confederación Nacional de Trabajo (CNT) que mantenía cierta relación de “comunidad” por la base con el POUM, y del cual surgió una fracción que reflejaba la indignación de su base social: Los Amigos de Durruti...

Los guardias civiles, controlados por los comunistas y descontentos con el modo en que se dirigía la central telefónica, intentaron hacerse con ella. Cuando los anarquistas se negaron a abandonarla y abrieron fuego con­tra los invasores, la pugna se extendió con rapidez por toda Barcelona y provocó una batalla a gran escala que paralizó la ciudad. Los comunis­tas contaban con una fuerza mucho mayor y estaban armados con ame­tralladoras. El POUM, inferior en efectivos y con sólo sesenta fusiles, se vio obligado a intervenir en la lucha para apoyar a los anarquistas. Mientras defendía la sede del partido, Orwell pasó tres horribles días en el tejado del cine Poliorama siguiendo las indicaciones improvisadas de Enrique Adroher. En un artículo periodístico, Eye-Witness in Barcelona (agosto de 1937), explicó aquella situación confusa y desespe­rada: “Todos pensábamos que, sencillamente, nos estábamos defen­diendo de un intento de golpe de Estado llevado a cabo por la guardia civil, que se había apoderado por la fuerza de la central telefónica y se incautaría de algunos edificios más de los trabajadores si no manifestá­bamos ninguna intención de lucha.”

Otro voluntario afín al POUM, Willy Brandt explicaría en sus memorias el modo en que esta guerra dentro de otra guerra condujo a la persecución y exterminio final del POUM: causada por una bala que me atravesó la garganta y que, por supues­to, debería haberme matado, pero se ha limitado a causarme dolores nerviosos en el brazo derecho y a despojarme de la mayor parte de la voz. Según Kopp, una semana después de que las cuerdas vocales le re­sultaran dañadas “Eric podía articular algún sonido, pero débil y con el ruido chirriante característico de los frenos de un Ford T muy anticua­do; a más de dos metros de distancia resultaba inaudible”.

Orwell fue informado de que tenía la laringe «rota» y que había perdido la voz para siempre. Hacia el 10 de junio, Eileen comunicó a su hermano que ha­bía recuperado parte de la voz y del apetito, pero que se sentía apenado por el fin de su carrera militar y por el cambio desastroso de la situación política en Barcelona: “Creo que Eric está mucho mejor, aunque él es incapaz de reconocer ningún progreso. La voz se recupera ciertamente muy despacio, pero usa el brazo más a menudo a pesar de que aún le duele mucho en ocasiones. Come tanto como cualquiera y puede pa­sear y hacer cosas normales con bastante eficacia durante un breve espa­cio de tiempo. Está totalmente deprimido, lo que considero alentador.”

Mientras Orwell se recobraba de la herida, el POUM era persegui­do por la policía soviética. Richard Rees, que más tarde sería su primer biógrafo, y que conducía una ambulancia en España, vio a Eileen en Barcelona en mayo y se asombró del miedo que manifestaba: De pronto, Orwell volvía a verse atacado por sus antiguos aliados y atrapado en la lucha que se libraba tras las líneas del frente. Después de salir del sanatorio Maurín, recoger sus papeles del alta en el hospital de Monzón y visitar el frente próximo a Barbastro (donde el comandante debía firmar sus papeles), regresó a Barcelona el 20 de junio para encausada por una bala que me atravesó la garganta y que, por supues­to, debería haberme matado, pero se ha limitado a causarme dolores nerviosos en el brazo derecho y a despojarme de la mayor parte de la voz”.

Georges Kopp contará que una semana después de que las cuerdas vocales le re­sultaran dañadas “Eric podía articular algún sonido, pero débil y con el ruido chirriante característico de los frenos de un Ford T muy anticua­do; a más de dos metros de distancia resultaba inaudible”. Orwell fue informado de que tenía la laringe “rota” y que había perdido la voz para siempre. Hacia el 10 de junio, Eileen comunicó a su hermano que ha­bía recuperado parte de la voz y del apetito, pero que se sentía apenado por el fin de su carrera militar y por el cambio desastroso de la situación política en Barcelona: “Creo que Eric está mucho mejor, aunque él es incapaz de reconocer ningún progreso. La voz se recupera ciertamente muy despacio, pero usa el brazo más a menudo a pesar de que aún le duele mucho en ocasiones. Come tanto como cualquiera y puede pa­sear y hacer cosas normales con bastante eficacia durante un breve espa­cio de tiempo. Mientras Orwell se recobraba de la herida, el POUM era persegui­do por la

Existe un informe (del 7 de julio de 1937), y que los investigadores han encontrado en Moscú, en el que alude a El camino de Wigan Pier (publicado el 8 de marzo, mientras Orwell es­taba en España) y revela que era bien conocido entre los comunistas que lo consideraban "La personalidad destacada y el hombre más respetado del contingen­te [del ILP] en la actualidad es Eric Blair. Este hombre es un novelista que ha escrito algunos libros [sobre] la vida proletaria en Inglaterra." Pero "tiene pocos conocimientos políticos". El historiador James Hopkins llega a la conclusión de que el informe “lo acusa de haber desempe­ñado un papel activo en la lucha de mayo en Barcelona. Esto contradi­ce su versión en Homenaje a Cataluña, donde se describe a sí mismo como un espectador pasivo y preocupado que no participó en la batalla real. [...] Al calificarlo de trotskista, los comunistas habían firmado, en efecto, su sentencia de muerte en caso de que permaneciese en España. [...] En cuestión de poco tiempo, todos los seguidores del POUM fue­ron asesinados, encarcelados o, como el herido Orwell, pusieron pies en polvorosa”.

Resultaba que Orwell se veía atacado por sus antiguos aliados e inmersos en una lucha que se libraba tras las líneas del frente y que le causaría un estupor total. Después de salir del sanatorio Maurín, recoger sus papeles del alta en el hospital de Monzón y visitar el frente próximo a Barbastro (donde el comandante debía firmar sus papeles), regresó a Barcelona el 20 de junio para encontrarse con que el POUM había sido declarado ilegal. Sus dirigentes habían sido arrestados y todos sus miembros eran buscados por la poli­cía. Durante los tres días siguientes, aunque todavía débil por la herida, se ocultó y durmió en edificios en ruinas. Obviamente conmocionado por el encarcelamiento y la ejecución de muchos de sus camaradas, comentó a su compañero McNair: “Esto es terriblemente sangriento [...] estos desgraciados (la policía) están disparando a los nuestros por la espalda.”

Los comunistas incluso capturaron a los hombres del POUM que estaban heridos; y cuando visitó la cárcel, Orwell vio a un chico de diez años y a dos hombres con las piernas amputadas. En alusión a estas experiencias en España, así como a las de Birmania, Orwell exclamó en Dentro de la ballena: “He visto los cadáveres de un montón de hombres asesinados, y no me refiero a que murieran en combate, sino asesina­dos.”

.” Orwell describió su propia huida ignominiosa en una carta a Heppenstall: “Empezamos como he­roicos defensores de la democracia y acabamos escabulléndonos por la frontera con la policía pisándonos los talones.” El 23 de junio, des­pués de pasar tres días ocultos, Orwell, Eileen, John McNair y Stafford Cottman recibieron del consulado británico documentos para viajar y tomaron el tren hacia Francia. Ociosos en el coche restaurante como si fueran turistas corrientes, eludieron la detención cuando dos agentes recorrieron el tren en busca de extranjeros sospechosos. Tras cruzar la frontera se abrazaron con alegría y Orwell y Eileen pasaron tres días de descanso en la localidad costera francesa de Banyuls.

Sin embargo, esta vez no hubo saludos por parte de los campesinos. Orwell había visto a los comunistas traicionar a los que habían tratado de hacer la revolución para la que ellos se habían constituido. Vería el ejército de Franco, ayudado por tropas y armas alemanas e italianas, derrotar y reprimir a los republicanos con una brutalidad sobre la que no se olvidó de dejar constancia. Lo más deprimente y decepcionante de su experiencia española fue que los comunistas oficiales convencieran a los trabajadores de que traicionasen a sus aliados por cuestiones ideológicas y luego difundieran mentiras sobre el POUM que fueron creídas por intelectuales de iz­quierdas en Inglaterra y América, pero no por mucho tiempo; lo más luminoso sería la entrega y el entusiasmo de una clase obrera que había accedido como protagonista de una historia viva y concreta de transformación social. La verdad histórica se acabaría mostrando más poderosa que la falsificación estaliniana.

En ese sentido, se podría hablar de la victoria de Orwell.

 
 
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Comentarios (20)

¿Quién era realmente George Orwell?

comunista|06-12-2007 11:25

En un reciente artículo publicado en el diario británico The Guardian, el profesor Thimothy Garton Ash asegura que Orwell delató en 1949 a 38 intelectuales a los que consideraba simpatizantes comunistas, entre ellos Chaplin, el historiador E.H.Carr, Michael Redgrave e Isaac Deutscher. La lista fue entregada a los servicios de inteligencia británicos por la funcionaria C.Kirwam.

¡Pobre Orwell! Había denunciado el estalinismo como un sistema perverso en el que los hijos eran capaces de denunciar a los padres por motivos políticos, y él mismo acabó siendo un denunciante, un mísero delator. Pasó del antiestalinismo al anticomunismo primario, como les ocurrió a tantos otros que se convirtieron en instrumentos, a veces inconscientemente, de los servicios secretos estadounidenses, tal como ha revelado F.Stonor Saunders en su libro La CIA y la guerra fría cultural en el que documenta minuciosamente cómo la CIA organizó una campaña secreta para infiltrarse en el mundo cultural occidental a través de la financiación de revistas, libros, fundaciones filantrópicas, etc. Los fustigadores de Stalin, que tanto criticaron a esos "compañeros de viaje" que se dejaron deslumbrar por la Unión Soviética en los años treinta , terminaron por convertirse ellos mismos en compañeros de viaje del imperialismo norteamericano.

Para quien quiera profundizar en el tema, recomiendo el excelente trabajo de Albert Escusa que podréis encontrar en rebelión:

http://www.rebelion.org/docs/6220.pdf

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06-12-2007 12:29

De acuerdo contigo, no se debe confundir la critica, feroz si se quiere al stalinismo con el anticomunismo, yo, que me declaro critico atroz del stalinismo, jamas levantaria un dedo contra los stalinistas, no son mi enemigo, mi enemigo es el capitalismo y gran cantidad de troskystas ( no todos, afortunadamente ) dieron ese paso,de ir del antiestalinismo al anticomunismo. La epoca sovietica staliniana y posterior, tambien tuvo cosas positivas a analizar y rescatar, al mismo tiempo que errores y carencias imperdonables.

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Javier|06-12-2007 12:39

¿Alguien puede explicar qué tipo de denuncia pudo hacer Orwell en Inglaterra, de Chaplin que andaba en EEUU? ¿Qué dijo Orwell de Chaplin? ¿Que era del KGB? De verdad que estas cosas me dan risa. Que no se puede con fulano, pues hala, se le llama chivato.

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sobre rebelion

Llamarada|06-12-2007 14:35

¿Y no os parece extraño que el director de Rebelión, el tal Pacual Serrano, stalinista de pura cepa, se haya convertido en el comentarista estelar de asuntos internacionales de la Red voltaire, cuyas relaciones con los partidos comunistas de europa oriental se notan cada vez más?

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para javier

06-12-2007 15:25

el tema de orwell esta documentado y reconocido por la propia policia inglesa, aunque te duela, me duela algunos troskistas no son mejores que algunos stalinistas.

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06-12-2007 15:30

Pepe gutierrez ya que tienes acceso a los archivos del KGB, en esos archivcos estara documentada la represion STALINISTA, la podrias documentar o lo de los 100 millones es una falsa, en esos archivos estaran documentados los campos de concenntracion las deportaciones masivas... etc etc 

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Comunista, he oído otra versión acerca de la delación que aludes

Otro comunista (pero bien antiestalinista)|06-12-2007 17:11

Leí hace un año atrás que a Orwell lo tomaron de inocente. Hubo una especie de engañifa del M5 para que diera ese listado con un fin positivo para los propios compañeros relacionados y lo fastidiaron.

Realmente,  si  Orwell  hubiera  sido  un  delator,  estimo  que  el  M5,  que  es  de  los  mejores  en  sus  "faenas"en  el  mundo,  lo  hubiera  protegido  y  cuidado  y  no  habrá  salido  a  publicidad  el  tema.  Pensar  que  en  los archivos secretos de Gran  Bretaña  no  ha  habido  la  debacle  que  en los de  la  KGB.   

Reumiendo,  creo  que  hay  tela  a cortar por ambos lados  en  cuanto  al  tema.     

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06-12-2007 19:43

No creo yo que si Orwell fue o no fue tal o cual cosa (chivato en este caso, parece que es lo que se debate) se puede esclarecer así en un momento. Eso suponiendo que se pueda esclarecer a ciencia cierta y sin ningún género de dudas si fue un chivato George Orwell, pues ya han pasado más de 60 años de algo que encima se haría con discreción y queriendo no dejar pruebas.
Yo de Orwell me quedo con su libro 1984 y el de Homenaje a Cataluña. También mola el de Revelión en la Granja.

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06-12-2007 20:16

Arrojar la sombra de la duda como hacen muchos estalinistas, en todo caso, es tirar la piedra y esconder la mano.

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De acuerdo con ambos comentarios inmediatos anteriores, por supuesto.

Otro comunista (bien antiestalinista)|06-12-2007 20:22

Valoración: -1  

Leed primero

comunista|06-12-2007 20:42

Con todos mis respetos, creo que deberías leer el texto que he enlazado y luego me decís si tiro piedras, escondo manos o me tomo unos chatos de txacolí en la tasca de la esquina. Para que los debates sean realmente esclarecedores para todos me parece fundamental conocer los argumentos del otro sin prejuicios ni manipulaciones.  Leedlo primero y después seguimos... 

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El troskismo, y nosotros que lo quisimos tanto

Don Hilarión|06-12-2007 23:12

Vamos a ver, no todos los troskos fueron iguales, también hubo muchísima gente válida. Es absurda la generalización que todos pretenden.

Igual que entre los estalinistas hubo gente muy válida y ejemplar, y gente miserable.
Entre los anarkos ha habido gente maravillosa como Felice Orsini, Bakunin, Angiolillo, Mateo Morral, Ferrer i Guárdia y DURRUTI...    Pero también ha habido gente perra y vendida como Cipriano Mera, Orrantia, El Roto, Ssavater...

Valoración: 1  

Doln Hilarion mierda de perro|07-12-2007 01:04

Como puedes hablar de vendido de Cipriano Mera eres un miserable. Un albañil que en la batalla de Guadalajara derroto al ejerctio fascista italiano. En el exilio a parte de volver a trabarajar de albañil colaboro con la guerrilla libertaria antifranquistas y se enfreento al tamben Monsteny/esgleas por lo que siendo un anciano fue expulsado de la CNT.

No le llegas a Cipriano ni a la suela de los Zapatos. Comparar a Cipriano Mera con SAbater es para darte dos hotias a mano abierta.

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Cipriano Mera (acordaros de Cipriki... ¡Cipriki era el mas friki!)

Don Hilarión|07-12-2007 09:46

La vida humana no es lineal, sino sesgada y contradictoria.
Hay héreoes nacionales que después se pueden volver traidores y chivatos, y la Historia registra cantidad de casos:

Los mensajeros de Viriato
Jose María el Tempranillo
Petain
Abdelkader
Onaindía, Bandrés
Michael Collins, Eamon de Valera
Gutierrez Menoyo
Edén Pastora el Comandante Cero
Néstor Makno
Valentín González el Campesino
Yoyes, Imanol, Elisa Serna, Rosa León, Victor Manuel, Serrat, Ramoncín
Cipriano Mera 
  ...

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Cipriki era el mas Friki

Ríe. Ríe. ¡¡¡ Ríe, que ya llorarás !!!|07-12-2007 10:01

Cipriano Mera no le llegó al forro de los cojones a Cipriki.
Aunque Cipriki era un personaje de ficción, murió heroicamente en Kabul luchando contra los mortadelos del Cesid y las tropas  del Ejército españolista y la Otan...
Tuvimos que acabar con el personaje, porque se nos volvió demasiado mal hablado y borde.
¡Qué majo era!  Era un muñeko Anarkodiabóliko, como Chuki pero con la cara de Cipriano Mera (realmente horribleee)
Cuando Cipriki estaba suelto, los españolistas no tenían que mirar debajo de su coche, sino debajo de su cama... Cipriki prefería usar las Tijeras.
¿Ya está muerto...? Aún así, mira debajo de tu cama, ten cuidado con la oscuridad y con las muecas que acechan entre las sombras.
Aún no conoces el Horror.

Ríe.
Ríe.
¡¡¡ Ríe, que ya llorarás !!!

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Collins y De Valera mataron a Manolete

Carlos José Márquez|07-12-2007 16:31

Buenas tardes:

Como es habitual, no voy a intervenir en discusiones cíclicas y anónimas de Internet, en las que nada se resuelve más que la satisfacción de unos pocos egos. 

Sólo daré un apunte. Acusar a Michael Collins y a Eamon de Valera de "traidores nacionales", sólo puede hacerse desde la más absoluta ignorancia de quiénes fueron estos dos personajes. No argumentaré esta afirmación, ya que no se dan argumentos por la parte contraria. Quizás no los haya, sino el visionado de una película del todo ahistórica como El viento que agita la cebada (a Ken Loach le habría venido bien leer The Irish Counter-Revolution, de John M. Regan; un autor, por cierto, nada complaciente con nadie de la dirección del Sinn Fein histórico, ya apoyara o se enfrentara al Tratado del Estado Libre).

Por lo demás, dice mucho de ciertas concepciones de la Historia quienes la reducen a una sucesión de grandes personajes, sean héroes o traidores, en vez de a fuerzas colectivas.

El asesinato de Collins, días después de ordenar el envío de armas al IRA del Ulster como jefe del ejército del Estado Libre de Irlanda, habiéndose opuesto a cualquier ejecución de republicanos con o sin juicio previo, y hablando de la necesidad de crear organismos estatales de concertación entre empresarios y trabajadores (detalles que no dudo para muchos carece de importancia, pero que igual son indicios de a quién beneficiaba su muerte), aún está por aclarar más de 80 años después. 

Sin ánimo de debatir. 

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Postdata para Pepe

Carlos José Márquez|07-12-2007 16:37

No sé si conoces esto:

http://www.ddtgatazka.com/pub/ddt/ddt/descargas/orwell2edicion.pdf

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07-12-2007 17:29

Ay Hilarión, Hilarión, Makhno un traidor ¡traidores quienes atacaron por la espalda a su ejército y lo exterminaron! ¿Recuerdas quienes?

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Javier|08-12-2007 00:40

No es necesario pensar mucho. Basta con tener sentido común.  El servicio secreto británico no necesitaba ninguna lista negra de Orwell, porque Orwell carecía de información confidencial o secreta que ofrecer. ¿Y a cambio de qué? Lo único que me queda clara es la calumnia.

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Por el buen nombre del trotskismo

Detractor|13-12-2007 09:29

"Gran cantidad de trotskistas dieron ese paso"...refiriéndose al anticomunismo.
Infumable. Si se refiere a algunos ex del POUM en el exilio americano, no eran trotskistas ni antes ni después de la guerra. Informate mejor. Si te refieres al trotskismo en la historia mundial tu afirmación es una petulancia sin demostrar ó quizá un resabio poststalinista. Dedicate a otra cosa, que no cuela. Gran cantidad de estudio antes de afirmar burradas.

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